BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS Comité Editorial: Francesc Borrell. Juan Carlos Hernández Clemente. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.
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 BOLETIN IATROS, Mayo 2021.

 CIRCULO DE CIBERLECTURA

 INDICE.-

Noticias.-  XI Congreso Internacional de Salud, Bienestar y Sociedad

Comentario de libros.-  ¿Somos nuestro cerebro?; Filosofía de la medicina; Vosotros no tenéis la culpa. En torno al suicidio.

Webs de interés.-  Librería Finestres; Investigación en Bioética.

Artículo comentado.-  Neural Basis of Cultural Influence on Self-Representation Video recomendado.-   Carl Jung, en una de las pocas entrevistas concedidas (1957)  

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 Noticias.- 

 Sorbonne Université, París, Francia, del 2 al 3 de septiembre 2021.

La Red de Investigación de Salud, Bienestar y Sociedad conjuga el interés por las áreas de la salud y bienestar humanos en general, con sus interconexiones e implicaciones sociales en particular. Como Red de Investigación, nos definimos por nuestro enfoque temático y la motivación para construir estrategias de acción determinadas por los temas comunes.
Convocamos a presentar investigaciones en los temas anuales y el tema destacado:

Tema destacado 2021—Promoviendo la salud y la equidad: Prácticas idóneas desde una perspectiva internacional

 Comentario de libros.-

Tres falacias en Neurociencias. A propósito de la lectura del libro:

Vidal F., Ortega F. ¿Somos nuestro cerebro? La construcción del sujeto cerebral. Alianza Editorial, Madrid 2021

 Resulta curioso que siendo los autores de este libro profesores de la Universidad Rovira i Virgili, (el primero filósofo de la ciencia y psicólogo, el segundo filósofo especializado en la subjetividad), la obra fuera publicada originalmente en inglés, y por consiguiente, estemos leyendo una traducción del 2017. Pocos ensayos españoles tienen un periplo de este tipo, (siendo los autores españoles publicar primero en lengua inglesa y que una editorial española se interese en traducir la obra), lo que nos informa del interés que ha suscitado el libro y, también, nos obliga a una lectura detallada del prólogo para entender algunas de sus claves. Una conclusión apresurada sería la siguiente: para aquellos autores con suficiente proyección internacional,(y dominio del inglés), el ágora idónea para exponer sus ideas es el ámbito de la lengua inglesa. Pero a su vez tampoco renuncian a proyectarse en su lengua materna, y posiblemente no solo por una cuestión sentimental o romántica, sino por la importancia cuantitativa y cualitativa de la comunidad latinoamericana.

Como acostumbramos a hacer en estas reseñas, nos centraremos en las ideas- fuerza del libro, señalando aquellas partes de la obra que pueden ser de mayor interés para un lector apresurado. Como siempre nuestro deseo es proporcionar a los profesionales de la salud con tareas asistenciales prioritarias y absorbentes, las claves de los debates mas actuales en filosofía de la medicina. Por ende, añado a este resumen una reflexión personal: algunos autores que publican bajo el rótulo o paraguas de las Neurociencias, en ocasiones incurren en tres falacias, a saber, la falacia topográfica, de la neurodiversidad y de la lectura de pensamiento. Las desarrollaremos más adelante.

Desde hace unas 3 décadas las Neurociencias ocupan un espacio privilegiado en la investigación médica. Los avances en neuroimagen permiten visualizar aquellas áreas del cerebro que se activan cuando las personas realizamos determinadas tareas, (Resonancia Magnética funcional). Estos avances han permitido afinar técnicas quirúrgicas, con provecho en cirugías oncológicas y de otro tipo, (por ejemplo, en la cirugía de la epilepsia, de los trastornos obsesivos-compulsivos o en la estimulación profunda del cerebro). Autores como Damasio han contribuido a poner de moda las Neurociencias, y, mas específicamente, un tipo de visión de la persona que podemos llamar, siguiendo a nuestros autores, una ideología cerebralista: “somos nuestro cerebro” (Nota 1).

Esta ideología asimila el “Yo” a la actividad del cerebro. Si hasta hace relativamente un par de siglos el “Yo” se asimilaba al alma, y hasta hace poco el “Yo” se asimilaba a mente, en las últimas décadas hay una tendencia a asimilar el “Yo” a la actividad del cerebro. Nuestras tendencias conductuales, la manera de comportarnos en sociedad, lo que nos gusta y disgusta, vendrían condicionadas, desde esta perspectiva, por la conformación cerebral. Cuando afirmamos que “somos nuestro cerebro”, expresamos que un determinado estado de nuestro cerebro implica experimentar placer, otro estado dolor, que nos comportaremos diferente si tenemos conexiones cerebrales diferentes, que el cerebro es plástico, y, por consiguiente, aprende de su entorno; por si fuera poco, este aprendizaje actualiza las conexiones cerebrales, en un bucle de perfección o de regresión.

Según este planteamiento, que los autores no dudan en calificar de fundamentalmente ideológico, si lográramos identificar los circuitos cerebrales específicos de una determinada enfermedad, por ejemplo, la depresión, podríamos disponer -gracias a la Resonancia Magnética funcional (IRMf)y otras tecnologías afines- de un instrumento diagnóstico, pronóstico y con implicaciones terapéuticas de primer orden.

Una parte de estos razonamientos es incontestable: resulta evidente que nuestras conductas surgen de la actividad cerebral, y que nuestro cerebro se orienta mediante juicios éticos y estéticos. Pero quizás la actividad cerebral no explique toda la complejidad de estos juicios, quizás estos juicios se asientan en una actividad neuronal, en efecto, pero el resultado no pueda deducirse sencillamente de las conexiones neuronales, o de la morfología del cerebro, sino que hay pautas e influencias culturales y del entorno, así como razonamientos particulares y peculiares de cada individuo, -razonamientos sin una estructura cerebral definida-,  que determinan conductas y valores existenciales.  A partir de esta constatación los autores del libro se fijan en varios límites y contradicciones de la ideología cerebralista, (recomendamos leer pag. 95-6 las nueve críticas que lanzan a las neurociencias en general y en la pág. 103 el corpus epistemológico de tipo reduccionista que sustentan dichas disciplinas). De manera resumida podemos sintetizar tres aspectos, (las consideraciones relativas a las tres falacias son de quien escribe estas líneas):

A)Lo “neuro” como un enfoque topográfico que añade escaso conocimiento a la investigación de modelos de conductas humanas complejas. La falacia topográfica. -

En este mismo blog, el filósofo González Quirós (ver artículo especial en la columna de la derecha de este blog), nos argumentaba con que frivolidad se asocia conocer el lugar del cerebro en que se efectúa una tarea cognitiva con el hecho de conocer el funcionamiento del cerebro. Conocer las partes del motor de combustión, (pistón, cigüeñal…), nada nos dice sobre cómo funciona un motor de combustión. Necesitamos un modelo de funcionamiento del cerebro, un modelo que actualmente está en mantillas. El conocimiento topográfico nada nos dice, por ejemplo, de cómo funciona la memoria, qué sustrato fisiológico tiene la atención, cómo producimos juicios, etc., etc. Llamaremos “falacia topográfica” a este espejismo de identificar áreas cerebrales como funciones cerebrales, (por ejemplo, identificar las áreas frontales involucradas en la reflexión, como si de este conocimiento meramente topográfico se pudiera deducir un modelo cerebral de reflexión; tal como decíamos al inicio de este artículo un conocimiento de tipo topográfico supone un avance para técnicas quirúrgicas, pero poco más).

Los autores profundizan con acierto en este dislate. Por ejemplo, los intentos de circunscribir la experiencia estética a un estado del cerebro. Sigámosles en este punto con algo más de detalle:

Los autores detectan dos tendencias en los estudios sobre estética: la neuroestética evolutiva, que entiende el arte y las preferencias estéticas como una adaptación para mejorar el éxito reproductivo (pág 148). Y por otro lado la neurohistoria del arte, es decir, cómo la plasticidad del cerebro evoluciona mediante la experiencia artística. Esta concepción entiende que los artistas son algo así como neurocientíficos que exploran el cerebro con sus herramientas (pág  150).  Los experimentos que realizan los neurocientíficos especializados en estética son del tipo: presentar un cuadro de un pintor impresionista y observar las áreas del cerebro que se iluminan. Y comparar por ejemplo estas áreas con las de un cuadro cubista.

Desde la perspectiva de Vidal y Ortega estos estudios se basan en una concepción del arte dicotómica: un cuadro es bonito o es feo. Sin embargo el arte se nutre de matices: un cuadro puede representar la fealdad y el espectador puede juzgarlo como esplendido, (las pinturas negras de Goya). En el mejor de los casos estos estudios de neuroestética llegan a conclusiones que poco o nada aportan al conocimiento estético. Por ejemplo afirmar que la apreciación de belleza se realiza mediante áreas incriminadas en juicios de valor, y no meramente en un juicio de simetría, (pág 160). Algo totalmente obvio. En el fondo subyace la confusión de mezclar relación estética con experiencia estética. Cuando decidimos que “este cuadro abstracto es arte” (= relación), lo juzgamos desde la perspectiva de belleza, (= experiencia). La mayor parte de estudios en neuroestética obvian el primer paso.  

Un segundo eje en la crítica del libro a la falacia topográfica estriba en las expectativas que han depositado como avance en el diagnóstico de determinadas enfermedades. En este sentido examinan qué ha aportado la Resonancia funcional al diagnóstico de la depresión. Veamos también este punto con algo más de detalle:

Los neurocientíficos especularon con la posibilidad de que la IRMf  pudiera proporcionar patrones cerebrales “objetivos” en pacientes depresivos. El diagnóstico de depresión se basa en la actualidad en los síntomas “subjetivos” que refieren los pacientes, aunque desde luego estos síntomas se acompañan de conductas motoras típicas, (enlentecimiento motor, lloro, expresividad facial, etc.). Si la IRMf detectara un estado de reposo cerebral, así como una reactividad a determinados estímulos propias de la depresión, la psiquiatría tendría un instrumento de primer orden para redefinir el síndrome, e incluso matizar la clasificación actual. Sin embargo una revisión de 20 años de estudio con neuroimágenes de la depresión no ha conducido a ninguna conclusión (pág 211). Los estudios postmortem señalaban la corteza cingulada subgenual como el área más incrimiada en la depresión, y se probó incluso su estimulación cerebral profunda, un tratamiento experimental que fue prohibido por la FDA debido a una relación riesgo-beneficio negativa (pág 213).

B)La ideología cerebralizante  como elemento que ayuda a construir una identidad. La falacia de la neurodiversidad.-

Un aspecto muy original del libro es examinar de qué manera el discurso neurocientífico impacta sobre la construcción de nuestra identidad. En concreto se aborda con detalle la influencia de conceptos como neurodiversidad y neurotipicidad en la comunidad autista. Si el lector está interesado en este asunto debiera leer de la página 220 a la 250 de la obra. Trataremos de hacer una síntesis, en el bien entendido de que en el libro original encontrarán abundante bibliografía y links de sumo interés.

Una primera constatación: los modelos de enfermedad que manejamos los profesionales de la salud impactan sobre la identidad de los pacientes. Si le decimos a un paciente depresivo que su padecimiento es similar a padecer una pulmonía o una diabetes, naturalizamos su trastorno y por ende cancelamos especulaciones causales de tipo psicosocial tantas veces asociadas a sentimientos de culpa.  Aunque asimilar depresión a diabetes es enormemente reduccionista y posiblemente falso en diversos sentidos, no es menos cierto que la comparación puede ser efectiva y benéfica a nivel de identidad personal.

Algo de eso ha ocurrido con el autismo. La perspectiva neurocientífica del padecimiento,  como una variante en la manera de percibir la realidad, ha llevado a empoderar a determinados colectivos autistas al punto de reivindicar que se respete a los niños autistas, y no se les manipule con tratamientos psicológicos. Si el autismo es fruto de la neurodiversidad, simplemente añade una perspectiva humana a la manera de entender el mundo, y como tal perspectiva, enriquece el acervo colectivo.

Observe el lector el paso de una naturalización del trastorno, (neurodiversidad) a una ideología de grupo social, (reivindicar una minusvalía como ventajosa para la especie). Algo similar ha ocurrido con comunidades de sordos que reivindican la sordera, (padres sordos que desean que sus hijos lo sean también, y que no facilitan que sus hijos se beneficien de implantes cloqueares).

Vidal y Ortega identifican una brecha de opinión en la comunidad autista. Los abanderados de la neurodiversidad suelen ser autista de alto rendimiento, en tanto que a los padres de autistas profundos les horroriza la idea de perder ayudas escolares, sociales y médicas bajo el argumento de proteger esta neurodiversidad.  Pero más allá de estas peculiaridades merece la pena reflexionar que la falacia de la neurodiversidad es una variante de la falacia naturalista: confundir lo que es con lo que debe ser.

C)La ideología cerebralizante como planteamiento reduccionista de lo que significa ser “Yo”. La falacia de la lectura del pensamiento. –

Si nuestra identidad reside en estados de nuestro cerebro, resultaría posible, entre otros avances técnicos, adivinar nuestros pensamientos mediante técnicas similares -o incluso más sofisticadas-  a la Resonancia funcional. También debería permitir este tipo de tecnologías futuras establecer el tipo de persona que somos, personalidad e incluso capacidades intelectuales y psicomotoras. Este planteamiento nos conduce a lo que denomino falacia de la lectura de pensamientos, según el cual los avances en neurociencias nos permitirán objetivar los procesos cognitivos más íntimos.

Nuestro Yo se construye y deconstruye mediante una enorme riqueza de influencias sociales. El entramado de relaciones que establecemos, de lecturas, películas, conversaciones…. todo ello sin duda tienen un correlato cerebral, pero posiblemente no sea posible  asimilar esta riqueza a estados concretos de nuestra circuitería cerebral. Una poderosa razón para ello es que una misma función cerebral posiblemente pueda realizarse desde varios estados cerebrales diferentes, (principio de la realizabilidad múltiple). Y también porque una misma función cerebral, incluso que respondiera unívocamente a un estado cerebral, podría tener significaciones variopintas en función de la relación establecida por el sujeto con su entorno. Sería el caso de un espectador que viera un cuadro de Bacon con o sin el contexto de estar observando una obra de arte.

Conclusiones. -  El presente resumen del libro de Vidal y Ortega no recoge todos los matices de su contribución. Aspectos como la realizabilidad múltiple, (pág 118), la inferencia inversa (pág. 120), la naturalización de estereotipos raciales, (por ejemplo, suponer que el cerebro oriental es comunitarista, y el occidental individualista), el estatus epistemológico de la cultura en relación con las neurociencias (pág 139), son aspectos que deberían merecer atención, pero que por la brevedad de este artículo no podemos abordar. Sin embargo, y siguiendo a estos autores, deseamos llamar la atención del lector sobre un par de preguntas clave cuando lea un artículo de neurociencias:

1.- Una vez leído el artículo deberíamos preguntarnos: “¿Y qué?” Es decir, ¿qué diferencia en nuestro nivel de conocimientos y de posibles actuaciones aporta el artículo neurocientífico que examinamos? No olvidemos el principio pragmático de que nuestro conocimiento es la suma de las consecuencias que aporta dicho "nuevo" conocimiento a la conducta humana. En ocasiones los artículos “neuro” son pura especulación inconsecuente;

2.- ¿Estoy en presencia de alguna de las tres falacias, a saber, topográfica, neurodiversidad o de lectura del pensamiento? En tal caso bueno será examinar críticamente los argumentos que se exponen.

Ahora bien, las neurociencias no configuran una ideología unívoca. En realidad, muchos neurocientíficos suscribirían la mayor parte de afirmaciones de Vidal y Ortega. Como también reconocen los autores, las Neurociencias aportan una perspectiva interesante a diversas disciplinas. Quizás han creado unas expectativas exageradas, pero en algunos terrenos han aportado una dosis de naturalización de “lo humano” -véase como ejemplo (1)- que por lo general desmitifica y nos aproxima a lo que de veras somos. Animales con cultura.

 Francesc Borrell

Sant Pere de Ribes.

 Nota 1.- Esta afirmación, “ser nuestro cerebro”, supone cierto solipsismo: “la felicidad es un estado de mi cerebro, por consiguiente, si tengo la voluntad de ser feliz puedo crear este estado cerebral y ser efectivamente feliz”. Sin embargo, un cerebro clausurado se empobrecería e incluso perdería referencias externas que están en el mismo núcleo de la motivación y las gratificaciones sociales, (es decir, del “sentido” del mundo que nos rodea). Nuestro cerebro “se hace” en estas múltiples relaciones que establecemos. Ahora bien, resulta cierto que es el cerebro quien nos proporciona un “estar en el mundo”. 

Ortega y Gasset

Como decía Ramón y Cajal, nuestro cuerpo vive bajo el imperio del tejido neurológico, que nos conecta al mundo. Pero el cerebro es también el puente entre este cuerpo y el mundo simbólico que resulta ser la vida en sociedad. Esta otra dimensión es la que en ocasiones pasa desapercibida para autores “neurocientíficos”. Como decía Ortega y Gaset, somos yo y nuestras circunstancias. Y a veces estas circunstancias delimitan para bien o para mal a nuestro “YO”. Esto es lo que parecen olvidar ciertas contribuciones neurocientíficas.

 Referencia bibliográfica.-

1.- Cortina A. Neurofilosofía práctica. Guía Comares. Ed Comares. Granada 2012.

Saborido C.  Filosofía de la medicina. Tecnos, 2020

 El autor comienza su libro comentando que “la preocupación de los filósofos por la medicina es tan antigua como la propia filosofía” y nos dice que “cuando se aborda una disciplina que apela a cuestiones como el sufrimiento, la muerte, la ayuda a los demás o la propia autonomía individual es difícil no acabar derivando en planteamientos filosóficos”.

Y es de lo que trata el libro, de mirar críticamente a la medicina como ciencia y como arte, porque la medicina, tal y como nos va mostrando el libro, es producto del conocimiento biológico del ser humano, pero también es un producto cultural, igual que cualquier otra ciencia, pero también que el arte o la religión.

El Prof. Saborido, filósofo, nos dice que la filosofía de la medicina es una rama aplicada dentro del mundo de la filosofía de la ciencia y entiende que para la filosofía de la medicina el método socrático es el que mejor nos ayudará a desvelar la verdad, siempre en términos dialécticos.  Y si en filosofía de la ciencia el demarcacionismo es el término utilizado para conocer o diferenciar lo que es ciencia de lo que no, o dicho de otro modo, qué enunciados pueden ser científicos y cuáles no, en la filosofía de la medicina esa frontera se establece entre las definiciones de salud y enfermedad. Cuestión central de todo el libro y de la propia filosofía de la medicina.

Para adentrarnos en tan compleja cuestión nos presenta diferentes enfoques que van a definir la enfermedad y diferenciarla de la salud desde diferentes puntos de vista. El enfoque biologicista es aquel en el cual prevalece el conocimiento biológico del cuerpo humano. Este enfoque puede dar lugar al conocido como autoritarismo epistémico, que a su vez nos introduce en la idea de un supuesto funcionamiento normal del cuerpo. Será desde esta perspectiva, desde este ideal, desde el cual los biologicistas van  a entender y definir las nociones  de salud y enfermedad. Estos autores defienden la objetividad de los procesos biológicos vistos, si se permite la expresión, desde fuera del cuerpo que los padece o los sufre. La subjetividad para los biologicistas o los seguidores de este enfoque natural, no tiene importancia, ni se debe tener en cuenta en la definición de enfermedad. Podríamos decir que el enfermo queda excluido de su enfermedad.

Pero como siempre pasa en el mundo del pensamiento, a esta posición se contrapone otra que se ha denominado constructivista o también holista, la cual incorpora, a la definición de enfermedad, la vivencia del ser humano que la padece, que la siente; que la percibe; con sus valores, su contexto social y circunstancias personales de todo tipo. Es decir, en esta definición encontramos no solo la enfermedad, sino también la subjetividad de quien la padece.

No son las únicas teorías o enfoques que existen. Podemos mencionar también el enfoque ecológico: “la salud y la enfermedad se fundamentan en las interrelaciones que los individuos establecen con su entorno” y retoma la definición de salud dada por el microbiólogo Rene Dubos “ [la salud o su ausencia] son expresiones de éxito o fracaso experimentadas por el organismo en su esfuerzo por responder adaptativamente a los cambios del entorno” o dicho en palabras del propio autor del libro “consideramos que alguien está más o menos sano cuando, al evaluar su comportamiento en un determinado contexto vemos cómo de bien está adaptado a su entorno”.

 El libro también ofrece enfoques o teorías del conocimiento más propias del campo de la historia de la filosofía,  aunque en esta ocasión aplicados a la medicina. Así se detiene en el estudio del enfoque empirista y el enfoque realista en la ciencia. Los empiristas, lógicamente, estarán en el campo de los biologicistas y buscarán la causalidad y la objetividad propia de toda ciencia en su afán por encontrar la verdad. Pero la propia filosofía de la ciencia, ya en el siglo XX, y de la mano de Karl Popper, sabe que todo conocimiento es provisional, sujeto a revisión y susceptible de ser probado falso. Ante esto, como nos dice el autor del libro, las leyes no serían otra cosa que constructos mentales que permiten identificar regularidades en el mundo, al igual que la causalidad no será sino una conexión que hace nuestro cerebro entre eventos que vemos y se siguen en el tiempo. Sin lugar a dudas, la historia de la medicina nos da sobrados ejemplos de cómo las supuestas teorías verdaderas han ido derrumbándose una tras otra con el paso de los siglos.

Pero además como indicaría un realista y como nos dice el autor “la objetividad como tal no podrá existir, pues el mundo tal y como es, no es accesible a nosotros ya que nosotros solamente podemos ver el mundo como nos es mostrado por nuestros sentidos.”

El profesor Saborido también deja constancia en su libro de cuestiones que ruborizarían a cualquier médico a día de hoy y que han tenido que ver con el denominado autoritarismo epistémico, el cual en no pocas ocasiones ha derivado en abusos de autoridad moral.

Estas circunstancias deben ponernos en alerta pues, aunque la medicina es una disciplina tremendamente normativizada y socialmente institucionalizada, no deben repetirse los tremendos errores y horrores  como los que describe el libro. Entre estos errores y horrores se encuentran los que de algún modo pudieron se llamadas enfermedades para negros como la drapetomanía “ansia de libertad por parte de los esclavos negros” o la dysaesthesia aethipica  “caracterizada por una insensibilidad parcial de la piel y la disminución de las facultades intelectuales que hacía que el esclavo negro se mostrase indolente y poco dispuesto al trabajo físico” o hasta hace algunas décadas, dentro del campo de la salud mental, definir como enfermedad a la homosexualidad o a los disidentes políticos. Mención aparte  merecen  las lobotomías llevadas a cabo durante muchos años del siglo XX. En definitiva, vemos la importancia de definir correctamente la enfermedad.

Tras todas las teorías o enfoques propuestos el autor explica su punto de vista aceptando  que quizá “la mejor forma de abordar filosóficamente la medicina sea adoptar un enfoque pragmatista, es decir, que los conceptos surgen y adquieren sentido en el contexto de su uso […] la medicina contemporánea se caracteriza por adoptar una perspectiva pluralista”, y tras analizar la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades)  y el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) nos recuerda cómo definen los médicos o la medicina hoy las enfermedades. La medicina utiliza no uno, sino tres criterios para definir y clasificar las enfermedades: el criterio etiológico, el criterio mecanístico y el clínico, algo totalmente pragmático que se aleja del reduccionismo biologicista y de un constructivismo radical que puede acabar haciendo que todo el mundo tenga no sólo una, sino varias enfermedades a la vez. En algunos momentos habrá que recurrir a la causalidad, en otros momentos a los mecanismos fisiopatológicos, y en otros a los síntomas que presenten los individuos para definir del modo más correcto la enfermedad.

En palabras del autor “lo relevante de los conceptos médicos es, sobre todo, su utilidad para la práctica médica, lo que implica que la medicina debe saber decidir qué criterio ofrece mejores resultados para cada caso […] Y debemos preguntarnos por las consecuencias tanto epistemológicas (¿este nuevo concepto nos permite conocer mejor el fenómeno estudiado?),  como éticas (¿asumir este nuevo concepto hace que la medicina contribuya mejor al bienestar de los pacientes?) […] La medicina se mueve siempre entre la ambición de objetividad naturalista y el reconocimiento constructivista de la relevancia de las subjetividades, y es en este territorio en el que juega un papel principal la frónesis, la prudencia médica”

 Juan Carlos Hernández Clemente

Madrid, 2021

 Bimbela JL. Vosotros no tenéis la culpa. En torno al suicidio.Ed.Plataforma, Barna 2021.

 En 2009, empecé a escribir una carta para despedirme y desculpabilizar a mis familiares. Había decidido suicidarme. Me sentía agotado, cansado de vivir. Y con dolores físicos, emocionales y sociales que sufría como insoportables. Y a esa carta, que nunca llegué a terminar, siguieron otros escritos (artículos en prensa, editoriales en revistas científicas y entradas en mi blog) que han sido el germen del libro “Vosotros no tenéis la culpa. En torno al suicidio”, que acaba de publicar la Editorial Plataforma. 


        
Un libro para los allegados de aquellas personas que han llevado a cabo intentos de suicidio (los hayan consumado o no). También para las personas que hayan tenido, o tengan, ideas suicidas. En tercer lugar, va dirigido a profesionales de la salud y de la educación que quieren realizar actividades preventivas del suicidio (empezando, desde luego, por ellos/as mismos/as). Y, finalmente, puede ser de interés para aquellas personas que durante la pandemia están sufriendo por soledad, miedo, incertidumbre o pérdida de seres queridos.


 Se trata de un libro que intenta ofrecer respuestas a dos preguntar fundamentales. La primera: ¿Cómo convivir saludablemente con el dolor? Con cualquier tipo de dolor; sea físico, emocional, social, espiritual o ético. Y la segunda ¿Cómo gozar de una vida que siendo bella es imperfecta, y que, siendo apasionante, a veces, muchas veces, duele? Para responder a estas dos preguntas se ofrecen técnicas, instrumentos, y recursos concretos; así como reflexiones encaminadas a facilitar el paso a la acción de forma inmediata y sostenible.

JL Bimbela


 El libro se estructura en tres capítulos: Pasado, presente y futuro. 

El primero, el pasado, acaba con la decisión de posponer el suicidio mientras mis padres estén vivos, para no causarles un sufrimiento enorme y evitable. En el siguiente capítulo, Presente, se detallan, con ejemplos muy concretos, las aplicaciones prácticas de ciertas habilidades que resultan eficaces para una gestión emocional y social que permita convivir, lo más saludablemente posible, con los dolores de todo tipo que nos acompañan en nuestro día a día. En el tercer capítulo, Futuro, se plantea, a la luz de mi propia experiencia y de la situación pandémica debido a la COVID-19, una nueva pirámide de la salud que contemple, además de las habituales dimensiones relacionadas con lo físico, lo emocional y lo social, otras dimensiones que se están mostrando fundamentales a la hora de afrontar crisis tan profundas como la actual: la dimensión ética, la dimensión ecpática (no, no es un error; hablo de ecpatía y no de empatía), la dimensión espiritual, y la dimensión estética (que argumentaré, OMS mediante, en el próximo párrafo).

En 2019, la oficina regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tras analizar 900 publicaciones científicas de todo el mundo, concluía que involucrarse en el arte, ya sea de forma más activa (bailar, cantar, escribir, danzar) o ya sea de forma más pasiva (leer, ir a museos, asistir a conciertos) mejora nuestra salud física y mental. El arte sana. A veces a quien lo produce y, a veces también, a quien lo recibe. Algo que ya muchos y muchas habíamos intuido y vivido. La poeta y novelista Elvira Sastre lo afirma con rotundidad: “Escribo para curarme”. Chantal Maillard, lúcida filósofa y poeta, lo declama en su maravilloso poema “Escribir”: “Escribo para que el agua envenenada pueda beberse”. Escribir este libro me ha sanado. Por ello, y como muestra de agradecimiento, he cedido todos los beneficios económicos por su venta a ACCU Granada (Asociación de Crohn y Colitis Ulcerosa de Granada).


En 2021, mis padres han muerto a causa de la COVID-19. A ellos les dedico este libro. Ellos me volvieron a dar la vida en 2009. Y estos años han sido los más maravillosos, apasionantes y felices de toda mi vida. Dolores crónicos incluidos. Pandemia incluida. Gracias, mamá. Gracias, papá.


Dr. José Luis Bimbela Pedrola

Doctor en Psicología. Máster en Salud Pública.

Granada, Abril 2021

Webs de interés.- 

 Librería Finestres.-

 *Gran noticia cuando en una ciudad se abre una nueva y ambiciosa librería, escaparate de cultura y que además promociona fondos editoriales en varios idiomas. Mirada cosmopolita, premios literarios, conferencias…. Excelente tarjeta de presentación para unirse a mis librerías preferidas: Laie, Central, Alibi y Casa del Libro. 

 https://www.llibreriafinestres.com/recomendaciones/

 *Investigación en Bioética.

 Ya podéis ver la grabación de la sesión del seminario de investigación en bioética de la Universidad Complutense de Madrid que tuvo lugar el pasado 15 de febrero de 2021.

Se abordó un tema muy interesante: el anonimato en la donación de gametos. Un tema que, como sabéis, genera una gran controversia actualmente.

Los ponentes fueron tres: Rocío Núñez (bióloga), Alfonso de la Fuente (ginecólogo) y Fernando Abellán (abogado).

    Este es el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=sxFixdNoTRc

Artículo comentado.- 

Ying Zhu, Li Zhang, Jin Fan, Shihui Hana,Neural Basis of Cultural Influence on Self-Representation  NeuroImage 34(3):1310-6

Accesible en: https://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/download?doi=10.1.1.125.9234&rep=rep1&type=pdf

 

Los autores parte de la base de que el entorno cultural en el que hemos crecido estructura el cerebro de una determinada manera. En concreto creen que la auto- representación del yo es muy diferente en las culturas orientales y las occidentales, y que esta diferencia comporta un funcionamiento cerebral distinto. De manera mas precisa establecen como diferencia entre Occidente y Oriente que los primeros tienen una auto-imagen más independiente, en tanto los orientales el “yo” queda diluido en la comunidad y la familia.

Mediante Resonancia Magnética funcional (fMRI) los autores creen que esta diferencia cultural puede ponerse de relieve. Para ello realizaron fRMI a 13 orientales y 13 occidentales (8 hombres y 5 mujeres en cada grupo) mientras realizaban una tarea de razonamiento. Esta tarea consistía en pulsar un botón para “si” u otro para “no” en relación a si un determinado adjetivo podía aplicarse a ellos mismos, a su madre o a un personaje público. Se seleccionaron 384 adjetivos, la mitad con connotaciones positivas y la otra mitad negativas, y cada adjetivo quedó emparejado con “madre”, “yo” o bien el personaje público.

 El estudio encontró que la corteza prefrontal medial (MPFC) y la corteza cingulada anterior (ACC) mostraban una activación más fuerte en las condiciones de juicio de uno mismo que de otros, (= personaje público), en sujetos chinos y occidentales. Sin embargo, en relación con los juicios referidos al personaje público, los juicios de la madre activaron MPFC en los sujetos chinos pero no en los occidentales. Estos hallazgos sugieren a los investigadores que los individuos chinos usan MPFC para representar tanto al yo como a la madre, mientras que los occidentales usan MPFC para representar exclusivamente al yo, proporcionando evidencia de neuroimagen de que la cultura da forma a la anatomía funcional de la autorrepresentación. En palabras de los autores: “Los resultados sugieren que el yo independiente occidental

está mediado por sustratos neuronales únicos, mientras que el yo interdependiente de Asia oriental (por ejemplo, chino aquí) depende de la superposición de sustratos neuronales para el yo y los demás cercanos. MPFC juega un papel único en la autorrepresentación en términos de si está influenciado por la cultura. Estudios anteriores han demostrado que el yo occidental es diferente del yo de Asia oriental tanto en el nivel de comportamiento social como cognitivo. El trabajo actual amplía esto proporcionando evidencia de neuroimagen de que el "yo occidental" es diferente del yo chino a nivel neuronal y sugiere que la cultura influye en la neuroanatomía funcional de la autorrepresentación. Estos hallazgos de neuroimagen apoyan la visión de la interacción de la biología y cultura en la formación de la mente y el cerebro”.

 Estas conclusiones, (y el conjunto del trabajo), pueden ponerse en duda fácilmente…. ¿Hay suficiente base para hablar de dos enfoques diferentes -el oriental y el occidental- en relación a cómo se constituye el “yo”? ¿Resulta asimilable el concepto de interdependencia al concepto de tener un “yo” constituido de una determinada manera? ¿Qué garantías tenemos de que los 13 participantes en cada grupo sean en verdad representativos de estos diferentes enfoques culturales? ¿Qué garantías tenemos de que MPFC  tenga la función enjuiciadora que se le atribuye? Por otro lado, ¿podemos asimilar la tarea de distribuir unos adjetivos que leemos a disponer de una imagen de nuestra madre, o de un personaje público, o de nosotros mismos? Para que esta última pregunta quede mas clara: si nos hicieran daño a nosotros y viéramos que le hacen daño a nuestra madre o a un personaje que no conocemos…. ¿obtendríamos resultados similares?

 Pablo Oliveras

Murcia

 Vídeo recomendado.-

 Carl Gustav Jung.- Los arquetipos y la conciencia colectiva.

 En esta entrevista con la BBC Jung relata el primer momento en que tuvo percepción de sí mismo, sus conversaciones con Freud, así como sus discrepancias, y cómo para él no es posible tener creencias, solo aproximaciones verosímiles sobre la realidad. En este sentido postula un inconsciente colectivo que se manifiesta en ocasiones a través de los sueños, (y a tal efecto proporciona un ejemplo), para al final plantear la posibilidad de que pervivamos en un más allá de nuestra muerte en una conciencia colectiva, que poco a poco, a su manera de ver, puede irse desvelando a la Humanidad en su conjunto.

 

La Redacción


BOLETIN IATROS, DICIEMBRE 2019.

CIRCULO DE CIBERLECTURA

INDICE. -
Noticias.-  Folia Humanística (13)
Comentario de libros.-  Evolución, cerebro y conciencia;  Esperanza sin optimismo.
Webs de interés.-  Laboratorio de Cognición Humana Comparada
Artículo comentado.-   La Iglesia, el parentesco intensivo y la variación psicológica global.
Video recomendado: La falacia de la conjunción
   

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Noticias.- 
En el último número de Folia Humanística (nº 13) encontrarás:
TEMA DEL DIA
DERMINANTES SOCIALES DE LA SALUD Y ENFERMEDADES PREVALENTES.
DE LA EPIDEMIOLOGÍA A LA PRÁCTICA DIARIA EN UNA CONSULTA DE
ATENCIÓN PRIMARIA   PABLO PÉREZ SOLÍS
PENSAMIENTO ACTUAL
NUEVA VITALIDAD PARA EL FUTURO DE LOS COMITÉS DE ÉTICA ASISTENCIAL
R. ALTISENT, T. FERNÁNDEZ-LETAMENDI, MªT DELGADO-MARROQUÍN
ARTE, SALUD Y SOCIEDAD
UNA VISIÓN VIVENCIAL DEL SISTEMA SANITARIO BRASILEÑO DESDE LA PERSPECTIVA DEL PACIENTE, A TRAVÉS DE RELATOS NARRATIVOS DE UN MÉDICO DE CABECERA. MARCELA DOHMS
NOVELA Y CINE: COOPERADORES NECESARIOS JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ DURAN


Comentario de libros.-

Evolución, cerebro y conciencia

   Evolución cerebro y conciencia es el título de un artículo que apareció en la revista de Humanidades médicas JANO1 en el lejano año 2001, en el que Julián Sanjuán y Vicente M. Simón, psiquiatra y psicólogo, de la Universidad de Valencia, daban respuesta al escrito del psiquiatra barcelonés Josep Solé Puig de un número anterior de la misma revista2.
   Los autores adoptan el siempre fecundo punto de vista de la teoría evolucionista para abordar los fenómenos neurológicos del sistema nervioso de los seres humanos, y afirman que: El cerebro es producto de una evolución de unos tres mil quinientos años  y que: La conciencia se puede entender como un fenómeno emergente que surge al alcanzar el cerebro del homo sapiens un determinado grado de complejidad y que se mantiene porque resulta adaptativo para el individuo y la especie
 La controversia es antigua, no es difícil encontrar el momento en el que empezó todo, apreciamos cómo en la bisagra del siglo XIX al XX van a aparecer dos aproximaciones al estudio de los procesos cerebrales, completamente diferentes:
   Por un lado Sigmund Freud, médico de formación neuroanatómica y posteriormente psiquiatra fundador del método psicoanalítico, publicó hacia 1900-1901, la que se considera su principal obra: La interpretación de los sueños3, en la que introduce el sustancial concepto del inconsciente y la enorme trascendencia que tiene en la conducta de los seres humanos. A lo largo del siglo XX la influencia del método psicoanalítico ha sido inmensa, no solo en la Medicina y Psicología, también en la filosofía, la antropología, la sociología y otras disciplinas, y especialmente en las artes, literatura, cine, teatro o pintura han sido enormemente influenciadas por la doctrina freudiana.

   Por su parte Santiago Ramón y Cajal publicó en el año 1904 su obra más importante: Textura del Sistema Nervioso del Hombre y los Vertebrados en  la  que expresaba lo que se denominó como Teoría de la Neurona, es decir, de la unidad y de la independencia de la célula nerviosa4, en sus propias palabras. Sus conclusiones fueron fruto de investigaciones neurohistológicas previas publicadas en los años 1887 y 1888 y sufragadas a su costa, en las que demostraba fehacientemente sus innovadoras ideas. En 1906 le fue otorgado el Premio Nobel de  Medicina y Fisiología por sus fructíferas aportaciones que constituyen lo que podemos considerar como el avance más notable en la comprensión de la arquitectura y fisiología del cerebro humano hasta entonces y el fundamento de todas las disciplinas neurocientíficas.

     A su vez el conocimiento sobre el sistema nervioso sustentado en la doctrina de la neurona de Cajal ha sido ingente. La ciencia del ha progresado apoyada en la clínica, en las manifestaciones y carencias que se producían en los individuos afectados por distintas enfermedades, vasculares, traumáticas o tumorales. Así se conoció, por su afectación durante la trombosis de determinadas arterias cerebrales, la existencia de áreas encargadas de la comprensión y emisión de las palabras. Un impulso posterior ha venido dado por las técnicas de neuroimagen que permiten relacionar mediante el patrón del consumo de oxígeno y glucosa, ciertas funciones con determinadas aéreas cerebrales.



En el año 1979 la prestigiosa revista Scientific American publicó un monográfico en el que se acuñó una frase que obtuvo fortuna: El cerebro pensando sobre sí mismo.     
   Cien años después de las aportaciones de Cajal, en la bisagra de los siglos XX al XXI tuvieron lugar nuevas aportaciones que avanzaron en la comprensión de los fenómenos cerebrales más complejos, destaca entre ellas la obra de Sir Francis Crick5, premio Nobel de Medicina junto a Watson en el año 1962 por sus descubrimientos sobre la estructura molecular del ADN. En el año 1994 Crick, físico de formación, expuso en su libro La búsqueda científica del alma, lo que él consideró The Astonishing Hypóthesis, a saber, que las actividades mentales de una persona se deben por completo al comportamiento de sus células nerviosas, y por tanto el estudio de la consciencia-conciencia (para él no existen diferencias) es un problema científico. Para él la conciencia es un proceso emergente en el que el todo es algo más que la suma de las partes, pero sin embargo puede comprenderse a partir de la naturaleza y el comportamiento de sus elementos más sencillos. La hipótesis de Crick ha dejado de ser revolucionaria y el desarrollo de las neurociencias en la actualidad es una de las prácticas científicas emergentes. Autores como Antonio Damasio6 neurólogo de formación y premio Príncipe de Asturias del año 2005 por sus estudios sobre las emociones y los sentimientos y Eric R. Kandel7, judío austriaco obligado a exiliarse de Viena por la barbarie nazi, que recorrió el camino inverso al de su compatriota Freud, formado como psiquiatra de orientación psicoanalítica, posteriormente se dedicó a la histología y se le concedió el premio Nobel de Medicina en el año 2000 por sus estudios sobre la memoria, van a permitir profundizar en el estudio de la actividad cerebral.  
   El libro que se presenta: Paseo por el Amor y la Muerte. Los arcanos de la conciencia, propone abrir el campo y dar espacio para la confrontación amable y fructífera de las diferentes ideas, con la intención de buscar la concordia entre las distintas opiniones. A semejanza de un duelo clásico es necesario delimitar el campo, los procedimientos y las armas. Para este caso es prioritario definir claramente los términos. Se trata de llegar a acuerdos que nos permitan entender de la misma manera los mismos conceptos y las mismas palabras, para que cuando las utilicemos hablemos de lo mismo o de algo que se le parezca mucho. Así, para poder desentrañar sus misterios debemos ponernos de acuerdo en que es, que no es, cómo es, donde asienta, cuáles son sus propiedades y de que hablamos cuando hablamos de conciencia.

   Aquí se propone hablar de la conciencia como conocimiento, un conocimiento que permite darse cuenta de la existencia de uno mismo, de la propia vida, como organismo independiente del resto del mundo y diferente a los otros. Esta nueva forma de conocimiento surge – surgir en biología se entiende como la capacidad inmanente de la materia para organizarse en formas más complejas, así se habla de que surge la vida o la célula eukariota -  del magma genético ancestral y se sustenta en tres fenómenos previos, a saber la Percepción del mundo, el complejo mecanismo de las Emociones y una Memoria autobiográfica; a su vez va a dar lugar a otros nuevos, los Sentimientos y una nueva Inteligencia capaz de comprender la realidad en magnitudes de espacio y tiempo para configurar un ser consciente y orientado.
   La mayor parte de nuestro conocimiento del mundo externo y de nuestro propio mundo interno es inconsciente, procesos que se desenvuelven sin tener conciencia de ellos. La conciencia supone sólo una pequeña parte, pero sustancial, de ése conocimiento, pues implica una nueva forma de aproximación a la realidad. Al ser capaz de entender el mundo en magnitudes de espacio y tiempo, permite la orientación geográfica y al dividir el tiempo en pasado, presente y futuro, otorga al ser humano la capacidad de simular el porvenir, de planificar acciones, con lo que mejoran las posibilidades de supervivencia. Otra de las consecuencias de la Conciencia de la propia Vida es la Conciencia de la propia Muerte. La Vida es Ser, la Muerte es Dejar de Ser. Por tanto somos conscientes de nuestra propia mortalidad, sabemos que vamos a morir.
   A partir de ahí se van desgranando lo que significan: Percepción es el registro del mundo mediante los órganos de los sentidos; las Emociones son acciones, programadas, automáticas, inconscientes, que dan por resultado una determinada conducta, reflejada sobre todo en las expresiones faciales y en los movimientos de las manos y del resto del cuerpo; los Sentimientos son la percepción consciente, el conocimiento de las emociones; la Memoria consiste en una doble capacidad, la de adquirir y almacenar información y la de  recuperarla posteriormente; la Inteligencia es la capacidad de comprender el entorno, de entender el mundo que nos rodea, incluidos los otros, los demás seres humanos, posibilita la selección de las alternativas más convenientes para la resolución de un problema, las respuestas más útiles y adaptativas.


   En el libro, visualmente muy hermoso de ver, se definen estos conceptos y otros relacionados como son La Voluntad, la Ciencia y el Arte e incluso se hace una necesaria distinción entre lo que es la Ética y qué es la Moral y se hace complementando el texto con las imágenes de alguno de los más famosos cuadros de los grandes maestros de la Pintura que se encuentran en el Museo del Prado de Madrid junto a citas oportunas y sugerentes de los grandes maestros de la Palabra. Por todo ello hace se hace aconsejable la lectura de este libro que resulta a la vez provechosa y deleitable.


1  Sanjuán; Simón, VM. JANO 9-16 NOV, 2001. Vol XLI. Nº 1408.: Evolución, cerebro y conciencia.
2  Solé Puig, J, JANO Nº 1407;
3 Sigmund Freud. La Interpretación de los Sueños. 2 Vols. Alianza Editorial, 2011.
4 Santiago Ramón y Cajal. Textura del Sistema Nervioso del Hombre y los Vertebrados. 3 Vols. Zaragoza Gobierno de Aragón, 2002.
5 Francis Crick. La Búsqueda científica del alma. Madrid: Ed. Debate SA, 1994.
6 Antonio Damasio. El error de Descartes. Madrid: Ed. Debate, 2000.
                                 En busca de Spinoza. Barcelona: Ed. Debate, 2005.
7 Eric Kandel. En busca de la Memoria. El nacimiento de una nueva ciencia de la mente. Madrid: Katz editores, 2007.

Javier Almazán Altuzarra: Dr. en Medicina por la UAM. Especialista en MFyC formado en el Hospital de La Paz y en EAP de Bustarviejo. Autor de la Tesis: Estudio Clínico y Epidemiológico de la primera circunnavegación a la Tierra.
j.almazanaltuzarra@gmail.com

Eagleton, T. Esperanza sin optimismo  Taurus, Barna 2016
Título original: Hope Without Optimism Terry Eagleton, 2015

Eagleton es un brillante filósofo y crítico literario de formación marxista y cristiana que trata de esclarecer en el libro que comentamos si es posible estar esperanzado y no ser al mismo tiempo optimista. Antes de leer una sola línea más, pregúntese el lector si tal cosa resulta posible. De inmediato nos asalta una duda…. ¿equivale esperanza a optimismo? ¿Está todo optimista esperanzado (y viceversa)?

Eagleton nos ofrece algunas respuestas, sobe todo en el capítulo primero, que es el mas recomendable de leer. En términos generales podríamos decir que el libro se justifica por este primer capítulo interesante, aunque un punto desorganizado.

Pero volvamos al asunto que nos ocupa… ¿podemos tener esperanza y a la vez ser pesimistas? Quizás el lector ya haya encontrado ejemplos, pero he aquí algunos: ¿quién no está esperanzado de que algún día tendremos un gobierno a la altura de las circunstancias? Y sin embargo pinta mal…  ¿Qué diabético no está esperanzado de que algún día la ciencia le libere por completo de tomar sus medicamentos? Y sin embargo no se atisba tal solución, al menos por ahora…

La cuestión por consiguiente es dilucidar qué es esperanza y qué es optimismo. Ensayemos una primera aproximación: llamemos esperanza a una disposición o actitud positiva hacia algo o alguien, y optimismo a un cálculo o expectativa que nos indica que este algo o alguien vamos a disfrutarlo en un plazo razonable de tiempo. Esperanza sería  un “estar abiertos a”, (y por consiguiente una actitud), en tanto que ser optimista sería un juicio de probabilidad….  Bien, pero quede claro que esta aproximación no es de Eagleton, sino nuestra…. Vamos a contrastarlo con lo que nos dice el autor del libro. Para empezar el prólogo se inicia de esta suerte:

“Alguien como yo, para quien la proverbial botella no sólo está medio vacía, sino que casi con seguridad contiene un líquido potencialmente letal y de sabor repugnante, quizá no sea el autor más apropiado para escribir sobre la esperanza. Están aquellos cuya filosofía es «come, bebe y alégrate, porque mañana moriremos» y aquellos, con los que siento más afinidad, cuya filosofía es «mañana moriremos»”.

Desde luego yo me apunto al primer tipo, al “Carpe Diem”... pero continuemos. En su afán de hacer cierta taxonomía de los optimistas nos propone….

Se puede ser un optimista pragmático, en el sentido de estar seguro de que este problema, y no otro, se va a resolver; pero también está aquel al que cabría describir como optimista impenitente o profesional, que se siente confiado sobre determinadas situaciones porque tiende a sentirse confiado en general.

Estos optimistas impenitentes llega a clasificarlos como enfermos. Muchas desgracias acumula la Humanidad por esta enfermedad del optimismo. Y si como nosotros proponíamos el optimismo es un tipo de juicio benigno acerca de nuestras futuras expectativas, el optimista impenitente sería alguien que ha perdido la capacidad de tener un juicio neutral u objetivo…

Un optimista no es sólo alguien que abriga grandes esperanzas. Incluso un pesimista puede sentir confianza sobre una cuestión determinada, con independencia de su melancolía habitual. Es posible tener esperanza sin el sentimiento de que las cosas en general van a salir bien. Un optimista es más bien alguien con una actitud risueña ante la vida simplemente porque es optimista. Prevé que las cosas van a resultar de forma favorable porque él es así.

E incluso redondea la idea:

Análogamente, tanto el optimismo como el pesimismo son formas de fatalismo. Uno no puede evitar ser optimista, lo mismo que no puede evitar medir un metro sesenta. Está encadenado a su jovialidad como el esclavo a su remo, una perspectiva nada halagüeña. (…) Por el contrario, la esperanza auténtica debe estar basada en razones.

En este punto se aleja de nuestra definición. Nosotros apostábamos porque la esperanza es una actitud, un “estar abierto” a algo o alguien. Pero en este párrafo Eagleton la tiñe de juicio racional….  ¿O bien en lugar de “esperanza hubiera debido decir “optimismo”? Este es el problema de no haber dado definiciones claras desde un comienzo….  Pero continuemos…. Ahora Eagleton indaga en las connotaciones políticas del optimismo:

Los optimistas son conservadores porque su fe en un futuro propicio está enraizada en su fe en la bondad esencial del presente. De hecho, el optimismo es un componente típico de las ideologías de las clases dominantes.

Tanto los marxistas como los cristianos son más sombríos sobre la condición presente de la humanidad que los liberales y los reformistas sociales, aunque tienen mucha más confianza sobre sus perspectivas futuras. En ambos casos, estas dos actitudes son las dos caras de la misma moneda. Se tiene fe en el futuro precisamente porque se intenta encarar el presente con sus aspectos más abominables.

Cada época es esclava de sus circunstancias, y no es excepción las fases económicas por las que la Humanidad ha transitado últimamente:

Si los ideólogos del capitalismo temprano tenían esperanza era, entre otras cosas, porque no creían que su sistema estuviera acabado. La producción era una crónica que aún debía consumarse. Por el contrario, el capitalismo tardío es considerablemente menos esperanzado, lo que no quiere decir que esté hundido en el desánimo. El yo consumista, a diferencia del productivista, habita en momentos serializados en vez de constituir algo que se asemeje a una narración. Es demasiado caprichoso y difuso para ser el sujeto de una evolución inteligible. Por tanto no cabe esperar un futuro radicalmente distinto y la esperanza a gran escala ha quedado obsoleta. Es improbable que vuelva a ocurrir algo de trascendencia histórico-mundial, puesto que el espacio en el que podría suceder ha quedado reducido a polvo. El futuro no será más que un presente extendido infinitamente.

El comentario nos parece interesante. Pero en toda época y circunstancias surgen formas extravagantes de optimismo y pesimismo:

Las formas extravagantes de optimismo pueden ser moralmente dudosas. Entre ellas está la teodicea, el intento de justificar el mal con el argumento de que puede dar lugar al bien, lo que eleva a estatus cósmico un optimismo frívolo. (…)  Al igual que el pesimismo, el optimismo extiende un barniz monocromo sobre todo el mundo, sin percibir matices ni distinciones. Como es un estado de ánimo general, todos los objetos se vuelven más o menos intercambiables, en una suerte de valor de cambio del espíritu. El optimista profesional responde a todo de la misma forma rigurosamente preprogramada, eliminando de esta forma el azar y la contingencia. En este mundo determinista, las cosas están destinadas a salir bien con una previsibilidad sobrenatural y sin que haya una buena razón para ello.

Observe el lector avispado que si en un momento creíamos que optimismo era un juicio de probabilidad, ahora se ha convertido en claramente una actitud ante el mundo, (¿no era esto la esperanza?).  Pero Eagleton prosigue examinando el historicismo, esta corriente filosófica que quiere ver en el curso de la Humanidad un sentido o dirección, (por ejemplo hacia el progreso).

La esperanza no siempre va unida a la doctrina del progreso. De hecho, el credo judeocristiano rompe el vínculo entre ellas. Cada cierto tiempo muy bien puede haber progreso en la historia, pero no debe confundirse con redención.

Es decir, el judeo-cristianismo no apuesta por la idea de progreso, sino por la idea de redención. Esto es lo que valora como auténtica dirección de la Historia. Frente a esta visión mesiánica –(un Mesías redentor que nos salvará, (caso de los judíos), o ya nos ha salvado (caso del cristianismo)- existe una visión “naturalista”, que en su momento impulsó Schopenhauer y que aquí aparece de la mano de Walter Benjamin:

De acuerdo con (Walter) Benjamin, sí existe una historia universal, pero no constituye una gran narración en el sentido habitual del término. Es más bien la persistente realidad del sufrimiento, que comparte la forma universal de un grand récit pero carece de su impulso teleológico. No hay significado en esa aflicción y, por tanto, la historia carece de sentido. Benjamin reformula la visión, en último término cómica, de Hegel y de Marx en términos trágicos, mesiánicos

Pero las sociedades modernas apuestan por un historicismo anclado en la idea de progreso:

Para la ideología del progreso, por el contrario, todos los momentos están devaluados por el hecho de que cada uno de ellos no es más que un peldaño que conduce a su sucesor; el presente, una mera palanca para acceder al futuro. Cada punto temporal es inferior en comparación con la infinidad de puntos que están por venir, como en la visión de Immanuel Kant del progreso perpetuo

Eagleton parece sincerarse cuando finalmente apunta la siguiente idea:

“Parecería que el drama de Shakespeare abona la doctrina católica de que la gracia perfecciona la naturaleza en vez de anularla. No hay salvación en la naturaleza humana por sí sola, pero en esa naturaleza anida su auto-trascendencia (...) Por eso Nietzsche está equivocado cuando exhorta a sus lectores: ‘Permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales’. Al contrario, es el apego al presente lo que motiva la esperanza en un futuro distinto, de forma que ser fieles a lo que tenemos es confiar en su transfiguración”.

En otras palabras: solo aceptando lo que somos y siendo fieles a nuestra manera de ser podemos mejorar. O al menos esta es la lectura que yo hago de estas líneas…

Pablo Oliveras
Murcia

COMENTARIO.- Si definimos esperanza como disposición positiva hacia algo o alguien, y optimismo como un cálculo de probabilidad de obtener dicho objeto, situación, etc., ¿cómo explicar que un ciudadano pueda ser optimista en relación a alcanzar la justicia social, pero desesperanzado en cuanto a poder disfrutar de dicha situación al menos en su período vital? Sería equivalente a decir que su cálculo de probabilidad a largo plazo es positivo, (= optimismo), pero su disposición neutra, (tampoco negativa, pero sí cree que no verá dicha situación política, y por consiguiente su actitud hacia este objeto decrece). Si esta interpretación es correcta la desesperanza no sería la mera ausencia de esperanza. Mas bien deberíamos entender la esperanza como una relación bidireccional con el objeto, en el sentido de que tenemos hacia él una disposición positiva, pero a su vez el objeto ejerce sobre nosotros una atracción, una llamada. En un estado de desesperanza nuestra disposición puede ser positiva, pero el objeto (por inalcanzable en nuestro período vital), no ejerce atracción. 

Francesc Borrell
Barcelona

Webs de interés.- 

Laboratorio de Cognición Humana Comparada

El Laboratorio de Cognición Humana Comparada se estableció en la UCSD en 1978. Como su nombre lo indica, los miembros de LCHC realizan investigaciones analizan las diferencias entre los seres humanos como punto de partida para comprender los procesos mentales subyacentes. A tal efecto adoptan un enfoque ecológico, observando mediante herramientas de mediación, personas, representaciones, instituciones y actividades. Las poblaciones que varían en edad, cultura, características biológicas, clase social, escolaridad, etnia, etc. se estudian en una amplia gama de actividades en diversas instituciones sociales (escuelas, hospitales, lugares de trabajo) y países.

En esta web el lector encontrará además de los proyectos de investigación que llevan a término, un apartado sobre Alexander Luria, uno de los fundadores de la neuropsicología, con un extenso repositorio con sus obras.

La Redacción.-

Artículo comentado.- 

La Iglesia, el parentesco intensivo y la variación psicológica global.
Jonathan F. Schulz, Duman Bahrami-Rad, Jonathan P. Beauchamp, Joseph Henrich
Science  08 Nov 2019:
Vol. 366, Issue 6466, eaau5141
DOI: 10.1126/science.aau5141

Nos hacemos eco en este número de Iatrós de este interesante estudio de Schulz que intenta explicar el por qué las sociedades occidentales industrializadas tienen un conjunto de valores diferente a la mayor parte de las otras culturas del mundo. En concreto por qué razón los occidentales somos confiados y colaboradores con gente a la que no conocemos. Un aspecto que, sea dicho de paso, constituye uno de los rasgos estudiados en Sapiens, la obra de Harari que le ha catapultado a la fama internacional y de la que nos ocupamos ampliamente en estas páginas de iatrós.


La hipótesis de Schulz es atrevida y en verdad singular. Para él y su equipo “la Iglesia occidental (es decir, la rama del cristianismo que se convirtió en la Iglesia católica romana) transformó las estructuras de parentesco europeas durante la Edad Media y que esta transformación fue un factor clave detrás de un cambio hacia una psicologia” como la comentada, (y que define como “impersonalmente prosocial”).


El punto de partida para esta hipótesis es la siguiente:

Con los orígenes de la agricultura, la evolución cultural favoreció cada vez más las normas intensivas de parentesco relacionadas con el matrimonio de primos, los clanes y la co-residencia que fomentaron la tensión social, la interdependencia y la cooperación en el grupo. En segundo lugar, la investigación psicológica revela que las motivaciones, las emociones y las percepciones de las personas están determinadas por las normas sociales que encuentran mientras crecen. Dentro de las instituciones intensivas basadas en el parentesco, los procesos psicológicos de las personas se adaptan a las demandas colectivas de sus densas redes sociales. Las normas intensivas de parentesco recompensan una mayor conformidad, obediencia y lealtad en el grupo al tiempo que desalientan el individualismo, la independencia y las motivaciones impersonales para la equidad y la cooperación. Tercero, la investigación histórica sugiere que la Iglesia occidental socavaba sistemáticamente las intensas instituciones basadas en el parentesco de Europa durante la Edad Media (por ejemplo, al prohibir el matrimonio de primos).

Para demostrar esta hipótesis estudiaron multitud de países y compararon en Europa el grado de influencia de la Iglesia en las pautas de comportamiento social (en especial en lo referente a matrimonio entre primos o entre familiares). Esta es la conlcusión:

“los países con mayor exposición histórica a la Iglesia occidental medieval o parentesco menos intensivo (por ejemplo, tasas más bajas de matrimonio de primos) son más individualistas e independientes, menos conformes y obedientes, y más inclinados a la confianza y la cooperación con extraños”.

La Redacción

Vídeo recomendado.-

FALACIAS QUE NOS ALEJAN DE LA REALIDAD

Alex Gendler explica de manera muy clara la falacia de la conjunción. Esta falacia  consiste en asumir que una situación específica es más probable que la situación general. Su formulación inicial se la debemos a kahnemann, autor al que nos hemos referido reiteradamente en estas pàgines de Iatrós. Este fue el ejemplo original:
Linda tiene 31 años de edad, soltera, inteligente y muy brillante. Se especializó en filosofía. Como estudiante, estaba profundamente preocupada por los problemas de discriminación y justicia social, participando también en manifestaciones anti-nucleares. ¿Que es más probable?
1.   Linda es una cajera de banco.
2.   Linda es una cajera de banco y es activista de movimientos feministas.

La gente suele optar por la opción 2.  Gendler explica pormenorizadamente el por qué de este error. Y por cierto, si deseamos tenir una visión mas general de las falacias podeis consultar:




https://ed.ted.com/lessons/can-you-outsmart-this-logical-fallacy-alex-gendler 

La Redacción.-