BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS Comité Editorial: Francesc Borrell. Juan Carlos Hernández Clemente. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.
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BOLETIN IATROS, FEBRERO 2019.
CIRCULO DE CIBERLECTURA
INDICE.-

Noticias.-  I Congreso Internacional de Bioética.
Comentario de libros.-  Repensar la vida y la muerte.
Webs de interés.- Comité Bioética Catalunya
Artículo comentado.- Celos y robots sexuales
Vídeo recomendado.- Sesgos que moldean la manera de ver el mundo.
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Noticias.- 
I Congreso Internacional de Bioética.
https://www.fundaciogrifols.org/es/web/fundacio/presentacion

Se ha celebrado este Congreso en la Ciudad de Vic, los dies 23, 24 y 25 de Enero, con una importante representación de expertos nacionales e Internacionales en el campo de la Bioética. El tema que ha presidido las deliberaciones ha sido la necesidad de mejorar la enseñanza de la bioética en el pregrado y postgrado, así como ensanchar la problemática  a tratar para que la bioética sea una ética de la vida.

Comentario de libros.-
Repensar la vida y la muerte. El derrumbe de nuestra ética tradicional.
Peter Singer  Paidós, 1997, 1ª edición.
El libro que a continuación se reseña puede considerarse un clásico sobre los aspectos conflictivos, desde el punto de vista de la bioética, que pueden tener lugar al principio y final de la vida en relación con los avances tecno-científicos de la medicina desde mediados del siglo XX. Es más, la propuesta del autor, el siempre polémico Peter Singer, es construir una nueva ética para el siglo XXI con el consiguiente derrumbamiento de la ética tradicional en las sociedades occidentales.

Peter Singer nos propone dar por finalizada la ética sobre la santidad de la vida humana y que sea sustituida por una ética basada en la calidad de vida. Hay que decir, que este posicionamiento el autor lo defiende con una poderosa base argumental tanto racional como empírica tomando numerosos ejemplos conflictivos sobre el final y el comienzo de la vida humana en las condiciones de los avances científicos en los que se mueve la medicina occidental.
Tanto es así que propone una reescritura de algunos de los Mandamientos éticos insertos en la tradición occidental: El primer antiguo mandamiento considera que toda vida humana tiene el mismo valor; el autor lo reformula reconociendo que el valor de la vida humana varía. El segundo antiguo mandamiento: nunca poner fin intencionadamente a una vida humana inocente; lo reformula pidiendo responsabilizarse de las consecuencias de tus decisiones. El tercer antiguo mandamiento: nunca te quites la vida e intenta evitar siempre que otros se quiten la suya; lo reformula por el respeto al deseo de vivir o morir de una persona. El cuarto antiguo mandamiento: creced y multiplicaos; lo reformula por traer niños al mundo sólo si son deseados. Y el quinto y último mandamiento que reformula sustituye: considerar que cualquier vida humana  siempre es más valiosa que cualquier vida no humana, por no discriminar por razón de especie.
Sin lugar a dudas, esta propuesta la va desbrozando argumentativamente en los diferentes capítulos del libro. Así desde el primer capítulo critica la expresión “muerte cerebral” como un constructo verbal que elude el fondo de la cuestión: la posibilidad de los trasplantes de órganos. Pero lo que él critica es el enmascaramiento de una cuestión ética basada en la elección, por un constructo verbal basado en aspectos clínicos. Así mismo, desde el inicio, también critica la distinción entre medios de tratamientos ordinarios y extraordinarios al final de la vida por considerarlos un disfraz verbal para no posicionarse sobre una elección en base a la calidad de vida  que en realidad se está haciendo.
Frente a la ética tradicional, que sigue aferrada al valor intrínseco de la vida humana, sin considerar su naturaleza y calidad, el autor considera que el momento actual “es un momento de oportunidades para configurar una ética que no necesite apoyarse en ficciones que nadie puede creer realmente y construir una ética más compasiva y más sensible sobre lo que la gente decide por sí misma, una ética que evite prolongar la vida cuando hacerlo es obviamente inútil y una ética menos arbitraria en sus inclusiones y exclusiones que la ética tradicional”. No parece necesario decir que Peter Singer aboga por una ética en que la autonomía del individuo se erija en preeminente a la hora de tomar decisiones en que la vida esté en cuestión y por una ética consecuencialista que se haga responsable de las decisiones que se toman.
Esta cimentación de su nueva ética, que frente a la sacralidad de la vida humana, se basa en la libertad de elección de manera autónoma y responsable, le sirve para afrontar los difíciles conflictos bioéticos que tiene planteada la medicina actual: muerte cerebral, estado vegetativo persistente (hoy se le denomina permanente), trasplante de órganos, el suicidio asistido, la eutanasia, o al inicio de la vida, la investigación sobre embriones o el aborto.
Sobre el final de la vida de una persona reproduce un escrito de la Comisión Presidencial para el Estudio de Problemas Éticos en la Medicina de Estados Unidos:

“Un paciente al que se diagnostica correctamente una pérdida permanente y total de funciones cerebrales nunca recobrará el conocimiento. No experimentará ni placer, ni dolor, no disfrutará de ninguna interacción social y será incapaz de proseguir con sus proyectos de vida o llevarlos a cabo. ¿Por qué entonces hay un problema ético acerca de la supresión de las intervenciones médicas?”

Y dentro de esa ética consecuencialista propone decisiones que tengan en cuenta si mantener la vida beneficiará o perjudicará al ser humano cuya vida se va a mantener.
El mismo patrón ético propone sobre el suicidio asistido o la eutanasia. Se pregunta: “¿Acaso el paciente no tiene derecho a pedir esta ayuda, y si un médico está dispuesto a prestársela, por qué debería obstaculizarlo la Ley?” Aunque en su argumentación es muy consciente, como él mismo señala, de la dificultad de estos casos pues:”preguntar a los médicos si pueden matar a pacientes conscientes y autónomos, si los pacientes lo piden, es un cuestionamiento directo de lo que se ha considerado el núcleo de la ética médica tradicional”. Y así mismo, señala que “políticamente es aquí donde se está librando la batalla más enérgica contra la ética de la santidad de la vida”. Y critica la diferenciación establecida, como un enmascaramiento más, en decisiones que afectan a la calidad de vida, entre la supresión de tratamientos que precipitarán la muerte y permitir la eutanasia activa voluntaria, es decir, el resultado de una inyección.
Con respecto a los problemas éticos del inicio de la vida, en todo lo que tiene que ver con el estatuto del embrión nos dice: “El hecho de que el embrión tenga determinado potencial no significa que podamos perjudicarle, en el sentido que podemos perjudicar a un ser que tiene necesidades y deseos o puede sufrir. Lo que significa realmente, si el embrión no realiza ese potencial, es que no vendrá al mundo un ser humano concreto”.
Para el autor “[el embrión] no tiene, ni ha tenido nunca, necesidades o deseos, por lo que no podemos perjudicarle haciendo algo contrario a sus deseos. No podemos causarle sufrimiento. En otras palabras, el embrión no es, ahora, el tipo de ser al que se puede dañar, no más que a un óvulo antes de la fertilización”.
Y con respecto al aborto su criterio es similar al de la potencia frente al acto en los primeros momentos de la concepción, ya explicado en el caso de los embriones para  estudio e investigación, pues estos momentos iniciales de la concepción son básicamente probabilísticos y que la potencia se desarrolle, según el autor, no es mucho mayor que la del espermatozoide seleccionado para la microinyección. Ahora bien, deja claro que la elección entre los diferentes momentos de vida intrauterina del embrión/feto seleccionados a partir de vida cerebral como fundamento ético o estatus moral no deja de ser, sin duda, un criterio ético y no científico y vuelve a criticar que esta elección, para alcanzar el estatus moral de una determinada protección a esa nueva vida, sea también una ficción similar a la de la muerte cerebral. Para el autor “una ficción oportuna que convierte a un ser evidentemente vivo en un ser que legalmente no está vivo”. Y se pregunta el autor “¿qué tiene de especial el hecho de que una vida sea humana?”
 Esta última pregunta le sirve al autor para abordar otro de los temas que tradicionalmente viene defendiendo y que expresa, como hemos visto en su último nuevo mandamiento de la ética que nos propone: no discriminar por razón de especie.
El autor se posiciona contra el especismo y en su defensa nos dice que la exclusión por especie es similar a la exclusión por raza o sexo. “El racista, el sexista y el que discrimina por especie dicen todos: el límite de mi grupo también establece una diferencia de valor. Si eres miembro de mi grupo, tienes más valor que si no lo eres, sin importar de qué características puedas carecer. Cada una de estas posturas es una forma de protección del grupo o de egoísmo del grupo”.
Juan Carlos Hernández Clemente.
Madrid, 2018

Webs de interés.- 
Comité Bioética Catalunya


 Ya en otras ocasiones hemos llamado la atención de nuestros lectores acerca de este importante portal dedicado a la bioética. El comité de Bioética de Catalunya fue el primero en España y si analizamos los documentos que ha producido, sin duda uno de los mas prolíficos.

Destaquemos entre los documentos mas novedosos el artículo de M.Esquirol: “nuestra condición debe pensarse al margen del concepto de plenitud” 

donde reivindica la inseguridad, la sensibilidad inteligente y el anhelo.

Nuffield Council on Bioethics

También encontraréis documentos de posición de gran relevancia  en el Nuffield Council.  La mejor presentación es la que el mismo centro proporciona: The Nuffield Council on Bioethics is an independent body that examines and reports on ethical issues in biology and medicine. It was established by the Trustees of the Nuffield Foundation in 1991, and since 1994 it has been funded jointly by the Foundation, Wellcome and the Medical Research Council.

 
http://nuffieldbioethics.org/project/teaching-resources/personalised-healthcare

 

Pablo Oliveres
Murcia

Artículo comentado.- 

Celos y robots sexuales
Szczuka JM, Krämer NC. Jealousy 4.0? An empirical study on jealousy-related discomfort of women evoked by other women and gynoid robots. J. Behav. Robot. 2018; 9:323–336

Los robots son ya una realidad en nuestra vida. Están presentes en la industria, en la cirugía y posiblemente a no mucho tardar viajemos en coches – robot, vehículos que se desplazarán siguiendo las instrucciones de un ordenador, siguiendo el camino abierto por trenes sin conductor que vienen circulando desde hace décadas. También de cuando en cuando conocemos que en determinadas ferias y eventos tecnológicos se han presentado robots de aspecto humanoide diseñados para acompañar o para asistir, e incluso robots con apariencia de mascota que son capaces de realizar algunas gracias propias de nuestros amigos domésticos. Por lo que se ve existe o es al menos concebible otro tipo de robot que muestra la versatilidad de estos artilugios: la de robot muñeca sexual, una variante que ha despertado el interés de las alemanas Szczuka y Krämer, quienes han realizado un curioso experimento sobre la base de consideraciones psicológicas, sociológicas y evolucionistas, con un llamativo diseño para el que han incluso elaborado algunos instrumentos de creación propia.
Parten nuestras investigadoras de la constatación de que los primeros estudios sobre la dimensión sexual de la interacción humano – robot se han centrado en la aceptación que tiene esta dimensión en los varones, lo que deja desatendida la vivencia de las mujeres al respecto. Existe, sin embargo, un sesgo en su planteamiento: Aparentemente el interés de la bibliografía por la vivencia masculina tiene que ver con la aceptación en el sentido de contemplación del uso de estos ingeniosos artilugios como pareja sexual, mientras que lo que parece atraer a Szczuka y Krämer es hasta qué punto esos mismos objetos (en el sentido más sexual del término) despiertan celos en las mujeres. Este interés por los celos, más que por la aceptación, sorprende un poco, máxime cuando las autoras reconocen que hay artilugios electrónicos de mayor o menor complejidad que también pueden ser utilizados por las mujeres y despertar consecuentemente malestar en los varones, pero lo cierto es que nuestras autoras tienen un particular interés en la triangularización de las relaciones cuando anda por medio un robot sexual. Para ello sitúan la cuestión en un contexto evolucionista; así, señalan, una mujer no debería sentir celos de un robot en aspectos procreadores, en la medida que el artilugio no puede competir con ella (por el momento) a este nivel, pero sí podría vivirlo como serio competidor en materia de los recursos que el varón debe compartir con su pareja desde la noche de los tiempos. Así, parece razonable pensar que las mujeres no sentirán tantos celos o preocupación por el hecho de que su pareja tenga relaciones sexuales con otra mujer, como por la posibilidad de que desarrolle un apego emocional que significará un desvío de recursos (tiempo, dinero) hacia la máquina competidora. Y, hay que insistir, el robot sí puede hacer que el varón dedique a él (a ella, si se quiere, tratándose de robots de aspecto femenino) recursos de los que no disfrutará la mujer: por una parte, el dinero gastado en la compra del robot (o de cualquier otra forma de transacción económica que permita al varón el disfrute del mismo, como alquileres, esquemas de leasing o renting); por otra y, por supuesto, el tiempo o los recursos físicos que dedica el varón a la actividad sexual con el robot, detraídos de los que podría dedicar a su pareja.


Para llevar a cabo su estudio Szczuka y Krämer realizan una encuesta online en la que participan 848 mujeres alemanas de edad variada pero que han de cumplir el requisito de proclamarse heterosexuales. A este amplio grupo de mujeres nuestras investigadoras les preguntan cómo reaccionarían si su pareja (varón) mantuviera relaciones sexuales con otra mujer, con un robot de aspecto ginecoide o con otro robot con algún atributo femenino pero fácilmente reconocible como máquina. Cuentan para ello (ver ilustración) con una gama de imágenes que muestran a las encuestadas y que reproducen, en primer lugar, a una mujer con indumentaria y pose que, digamos, puede considerarse incitadora desde el punto de vista sexual; su segunda imagen es una figura con aire manga con similar orientación; la tercera, finalmente, es algo parecido a un maniquí que permite ver las partes más fríamente mecánicas de su diseño. Las tres categorías tienen algo que ver con un estudio previo de las mismas autoras con varones en el que observaron que si se les preguntaba explícitamente aseguraban que las mujeres eran más atractivas que los robots ginecoides, pero en una medida implícita se apreciaba que les resultaban igualmente atractivos estos últimos.
Tras haber respondido previamente a algunas cuestiones sobre ellas mismas, las 848 encuestadas fueron divididas por Szczuka y Krämer en tres grupos, cuyas respectivas integrantes debían imaginar que sus parejas mantenían relaciones sexuales con otra mujer, con un robot de apariencia femenina, o con un robot con claro aspecto de máquina. Para hacer más fácil ese ejercicio de imaginación, se le ofreció a cada participante 4 ejemplos visuales del tipo de partenaire con el que debían figurarse a su pareja. Todo ello, debemos decir, para verificar su hipótesis de que hay una gradación en la intensidad de los celos según la naturaleza de la competidora, de modo que otra mujer despertará estos sentimientos de forma más acusada que un robot ginecoide de acabado atractivo y este, más que otro de aire más mecánico. Además, se plantean que puede haber facetas o características en las mujeres que condicionarían o modularían estos celos, algunas de tipo personal (autoestima, apariencia física subjetiva, actitud hacia la posibilidad de que las relaciones de pareja no impliquen exclusividad o fidelidad a toda prueba) y otras relacionadas con actitudes hacia la tecnología (valoración negativa de los robots, tendencia al antropomorfismo y disposición a que la tecnología intervenga en las relaciones de pareja).
Pues bien: la situación que despierta una mayor desazón en las encuestadas es imaginarse que su pareja pueda tener una relación con alguien representada por la imagen de la mujer “de carne y hueso”. Si volvemos a la visión evolucionista, esto es coherente con el hecho de que la mujer es una competidora para la procreación, en tanto que los robots, atractivos o no, no pueden (a día de hoy) suponer una amenaza en este terreno y por lo tanto, generan menos angustia. Sin embargo, en otras dimensiones, como la sensación de que la relación no es correcta o la de que el varón está dedicando a las competidoras tiempo y recursos que detrae de la mujer, las tres figuras (mujer real, robot ginecoide, robot con aspecto claramente de máquina) provocan niveles similares de malestar, que con los robots pueden ser incluso superiores a los que genera la mujer real. Curiosamente, este diferente grado de malestar no se explica por características personales de las encuestadas como la autoestima o la sensación subjetiva de ser físicamente atractiva, sino más bien por las variables relacionadas con aspectos tecnológicos, arriba enumeradas. Podría entreverse, por tanto, que además de reprobar en lo práctico que haya un desvío de recursos, lo hay también en lo moral, por cuanto genera incomodidad la idea de que la propia pareja se lo pueda llegar a montar con un cacharro, vistoso o no. Por tanto, los robots sexuales sí pueden despertar celos en las mujeres, relacionados con la competición por recursos y por el repelús que puede causar que su pareja tenga affaires con artilugios.
El capítulo final del trabajo, reconociendo sus limitaciones y proponiendo futuras vías de investigación, merece algún comentario. En primer lugar, hay que tener en cuenta que para muchas de las participantes eso de pensar que su pareja pueda tener una relación con un robot sexual sería una idea totalmente nueva, contaminada, además, por la imagen que en la cultura popular se tiene de los robots, derivada generalmente de sus representaciones en el cine, según Szczuka y Krämer. En segundo lugar, aunque utilizaron diferentes escalas e instrumentos de valoración, nuestras autoras omitieron el uso de alguna que valorase la tendencia a los celos en la vida real, que podría haber permitido ver si sus diversos grupos eran homogéneos o no en esta dimensión.
Amplias avenidas se abren para la investigación futura en este campo si conseguimos, como proponen Szczuka y Krämer, definir con precisión el engaño a la pareja en el contexto de la interacción entre humanos y robots y apreciamos la influencia que el diseño del robot a gusto del consumidor puede tener en la aparición de celos en la mujer (pongamos que el varón se hace con un robot que reproduzca fielmente los rasgos de una antigua pareja). No menos relevante, nos indican nuestras autoras, sería explorar la forma en que cambian en la población las actitudes hacia los robots sexuales. No perdamos de vista el hecho constatado en este estudio de que las mujeres sienten celos de robots que no ocultan su condición de máquinas; unido al dato de que según nos dicen nuestras autoras hay estudios que muestran que los hombres pueden sentir celos de los clásicamente llamados consoladores, daría pie a que se ahonde en la investigación acerca de los celos que despiertan otros cacharros como las vaginas artificiales o los fleshlights, unos artilugios que parece que pueden traducirse como masturbadores. Igualmente, a medida que los robots ginecoides desarrollen habilidades sociales, se conviertan en conversadores amenos al gusto de los varones (por ejemplo, adquieran conocimientos sobre materias profundas como el fútbol) y se acerquen a los gustos del colectivo masculino (con una programación específica para tener aversión a ir de compras), podrían conseguir que el varón prefiera su compañía y comparta con ellos más tiempo (recurso esencial) que con su pareja, lo que sería un poderoso potenciador de la aparición de celos en esta. Qué decir, por otra parte, de la posibilidad de que se diseñen robots sexuales masculinos, customizados a gusto de la consumidora y (es un suponer) complacientes acompañantes cuando hay que ir de compras: la aparición de estos productos abriría paso a interesantes estudios sobre los celos que podrían despertar en varones. Y el colofón sería pasar toda esta rica investigación por el tamiz de lo cultural. No olvidemos que Szczuka y Krämer han estudiado el problema en mujeres alemanas, un colectivo bien informado, pudiente, abierto a la innovación tecnológica y a las formas creativas de relación de pareja, lo que no se da en todas las culturas y sociedades del mundo.
Curiosa aportación, ciertamente, la de Szczuka y Krämer, de la que uno cree que puede ser candidata a los próximos premios IgNoble.

Juan Medrano
Bilbao

Vídeo recomendado.-

Tres tipos de sesgo que moldean la manera de ver el mundo.-

Shepherd es meterólogo y debido a su profesión debe tener una clara visión de la realidad. Ocurre con la meteorología que no es una ciencia exacta, aunque ha mejorado enormemente su capacidad predictiva. Sin embargo son muchos los factores que coluden en la previsión del tiempo. Ello obliga a los meteorólogos a tener una especial sensibilidad hacia los errores, y ser proclives a la rectificación. Escogemos un par de ideas de la charla que ofrece TED, y que recomendamos:

“Shepherd, tengo 8 cm de calentamiento global en mi jardín, a qué viene eso del cambio climático?" Recibo ese tuit muchas veces. Es un tuit lindo, me hace reír también. Pero es fundamentalmente erróneo científicamente, porque ilustra que la persona que tuitea no entiende la diferencia entre tiempo atmosférico y clima.

 

 ¿Cómo expandimos nuestro radio de entendimiento acerca de la ciencia?Aquí están mis pensamientos. Haces inventario de tus propios sesgos. Y los estoy desafiando a todos a hacerlo. Hagan un inventario de sus propios sesgos. ¿De dónde vienen? Su educación, su perspectiva política, su fe. ¿Qué da forma a sus propios sesgos? Luego, evalúen sus fuentes. ¿De dónde sacan la información sobre la ciencia? ¿Qué leen, qué escuchan, para acceder a su información sobre la ciencia? Y luego, es importante hablar. Hablen sobre cómo evaluó sus sesgos y sus fuentes. 






 

BOLETIN IATROS ENERO 2012


INDICE.-
Noticias.-  1)Contra el estigma en Salud Mental: Manifiesto de Oviedo; 2)XX Aniversario del Comité de bioética de Catalunya;  3)Ha salido el 9º Boletín de Bioética de la Complutense; 4) Javier Moscoso, “Historia cultural del dolor”; 5)15th International Philosophy and Psychiatry Conference; 5-7 July 2012
Comentario de libros.-  Cortina, Adela.- Neuroética y neuropolítica. Sugerencias para la educación moral. Editorial Tecnos, 2011.
Bok S. Exploring Happiness. From Aristotle to Brain Science.  Yale University Press. New Have 2010.- 218 Pag, incluye indice temático.
Webs de interés.-  Euroethics Health Network; Noufield Council of Bioethics.
Artículo comentado.- José Luis González Quirós; La teoría de la mente: de la inteligencia artificial a la inteligencia híbrida, Madrid, 2010.

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Noticias.- 

1)Contra el estigma en Salud Mental: Manifiesto de Oviedo
Documento conjunto de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), presentado en el marco del XV Congreso Nacional de Psiquiatría en Oviedo.
2)XX Aniversario del Comité de bioética de Catalunya. Se celebró este pasado mes de Diciembre. Ver un resumen en:



3)Ha salido el 9º Boletín de Bioética de la Complutense.

Acceso fácil desde: www.bioeticafilo.blogspot.com

Javier Moscoso
4) Novedad editorial: Javier Moscoso, “Historia cultural del dolor”, Taurus, 2011. En la contraportada leemos: Al contrario de lo que afirmaba el filósofo Cioran, para quien era imposible dialogar con el dolor físico, todas y cada una de estas páginas abogan por ese encuentro y potencian ese diálogo. A medio camino entre la historia y la filosofía, este ensayo versa sobre las formas sucesivas (que no progresivas) de materialización de la experiencia del daño, sobre las modalidades artísticas, jurídicas o científicas que han permitido, desde el Renacimiento hasta nuestros días, la comprensión cultural del sufrimiento humano. La representación, la simpatía, la imitación, pero también la coherencia, la confianza o la narratividad son algunos de los recursos retóricos y argumentativos que los hombres y las mujeres hemos ido utilizando, y todavía usamos, para sentir nuestro dolor, pero también para expresarlo y dotarlo de significado y valor colectivo.

5)15th International Philosophy and Psychiatry Conference; 5-7 July 2012
Topics include:Culture, Identity and the Brain/ Mental Disorder and Displaced Peoples/ Culture and Forensic Psychiatry/ Culture and Maladies of the Soul


Comentario de libros.-

Cortina, Adela.- Neuroética y neuropolítica. Sugerencias para la educación moral.
Editorial Tecnos, 2011.


Adela Cortina  en su nuevo libro trata de contestar a las preguntas que la propia neuroética se plantea desde sus orígenes, es decir, sobre las condiciones éticas en las que deben llevarse a cabo tanto las investigaciones neurocientíficas como la aplicación de sus resultados para no violar los derechos humanos ni con la investigación ni con la práctica. Además, la autora se hace una pregunta tanto de tipo neurobiológico como filosófico: ¿Existen unos códigos inscritos en nuestro cerebro  que sean los auténticos códigos morales por los que debemos regirnos y eliminar todos los anteriores? También se pregunta por si  existen unas bases neurobiológicas en la organización de nuestra vida política, si somos libres o si por el contrario estamos determinados cuando actuamos por nuestro cerebro o si es posible hablar con cierto sentido de la  autonomía y de la responsabilidad en nuestras vidas.
Las preguntas sobre neuroética se adentran en las claves esenciales del mundo humano: ¿En qué consiste la identidad de una persona? ¿Somos nuestros cerebros? ¿Nuestros cerebros nos definen mejor que nuestros genes? ¿Investigando el cerebro investigamos el yo? ¿Cómo congeniar cerebro, mente y persona? Y  por el contrario, como afirmaba Kant en su Pedagogía  “el hombre llega a serlo por la educación, es lo que la educación le hace ser” o como afirma la autora hablando sobre  la felicidad del ser humano: “la felicidad misma no sea tanto producto del ejercicio de unas facultades maravillosas sino  de una buena vida compartida con sus semejantes”.
 Uno de los mensajes de los neurocientíficos sobre la  neuroética es que el cerebro toma decisiones influido por algún tipo de  moral universal que todos poseemos. Se trataría de algún tipo de función adaptativa que en realidad sería una nueva formulación de las éticas ontológicas, en esta ocasión estaríamos ante la fórmula del es cerebral al debe moral y en las cuales  se encontraría curiosamente una  base neurobiológica para  amar al cercano y rechazar al lejano.  Esto contrasta con códigos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta disonancia podría ser fruto del proceso de socialización; los juicios son ya sociales, la disonancia cognitiva entre lo que nos dice la neurociencia y los códigos morales universalmente establecidos podrían deberse al aprendizaje social.
Otra cuestión interesante sería saber si las áreas del cerebro son  la causa de la formulación del juicio moral o más bien son una base imprescindible para poder formularlo, refiriéndonos a patrones  y estructuras en abstracto al margen de contenidos.
Los contenidos  encontrados para una ética universal se refieren a la generación de juicios sobre dilemas personales e impersonales. Curiosamente en el caso de los primeros las zonas del cerebro que más se estimularían son las conectadas con la emoción mientras que los dilemas impersonales se estimularían con las conectadas al razonamiento.
Como dice la autora cabe preguntarse si el fin moral de los seres humanos es sobrevivir a secas o si consiste en vivir bien, y qué implicaría ese bien;  pues  “ hemos ido aprendiendo  a lo largo de la historia que vive humanamente bien quien respeta los derechos ajenos y propios, quien reconoce la dignidad y la valía ajena y propia, quien se esfuerza por empoderar a los demás y a sí mismo, quien apoya a los débiles y vulnerables aunque no pertenezcan  a su grupo de parentesco, de etnia, de lengua, de nación ni continente”. Y es que el criterio de moralidad  no es el mecanismo evolutivo. Del es  evolutivo no  surge el debe moral pues sigue siendo ilegitimo  incurrir en la falacia naturalista, y por consiguiente  de los diversos “es”  neurocientificos no surge un “debe” moral. Por consiguiente  las bases de una ética universal serían, por supuesto, cerebrales  pero también mentales y sociales.
La neuropolítica debería intentar averiguar si las bases neuronales de nuestra conducta nos preparan para asumir unas formas de organización política como superiores a otras y en segundo lugar si la democracia es la forma exigida por esas bases cerebrales o si es preciso ir más allá de ellas.
Tendríamos un instinto moral  o una gramática moral universal, producto de la evolución, que posee toda mente humana y que de manera inconsciente y automática genera juicios sobre lo que está bien y lo que está mal. El problema estaría en racionalizar esas intuiciones; para ser mas claros, en ocasiones  creemos que algo no se debe hacer pero no sabemos por qué.
Debemos entender la ética universal con base cerebral, como una gramática moral que nos permita aprender todos los lenguajes morales, es decir, hablar el idioma moral de las diferentes culturas. Esto es mucho más acertado que intentar descubrir principios con contenido, pues cualquier contenido que quisiéramos proponer chocaría con la moral de alguna o algunas culturas y perdería su pretensión de universalidad. Si queremos combinar universalidad y diversidad, sea de  una misma cultura a lo largo de la historia, o sea de distintas culturas o grupos que conviven en un mismo tiempo, entonces los principios éticos no pueden ser sino formales.
También introduce el concepto de condición frente a causa porque siempre actuamos condicionados por nuestras neuronas, cuerpo, carácter, contexto social y por un sinfín de elementos. Al hablar de la acción humana deberíamos abandonar la noción de causa que suele entenderse como si tras una causa se siguiera  necesariamente un efecto y recurrir a la noción de condición. Las condiciones que provocan acontecimientos, además de ser diversas,  no aseguran un resultado predecible pero sí permiten afirmar con diferentes grados de probabilidad por qué influyen en que se produzcan.
Descartes 1596-1650
Cuando los neurocientíficos quieren tratar sobre fenómenos observables tienen que hacerlo desde el trasfondo de un mundo vital compartido intersubjetivamente, desde la intersubjetividad  de una comprensión posible del mundo interior. A juicio de la autora y con respecto a la libertad, el neurocientífico no debería negar la libertad porque no la pueda explicar; el cometido estriba mas bien en averiguar cómo es posible que las razones que son mentales, puedan influir en las conductas a través de los procesos cerebrales que son de orden físico. Un misterio que subsiste desde el dualismo cartesiano.

Juan Carlos Hernández–Clemente.
Madrid.



Bok S. Exploring Happiness. From Aristotle to Brain Science.  Yale University Press. New Have 2010.- 218 Pag, incluye indice temático.

La felicidad sigue siendo un objeto filosófico apreciable. A los filósofos se han añadido economistas, médicos, psicólogos, sociólogos y otras disciplinas con ánimo de incrementar perspectivas y reflexiones. Algunas de estas perspectivas quieren ofrece soluciones prácticas a las personas, sea desde la perspectiva económica, psicológica o incluso biológica. Otras sencillamente quieren poner algo de clarida en el debate, en ocasiones para evitar posiciones ingenuas que pueden fácilmente derivar en recetas atractivas pero inútiles o incluso perjudiciales para las personas. El libro que comentamos se inscribe en esta línea de trabajo.
S. Bok
Sissela Bok es filósofa  y Senior Visiting Fellow del Harvard Center for Population and Development Studies. El libro podemos dividirlo en una primera parte que explora las definiciones y perspectivas históricas del término “happiness”, una segunda que explora como se mensura, y una tercera parte que plantea  hasta qué punto la felicidad viene ligada a aspectos caracteriales y si podemos considerar una felicidad estable.

En la primera parte la autora se esfuerza en presentarnos diferenes definiciones diferentes e incluso opuestas de lo que podemos entender por felicidad, o para ser mas precisos, lo que filósofos, escritores y otros intelectuales han definido por tal. Desfilan por consiguiente un amplio elenco de personajes con propuestas dispares: la felicidad com virtud, (Aristóteles, autor que viene a poner la primera piedra para fundamentar el libro), como buena voluntad (Kant), como poder que vence una resistencia (Nietzsche), como crecimiento personal, como “buena vida” (Séneca), etc. Parece que estamos ante un test de Rosrschard en que las definiciones nos hablan de los personajes, mas que de la felicidad en sí misma. Cada definición tiene un “pero” que la relativiza, y un “como” que nos hace ahondar en el camino biográfico en que esta definición fue formulada, y que parece su sustento mas firme. Bok evita tomar partido, parece que su tarea es pedagógica, mostrativa, si acaso para relativizar aquellas estrategias que indoctrinan a las personas para hacerles creer que solo hay un tipo de felicidad, y que deben conseguirla de una y solo una manera, sacrificando aspectos de su desarrollo personal.

En la segunda parte la autora hace desfilar a Bentham, con su calculus feliciti, Mill, que le enmienda la plana introduciendo una visión mas sensata y profunda del placer y dolor, y Francis Edgeworth (1881) con su propuesta de hedoninómetro, algo así como un termómetro para mensurar la felicidad que en cada momento tenemos.  Kant, por su parte, abona la idea de la felicidad como virtud y como camino de virtud, a lo que Bok opone biografías deshonestas que parecen felices. La conclusión que parece adoptar es la de James Griffin (pag 51), quien afirma que una vida moral no es suficiente para ser feliz, pero lo facilita. Aparecen los psicólogos, y entre ello Kaheman, reputado psicólogo de la felicidad heredero de la idea de un calculus feliciti basado en un hedoninómetro, y que propone 4 componentes de la felicidad: instant utility, que sería el balance entre placer y dolor/sufrimiento que podemos hacer en cualquier momento de nuestra vida, remembered utility, lo que nos queda en la memoria, satisfaction with domains of life, que sería la satisfacción en un área concreta de nuestra vida, por ejemplo la familia o el trabajo, y well-being, el estar bien o bienestar. Este autor propone dos métodos para objetivar la felicidad, (“objective happiness”): una monitorización diaria del “instant utility” o un resumen tipo diario. La idea de Kahenam sería evitar  las trampas que nos hace la memoria, o las trampas que nos hacemos cuando realizamos un balance vital de nuestra felicidad. Bok critica este tipo de diario porque tiene connotaciones moralistas, y también relativiza aquellos contructos que priorizan áreas concretas de la vida. Tal vez donde mas consenso existe entre los psicólogos de la felicidad es en admitir que las relaciones familiares y sociales son un componente por lo general central. La autora no niega que se avanza hacia una ciencia de la felicidad, pero esta ciencia deberá incorporar multiples disciplinas, como la neurociencia, psiquiatría y la economía, además de la citadas mas arriba.

En la tercera parte aborda el tema del carácter… ¿es la felicidad una cuestión de carácter? Así parece constatarlo muchos testimonios y estudios. Aborda por consiguiente el tema de la melancolía y depresión desde una perspectiva literaria, lo que desmerece en este punto un libro que se debe a los argumentos filosóficos, y constata diferentes tipologías sanguíneas y defensivas, en un mix de literatura y ciencia. Opone resiliencia a desprotección y advierte que personas dotadas de resiliencia podrían escasear en empatía, (una apreciación que no documenta y que me parece como mínimo dudosa). Trata de modelizar algunas diferencias caracteriales importantes de cara al estilo de vida que uno elige, por ejemplo la disposición a tomar riesgos, moralidad, experiencia del tiempo, higiene, tolerancia, extraversion… En fin, algunas citas interesantes que no atenúan  la sensación de que la autora anda en estos vericuetos básicamente perdida.

Petrarca
Aparece entonces otra de las preocupaciones de Bok y que articulan el libro: ¿es viable una felicidad prolongada? Ahí tenemos los poemas de Petrarca, la contemplación estética…  Freud pensaba que el ser humano no podía alcanzar la felicidad, que en realidad este concpeto le estaba vetado desde el mismo momento en que la cultura le obligaba a diferir la culminación de sus apetitos. Russell por el contrario cree que cada persona puede labrarse su felicidad si se aplica a ello. Ambos autores parecen enfrentados de manera irremisible, pero también hay coincidencias: ambos creen que la mayor parte de humanos son infelices, cuando las estadísticas arrojan datos objetivos en sentido contrario, y ambos escriben influidos por sus propias trayectorias vitales. Bok rastrea con sagacidad hasta qué punto Russsell tiene que invocar una Naturaleza generosa , que nos ofrece un “gran espectáculo”, y como cada ser humano debe sentirse unido a la cadena de generaciones que pasarán por la Tierra, una perspectiva en el fondo religiosa, como no dejaría de anotar Theilard de Chardin (ver nota a pie de la página 135).

La última gran cuestión que aborda Bok es el tema de la “Illusion” que en inglés es espejismo. La persona que se engaña en relación a su felicidad, ¿es verdaderamente feliz? ¿Son verdaderamente felices las personas que siguen un camino ascético? ¿Hacemos un bien despertando a los locos de sus sueños, como fue el caso de Lycas de Argos, narrado por Horacio? Las respuestas que da Bok son de tipo moralista: la persona se ve envuelta en engaños que acaban por favorecer un auto-engaño acerca de su propia vida. Hay que situar determinadas líneas rojas en nuestra vida y de esta manera alertarnos de que hay mecanismos de engaño operando en nuestro juicio de la realidad (“morals salience calls”, las llama). Admite que una manera de lograr una vida feliz  es sosteniendo una visión mas optimista de lo razonable acerca de nuestras capacidades y de nuestra valía, pero cree que todas las personas preferirían “la verdad” a esta cómoda instalación (sigue en este punto nuevamente a Griffin). Y siguiendo a Kant argumenta que esta persecución de lo verdadero, mas que de la verdad, es una manera de cuidarnos. Al final, pues, parece que Bok se decanta por una visión  virtuosa de la felicidad, en consonancia con su principal maestro, Aristóteles.

F. Borrell
Barcelona.


Webs de interés.- 

Os comentamos en este Boletín dos portales de interés:
1)Euroethics Health Network
Página alemana que permite acceder a documentos y legislaciones europeas referentes a la Bioética.  

EUROETHICS Overview

EUROETHICS is an extension of the Euroethics Health Network (EHN), a standardised, labour-dividing European information and database network on biomedical ethics. From 1996 to 1999 the European Commission supported the "Establishment of a European Database Network" through the BIOMED-2 Programme. With the help of this funding, France, Germany, the Netherlands and Sweden established the Euroethics Health Network, that will now be extended to new European partners.
National databases have been joined together into the unified European Database on Medical Ethics EUROETHICS. The database currently comprises over 11,500 documents (currently searchable via www.dimdi.de).


Databases and Data Collections Dealing with Ethics in Medicine and Biotechnology


Special Topics - Value added information products

The partners of EURETHNET are developing value-added information products on normative aspects of the life sciences. The section 'special topics' contains summaries of the scientific, legal and moral aspects of the most current issues in bioethics. Brief introductions in debates and legal documents will be given for Europe and different European countries. Those who want further information will also find links to relevant legal documents.
·         Dealing with biometrical data (data protection)
·         Genetically modified food
·         Predictive genetic diagnosis
·         Research involving humans

2)Aspectos éticos de la demencia (Dementia: ethical issues).  
Documento del Nuffield Council on Bioethics británico, resultado de un concienzudo estudio con el que se pretende orientar para la resolución de los conflictos éticos que se suscitan en el abordaje a todos los niveles de esta grave enfermedad.  Para su elaboración se consultó a pacientes, familiares y profesionales, con el fin de ilustrar sobre aspectos como cuándo y de qué manera informar sobre el diagnóstico, el conflicto entre la seguridad del paciente y su independencia y libertad o cómo tomar decisiones que maximicen los intereses del paciente. 
Juan Medrano
Bilbao

Artículo comentado.- 

La teoría de la mente: de la inteligencia artificial a la inteligencia híbrida
Autor: José Luis González Quirós, Madrid, 2010.
Edición para el Boletín de la Fundación Iatros, 2011.
Accesible en nuestro blog, Sección “Artículos especiales”., o clicando aquí.

José Luis González Quirós
El artículo que ofrecemos a nuestros lectores en abierto (edición supervisada y dirigida por su autor) sigue la estela de la “caja china” de Searle: ¿puede un ordenador tener conciencia como la tenemos los humanos? Cuándo un ordenador “habla” con nosotros, ¿“entiende” lo mismo que entendemos nosotros? Ray Kurzweil contesta afirmativamente: es posible crear un super-ordenador que disponga de conciencia, e incluso, ¿por qué no?, en un futuro podremos alcanzar la inmortalidad trasladando nuestra conciencia a la base física de un ordenador. Nuestros lectores recordarán el libro “Génesis” de Bernard Beckett: en un futuro los ordenadores ocupan el lugar de los humanos, la mente pasa de la base carbono a la base sílice, mucho mas estable, etc…

Al hilo de estas atrevidas afirmaciones José Luis González Quirós desgrana con minuciosidad el carácter especulativo de una visión de lo mental que la asimila al software de un ordenador, el llamado modelo funcional. Para ello se apoya sobre todo en Putnam (2001:104) : decir que “algún día la ciencia podrá encontrar la manera de reducir la conciencia (o la referencia o lo que sea) a la física”, aquí y ahora, es lo mismo que decir que algún día la ciencia “puede que haga no-sabemos qué de manera que no-sabemos-cómo” (2001:204).

La mente es un producto “vivo” y lo vivo tiene propiedades que en muchos aspectos continúan vedados a nuestro conocimiento: “El fondo del error que se comete al prescindir de los caracteres de la vida que parecen ser irreductibles a la mecánica y a la informática, es la tendencia a confundir lo abstracto con lo concreto”. Una cosa es el concepto de pensamiento y otra muy distinta es el pensamiento humano en si. Que podamos hablar del pensamiento y la conciencia humana no significa que sepamos lo que es. Poseer conceptos no equivale a conocer objetos.

¿Por qué razón tantas personas e incluso filósofos creen que es posible crear una mente- ordenador dotada de consciencia? José Luis cita varias razones, pero la siguiente me parece particularmente aguda: “Me parece que hay también otra razón que explica la confusión, si es que lo es, entre mente y cerebro desde esta perspectiva. Me refiero a que los fantásticos progresos tecnológicos de la era digital han supuesto una síntesis entre tecnologías reduccionistas (o inspiradas en saberes que lo son metodológicamente) y las tecnologías propiamente digitales, que no son reduccionistas o fisicalistas, sino que se apoyan en la capacidad de manejar propiedades semánticas, y que esa síntesis ha favorecido la confusión del significado metafísico de unas y otras”.

Es decir, como somos capaces de manejar signos y metáforas para crear programas para ordenador, nos parece que eso es ya un lenguaje como el humano, cuando tienen poco que ver. El lenguaje humano, añadiría yo, tiene el componente sentiente que destacó Zubiri, y que ancla los contenidos semánticos, por abstractos que sean, en nuestra realidad corporal.

Ahora bien José Luis , siguiendo a Ortega, ve oportunidades en la técnica como complemento, vestido,  o ampliación de lo humano. En este sentido afirma:
Creo, en suma, que el cerebro podrá contar con exoinstrumentos que se conecten con él de una manera bastante simple y efectiva para mejorar su rendimiento, espero que sea posible alguna ortopedia intelectual, alguna forma de inteligencia híbrida y que, por ahí, se abrirán nuevos caminos. Me parece, además, que esa nueva forma de inteligencia híbrida no vendrá únicamente por el lado del hardware, sino también por el lado del software, de la muy posible mejora del sistema de signos que usamos para pensar y calcular, y de las formas de automatizar sus relaciones a través de nuevas redes externas a nosotros o, a su manera, también híbridas”.
Este apretado resumen del trabajo de González Quirós no le hace justicia, pues hay otros ángulos desde los que resulta posible leerlo: como una evolución del pensamiento orteguiano, (no en vano JLGQ es uno de sus grandes conocedores), como una prolongación del eterno debate entre  monismo y dualismo, como una reflexión de cómo la cultura actúa como filtro histórico  a la hora de leer  los hechos de la Naturaleza, o las consecuencias de que “la verdad” deba ser expresada siempre mediante proposiciones, y por consiguiente su carácter líquido, para usar un adjetivo de moda, o semántico, si preferimos otro mas preciso. ¡Que lo disfruten nuestros lectores!.

Francesc Borrell,   Barcelona.