BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS Comité Editorial: Francesc Borrell. Juan Carlos Hernández Clemente. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.
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BOLETIN IATROS, MARZO 2018.

CIRCULO DE CIBERLECTURA

INDICE.-
Noticias.-  Discriminación por discapacidad; sujeciones ancianos.
Comentario de libros.-  Entusiasmo;  Muerte cerebral y trasplante de órganos. Un problema de ética jurídica.
Webs de interés.-  Adisex
Vídeo recomendado- Vulnerabilidad y cuidados terminales.

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Noticias.- 

El TC declara contrarias al derecho a la igualdad las actuaciones de las administraciones que no adoptan las medidas necesarias para evitar la discriminación por discapacidad


Una nota informativa del Tribunal da a conocer que su Sala Segunda ha estimado el recurso de amparo de un ciudadano al que, pese a tener una minusvalía psíquica reconocida del 65% y una situación de dependencia en grado 1, la Comunidad de Madrid le negó la posibilidad de ingresar en un centro especializado en atención de personas con discapacidad por su edad. Según se explica en la nota, al ciudadano, por ser mayor de 60 años, se le adjudicó una plaza en una residencia de la tercera edad, “sin posibilidad de recibir un tratamiento específico para su discapacidad”. La sentencia declara que se ha producido una vulneración del derecho del recurrente a no ser discriminado por razón de edad y discapacidad (art. 14 CE) y considera que, para evitar la discriminación, la administración debía haberle proporcionado la asistencia adecuada a su situación en un centro especializado.

 La mayor parte de las sujeciones en residencias se ponen sin consentimiento

Un trabajo de Estévez – Guerra y colaboradores Gaceta Sanitaria, realizado en los nueve centros existentes en las Islas Canarias de titularidad y gestión pública, encontró que en el 82,5% de los casos de personas sometidas a restricciones físicas no figuraba consentimiento informado. Además, estaba incompleto en el 13,9%. En cuanto a la prescripción, no constaba en el 68,3% y estaba incompleta en el 12,0%.

Comentario de libros.-

Pablo d´Ors. Entusiasmo. Galaxia Gutenberg. Barna 2017. 434 páginas.

Sacerdote y escritor, nieto de Eugeni d´Ors y autor de un bellísimo libro, (Biografía del silencio), nos ofrece en “Entusiasmo” sus andares como seminarista y misionero.  ¿O quizás no? La presentación de la obra deja en el aire el porcentaje de auto-biografía o de novela que pudiera tener el libro que comentamos.

El interés de la obra es doble: por un lado atisbar un mundo muy cerrado del que tenemos testimonios indirectos y quizás no muy fiables…¿Cómo se formaba  un sacerdote en la España constitucional de los 80? También el interés de comprender a un joven de buena familia que decide emprender el camino del sacerdocio.

Hay bastantes aspectos que me han sorprendido en este relato. Venido de un ambiente burgués y acomodado, henchido por experiencias místicas y piadosos curas, Pablo entra en un seminario claretiano donde tiene como lectura obligatoria textos de Nietzsche y Freud, y Marx, (el seminario disponía de un profesor específicamente destinado a explicar el marxismo). Mucha política y poca teología, nos repetirá varias veces. Sus compañeros serán chicos de los suburbios madrileños, un punto revolucionarios, e incluso algunos de ellos no podrán evitar mirarle con hostilidad de clase social.

Hay varias líneas argumentales que hacen interesante el libro. Por un lado el encuentro con Dios, y, a su vez, el descubrimiento de su propia sensibilidad y voluntad. Pablo se nos aparece como un adolescente frágil, sensible, pero también un punto iluminado. Van a ser las experiencias místicas las que moldearán su vocación religiosa. Aquel tópico de “la llamada de dios” parece adecuada para nuestro protagonista.

Después viene la contraposición entre razón y emoción, entre capacidad crítica y experiencia mística. Se da la circunstancia de que Pablo no es muy diferente a usted o a mi, digamos que Pablo es una persona “normal”, (algo que por cierto pone de relieve con cierto alivio uno de sus mentores en el seminario). La pregunta entonces es inevitable…. “¿cómo se te ocurre meterte a sacerdote?”. Esta es la pregunta que le hacen sus amigos. Y curiosamente la respuesta que indirectamente nos proporciona el autor es tan sencilla que parece inverosímil: porque está entusiasmado con la idea de ser cura. De aquí el título del libro.

Un tercer elemento es la confrontación entre el mundo ruidoso y el silencio necesario para que nuestro “yo” pueda emerger, (y de paso instalarse en lo que llama “estado de gracia”). La gracia suele entenderse como estar libre de pecado, pero para el autor es un estado de felicidad, de estar en comunión con el mundo. Y aquí aparecen las primeras sombras, el reconocimiento de que la gracia es un estado espiritual frágil. En ciertos momentos tendrá dudas de si está jugando a ser infeliz o si verdaderamente también es infeliz.

Pablo d´Ors
Otro plano muy bien detallado es la lucha entre la vida religiosa y casta, y la natural atracción, (en su caso heterosexual), propia de la juventud. Un filón para el morbo, (¿se masturban los sacerdotes?), De este tema hablaremos un poco mas abajo, pero avancemos que lo resuelve con sinceridad y sentido común.

Y finalmente la voluntad persistente de “hacerse sacerdote” a pesar de la oposición de su familia, así como los estereotipos sociales a los que se enfrenta. No menos importante, entre dichos  estereotipos, los propios que manejan los religiosos, es decir, la imagen casposa que algunos (quizás muchos, a su parecer)  sacerdotes tienen de sí mismos y de su rol social. No ahorra críticas  a la Iglesia y a la manera de preparar a los novicios, así como a determinadas facetas de la vida religiosa en comunidad.

Para ilustrar estos aspectos he escogido algunos párrafos que me parecen sugerentes:

Los seminaristas recibían clases de filosofía, teología, psicoanálisis…. Desfilaban por las aulas Nietsche, Schopenhauer, Marx, Freud, incluso a mayor abundamiento  que otros teólogos o pensadores cristianos. Tras estas clases los seminaristas se juntaban hasta altas horas de la madrugada para debatir….

“Jugábamos y criticábamos las ideas ajenas confrontándolas de inmediato con las propias y olvidándonos, -éramos muy jóvenes- que, al confrontar las ideas, la consecuencia mas inevitable es que se pierda a la persona. Casi nunca merece la pena discutirse por ideologías, hoy lo sé. Venzamos o perdamos se genera malestar. El orgullo del triunfo se desvanece en pocos segundos,  y la amargura de la derrota , en cambio, dura mas, envenenándonos por dentro. Quizás hayamos ganado en razón, pero, ciertamente, hemos perdido en verdad. Cada vez que en aquellos conciliábulos nos enredábamos en discusiones por ideas, perdíamos la ocasión de encontrarnos de verdad con ese misterio que es el otro”. (pag 176)

Pablo d´Ors se muestra agradecido por la dosis de espíritu crítico que recibió en el seminario, pero apunta un aspecto que a mí me parece también muy importante…. Antes de debatir sobre ideas hay que dejarse sorprender por el mundo, repensarlo de nuevo, sin cortapisas, desde el estupor o la admiración, como dice….


Tendría que pasar muchos años, casi una década, para que yo pudiera comprender  que hay algo anterior a la capacidad crítica, que es el asombro.  Muchos años para darme cuenta de que, mas que a la duda, a lo que primordialmente mira la pasión filosófica es al estupor o a la admiración”. (pag 181)

Para lograr esta mirada desnuda e inocente, esta mirada que se percata y admira del mundo, hemos de salirnos de nosotros mismos, educar nuestra atención….

(…) viajamos sin ver verdaderamente los lugares a los que hemos viajado. Y amamos sin conocer a las personas que decimos que amamos. Diría mas: vivimos todo un año sin vivir de él  mas que, en el mejor de los casos, cuatro o cinco días. Y si viajamos sin ver, amamos sin conocer, y vivimos sin estar vivos, ¿cómo puede sorprender que leer, mas que entrar en un mundo (….) sea casi siempre un mero y vano descifrar unos cuantos signos? Para leer bien hay que concentrarse, y para concentrarse y estar atento (…) hay que olvidarse de uno mismo”.  Pa 212

El mejor Pablo d´Ors (en su faceta de escritor), emerge en estas reflexiones poético- místicas. La Vida Religiosa (así, en mayúsculas), la vive como un estado de gracia al que solo puede llegarse con una total entrega a Dios. En este punto le invade la felicidad y la confianza, pero es un estado que implica renunciar a muchas cosas…. 

Al mundo no hay que renunciar porque sea malo, sino porque es bueno; y hay que renunciar a lo bueno para ir a lo mejor. Lo difícil de cada elección no es lo que se toma, sino lo que se deja atrás, y si tomas a dios no puedes tomar también el mundo. No es cuestión de que Él sea un Dios celoso, como se ha dicho; es sólo que Él necesita su espacio para poder entrar. El mundo o Dios: para todo hombre religioso, ésta es al final la única gran opción. Pag 218

Pablo d´Ors cree que se ha hecho un estereotipo de lo que representa ser sacerdote. Para él hay muchas maneras de ser sacerdote, el sacerdote científico, el sacerdote maestro, etc., etc., pero en todo caso si hay un requisito importante: vivir para la espiritualidad, no perder la gracia. Eso requiere una gran fuerza de voluntad, pues hay que dar sentido a cada decisión que se toma, y no siempre es fácil renunciar a la sexualidad. Una sexualidad que nota de manera imperiosa….

Durante algún tiempo (…) estuve preguntándome cómo era posible que un hombre que había decidido vivir para el espíritu tuviera luego tantos y tan vívidos sueños eróticos. No tardé demasiado en dar con una respuesta convincente: no son fuerzas opuestas, como tiende a pensarse, sino la misma y única fuerza. Pág 219

Los veranos Pablo y sus compañeros son destinados a diferentes obras sociales. En cierta ocasión tuvo que encargarse de un par de chicos de unos 15 años que tenían parálisis de piernas y brazos. Aprendió a lavar sus culos, a darles de comer, etc, etc., pero sobre todo  aprendió la que llama “la trampa de la piedad”. De esta trampa salió cuando uno de ellos le solicitó que, ya que no tenía manos ni posibilidad alguna de estar con una mujer, (a diferencia de él), le hiciera el favor de masturbarle. Pablo no supo inicialmente reaccionar, pero tras la sorpresa respondió que no podía complacerle. La relación prosiguió de manera complicada, pues el muchacho lo maltrataba a nivel verbal:

-Si te quedas conmigo un par de semanas mas, dejarás de sentirte un héroe y pasarás a sentirte un esclavo. Lo sé. (…) Déjame antes de que llegues a odiarme. La gente como yo hace tiempo que deberíamos estar bajo tierra.  Pág 229 

Esta experiencia le sirvió para detectar lo que llama “la trampa de la piedad”:

Tardé en comprender lo que me sucedía: su minusvalía me había puesto en una situación de neta inferioridad. Con su parálisis él ya tenía una carga mas que suficiente; yo no tenía que amargarle la vida todavía mas con mis objeciones o réplicas. Había caído, torpe y tontamente, en la trampa de la piedad. `pag 228

Debo decir en este punto que el libro tiene altibajos. Pablo d´Ors es en buena parte un místico,  y como tal desatiende detalles de contexto o cronología que deslavazan la novela, si la consideráramos en el plano de la crónica. El planteo general de la obra es también muy auto-centrada, por lo que los personajes que circulan por sus páginas adquieren notoriedad en la medida en que le suscitan emociones, pero no llegan a emerger con voz propia. Ahí queda un padre zaherido por un hijo que se mete a cura en contra de su voluntad, ahí un maestro de novicios tras una máscara de Oscar Wilde, unos novicios que le hacen bullying, un obispo lleno de sabiduría ,Porfirio, pero del que no llegamos a saber mucho …  Y atravesando este mundo intenso e íntimo, algo solipsista,  la llamada de la sexualidad, como también la llamada de los sentidos, tan difíciles de compadecer con la vida espiritual:

Buena espiritualidad es aquella que ni condena ni anula los sentidos, pero ¿existe en la práctica , en algún lugar del mundo, una espiritualidad así? Esta síntesis no la pueden dar los libros, sino solo la experiencia; pero aún entonces, cuando uno cree que al final ha llegado a una vivencia mas tranquila, descubre –aterrado o irónico, según- la precariedad de esta supuesta síntesis que poco antes había estimado tan madura. No podemos vivir sin conflicto, pero podemos vivir el conflicto sin desgarrarnos, eso sí. La perfección es para mi la elegancia en la imperfección. Y la elegancia es humildad y buen humor, dos virtudes que suelen andar de la mano” pág 269

El lector no llega a conocer hasta qué punto existe una cierta cultura clerical en relación a la tolerancia o intolerancia hacia la masturbación, o las relaciones homosexuales o heterosexuales esporádicas.  Me refiero obviamente a estas prácticas realizadas por los propios religiosos. ¿Pudiera ocurrir que el listón de tolerancia fluctúe mas por presiones externas que internas? Ahí tenemos el caso de la pederastia en que claramente ha sido la presión externa la que ha elevado el listón. Resulta casi una obviedad decir que considerados como un colectivo de miles de personas, los religiosos sujetos a voto de castidad tienen un enorme potencial de tensión sexual no resuelta, que puede estallar en cualquier parte y momento. Algo que tiene que suceder cotidianamente aunque solo sea por cálculo estadístico.

Pablo d´Ors destapa una pequeña rendija por el que asomarnos a este y otros aspectos “subculturales” que todo colectivo forzosamente elabora. Y no ahorra críticas, por ejemplo hacia el voto de obediencia, o el trabajo físico al que sometían a los novicios. Obligados a jornadas extenuantes llega a la siguiente conclusión: 

Mi generación en el seminario fue la heredera de los curas del 68 y tuvimos que pagar el precio de los descubrimientos que ellos habían hecho durante sus años de formación y ministerio. La generación inmediatamente anterior a la nuestra  no trabajó; ellos se limitaron a  gritar consignas, a ir a manifestaciones y a recoger firmas. Los que trabajamos fuimos nosotros , los que nacimos en los sesenta. A los de los cincuenta les correspondió la estética de la liberación; a nosotros en cambio, y muy a nuestro pesar, la ética. Ha sido así y ellos lo saben muy bien, y por eso ninguno de nosotros vive ya con aquellas consignas ni con aquella engolada ética de la solidaridad y la encarnación”.  Pag 293.

También en este capítulo de “subcultura” de seminario, (y quizás de vida en comunidad), le llama la atención la reacción que genera entre sus superiores el hecho de que estableciera amistad con otro novicio. Inmediatamente fue llamado al “orden”, pues una amistad “personal” se percibe como un peligro para la vida en comunidad:

No es que sospecharan que fuéramos homosexuales (…) Era algo mas sencillo: los jefes, simplemente, no soportaban lo personal. Habían sido educados para tolerar solo lo neutro y objetivo, de modo que lo subjetivo y afectivo, que es lo propio de la amistad, les resultaba inadmisible. Quien sepa de qué va este  pastel lo reconocerá de inmediato; son patentes las desviaciones que, en nombre de la imitación de Cristo,ha llegado a provocar la vida consagrada. Pondré un ejemplo de una violación clara del derecho a la intimidad. En mi propio noviciado (…) era el propio maestro de novicios quien recibía nuestras  cartas, correspondiéndole a él decidí si nos las daba sin abrir, abiertas o no nos las daba.” Pag 296.

Ya ordenado sacerdote elige ser misionero en Honduras, donde visita regiones apartadas de la selva. En cada uno de estos lugares desearía quedarse para ayudar a las gentes a vivir mejor. Llega a la conclusión de que:

Fui joven mientras sentí que cada sitio que conocía era bueno para empezar una vida nueva. Pag 367

Percibe la violencia que hay detrás de la aparente paz y cordialidad de los lugareños, y se pregunta cual es su papel, cual su respuesta a este reto. Los sacramentos, la escucha, visitar a los enfermos, todo eso es importante, pero ¿hay algo mas? Y también… ¿permanecería enlas misiones o volvería a España para ocupar una parroquia perfecta de perfectos feligreses? Gandhi contra otro de sus héroes, Herman Hess. ¿Quién de los dos ganaría?

El dolor solo había empezado a atisbarlo. El festín del dolor  me esperaba, y bajo las formas mas variadas  (…) Pero curiosamente  la visión del dolor  -otra cosa hubiera sido, seguramente, su padecimiento directo-  no me embruteció, como es lo mas habitual entre sus víctimas; tampoco despertó en mi, como ha sucedido y sucede en  otros misioneros, el sentido de la indignación y la protesta ante la injusticia social. No, el dolor, como he dicho, me pareció bello. Descubrí que el dolor, visto con amor, ¡es poético!.Que el sufrimiento puede ser hermoso, pues descubre en el ser humano una dignidad que de otro modo no podría ser descubierta.  Mas aun: que solo el dolor contiene la belleza necesaria. Pag 376 

Uno de los pasajes, ya al final de libro, que pudieran ser mas controvertidos, es cuando conoce a una niña, Marisela, a la que medio adopta. La verdad es que a la luz de la hipesensibilidad social que existe sobre el tema de la pederastia es bastante valiente escribir lo que escribe. En todo caso debemos aplicar el principio de caridad hermenéutica y no sacar mas conclusiones de las que estrictamente nos ofrece el mismo autor: la beldad de la púber como símbolo de pureza. No fue acaso Jesús quien dijo aquello de “dejad que los niños se acerquen a mi”?

Hay otros párrafos bastante arriesgados que solo pueden ser comprendidos desde una religiosidad exacerbada o un riesgo literario innecesario: por ejemplo la presencia de espíritus, o las críticas a las autoridades de su propia orden. Quizás la mejor justificación queda plasmada en el siguiente párrafo:

Los hombres verdaderamente religiosos  -pertenezcan a una u otra religión- han vivido existencias profundamente inestables. Interior o exteriormente, es decir, metafórica o geográficamente han sido itinerantes. No se han hecho fuertes en una convicción, un estilo, un lugar. Han emigrado. Han cambiado. Han abandonado sus órdenes religiosas y han fundado otras nuevas. Se han puesto en contacto con quienes pensaban diversamente. Han ido donde nadie quería ir. Han hecho cosas que desde la lógica del mundo resultan poco menos que increíbles. N se han agarrado mas que a su fe, cada vez mas desnuda. Casi toda la Vida Religiosa existente es, -y me duele decirlo-, una parodia de la verdadera religión. Pag 344

Al final la contienda entre Gandhi y Herman Hess, (sus dos ídolos juveniles), se decanta en favor del segundo. Vuelve a España, se aposenta en una de estas parroquias que llama ”perfectas”,  y va sacando diversos libros, cada cual con su enjundia, pero todos con el común denominador  de hablar de espiritualidad. No está mal para una Iglesia que necesita un urgente aggiornamento  y tan necesitada de buenos escritores. La reflexión forzosa sin embargo es…. ¿Cuántos alter egos vamos dejando hecho girones en la vida de cada cual?  ¿Podemos estar orgullosos de todas las decisiones que tomamos? Y sobre todo, ¿las tomamos para beneficio propio o de la comunidad?

Francesc Borrell
Sant Pere de Ribes, Barcelona.

Muerte cerebral y trasplante de órganos. Un problema de ética jurídica.
Autor: Paolo Becchi.
Editorial: Trotta, 2011.

El autor del libro, Paolo Becchi, trata de demostrar las controversias científicas, éticas y jurídicas que existen sobre la definición de muerte cerebral y como desde el mismo principio dicha definición tuvo un carácter pragmático asociada al trasplante de órganos.
Para ello hace un repaso histórico a los hechos que permitieron la publicación del célebre informe de 1968 por el comité creado ad hoc en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard conocido como el “Informe de Harvard” sobre los criterios de muerte cerebral que permitían adoptar un nuevo modo de morir del individuo frente al tradicional de parada cardiorrespiratoria.
Desde el inicio del libro el autor afirma que una de las razones del éxito de dicho informe radica en que “declarar muerto a un paciente en coma irreversible evita afrontar el escabroso tema de la eutanasia. Frente a la alternativa entre apagar el respirador a un muerto o interrumpir la ayuda respiratoria para dejar morir al paciente, la primera solución fue la que resultó vencedora […]  y permitió obtener el beneplácito de la Iglesia católica.
Una década antes del famoso Informe de Harvard, dos médicos franceses Mollaret y Goulon habían acuñado la expresión de coma dépassé, es decir, un estado “más allá del coma”  o “coma sobrepasado” para describir a aquellos pacientes que, gracias a las recientes técnicas de reanimación, continuaban estando vivos, pero estaban destinados a morir en breve, es decir, estos autores estaban definiendo la “muerte cerebral” o lo que más tarde se llamó “coma irreversible”. En el documento de Harvard  a la situación entonces denominada como un estado más allá del coma  o coma irreversible, se le denominó un estado más allá de la vida, de tal modo que el paciente que se encontraba en esta situación, conectado a un respirador artificial, ya no era considerado un paciente sino un cadáver. Dice el autor que para los médicos la cuestión fundamental era establecer si era posible interrumpir la respiración asistida sin correr, por ello, el riesgo de ser acusados de homicidio y por otra parte el autor se reafirma en el aspecto pragmático de la nueva definición de muerte neurológica y la extracción de órganos para trasplante  diciendo “que esta definición ofrecía el mejor sostén al desarrollo de la trasplantología”.
En los años ochenta del pasado siglo se reforzaron científicamente los criterios de muerte del Informe de Harvard. La President´s Commission for the Study of Ethical Problems in Medicine and Biomedical and Behavioral Reserch aceptó la teoría del “integrador central” siendo éste el encéfalo, el cual dirige el control y la integración de las diferentes partes del organismo de modo tal que esté en condiciones de funcionar como un todo. Así pues, la muerte de este integrador central señala la muerte del organismo.
Sin embargo, el autor nos indica que en la literatura existen casos que contradicen los presupuestos sobre los que se funda la noción de muerte cerebral total. En primer lugar, la supervivencia durante un largo periodo de tiempo de pacientes en estado de muerte cerebral declarada, en pacientes en los que puede persistir la regulación hormonal a través del sistema hipotalámico –hipofisario y con ello el funcionamiento integrado del organismo o incluso en el caso de mujeres embarazadas que encontrándose en estado de muerte cerebral total o de muerte del tronco encefálico pueden “sobrevivir” y continuar con  el embarazo, mientras permanecen conectadas al respirador artificial. Según nuestro autor tales ejemplos y otros que enumera en el libro hace que hayan aparecido voces críticas sobre la equiparación entre muerte cerebral (sea ésta total o del tronco encefálico) y muerte del organismo. Situación que desde el principio fue cuestionada por uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, Hans Jonas.
El autor, para quien los hallazgos más recientes de la neurología le permiten poner en duda la muerte de todo el organismo  como sinónimo de muerte cerebral, nos remite a un nuevo modo de dualismo, ahora representado por cerebro-cuerpo identificando a la persona con la mera actividad cerebral.
El quiz de la cuestión estaría en el modo hipócrita de cómo la sociedad oculta bajo hechos científicos, no del todo ciertos, actitudes de valores y cuestiones morales. Según nuestro autor los criterios de Harvard al hablar de un cadáver evitaron toda controversia sobre el trasplante de órganos, sin embargo, refiere que sin necesidad de llamar  cadáver a una persona en coma irreversible o en muerte cerebral total, siendo monista y estableciendo una unidad físico-química entre cerebro y cuerpo, es lícito y moralmente aceptable el trasplante de órganos de ese individuo.
Paolo Becchi plantea la cuestión en los siguientes términos: “la relación entre muerte cerebral y trasplante de órganos no constituiría ya un peligroso cruce entre hechos y valores, sino que se situaría completamente en el campo de los valores. En resumen, lo que en este punto se vuelve decisivo no es si los muertos cerebrales están muertos o vivos, sino qué estamos autorizados a hacer con ellos […] Cuando la muerte, como sucede hoy en día, y cada vez con mayor frecuencia, se transforma en un proceso controlado tecnológicamente debemos interrogarnos en primer lugar acerca de qué estamos autorizados a hacer con las persona en las diferentes fases que pueden distinguir el proceso de su muerte”.
Desde el punto de vista ético la principal pregunta sería si en estado de muerte cerebral alguien puede ser  dañado por la extracción de sus órganos. La respuesta unánime es que no, además si el sujeto en muerte cerebral ha manifestado su voluntad previa a favor de la donación, el donante dejaría de ser un mero medio, puesto que es él quien ha tomado dicha decisión y pasa a ser el propietario de su propia muerte, de un modo absolutamente personal.
La última pregunta a la que responde el libro es sobre la posibilidad de existencia de eutanasia sobre alguien que da el consentimiento para la extracción de sus órganos estando en estado de muerte cerebral total.  El autor responde que se trataría de un modo de eutanasia que llama activa indirecta y que se basa en la doctrina del doble efecto. Según dicha doctrina, son consideradas lícitas determinadas intervenciones médicas debido a que se pretende alcanzar mediante éstas un objetivo considerado bueno, pese a que impliquen consecuencias negativas. Éste sería el caso de los trasplantes de órganos, el objetivo del médico no es matar al paciente sino, consciente de que ya no puede hacer nada más por él, intenta salvar otras vidas humanas, aunque para alcanzar este objetivo intervenga en una fase en la cual el proceso de muerte no ha finalizado […]  No se ve la razón por la que la extracción de los órganos debería concebirse como un acto eutanásico contrario a la ética profesional del médico, dado que este interviene cuando el proceso de muerte, en realidad ya ha comenzado […] únicamente está poniendo fin a un proceso que después de la constatación de muerte cerebral sería de todos modos lícito interrumpir, suspendiendo la terapia intensiva a la que [el paciente] estaba siendo sometido.

Juan Carlos Hernández Clemente
Madrid 2018.


Webs de interés.- 

Drug and device Lawsuits – Pleitos sobre fármacos y material sanitarios
Recurso que informa sobre los casos judiciales actuales y pasados en relación con fármacos y productos sanitarios diversos. La información aparece clasificada por fármacos (generalmente, por su nombre comercial).





El proyecto Adisex es un proyecto financiado por fundación Bancaja, que persigue abordar la investigación en adicción al cibersexo. Sus objetivos son Mejorar el conocimiento sobre la realidad del cibersexo; facilitar la detección de un uso de riesgo del cibersexo, así como de la adicción entre la población general; identificar posibles factores asociados a un uso de riesgo del cibersexo; y conocer el grado de interferencia y las consecuencias que supone un uso de riesgo y la adicción al cibersexo. La plataforma online que presentamos constituye la primera fase del proyecto y permite que los usuarios puedan acceder a múltiples recursos asociados al cibersexo (y otros ámbitos de la sexualidad), así como a una batería de evaluación que permite valorar la conducta sexual online. 

Su segunda fase se centra en mejorar el conocimiento de las conductas sexuales online entre la población general. Para ello, en la plataforma, está disponible una batería de cuestionarios que los usuarios pueden cumplimentar y que será analizada de manera rigurosa. En esta fase, los participantes que hayan completado la batería, pueden disponer de un informe sobre sus propios resultados. Finalmente, una tercera fase difundirá los resultados en foros y encuentros científicos, así como en medios generales de divulgación. Además, en la propia plataforma se irán incluyendo los avances de la investigación.

Juan Medrano.
Bilbao


Vídeo recomendado.-

Vulnerabilidad y cuidados paliativos.-

Mantener hasta donde sea posible la dignidad de los pacientes en el trance doloroso de morir. Este es el sentido de este video, que nos recuerda que la experiencia de vulnerabilidad nos transforma y es paso necesario para la empatía. Una dificultad para ser un buen profesional de la salud quizás sea no haber tenido nunca una enfermedad importante, no haber estado “al otro lado de la mesa”.

La Redacción-



BOLETIN IATROS, ENERO 2014

CIRCULO DE CIBERLECTURA

INDICE.-

Noticias.-  Filosofía de la Salud Pública; Curso de Bioética Narrativa.
Comentario de libros.-  El arte de volar; biografia del silencio.
Artículo especial.-  “El teatro como experiencia”, MA Brfoggi.
Video recomendado.- La experiencia de meditar, por Pablo d´Ors.    


Noticias.- 

-Filosofía de la Salud Pública. Seminario de la Universidad Autónoma de Barcelona, Facultad de Filosofía.  10 de Enero. El profesor J.Lázaro impartirá una conferencia sobre la violencia.

-12° Congreso Mundial de Bioética 

-Curso de Bioética narrativa, Valencia  5-7 marzo . Dirigen el curso: G. Moratalla y L Feyto.
-Podéis leer el Boletín del Grupo de  Bioética de la U. Complutense de Madrid en:
También encontraréis información sobre el último libro de Lydia Feyto sobre Etica Narrativa.



Comentario de libros.-

EL ARTE DE VOLAR
Antonio Altarriba y Kim
Edicions de Ponent


Kim y Altarriba
En 2010, el catedrático de Filología Francesa de la Universidad del País Vasco Antonio Altarriba (guionista) y el ilustrador Kim (creador de la serie Martínez el facha, de “El Jueves”) obtuvieron el premio nacional de comic por esta obra, que trata sobre la vida y muerte por suicidio del padre Altarriba, ocurrida en una residencia de ancianos en 2001, cuando tenía 90 años de edad. La historia recoge la biografía del protagonista, sus fracasos, las renuncias, los errores, el desencanto, y la progresiva muerte y autodestrucción del protagonista. Altarriba hijo se identifica son su padre (llamado también Antonio) y siente que son el mismo individuo, lo que le permite una narración autobiográfica. La obra arranca de una magistral descripción gráfica del acto suicida que refleja la cuidadosa planificación de la muerte autoinflingida, el aprovechamiento de las rutinas institucionales que garantizan una menor supervisión y por lo tanto un mayor éxito del intento de acabar con la propia vida. La muerte por defenestración de Antonio representa un vuelo, un recorrer vital y mortal desde su nacimiento hasta la desesperación final que le lleva a sentir la muerte como una liberación.

Seguimos al protagonista en sus primeros años de vida en un entorno rural y caciquil aragonés, con un padre despótico y una madre afectiva aunque ausente el relato. Fascinado por la velocidad y el motor desde su infancia, tras la primera pérdida de un amigo y un fracaso aún niño en la huida hacia la ciudad, un joven Antonio curtido por la experiencia del amor vuelve a intentar establecerse en una Zaragoza atribulada en los años de la República. Influido por un compañero de pensión, auténtico teórico e iniciador, se decanta gradualmente hacia posturas anarquistas. Al estallar la guerra civil, el protagonista se ve en “zona nacional”, pero consigue alcanzar las filas republicanas, donde convertido en conductor de vehículos militares compartirá la utopía anarquista con tres amigos que plasman su fraternidad en unos anillos de plomo elaborados por uno de ellos a partir de una bala. La muerte en combate del orfebre dejará a Antonio como depositario de su anillo.

Tras la guerra civil y después de sufrir el duro trato que recibieron los exiliados republicanos en Francia, Antonio se integra en la resistencia contra los invasores alemanes. Son años en los que experimentará múltiples decepciones, desde la delación por parte de uno de los miembros de la familia que le acogía, tal vez del que menos cabía esperar que lo entregara, hasta el desinterés y el puro abandono al que le somete un alto funcionario de la república española. Terminada la contienda, Antonio colaborará en la Francia de la postguerra con uno de sus camaradas anarquistas en un lucrativo estraperlo. A pesar del éxito económico de su empresa, gradualmente se instaura en él una sensación de fracaso y decepción que le llevará a abandonar el negocio y a regresar vencido a España, no sin antes reclamar a su camarada que le entregue su anillo de plomo, que no es digno ya de portar por haber abandonado los ideales anarquistas con su afán de enriquecerse vilmente.

De nuevo en Zaragoza, Antonio se inserta en una sociedad triste y opresiva y se encuentra con que su iniciador en el anarquismo se ha convertido en un apóstol de la “Nueva España” que glosa con apasionamiento las virtudes que encuentra en el régimen de Franco. También en la pensión conocerá a su esposa, sobrina de la patrona, y se casará siguiendo los dictados del nacional – catolicismo y la religiosidad de su esposa. Desencantado de sí mismo, envía su anillo a Mariano, el único de los camaradas que mantenía todavía la llama de la utopía anarquista en su exilio francés. Antonio, que no tardará en ser padre, trabaja para el marido de su prima, un industrial oportunista y crápula que se beneficia de sus conexiones con el régimen hasta que sus empleados de confianza, entre ellos el propio protagonista, siguiendo las instrucciones de una esposa harta de sus infidelidades, consiguen arruinarle y hacerse con la empresa. Convertido en empresario, un Antonio desencantado por la distancia emocional y sexual que le separa de su propia esposa, colabora en la traición de la mujer de uno de sus socios y es a su vez traicionado por otro, hasta perder la empresa y quedar en una situación financiera muy comprometida. Únicamente le quedan en estos años de desengaño y frustración la relación con su hijo y el contacto con Mariano, en cuya casa Antonio hijo pasa los veranos y adquiere el francés.

La vejez es para Antonio una época de soledad y frustración en la que añadir nuevos desengaños. Definitivamente separado de su esposa, ingresa en una residencia de ancianos, donde experimentará una tras otra las pérdidas de compañeros de la residencia, de su esposa, que muere alejada de él, e incluso de su camarada Mariano, quien tras enviudar consigue fundir los cuatro anillos de plomo en una nueva bala con la que se quita la vida. La angustia y la depresión invaden el cuerpo de Antonio como un topo que anida en su pecho y le corroe las entrañas. Tras intentar tirarse al río es ingresado en Psiquiatría, donde se le trata. Al alta y supuestamente mejorado sume a su hijo en la angustia al suplicarle que le mate. Finalmente se lanza al vacío terminando con su vida y su dolor.

Al margen de lo que de catártico tiene para el autor contar la muerte de su padre, “El arte de volar” es un homenaje, un ejemplo de amor filial que permite una lectura de la depresión geriátrica y del suicidio desde la perspectiva erikssoniana de los ciclos vitales, en la que la vejez se caracteriza por la dicotomía integridad / desesperación. Según esta visión, el fenómeno psicológico de la ancianidad es la reminiscencia, la vuelta de la memoria al pasado, la revisión de vida. El viejo sano e íntegro concluye en el proceso que su vida ha merecido la pena, mientras que el anciano que en su personal revisión encuentra solo fracaso y decepción llega a la desesperación al constatar que no queda tiempo para enmendar esa sensación. No hay oportunidad para rehacer o deshacer, para compensar o enmendar. La depresión se asienta irremisiblemente y el suicidio es un escape de la angustia y el sinvivir. En la vejez del protagonista de esta novela gráfica se asienta la vivencia de la frustración de sus ideales, de su fracaso vital y de la decepción que la historia, las personas y hasta él mismo, sin quererlo, le han causado. La culpa por todo ello se plasma en el juicio onírico al que es sometido por las personas ya muertas que han sido significativas en su vida, y cuyo conmovedor veredicto es que el tribunal ha acordado por unanimidad liberar a Antonio de la vida, de noventa años de condena a existencia forzada. Refleja así “El arte de volar” la desesperación y el dolor sin esperanza de la experiencia depresiva grave y la vivencia que de liberación tiene para el sujeto la muerte.

Juan Medrano, Bilbao

Antonio Altarriba y Kim. EL ARTE DE VOLAR


Concepto
Puntuación sobre 10
Comentarios

Interés
9
El libro es la reivindicación de un hombre, de sus penas, y de sus errores.

¿Volverías a leerlo?
10
Una obra maestra que será apreciada como tal por los amantes del comic, y que no defraudará a quienes no sean unos apasionados del llamado noveno arte

¿Realiza aportaciones significativas?
9
Ejercicio catártico para el autor, valor histórico y descripción acertada de la depresión en la vejez








Elogio del silencio.- 
D´Ors, Pablo. Biografía del silencio. Siruela, 5ª Edición, Madrid, 2013.


Algo prefiero a la música: el silencio. Pocas cosas me son mas amables que la música, pero entre ellas, sin duda,  el silencio. Por ello compré sin pestañear este librito de Siruela para descubrir no solo un texto cautivador, sino también un personaje. Quien conociera Eugeni d´Ors, ensayista, puede ahora conocer a su nieto Pablo (Madrid, 1963),  escritor y sacerdote educado en ambiente cultural alemán y que ha estudiado en Viena, Roma y Praga. Se ordena sacerdote en 1991, se doctora en teología en 1996 y publica diferentes obras (novela, cuento) en Anagrama. Ha sido coadjutor parroquial y profesor de teología mística y fenomenología de la religión (1996-2000), entre otros cargos.

Pablo d´Ors
Pablo nos confiesa que se inició en la meditación por su cuenta y riesgo. Sin embargo el libro que comentamos se inserta en la tradición zen, e incluso anterior, los Upanishads (¿será por eso que el autor nos habla de “sentadas” para referirse a su actividad de meditación? Upanishad quiere decir etimológicamente “sentada bajo un árbol”). Algunas de las ideas me recordaron el libro de Bokar Rimpoche “La meditación, consejos a los principiantes”, e incluso “la meditación paso a paso” del Dalai Lama.   Pero quizás las coincidencias se deban a la similitud  del camino elegido, (lo que nos llevaría a proponer un camino místico propio de nuestra especie).

Lo primero que nota d´Ors cuando se pone a meditar es inquietud. El silencio produce rechazo, sentimos malestar corporal porque el cuerpo ocupa su lugar, el lugar central de aquello que somos. No tenemos un cuerpo, somos este cuerpo. Surgen unas primeras dudas ¿Será la meditación  una actividad “provechosa”? Sacar partido a todo pero sobre todo al tiempo… ¿no parece contradictorio con la meditación? La meditación nos lleva a un ahora y aquí que anula muchos supuestos e ideas gratuitas relativas a lo que somos, y por ello para meditar debemos tener coraje y una importante dosis de paciencia con nosotros mismos. Paciencia y en algún sentido compasión, compasión por lo que descubrimos, no siempre agradable. Pero frente a este pánico que se hace presente, (un pánico que solo experimentará la persona suficientemente honesta consigo misma para reconocer los fantasmas y miedos que surgen en el silencio), también hay luz. La luz de este jardín interior, (d´Ors le llama Edén), que está en nuestro interior y lo podemos descubrir, a condición de poder practicar cierto desprendimiento.

La práctica budista llama al desasimiento, y no se si este es el sentido que le da también Pablo. A mi personalmente el desasimiento budista me parece incompatible con la filosofía cristiana, pero no es esta una cuestión que aborde el libro. Pablo hace sinónimo de desprendimiento a la confianza,  confianza en nosotros mismos, en nuestro futuro,  en  la validez de lo que experimentamos, (yo añadiría: confianza en las ocurrencias que cruzan nuestra mente, aunque a veces no sean “políticamente correctas”). Pero en este punto el lector puede pensar que se ha producido un juego de palabras y que quizás lo que trata de decirnos Pablo quedaría mejor definido apelando a aceptarnos como somos y en todo caso tenernos compasión y paciencia.

El siguiente paso de Pablo fue el asombro: asombro ante la mutabilidad de todas las cosas, de las personas, de uno mismo. Cambiamos para ser nosotros mismos. Meditar para ser conscientes de la conciencia equivale para Pablo a habitar el ahora y el aquí, el asombrarse por la las pequeñas  novedades de nuestras pequeñas (grandes) vidas. Tocar la realidad de nuestras vidas desechando las quimeras, “darnos un baño de realidad” (pág 38). De esta manera la meditación se hace hábito: “medito para que mi vida sea meditación: vivo para que mi meditación sea vida”.  La vida, nos dirá mas adelante, “es un viaje espléndido, y para vivirla solo hay una cosa que deba evitarse: el miedo” (pág  94)

Para verse a uno tal cual es no hay que intentar mirarse directamente, sino oblicuamente, para no espantar a nuestro ser. Entonces el ser permanece, no dice Pablo, y nos encontramos por espacios cada vez mas amplios para conocernos. Cuando eso ocurre a uno le dan ganas de reírse… ¿ese soy yo? La alegría espanta al miedo.

Vivir es preparase para vivir, y la gracia de la vida está en el camino, no en la meta, (ya nos lo advertía también Kavafis). Por eso la meditación seria, tomada en serio, nos hace sentir quienes somos, nos afirma, y con esta afirmación empequeñece los cálculos utilitaristas de ser alguien en la sociedad, de hacernos un hueco para triunfar… (Recomendamos sobre este tema el libro de Alain de Bottom, “Ansiedad por el estatus”). Pero si eso es así… ¿por qué escribir este libro?, ¿por un afán de notoriedad?.... no, se responde Pablo, para aprender a confiar en la meditación, en el silencio. Callemos pues, cerremos esta páginas y lancémonos a “este océano oscuro y luminoso que es el silencio” (pag. 110).

(Vea el lector interesado el video sobre el mismo autor, que completa este breve resumen).

Francesc Borrell
Sant Pere de Ribes, Barcelona.


D´Ors, Pablo. Biografía del silencio.

Concepto
Puntuación sobre 10
Comentarios

Interés
8
Para aquellas personas que hacen de la meditación un hábito.

¿Volverías a leerlo?
8
Este es un libro que gana plenitud en la relectura. Sería un desacierto quedarse en una primera y única lectura.

¿Realiza aportaciones significativas?
7
Se trata de una traslación del pensamiento zen a la cultura cristiana, redescubriendo valores que por sabidos y a veces menospreciados han pasado casi a ser un contravalor. Uno de los aciertos es descubrir hasta qué punto forman parte de nuestro ADN.










Artículo especial.- 


Marc Antoni Broggi
Marc Antoni Broggi, médico cirujano, escritor y experto en Bioética, (recordemos su libro glosado en estas páginas),   nos regala con una intensa y sugerente visión del arte, y mas en concreto del teatro. El buen arte no es imitación de la vida, es recreación y aprendizaje. Por eso, nos advierte….

Vamos al teatro a ver jugar y, en parte, a jugar también. A jugar a ser ciudadanos crédulos, ingenuos, solidarios, alegres, críticos y comprometidos con las formas de imaginación fértil. No es casual que la imagen más descriptiva del teatro sea la máscara (uno no se la puede imaginar para el cine). Porqué tras la máscara se estimula mejor que la imaginación juegue sin cortapisas, demasiado pudor. Persona quiere decir “máscara” en griego, y es lo que cada cual es, o lo que quiere ser: es algo que evoca detrás un trabajo creativo de autorrealización.    

Para leer este artículo especial pinchar aquí (también disponible en la columna lateral del blog).


Vídeo recomendado.-

La experiencia de meditar, por Pablo d´Ors.-

Meditación es para Pablo nostalgia, pánico y revelación.

Nostalgia porque el silencio nos hace bien, pues estamos bombardeados por sonidos, imágenes, que no nos construyen, nos destruyen. El silencio nos recrea en el ser personas. Nostalgia –por tanto- de querer ser a lo que estamos llamados. Anhelo de realización, de experiencia de vida. Meditar es mirar este anhelo. Darle contornos a las cosas.  Nos hace bien las cosas concretas, no las ideas abstractas. La vida interior es habitar este anhelo.

El silencio es también pánico. La meditación nos conduce a la inquietud de hacer algo, no soportamos la quietud, no nos soportamos a nosotros mismos en silencio, necesitamos llenarnos de palabras. Somos maestros de la fuga, humos de nosotros mismos. Y ello porque en la meditación emergen las sombras, porque somos codicia en el tener, ambición en el poder y vanidad en el ser. Pero los problemas de fondo no se solucionan por la vía de la acción, sino por la vía del silencio y del padecimiento. A las sombras que surgen con la meditación no hay que lucharlas sino atravesarlas. Y esa es la experiencia de la meditación: la sombra (nuestros fantasmas siempre dispuestos a acuciarnos), permanece, pero lo que es miedo y adversidad se convierte en oportunidad.  Superar un problema es redimirlo. Redimir es sufrir por (o con) amor. La sombra deja de ser venenosa y deviene experiencia de vida, bagaje personal.

Pero dentro de nosotros hay también un Edén. El anhelo es esta nostalgia de luz. Queremos dar forma a una identidad, queremos que el anhelo nos conforme. Descubrir quienes somos no es una conquista, sino una revelación que da dos tipos de frutos: paz interior y alegría. Experiencia de unidad, tú no eres sin el otro, tú eres mas grande de lo que habías pensado, (véase una lúcida glosa de la mística crsitiana en “Gracia D. Construyendo valores. Triacastela Madrid 2013, capítulo “los valores espirituales”).


La Redacción.-