BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS Comité Editorial: Francesc Borrell. Juan Carlos Hernández Clemente. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.
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BOLETIN IATROS, DICIEMBRE 2017.
 CIRCULO DE CIBERLECTURA
INDICE.-
Noticias.-  Nuevo espacio para debatir ideas en:
Comentario de libros.-   Las fronteras de la justicia. Consideraciones sobre la exclusión. Martha C. Nussbaum
Diario de un médico descalzo. S. Casado.
Webs de interés.-  Nueva versión de la Declaración de Ginebra
Jóvenes con discapacidad en España 2016
Witness to Innocence
Artículo comentado.-       
Peek J. 'There was no great ceremony': patient narratives and the diagnostic encounter in the context of  Parkinson's.  MedHumanit 2017; 43: 35-40.
Vídeo recomendado.- Cómo hablar a las personas transgénero.-
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Noticias.- 

Nuevo espacio para debatir ideas en:
http://deliberar.es/                


Como ideario exponen:
1- En el terreno cultural pretendemos fomentar un espacio riguroso de pensamiento, análisis y diálogo, es decir, de deliberación en un tono razonable y cortés.
2- En el terreno político defendemos la concordia, la armonía y la colaboración entre todos los demócratas que sintonicen con el pensamiento libre, personal, antidogmático, crítico y antitotalitario.
3- En el terreno de la educación aspiramos a la eliminación de sectarismos y al fomento de mentes críticas, abiertas y sensibles a los argumentos ajenos.
En general, nos oponemos a la irracionalidad demagógica, nacionalismos pasionales, deshonestidad intelectual, creencias insensatas, populismos neofascistas o neomarxistas, postverdades mendaces y demás distorsiones interesadas de la realidad.
Y como actividades una revista, boletín, encuentros (en la Fundación Ramón Areces)  y libros.

Comentario de libros.-

Las fronteras de la justicia. Consideraciones sobre la exclusión.
Autora: Martha C. Nussbaum
Editorial: Paidós,  2012

La autora continúa en este libro su línea de investigación sobre la utilización de las capacidades humanas para la consecución de una teoría de la justicia que incluya a las personas discapacitadas física o mentalmente, así como atreviéndose a considerar el método de las capacidades como el más justo para dotar de derechos a algunos animales no humanos.
Comienza  Nussbaum exponiéndonos las deficiencias que encuentra en los diferentes contratos sociales  que hasta el momento han sido expuestos por diferentes pensadores como Grocio, Hobbes, Locke , Hume, Kant y fundamentalmente Rawls. En todos ellos no existe una teoría que incluya a las personas con discapacidades físicas y mentales y como dice la autora  “se trata de personas como todas las demás, pero hasta ahora las sociedades existentes no las han tratado en una plano de igualdad con los demás ciudadanos. El problema de extender a estas personas la educación, la asistencia médica, los derechos y las libertades políticas, y en general la igualdad como ciudadanos, parece un problema de justicia, y un problema urgente”.
El problema fundamental que presentan todos los contratos sociales son las preguntas básicas de las que parten: “¿Quién diseña los principios básicos de la sociedad? y ¿Para quién están pensados los principios básicos de la sociedad? Y es que la noción moral básica de la que parte toda teoría del contrato social es el beneficio mutuo y la reciprocidad, algo que ya de entrada deja excluidos a los discapacitados, los cuales lógicamente no se encuentran en condiciones de reciprocidad y de aportar beneficio mutuo frente a personas plenamente capacitadas. La autora critica, por tanto, este modo de entender una teoría de la justicia no  incluyente para todos y dice que debemos partir de la idea de que hay muchos tipos distintos de seres vivos dotados de dignidad y merecedores de respeto, así mismo,  si partimos también de la idea básica de que toda persona posee una inviolabilidad fundada en la justicia que ni siquiera el bienestar de la sociedad en conjunto puede anular, se descubren poderosas razones para buscar unos principios de justicia que garanticen un trato justo y equitativo hacia las personas con discapacidades y hacia los animales no humanos.
Martha  C. Nussbaum propone lo que denomina el enfoque de las capacidades el cual tiene como base filosófica los derechos básicos de los seres humanos que deben ser respetados y aplicados por los gobiernos de todos los países como requisito mínimo de respeto por la dignidad humana. El enfoque de las capacidades se centra en aquello que las personas son efectivamente capaces de hacer y de ser, según una idea intuitiva de lo que es una vida acorde con la dignidad del ser humano. Argumenta la autora  que, de nuevo confiando en la idea intuitiva de la dignidad humana, las capacidades en cuestión deberían atribuirse a todas y cada una de las personas, para tratarlas así como fines y no como medios para los fines de otros. Por último el enfoque introduce la idea de un umbral para cada capacidad, por debajo del cual se considera que los ciudadanos no pueden funcionar de un modo auténticamente humano. La meta social debería entenderse en el sentido de lograr que los ciudadanos se sitúen por encima de ese umbral de capacidad.
La idea básica del enfoque de las capacidades es extraída  de los Manuscritos de economía y filosofía de 1844 de Marx y en la que este autor considera que el ser humano se halla “necesitado de una totalidad de actividades humanas”, es decir, el ser humano tiene derecho a esas capacidades que en el fondo se convierten en oportunidades para desarrollar una vida plena. La autora nos propone una lista de diez capacidades como requisito básico de una vida digna, aunque nos dice que la lista está abierta y que sin duda puede cambiar con el paso del tiempo y la crítica de la misma.
Las capacidades humanas básicas son: 1. Vida; 2. Salud física; 3. Integridad física; 4. Sentidos, imaginación y pensamiento; 5. Emociones; 6. Razón práctica; 7. Afiliación; 8. Otras especies; 9. Juego; 10. Control sobre el propio entorno.
A diferencia de los métodos procedimentales, el enfoque de las capacidades parte de un resultado, es decir, de aquello que realmente se necesita para una vida acorde con la dignidad humana, luego busca una serie de procedimientos políticos  (constitución, separación de poderes, un cierto tipo de sistema económico…) que permitan los resultados. Pero la justicia está en el resultado y el procedimiento es bueno en la medida en que promueve ese resultado.
En el libro se trata a lo largo de decenas de páginas la necesidad de incluir la discapacidad y  a los discapacitados en igualdad de derechos. En el enfoque de las capacidades la concepción de los beneficios y los fines de la cooperación social es moral y social desde el principio y especifica que una mayor inclusión social de las personas con deficiencias es una clara muestra de que la decencia hace que los seres humanos persigan, a veces, la justicia por sí misma. La autora está convencida de que esto es así y es posible incluso en una sociedad, como la occidental, dominada por motivaciones económicas y de eficiencia, cuanto más habría que esperar de los seres humanos en una sociedad en la que se promovieran realmente las capacidades de todos los ciudadanos, hasta ese umbral mínimo, que les dotase de dignidad y se desarrollara un sistema educativo dirigido a reproducir estos valores en el tiempo.
Siendo hasta lo dicho el núcleo duro del libro, éste abarca también la propuesta de utilizar el enfoque de la capacidades más allá de las fronteras nacionales, promoviendo instituciones dentro de los estados, lo que Rawls denominó “la estructura básica de una nación”, que de forma dominante y desde el inicio mismo de toda vida humana determinen  las oportunidades vitales de la persona.
Con respecto a los animales no humanos y el enfoque de las capacidades, entendido también en este caso como derechos,  plantea la posibilidad de considerar la posesión de sensibilidad como una condición umbral  para la admisión en la comunidad de seres detentadores de derechos basados en la justicia.

Juan Carlos Hernández Clemente
Madrid, 2017


Casado S. Diario de un médico descalzo. Amazon, Columbia. Octubre 2017.-

Cada persona se expande en una versión de sí misma, como madre, como médico, como amiga…. Encomiable cuando en cualquiera de nuestras versiones tratamos de ser lo mejor de nosotros mismos. Y aún mas cuando tratamos de mejorar a través de nuestros actos los mimbres que nos hacen persona.
De eso va el libro que comentamos: hacernos mejores a través de la profesión. El título es inexacto, pues no leeremos el diario de un médico, o al menos el diario cronológico. Pero si leeremos las reflexiones de un médico comprometido con su quehacer. De alguna manera acertaríamos si lo consideráramos  un diario espiritual, un diario de meditación, en la mejor versión del término.

Atendamos a su estructura:

capítulo 2. El artista interior
capítulo 3. Consciencia, compasión y dulzura
capítulo 4. Estamos desnudos
capítulo 5. El miedo a perder la sonrisa
capítulo 6. Las catástrofes de la salud y la enfermedad
capítulo 7. ¿Crisis, qué crisis?
capítulo 8. Despertar o dormir
capítulo 9. ¿Eso del mindfulness tiene que ver conmigo?
capítulo 10.La resurrección de la carne y otros  milagros
capítulo 11. ¿Está dios en el centro de salud?
capítulo 12. Apocalipsis zombi
capítulo 13. ¿Qué es la enfermedad?
capítulo 14. Acompañar el sufrimiento
capítulo 15.Breve guía para mantener la salud
capítulo 16. Aprender a morir
capítulo 17. El fin del mundo y la fuente
capítulo 18. El ser y la nada

¿Qué impulsa a nuestro autor a escribir?  Dejemos que sea él mismo quien nos lo responda:

Lo pasamos mal porque no somos capaces de generar narrativas que conviertan en relato coherente lo que la vida hace con nuestra biografía. Creemos que sabemos hablar y escribir, pero lo cierto es que cuando de verdad nos hace falta, cuando es urgente contar lo que nos pasa, no terminamos de encontrar ni palabras potentes ni interlocutores válidos. Nos
toca aguantar la presión de la olla interior sin que podamos dejar salir el vapor, lo que termina arruinándonos el sueño,la energía, la espalda, el cuello, el bajo vientre o cualquier parte del cuerpo que gustes elegir”.

Cada generación tiene que encontrar su voz propia. Comprender  esta tarea convierte en portavoz a quien acepta el reto. Y Salvador Casado tiene pocas dudas al respecto:
“La cultura solo protege cuando se elabora, reflexiona o mejora. No sirve de mucho si únicamente la usamos como adorno para defender nuestros nacionalismos, dogmas o galones” (pág. 41).

La posición de nuestro autor es atípica. Siendo como es un líder de opinión en las redes sociales, apuesta por el silencio como la mejor apoyatura sobre la que echar a volar la reflexión:

“Quitar la televisión de mi vida fue una de las medidas que más satisfacción me ha producido nunca. Aprender a apagar el móvil y el ordenador también. Es una verdadera liberación irse a la cama por la noche sin haberse intoxicado en el momento previo con un telediario o una serie de acción. Nadie jamás nos ha contado la importancia de cultivar los sueños, la importancia de abonarlos y regarlos bien para que florezcan suavemente la mañana siguiente”(pág 48).

Por esta razón el libro está debidamente puntuado con haikus, a cual mas bello:

Despierto hoy
Sin saber si soy sueño
O mariposa.

Y también:

El gran milagro
Es convertir el tiempo
En pura vida.

Podemos aventurar a modo de resumen que el libro tiene tres ejes: comprender nuestra interioridad, actuar compasivamente y aceptar (para comprender)  la realidad. En relación al primer eje:


“Uno de mis milagros favoritos es el de caminar sobre las aguas. Reconozco que es bastante difícil, pero hay gente que domina ese arte. El mar emocional suele dar miedo cuando nuestra embarcación no vale para mucho, uno está lejos de la costa o el agua empieza a ponerse flamenca. Andar sobre las
emociones sin hundirse en el miedo, ansiedad, ira, asco o acritud, es una proeza vedada para muchos. Lo normal es hundirse y dejarse llevar por los remolinos y corrientes interiores, perdiendo el control a la primera ola. Sin embargo, es posible atravesar en calma una tormenta”.

Por consiguiente un primer elemento en la fórmula magistral del profesionalismo sería este saber estar y saberse escuchar uno mismo.... pero no basta para conseguir empatía y compasión:


“La cualidad más señalada en los manuales para un buen acompañamiento del sufrimiento es la empatía. Con ella nos es posible resonar con la otra persona, ponernos en sus zapatos y expresar una comprensión convincente. Pero para
ejercerla es necesario quitarse el calzado personal, las defensas, la seguridad de nuestra zona de confort. No es nada fácil. Hay personas y profesionales de la salud que tienen mucha, además de gran habilidad para manejar con mimo y
cuidado estos aspectos. Otros no tanto, los perfiles con más inercia a salirse de su rol suelen ser percibidos como fríos y poco empáticos por sus pacientes aunque técnicamente sean impecables.(...) Hacen falta ejemplos y referentes
externos, así como atreverse a ponerla en práctica con frecuencia”.

Es decir: también debemos desnudarnos de las defensas con las que nos mentimos cada dia cuando nos miramos al espejo. Solo desde esta desnudez resulta posible la última transformación:


“Cada experiencia que nos genere malestar nos está llamando a aprender una nueva forma de relacionarnos con ella. Aprovechemos la oportunidad con cada pequeña dificultad que surja. Si algún día vienen grandes quizá seremos capaces de bailar con ellas como la hierba verde en la tormenta.

Mira la brizna
Tras bailar la tormenta
Sigue tan fresca”.

Francesc Borrell
Sant Pere de Ribes.

Webs de interés.- 

Nueva versión de la Declaración de Ginebra. En septiembre de 1948, la Asociación Médica Mundial formuló esta declaración, que pretende ser una actualización del juramento hipocrático y tiene como finalidad principal la de crear un nuevo documento que cumpla la función que tuvo el texto hipocrático en el momento de su creación, es decir, crear una base moral para todos los médicos, sobre todo considerando la experiencia de la II Guerra Mundial. La Declaración no ha tenido gran repercusión pública, y ha sido enmendada en 1968, 1983 y 1994, y revisada en 2005 y 2006. El pasado 14 de octubre, la Asociación Médica Mundial, en su conferencia de Chicago, aprobó una nueva revisión, que publica y comenta Parsa-Parsi en JAMA. Su novedad más destacada es la incorporación del respeto a la autonomía de los pacientes, así como un compromiso del médico de atender a su propia salud.

Jóvenes con discapacidad en España 2016
Actualización del informe "Jóvenes con discapacidad en España" realizado por el Comité Español de Representantes de Personas con 

Discapacidad (CERMI) en el año 2010 y que sirvió como base para orientar el diseño de diversas políticas e intervenciones sociales específicamente orientadas a la población joven con discapacidad en España. El citado estudio abordaba las dimensiones fundamentales relacionadas con la realidad de las personas con discapacidad entre 15 y 30 años, con especial atención a sus necesidades y expectativas. La mejora de las condiciones de vida de los jóvenes con discapacidad, sin distinciones ni discriminación social, se ha convertido en un objetivo fundamental de la agenda política. El conocimiento de la realidad de este grupo es esencial en el diseño de las políticas que pretenden mejorar la situación de los jóvenes, en general, y de los jóvenes con discapacidad, en particular.
Witness to Innocence
Web de la única organización existente en los EEUU integrada y dirigida por supervivientes exonerados del corredor de la muerte y sus familiares. Se orienta a 

ala abolición de la pena de muerte empoderando a estos supervivientes y sus seres queridos para que puedan convertirse en líderes efectivos del movimiento abolicionista. La organización anima a los líderes políticos y a toda la sociedad a afrontar la realidad de un sistema de justicia penal fallido que envía a personas inocentes al corredor de la muerte. Asimismo, busca mecanismos para apoyar a los supervivientes y a sus familias a afrontar los retos de la vida tras la exoneración.
Juan Medrano
Bilbao

Artículo comentado.- 

Peek J. 'There was no great ceremony': patient narratives and the diagnostic encounter in the context of  Parkinson's.  MedHumanit 2017; 43: 35-40.
a toda la sociedad a afrontar la realidad de un sistema de justicia penal fallido que envía a personas inocentes al corredor de la muerte. Asimismo, busca mecanismos para apoyar a los supervivientes y a sus familias a afrontar los retos de la vida tras la exoneración.


Comentamos un artículo de la británica Jane Peek, que investiga cuál fue la forma y el contexto de la comunicación del diagnóstico de enfermedad de Parkinson a un grupo de 37 personas que la padecían y que quisieron comunicar libremente sus impresiones en entrevistas de una hora a hora y media de duración con la propia autora. El grupo era ciertamente variado: 16 mujeres y 21 varones; el tiempo desde el diagnóstico oscilaba entre 3 meses y 33 años, y la edad al recibirlo, entre los 29 y los 78.
La curiosidad de Peek parte de la constatación de que el diagnóstico de una enfermedad crónica representa un cambio trascendente en la vida de las personas. El etiquetado confiere al paciente una nueva identidad que le acoge en el colectivo de los enfermos de una determinada clase. Y la forma en que se transmita es crítica para determinar la vivencia que el paciente tendrá de la acogida a ese grupo o de las vivencias que asociará a su condición de enfermo. La elección de la enfermedad de Parkinson, según la autora, tiene que ver con que no se trata de un cuadro relativamente benigno, como se interpretaba previamente, pero también a que su diagnóstico no siempre es preciso, ya que no es un “trastorno del movimiento” puro (suponiendo que existan muchas categorías de este tipo), sino que entraña procesos degenerativos múltiples y “síntomas no motores”, desde la hiposmia, que puede ser uno de los primeros rasgos de la enfermedad, a los trastornos cardiovasculares y neurovegetativos, pasando por el dolor, la depresión o el deterioro cognitivo, y ya parece aceptado que su separación de la demencia por cuerpos de Lewy es solo materia del orden de presentación de los síntomas.El Parkinson es, pues, mucho más ancho y variado que lo que habitualmente se ha enseñado, por lo que dependiendo de la forma en que la enfermedad se manifieste, si el clínico está cegado por el clásico concepto de la paralysisagitans, en muchos casos se tardará en llegar al diagnóstico. En el camino, cabe la posibilidad de valoraciones erróneas, o de procesos de estudio en los que el paciente y sus síntomas pueden parecer un pretexto para la puesta en práctica de habilidades clínicas en el tradicional ejercicio del diagnóstico diferencial, que coloca al médico en una posición más cercana a la investigador que resuelve un enigma que a la del profesional dedicado a la ayuda a personas necesitadas.
Las entrevistas de Peek con las personas a las que entrevista le lleva a establecer tres categorías de experiencia negativa: una primera, caracterizada por el encuentro “desnudo”; la segunda, en la que el paciente experimenta una impresión de abandono, cercana a ese “desahucio” con que los médicos (no tan) antiguos daban por perdido un caso al que le quedaba poco tiempo de vida; y una tercera, en la que la exposición de que existe una presunta jerarquía de enfermedades neurológicas desautoriza la angustia y la desesperación del paciente al recibir la etiqueta de Parkinson.
El encuentro desnudo, pelado, con el médico diagnosticador, se plasma perfectamente en la ausencia de ceremonia que da título al trabajo de Peek y procede de la descripción de uno de los pacientes entrevistados. En esta variante, el (generalmente) neurólogo transmite el diagnóstico con el desapasionamiento y la gelidez de un acto administrativo. La persona pasa a tener una enfermedad de curso progresivamente incapacitante en un acto al que solo lefalta la emisión de un carné con el correspondiente sello de la consulta, el servicio o la organización sanitaria que formula el diagnóstico pero en el que se echa en falta toda resonancia en el funcionario que lo expide. La ausencia de toda emoción, conmoción o compasión, de un “impacto compartido”, hace que, como indica Peek, es lo característico de esta variante de encuentro.
En el acto diagnóstico que produce vivencia de abandono, la ausencia de un impacto compartido va más allá; uno de los pacientes entrevistados por Peek describe cómo el médico que pasa sala le comunica que padece Parkinson y se marcha. Un segundo médico le informa de su inminente alta, y cuando se planta pidiendo explicaciones se le dice con frialdad que se trata de una enfermedad degenerativa, incurable y para toda la vida, “tres cosas que no te gusta oír”. Otra explica que el neurólogo que la exploró le hizo caminar, le dio el diagnóstico y con él un volante para hacerse una TAC y le abrió la puerta del despacho para que saliera.
Otra dimensión del abandono es la remisión a otro sitio o instancia para todo aquello que tiene que ver con información acerca de la enfermedad. En este sentido resulta significativa la experiencia (no inhabitual en nuestro medio) de que las personas diagnosticadas de una enfermedad sean derivadas, más o menos sistemáticamente, a folletos, libros o asociaciones de autoayuda, cuando no directamente a Google, para obtener una información obviamente complementaria del conocimiento de la enfermedad que le afecta. A pesar de lo común de esta actitud no deja de sorprender que el médico no sea capaz de informar de qué forma puede progresar la enfermedad, qué cabe esperar, qué ayudas pueden llegar a ser necesarias.
Asociado a este pase a terceros (personas, asociaciones, soportes materiales o digitales) de la responsabilidad de informar, Peek individualiza lo que denomina silencio diagnóstico, que lo complementa. Se trata aquí de no escuchar al paciente, de no recibir la noticia de que una enfermedad como el Parkinson llega a alguien que tiene una forma, una historia o un proyecto de vida, en los que causa profundas repercusiones.
Como contrapartida y –lamentablemente, parece que de manera muy ocasional- los pacientes entrevistados por Peek encuentran especialistas que les refuerzan en la idea de que existe un futuro presidido por el entente, la colaboración entre médico y paciente. El beneficio que produce la promesa de que existen alternativas para evitar que la enfermedad condiciones en exceso la vida del paciente se ve apoyado e incluso superado por el compromiso de un esfuerzo común en el empeño por conseguirlo. El médico, aquí, lejos de abandonar al paciente, ofrece su implicación, su ayuda y un sólido contrato de palabra para crear una sociedad que ayude al paciente a combatir las consecuencias de la enfermedad.
Por último, la tercera vivencia negativa es la de la exposición de una jerarquía de enfermedades neurológicas en las que el Parkinson no figura en la pole position de las más deletéreas. Este mensaje, aparentemente esperanzador, se acompaña a veces de la promesa de que en un futuro inminente existirán medicamentos o procedimientos diagnósticos que mejorarán espectacularmente las condiciones de los pacientes, pero al mismo tiempo supone una desautorización del malestar del paciente. Es un “hay gente a la que le va peor” que produce un alivio a los pacientes al saber que no padecen, por ejemplo, un tumor cerebral, pero lleva implícito un “así que no se queje tanto” que hace que el alivio sea efímero o se vea condicionado por la admonición del facultativo.
¿Son tan frecuentes estas experiencias negativas? Peek nos dice que el encuentro desnudo se había producido en al menos dos terceras partes de sus entrevistados. Es de esperar que la experiencia de abandono, probablemente la más trágica, no se dé con esa asiduidad, pero en todo caso, la administrativización del diagnóstico es algo que hace pensar.
La transmisión del diagnóstico torpe o descuidada no tiene por qué llevar a la conclusión de que el hecho de diagnosticar implica causar alguna forma de daño al paciente. Vivimos, por otra parte, en una organización sanitaria y con una filosofía de la Medicina y de la asistencia que gravitan en torno al diagnóstico, un concepto especialmente devaluado en el campo de la Psiquiatría desde la irrupción de los DSM de la Asociación Psiquiátrica Americana. La proliferación ad náuseam de categorías diagnósticas en estos tratados se ha equiparado a una medicalización (o psiquiatrización) de la existencia fomentada por la pérfida industria, deseosa siempre de encontrar nuevos nichos comerciales para sus productos. Pero se olvida una dimensión importante de estos tratados, que es que por la peculiar organización de la atención en su país de origen deben incluir los diagnósticos que justificarán la intervención del profesional y la facturación por sus servicios; un agudo comentarista británico opinaba que el DSM-5 será más eficaz que su predecesor a la hora de cumplir con su principal motivación de capacitar a los psiquiatras para cobrar por sus actuaciones profesionales (16). Cuantos más diagnósticos y entidades se creen, tantas más oportunidades de caracterizar la intervención del profesional. Valorar a un paciente con quejas de pérdida de memoria pero que no cumple criterios de demencia acaba siendo una intervención sin diagnóstico; si DSM-5 en mano puede sostenerse que tiene un trastorno neurocognitivo menor, se dispone ya del diagnóstico que justifica la actuación profesional (y su facturación) independientemente de si eso quiere decir que cognitivamente, para su edad, está más sano que una manzana. Así pues, la medicalización, o la salud-mentalización de lo cotidiano, su conversión en fenómenos clínicos que requieren ayuda profesional, tiene más beneficiarios que la siempre socorrida industria, ese malo necesario que sirve para desplazar culpas y complicidades. Los profesionales precisan de un diagnóstico que en nuestro entorno justifica también la intervención del sistema público, por lo que la caracterización de nuevos trastornos tiene un interés personal y corporativo.
De forma complementaria, los pacientes secundan esta tendencia. El psiquiatra portugués Pio Abreu destaca que acuden a consulta libre (y a veces entusiastamente) personas caracterizadas por no presentar una enfermedad clara. Buscan ayuda para malestares, no necesariamente para enfermedades. Pero el sistema (sanitario o no sanitario, público o privado) no tarda en convertir la demanda en evidencia de síndrome o trastorno. Las dificultades (reales o no, pero en todo caso, absolutamente naturales y esperables) que puede tener un hijo al abandonar el domicilio familiar se convierten así en un trastorno de la emancipación, y un concepto que tal vez tenga el éxito que han ido logrando otros (síndrome de nido vacío, síndrome postvacacional), a lomos de los medios de comunicación, hasta insertarse en nuestra cultura. No habría esa tendencia cultural a hablar de “síndromes” para describir malestares si no existiera una disposición a identificar como algo ajeno a la salud cualquier desviación de una plácida seguridad y de una ilusoria felicidad. Y si no hubiera personas dispuestas a explorar y encontrar campos de intervención profesional. Los intereses creados lo son de la industria, pero también de los profesionales y, por supuesto, de la población, que ha aprendido que es preferible ser “enfermo” que infeliz, y que serlo puede tener ciertas ventajas.
Alternativamente, y por no movernos del campo de la Psiquiatría, se da el fenómeno curioso pero complementario, destacado también por Pío Abreu, de que las personas con trastornos psiquiátricos graves rehúyen al psiquiatra y a sus diagnósticos porque no se consideran afectadas por ningún problema. Pero observamos últimamente que si se sienten afectadas por él, reclaman a veces una consideración especial, casi elitista, como el de grupos que sugieren que es coolpadecer un trastorno bipolar, algo potencialmente grave y trágico. También se cuestiona que la experiencia psicótica, muy a menudo desgarradora, sea patológica, dado que son muchos los que san os o enfermos se proclaman escuchadores de voces. Y se plantea que determinados fenotipos, como el autismo, no deberían ser considerados enfermedad o deficiencia, sino reconocidos como variables neuroatípicasde la normalidad.Así pues, lo que tradicionalmente era, si acaso, inconveniencia o malestar, deviene enfermedad, al tiempo que lo que mejor se adecuaba a la idea de enfermedad puede ser una variante de lo normal.
Aunque se ensanche por aquí o se estreche por allá, el diagnóstico goza de muy buena salud. Tan es así que si se saludó en su momento a la Convención de Nueva York como la puntilla definitiva al modelo médico en favor del modelo de enfermedad, todavía los movimientos asociativos ligados a la discapacidad se organizan y clasifican en función del diagnóstico (de enfermedad/es mental/es, de Parkinson, de Alzheimer, de Esclerosis Múltiple, de Parálisis Cerebral, de Autismo, de Enfermedad Crónica Intestinal… y así hasta completar, o casi completar, la amplia variedad de enfermedades crónicas). El diagnóstico, por conveniencia, por interés, por organizarse, por clasificarse, por tener una etiqueta que exhibir, por tener un motivo para reclamar, ya sea para vender fármacos o servicios, ya sea para reivindicarlos, goza de buena salud. Por eso es importante preguntarse por cómo se llega a él, por sus implicaciones y por el impacto que tiene en la persona que lo recibe en función de cómo se transmita.
En este sentido, Peek llama la atención sobre la asimetría del encuentro entre médico (diagnosticador) y paciente (diagnosticado). Los intereses parecen distintos; a veces, como se ha dicho antes, el momento del diagnóstico se antoja la colocación de la última pieza del puzzle que trata de resolver el facultativo, y en el cual, el paciente no tiene otro valor que ser el portador del enigma. Si lo parecen, es en buena medida por la torpeza y la falta de habilidades comunicacionales del médico. El momento del diagnóstico requiere una actitud atenta, empática y de apoyo que permita conocer al profesional qué necesita el paciente: información (y cuánta), escucha, compromiso, interés, compasión, preocupación, impresión de que transmitir el diagnóstico de una enfermedad que afecta a la calidad de vida, a la independencia, a la capacidad funcional, duele al médico, no por el hecho de comunicarlo, sino por representarse mentalmente lo que la enfermedad puede deparar a su paciente. Y a partir de ese dolor, lo ideal sería iniciar un camino conjunto, en el que el experto ayuda al paciente –que terminará siendo el verdadero conocedor, si no de la enfermedad, sí de lo que es ser enfermo- a encarar el día a día, a sobre-vivir a la enfermedad.
El Foro de la Profesión Médica de España ha iniciado recientemente el procedimiento formal de solicitud de reconocimiento de la relación médico-paciente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). El documento que presenta la propuesta remarca que esta relación constituye el núcleo fundamental del ejercicio de la Medicina. El proceso de diagnóstico (estudio, comunicación) es una parte esencial de esa relación, como lo son los pasos a que el diagnóstico obliga. El trabajo de Peek demuestra que en un contexto asistencial que prima la especialización, la supuesta eficiencia y la respuesta más intelectual que práctica a los problemas, empieza a ser necesario plantearse si la relación médico-paciente no terminará convirtiéndose en un patrimonio de naturaleza más arqueológica que inmaterial.

Referencias
Chen H, Shrestha S, Huang X, Jain S, Guo X, Tranah GJ et al. Olfaction and incident Parkinson disease in US white and blackolderadults.Neurology 2017; 89:1441-7 [Abstract]
 Friedman J.Dementia withLewybodies and Parkinson'sdisease dementia becomethesamedisease.ParkinsonismRelatDisord 2017. pii: S1353-8020(17)30260-2. doi: 10.1016/j.parkreldis.2017.07.013.
Mayou R. Isthe DSM-5 chapteronsomaticsymptomdisorderanybetterthan DSM-IV somatoformdisorder? Br J Psychiatry 2014; 204: 418-9 [Texto completo]
Parkinson J. AnEssayontheshakingpalsy. J NeuropsychiatryClinNeurosci 14:223-36 [Texto completo]
Peek J. 'Therewas no greatceremony': patientnarratives and thediagnosticencounter in thecontext of Parkinson's.MedHumanit 2017; 43: 35-40 [Texto completo]
Pio Abreu JL. Cómo volverse enfermo mental. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2004
Truini A, Frontoni M, Cruccu G.Parkinson'sdisease related pain: a review of recent findings.J Neurol 2013; 260: 330-4 [Texto completo]

Juan Medrano
Bilbao

Vídeo recomendado.-



Cómo hablar a las personas transgénero.-





BOLETIN IATROS ABRIL 2013


CIRCULO DE CIBERLECTURA

INDICE.-
Noticias.-  Seminarios de la Fundación Iatrós
Comentario de libros.-  Martha C. Nussbaum. Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. O´Connor T., Sandis C (Editors). A Companion to the Philosophy of Action. Wiley-Blackwell
Webs de interés.-  Salud y dinero, blog de J. Simó
Artículo comentado.- Persona corriente y filosofía moral:
reglas, virtudes y bienes Alasdair MacIntyre       
Video comentado.- La enfermedad broncémica, de Francisco Occhiuzzi
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Noticias.- 

Seminarios de la Fundación Iatrós.-
Prof.E. Baca
Lugar:   Sala de Juntas del Decanato de la Facultad de Medicina
de la  UAM (Arzobispo Morcillo, 4, 28029 Madrid).  Hora:  16:30
Temas:
Abril: 23 .-  " El médico como ‘lector’ del relato del paciente: Conocimientos, ideología y contratransferencia”.  Ponente: Enrique Baca.
Mayo: 28.-  Influencia de la narratividad en la toma de decisiones médicas. Ponente: Juan Carlos Hernández-Clemente

José Lázaro
Madrid

Comentario de libros.-

Martha C. Nussbaum. Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano.
Paidós. 2012.

M.Nussbaum
La autora nos propone lo que denomina un nuevo paradigma teórico en el campo del desarrollo y las políticas públicas. Este paradigma es conocido como enfoque del “desarrollo humano” o enfoque de la “capacidad” o las “capacidades” y parte de una pregunta muy simple: ¿qué son realmente capaces de hacer y de ser las personas? ¿Y qué oportunidades tienen verdaderamente a su disposición para hacer o ser lo que puedan?
El libro intenta situar el enfoque dentro del contexto narrativo de las vidas humanas definiendo el rendimiento y el éxito de las personas en función de las oportunidades que se abren para cada una de ellas. Este enfoque necesariamente, aunque teórico, toma como referencia los relatos de las vidas de las personas reales y el significado humano que para éstas tienen los cambios en las políticas generales.
Según la autora este enfoque “concibe a cada persona como un fin en sí misma y no se pregunta solamente por el bienestar total o medio, sino también por las oportunidades disponibles para cada ser humano. Está centrado en la elección o en la libertad, pues defiende que el bien crucial que las sociedades deberían promover para sus pueblos es un conjunto de oportunidades (o libertades sustanciales) que las personas pueden luego llevar, o no llevar, a la práctica: ellas eligen. Es, por lo tanto, un enfoque comprometido con el respeto a las facultades de autodefinición de las personas. Es decididamente pluralista en cuanto a valores […] y se ocupa de la injusticia y la desigualdad sociales arraigadas”. Pero curiosamente para definir la capacidad o capacidades la autora recurre a una definición dada por Amartya Sen y nos dice:
¿Qué son las capacidades? Son las respuestas a la pregunta: “¿Qué es capaz de hacer o de ser esta persona?”. Por decirlo de otro modo, son lo que Sen llama “libertades sustanciales”, un conjunto de oportunidades (habitualmente interrelacionadas) para elegir y actuar. Según una de las definiciones del concepto típicas de Sen, “la capacidad” de una persona hace referencia a las combinaciones alternativas de funcionamiento que le resulta factible alcanzar. La capacidad viene a ser por lo tanto una especie de libertad: la libertad sustantiva de alcanzar combinaciones alternativas de funcionamiento”.
La capacidad en el enfoque que desarrolla el libro no es simplemente una habilidad que reside en el interior de una persona, sino que incluye también las libertades o las oportunidades creadas por la combinación entre esas facultades personales y el entorno político, social y económico. Como acertadamente señala la autora “el enfoque de las capacidades no es una teoría sobre lo que la naturaleza humana es o no es, ni interpreta normas a partir de la naturaleza humana innata. Es, más bien, evaluativo y ético desde el principio: se pregunta qué cosas, de entre las muchas para las que los seres humanos pueden desarrollar una capacidad de desempeño, son aquellas que una sociedad con un mínimo aceptable de justicia se esforzara por nutrir y apoyar”. A lo largo del libro la autora va definiendo las distintas capacidades humanas: básicas, internas, combinadas, centrales, pero es a estas últimas a las que considera como un mínimo irrenunciable para que una vida humana sea digna, nos dice que de estas capacidades centrales toda persona debe superar un nivel umbral mínimo por debajo del cual estaríamos ante manifiesta injusticia. La capacidades centrales son: Vida; salud física; integridad física; sentidos, imaginación y pensamiento; emociones; razón práctica; afiliación; otras especies; juego y control sobre el propio entorno (político y material).
Una vez que la autora ha desarrollado su enfoque sobre el desarrollo humano basado en las capacidades lo contrasta con otros enfoques que se han ocupado del bienestar de las personas y de su calidad de vida: enfoque del PIB, enfoque utilitarista, el basado en los recursos, el basado en los derechos humanos y los va contrastando con su propia teoría. También nos aporta un ejercicio interesante de reflexión tratando de encontrar las influencias, que tanto la filosofía oriental (fundamentalmente hindú) como la occidental desde Aristóteles, están presentes en el desarrollo de su propia teoría.
Finalmente, aplica su teoría de las capacidades a alguno de los problemas existentes en este momento a nivel mundial. Problemas como el de la educación, la asistencia sanitaria, el envejecimiento o las discapacidades son sólo algunos de los problemas a los que trata de aplicar su teoría de las capacidades para el desarrollo humano.

Juan Carlos Hernández-Clemente.
Madrid.

O´Connor T., Sandis C (Editors). A Companion to the Philosophy of Action. Wiley-Blackwell. Oxford 2013. 638 pág. Indice temático. 41 E.

¿Cuáles son los fundamentos de la acción humana? ¿Por qué actuamos? ¿Lo hacemos libremente o porque somos seres autónomos? ¿En qué consiste darnos razones para actuar y cómo tomamos decisiones mediante la deliberación? Todas estas cuestiones (tan relevantes para la Bioética) y aún otras son la sustancia de este importante libro liderado desde la Universidad de Oxford pero con contribuciones básicamente de EE.UU.

A*Presentación de la obra (pase el lector con prisas al siguiente párrafo).-
El libro se divide en tres secciones, cada sección con unos 25 capítulos de unas 8-10 páginas con su particular bibliografía. Las secciones son:
-Acts and Actions: esta sección estudia los fundamentos filosóficos de la acción humana, pero desde las contribuciones de las ciencias naturales y psicosociales. Si algo distingue la filosofía americana es que no le hace remilgos al saber científico, al contrario, es un “repensar filosófico” de las contribuciones científicas. Desde esta perspectiva se analiza el movimiento corporal, los actos de habla, los hábitos, las acciones llamadas “Cambridge”  (un tipo “no real” de acto). Esta sección acaba con un importante capítulo de Millgram, “Pluralism about Action”. Este capítulo plantea el estatuto metafísico de la acción humana como concepto. ¿Es la acción humana algo que pueda tomarse como “una cosa”, un concepto a estudiar? ¿O nos estamos refiriendo a un conjunto de acontecimientos que englobamos de manera ingenua como tal concepto de “acción humana”, mezclando hechos de naturaleza tan dispar que no resistan un análisis “a fondo”? Los constitutivistas defienden la versión de un solo concepto para la acción humana, mientras los pluralistas defenderían que estamos en presencia de un fenómeno que tomamos erróneamente por un solo concepto, cuando en realidad abarca dimensiones completamente diferentes y que precisan un estatuto metafísico igualmente diferente.
-Agency and Causation: en esta sección se aborda la diferencia entre querer (volición) y voluntad, (podemos actuar con libertad de movimientos sin ser propiamente libres), qué es la intención humana, la diferencia entre deseo e intención, y la relación de ambas con el placer. Otra línea de análisis es  la diferencia entre una acción humana presidida por una finalidad (teleological explanation) y una acción humana presidida por razones y/o  causas. El ser humano es entendido como “agente”, eso es, lugar donde se efectúa un tipo de deliberación (o una serie de cálculos) que conducen a actuar. ¿Cómo razonamos, cómo decidimos, en base a qué acontecimientos, conocimientos o influencias? Aparecen conceptos tan importantes como fuerza de la motivación, akrasia (= realizar una acción a sabiendas de que va en contra de nuestro propio interés, por ejemplo fumar), cálculo de probabilidades, marcadores somáticos, etc.
-Action in Special Contexts:  entiéndase por “contexto especial” lugares metafísicos como racionalidad, motivación interna, determinismo o libertad… Estos conceptos se analizan con todo tipo de instrumentos: desde las aportaciones de la psicología social, la etologia, la psicología cognitiva, la filosofía del Derecho y de manera especial las neurociencias, (se explica de manera detallada el llamado “epifenomenalismo modular”, una suerte de ingenuidad científica que ya detectó entre nosotros González-Quirós, (ver en este mismo blog el artículo especial colocado en la columna derecha).
-Prominent figures.- en esta última sección se analiza el pensamiento de 23 filósofos fundamentales en la materia que nos ocupa, solo para mencionar a los mas recientes: Reix T, Hume, Kant, Nietzsche, Hegel, Weber, Wittgenstein, Ryle, Sartre, Chisholm, von Wright, Davidson, Anscombe y Ricoeur.

B*Visión popular (Folk) del acto humano versus otras perspectivas.-
Presentada la obra analizaremos algunos de los capítulos que nos han parecido mas interesantes, y que también servirán de fiel de balanza para que nuestros lectores decidan si el libro debe figurar en las estanterías de su biblioteca pública o privada.

Varios son los argumentos que atraviesan el libro de manera transversal. Uno de estos argumentos dice, “¿qué hay de cierto en la visión que cualquier persona tiene de sus actos?”. Esta concepción ingenua y espontánea se la llama en filosofía “Folk Psychology”, es decir, teoría psicológica popular que trata de explicar sobre qué bases realizamos una acción. Esta teoría popular de la acción humana es la que las personas sin una especial formación científica ni filosófica creen que explican sus actos cotidianos. La figura 1 sintetiza dicha teoría. Actuamos porque nos impulsa un deseo, este deseo a su vez se asienta en una o varias creencias, y todo eso nos lleva a actuar movidos un una intención. Voy al kiosco a comprar el periódico. Deseo informarme de la actualidad económica del país, y creo que ya habrán distribuido el periódico que me interesa. Creo también que las monedas que llevo en el bolsillo bastarán para comprarlo, etc. ¿Qué puede aportar sobre este esquema tan diáfano la filosofía de la acción?

Cada uno de los conceptos de la figura 1 se trata detalladamente, como también el modelo general que nos propone. En cuanto a modelos alternativos destacaremos dos que se discuten en profundidad:

a)Modelo causalista. En la figura 2 vemos dicho el modelo. Este modelo lo que nos quiere indicar es que no todas las acciones humanas tienen por causa una intención. Muchos actos los impulsan causas muy variadas, por ejemplo de tipo biológico, (las palabras soeces de un Gilles de la Tourette serían un caso extremo), social o incluso mecánico, (un acto reflejo).
b)Epifenomenalismo modular, (figura 3). Antes de que mi consciencia delibere sobre la mejor acción a emprender, mi cerebro computacional ha realizado los cálculos necesarios y ya ha decidido. La consciencia raramente decide, según este modelo, sino que toma nota de la decisión “computacional” y la defiende (o asume) como propia. Los actos voluntarios son actos tomados por la parte no consciente de nuestra mente, pero que luego asume la parte consciente para cargarla de razones y justificaciones. Este modelo desde luego es contraintuitivo, y se basa en experimentos de neuroimagen en los parecería como si la decisión (y por tanto la acción) antecediera a la deliberación cognitiva. Hay que tomarse estas evidencias con mucha cautela, desde luego, pero no cabe duda de que muchas decisiones las guía la intuición, que viene a ser un camino trazado en nuestra memoria para orientar nuestros actos en el  futuro.

C*Intención, causa del acto, “doble poder” y causas inconscientes.-
Veamos ahora algunos de los conceptos considerados en la Figura 1.

Se entiende por acto humano aquella conducta dirigida a un fin. Para hablar de acto se precisa un deseo (=motivación) + una creencia (al menos creer que mi acto sirve para algo). Estamos dentro del paradigma del modelo “Folk”, (figura 1). ¿Qué ocurre sin embargo cuando la persona X desconecta el respirador de su anciano tío, (del cual es el heredero), para que no sufra una previsible y larga agonía? ¿Lo hace por piedad o por interés? En otro ejemplo Davidson nos sitúa en una cordada en la que un alpinista, consciente de que un paso en falso le hará perder el equilibrio y pondrá a todo el grupo en peligro, justamente por su estado de ansiedad realiza una maniobra intempestiva y resbala. Para complicarlo un poco mas imaginemos que este alpinista quiere acabar con la vida de su compañero de cordada, pero no se atreve. Sin embargo está tan nervioso que acaba por resbalar y permite que su compañero caiga por un precipicio. Su única acción es cortar la cuerda para salvar su propia vida, algo que desde luego no es tan reprobable como empujar a su amigo hacia el precipicio.

La discusión de este tipo de ejemplos lleva a diferenciar intención de causa del acto humano. Tal vez había pasado por la imaginación de X matar a su amigo, pero en el momento que resbala, (por efecto de su nerviosismo), puede que intente honestamente salvarle la vida. En este caso la causa del accidente plausiblemente fue el nerviosismo de pensar en un hipotético asesinato, algo que estaba únicamente en su imaginación. Pero no podemos decir que este acto de imaginación fuera una verdadera intención. El análisis de este acto llevaría por consiguiente a afirmar que lo desencadena una causa, no una intención. Sería un acto bajo el paradigma de la figura 2.

María Álvarez
El lector puede pensar en este punto que la mayor parte de actos humanos los desencadena una intención. Yo compro una entrada para ir al teatro y esta es mi finalidad… Puedo realizar toda una serie de actos complejos destinados a este fin, por ejemplo conectarme a internet para comprar las  entradas, llamar a unos amigos…. Parece un acto netamente explicado por el figura 1. Pero, ¿tuve en cuenta a la hora de comprar las entradas que coincidía con un partido de Liga? No, eso quizás no lo tuve en cuenta. ¿Tuve en cuenta que era posible demorar la compra de estas entradas hasta saber a ciencia cierta que mi amiga G podía acompañarme? No, tampoco, el miedo a perder la oportunidad de comprar las localidades del Palco Preferente me hizo asumir un riesgo… Para que una acción sea plenamente libre se necesita una clara consciencia de las diversas posibilidades que se abren para su realización. Y la mas elemental de estas posibilidades consiste en “hacer” o “no hacer”, actuar u omitir. Es el “2 way power” o “doble poder” del acto. El lector interesado puede escuchar en abierto un magnífico post sobre este asunto en: María Álvarez (una de las autoras del libro que comentamos), “Agency and two way powers”:



Cuando mencionábamos mas arriba el caso del alpinista, algunos autores apelarían al concepto psicoanalítico de “acto fallido”. Desde esta óptica el alpinista resbalaría movido por una pulsión inconsciente. Sin embargo, ¿qué debemos entender por inconsciente? ¿La irritabilidad de un diabético que sufre hipoglicemia y agrede a un vendedor ambulante, entra en esta categoría? Edward Harcourt disecciona lo que puede entenderse por “causas inconscientes” de un acto humano y distingue:
a)El acto motivado por un desencadenante corporal que no percibimos, (por ej.- la hipoglicemia).
b)Un estado emocional, por ejemplo estar deprimido, del que tampoco tengo apercibimiento. Los médicos sabemos bien las dificultades de que un paciente depresivo reconozca o admita que lo está. No es nada extraño que a los pocos meses de tomar medicación el paciente declare: “ahora me doy cuenta de lo muy deprimido que estaba”.
c)Un deseo o estado emocional no percibido, (la madre que le tiene miedo a uno de sus hijos),  el cual a su vez puede ser:
-reconocible, es decir, una vez alguien me lo indica se me hace la luz y digo: “en efecto, actué movido por este deseo o emoción”.
-no reconocible, es decir, a pesar de que alguien me lo indica, (“¿no será que le tienes miedo?”) yo no lo valido como cierto.
d)Un deseo o estado emocional reprimido, (por ejemplo el sacerdote que se enamora de una feligresa), el cual a su vez también puede ser reconocible o no reconocible.

¿Acto fallido?
A partir de este esquema el razonamiento de E. Harcourt es muy interesante: los actos irracionales que tratamos de explicar mediante “razones inconscientes” pueden deberse a otras causas completamente diferentes a la interpretación psicoanalítica. El “acto fallido” de ausentarse de una cita bien pudiera deberse a una hipoglicemia, o a un cansancio de origen ciclotímico… O aquel chiste inoportuno en la fiesta de aniversario de mi suegro quizás fue una declaración de enemistad hacia él, es decir, una emoción de hostilidad reprimida que encuentra una grieta para manifestarse… Pero caben explicaciones alternativas: quizás simplemente digo lo primero que se me pasa por la cabeza, (¿no es eso un “maleducado”?), o no era consciente de cómo podía interpretarse el chiste… o he explicado mal el chiste, que en origen no era ofensivo…. Para Harcourt el psicoanálisis trata de hacer racional cualquier acto humano de apariencia irracional, pero hay que admitirlo: muchas veces somos irracionales, muchas veces actuamos en contra de nuestros intereses, y lo que es mas incomprensible, a veces lo hacemos a sabiendas de que nos estamos perjudicando  como personas (= acto akrásico, de akrasia –falta de control sobre uno mismo- no confundir con “acrático”, de Acracia).

Francesc Borrell
Barcelona.

Webs de interés.- 

Salud y dinero.-

Blog que dinamiza J. Simó tiene unos 30 documentos con análisis originales  y casi siempre enjundiosos de la realidad sanitaria de nuestro país. El Dr. Simó es médico de familia formado en economía de la salud, y su interés se centra en el análisis del uso del medicamento y farmacoeconomía, las diferencias de gasto entre CCAA, y economía de la salud en Atención Primaria. Su portal contiene también documentos de interés relativos a equidad, cobertura sanitaria y utilización de servicios.  He aquí como presenta la última entrada de su portal, que analiza los “otros” usuarios del Sistema Nacional de Salud, los que tienen un trato preferente: 

El principal problema de equidad que presenta nuestro sistema sanitario es su dualización. Parafraseando a Dumas en el lema de los mosqueteros, España no tiene “un sistema sanitario público para todos y todos para un mismo sistema”. Se trata de un doble sistema (a two tier system) consecuencia de la multiplicidad de “regímenes” o “subsistemas” de aseguramiento, formas de provisión y acceso a las prestaciones sanitarias financiadas públicamente.
Saludos
J. Simó

La Redacción.-

Artículo comentado.- 



PERSONA CORRIENTE Y FILOSOFÍA MORAL: REGLAS, VIRTUDES Y BIENES

Alasdair MacIntyre.  Texto de la conferencia pronunciada por el autor el 24 de enero de 1991 en la Universidad de Dallas con motivo de la celebración de la festividad de Santo Tomás de Aquino

El lector puede descargar el original del repositorio de la Universidad de Barcelona:


¿Qué relación hay entre los juicios del filósofo moral sobre la vida
práctica y las cuestiones, juicios y acciones morales que cada día realiza una persona corriente?

Alain MacIntyre
Sobre esta pregunta MacIntyre afirma que “una persona corriente al concebir la vida como un progreso desigual, o a veces como un retroceso, en el logro de su bien, se transforma de modo significativo en un filósofo moral”. Esta primera afirmación resulta crucial porque MacIntyre concibe el progreso personal en términos narrativos y de progreso, suposiciones que muchos filósofos y especialistas en ética aceptarían, (ver a este respecto la entrada de nuestro blog relativa a Strawson y su alegato en contra de la narratividad).

La vida concebida como un progreso a la plenitud es paradigma aristotélico, y como tal influye poderosamente en muchas concepciones de la vida humana, como en Kant, Sartre o el mismo Nietzsche. MacIntyre asume el paradigma aristotélico e interpreta bajo el prisma de una búsqueda de lo que es “mi bien supremo” la vida particular de cada cual.
El joven descubre que la vida está ordenada por reglas, y que estas reglas están ligadas a bienes que se obtienen cuando las respetamos. Sin embargo hay motivos para conseguir mayores bienes sin respetar estas reglas, y ahí empiezan los problemas.  ¿Debo aprovecharme de una información privilegiada y ganar un dinero aunque sea a costa de la infelicidad de otras personas? No, no estamos hablando de los desahucios, sino de dilemas mas triviales pero mas constantes en la vida de cada cual. Si este joven escoge el beneficio inmediato, o el hacer lo que le place, y no el camino de la excelencia, o si no aprende a distinguir lo que es bueno de lo que es “bueno para mi y lo es ahora”, estará apostando por una biografia en la que reglas, bienes y virtudes – estas últimas necesarias para lograr estos bienes-,  estarán desligadas.

 Afirma nuestro autor: “Cuando a veces la persona corriente retrospectivamente se pregunta qué significa la totalidad de su vida, a menudo con la intención de elegir entre futuros alternativos, lo que de hecho se está preguntando es: ¿con qué concepción de mi bien he estado comprometido hasta ahora?, y ¿tengo motivos para cuestionarla? La unidad de la vida como un todo sobre la que cada ser humano investiga es la unidad de una narración dramática, de una historia cuyo resultado puede ser un éxito o un fracaso para cada protagonista. De: no ser así, carecería de aplicación la noción de un bien en general, cuya persecución a lo largo de la vida provee a ésta de cánones de éxito y fracaso. Así, cuando alguien escribe una narración, ya sea la de la propia vida o la de otro, se puede juzgar si es adecuada por la eficacia en responder a las siguientes cuestiones: ¿qué bien escogería la persona cuya vida ha sido narrada? ¿concibe erróneamente su bien? ¿con qué obstáculos y frustraciones se enfrentó? ¿poseía las aptitudes y carácter necesarios para superarlos?

Todo lo que venimos comentando resulta importantísimo para la ética narrativa. Por un lado se deduce de este posicionamiento que las virtudes son básicas para mantener el barco a flote. No sin razón el libro mas conocido de MacIntyre es “en pos de la virtud”. Sin templanza, valentía, renuncia… no hay manera de tener una mínima coherencia vital. MacIntyre cree que se produce un aprendizaje cotidiano de las virtudes. Por un lado “violar las reglas de la relación con los otros comporta verse privado de su cooperación en el logro de un bien”. Si aprendemos las consecuencias de transgredir poco a poco se instaura en nosotros los hábitos virtuosos, y a partir de aquí “poder llegar a ser capaces de extrapolar, sin sometimiento a reglas, a otras situaciones en las cuales coraje, justicia o veracidad, siempre junto  con la prudencia, requieren de nosotros como mínimo cambios parciales”.

En este punto, sin embargo, MacIntyre no se llama a engaño y se pregunta el por qué tanta gente fracasa en su vida moral.  Este fracaso tiene 4 momentos, un ciclo que conduce a fragmentar  bienes, reglas y virtudes, “que  se conciben como aislados unos de otros”, impidiendo un esquema moral de la persona sólido y  consistente. He aquí estos momentos:

1er momento: la persona se pregunta, ¿cual es mi bien?
2º momento: la persona aprende  a renunciar a bienes de menor estatuto al que ha señalado como su bien supremo. Se le requiere un ascetismo y templanza que  puede ver imposible, y decidir que es major estratègia renunciar a un bien supremo.
3er momento: perdido el norte de un bien supremo “ la autoridad de la regla se desvincula de toda relación con los bienes, de modo que la obediencia a dichas reglas es valorada por sí misma”; pero también puede suceder que “la autoridad de las reglas se reconoce si y sólo si su obediencia es casualmente efectiva en el logro de los bienes finitos”.
El cuarto y último episodio “se inicia al descubrir el protagonista que las principales cuestiones sobre las que se erige el conflicto no son racionalmente resolubles. Nuestro protagonista sólo puede responder a este descubrimiento de un modo: representando el papel de persona  prefilosófica”. Es decir, según nuestro autor, la persona que ha perdido el norte de su mayor bien, de sus valores “sagrados”, para decirlo de otra manera, pierde también el sentido de las normas o reglas, y pierde el sentido de las virtudes necesarias para sacrificarnos por los valores por los que apuesta. Y en este  momento de fragmentación interior en lugar de reconocer sus inconsistencias, (pensemos por ejemplo en un político corrupto), prefiere aniñarse, pensar que no tiene entendimiento para dilucidar su mejor bien, para defender los valores en los que creía, o simplemente relativizarlos o devaluarlos.

¿Cuál es la receta de MacIntyre para evitar el fracaso moral?
“El joven tiene que aprender a razonar prácticamente, razonamiento que en el curso de la educación moral se muestra en la acción concreta, antes de poder ser adecuadamente expresado en palabras. Esta es una clase  de hábito en la que o simultáneamente adquirimos tanto las virtudes como cierta capacidad para razonar prácticamente, o no adquirimos nada”
Pero por encima de todo, “para asegurar la integridad de mi razonamiento práctico, mi bien último tendrá que ser concebido de tal manera que ninguno mayor pueda perseguirse”. Es decir, la persona tiene que apostar y comprometerse con unos valores de vida.

F. Borrell
Barcelona

Vídeo recomendado.-

LA ENFERMEDAD BRONCÉMICA , por  Francisco Occhiuzzi

La enfermedad broncémica afecta de manera singular a médicos que después de una fase de “importantitis” pasan a otra de “inmortalitis”. Su pose se impregna de bronce, el bronce que deberá hacerlos inmortales, y tras desayunar con Dios se dignan a pasar visita a los pobres mortales. La conferencia también es una magnífica pieza oratoria, en la que los “tempos” y los contenidos se anudan de manera magistral.

La Redacción.