BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS Comité Editorial: Francesc Borrell. Juan Carlos Hernández Clemente. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.
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BOLETIN FEBRERO 2008











*NUEVA SECCIÓN: CINE PARA LA EDUCACION MEDICA.

Inauguramos esta sección con un magnífico artículo de Marc Antoni Broggi (en la foto).






*NOTICIAS DEL BLOG.-

-Algunos compañeros me comentastéis la imposibilidad de encontrar el libro de Carlos J. Moya, Filosofia de la Mente. Contacté con el autor quien tuvo la amabilidad de hacerme llegar esta nota: el libro ha sido ya objeto de una segunda edición en noviembre de 2006, que, por lo que sé, no está agotada. Se puede adquirir por internet:


Servicio de Publicaciones en la web de la Universidad: http://www.uv.es/ Mas concretamente:
http://puv.uv.es/product_info.php?products_id=21617&osCsid=4f4ba9eae0a05b4230d6ca2dc2b783eb

*NUEVA SECCIÓN: CINE PARA LA EDUCACION MEDICA.

Inauguramos esta sección con un magnífico artículo de Marc Antoni Broggi (en la foto):

Francesc me propuso colaborar con comentarios a algunas películas que pudieran aportar reflexión sobre el ejercicio de la medicina. Hay muchas. Empiezo por una que me impactó hace años y que a menudo vuelvo a mirar:

LA PELÍCULA.- Barbarroja, de Akira Kurosawa, de 1965.
Se trata de un título fundamental de la historia del cine, uno de los mejores del gran cineasta y humanista japonés (autor de cantos a la amistad y la naturaleza como Derzu Uzala, de versiones de Macbeth –Trono de sangre- o del Rey Lear –Ran-, o de leyendas como Rashomon o los 7 samurais). Es una película que creo imprescindible para un estudiante de medicina o jóven médico, pues muestra muy bien un pilar irrenunciable de la profesión: la empatía y compasión necesarias frente al simple orgullo de saber.

EL ARGUMENTO.- La película nos va mostrando la conversión de un recién licenciado en medicina -en un Japón del siglo XIX aún por occidentalizar- que se ve asignado para sus prácticas clínicas, y contra su voluntad, a un pequeño hospital “de beneficencia” de un barrio marginal; algo alejado de sus aspiraciones, (llegar a ser rápidamente eminente autoridad en la materia).
Poco a poco aprehende el objetivo básico a partir del ejemplo de un maestro que va agrandándose ante él y ante nosotros. El doctor “barbarroja” parece de entrada alguien hosco y uraño, casi intratable, pero –nada que ver con el Dr House- poco a poco descubre que su fachada esconde una sensibilidad, una responsabilidad, una prudencia y, sobre todo, una entrega absoluta a las necesidades de sus enfermos. La película es un canto a la medicina como mirada integradora: quizá nunca pueda aplicarse mejor lo de bio-psico-social. La implicación en esta triple visión resulta explícita, pues hay ejemplos en estas tres vertientes.
ESCENAS.-La lección de acompañar a un moribundo en su agonía es impactante. También lo es la de comprender a una psicótica sin sucumbir ante ella, o la de atender la historia del enfermo como relato, como story y no solamente history (hay relatos insertados maravillosos, a veces también inquietantes). También resulta sorprendente (aunque quizás excesiva) la defensa del maltratado, que llega incluso a la violencia muy “samurai”.
COMENTARIOS FINALES.-Conviene advertir que se trata de cine japonés, y de 1965, algo ya muy ajeno a los jóvenes de hoy en cuanto a estética y lenguaje. Me dan miedo estos residentes que ni leen clásicos, ni van al teatro, ni al cine, o que sólo acuden a él para entretenimiento (que guste tanto el Dr House es una lección para algunos de nosostros que convendría analizar).
Pero vale la pena el esfuerzo: la excelentísima fotografía, ya desde los créditos, en un buen blanco y negro (el que quizás, con el rascacielos y la música de jazz, define al siglo XX), la calidad de los actores (sobre todo la de Mifune), el encuadre en un cinemascope perfecto, el movimiento sereno de la cámara o la música de cello envolvente. Como dice Borges, en ella “la belleza acecha”; y en este caso, en cada toma; también acecha la honestidad del guión, la solidez de los personajes y la llamada a ver la profesión en su necesidad primigenia, aquella que se basa en la filantropía antes que en la filotecnia, o que ve a esta última al servicio de aquella.
Hablaremos otro dia de otros films del autor: de Vivir, visto desde el lado del enfermo terminal. Pero también, desde otras culturas y formas estéticas (quizás más asequibles, aunque no más ricas) podamos ver muestras honestas del enfermar y cuidar.

Marc Antoni Broggi. Enero 2008.


COMENTARIO DE LIBROS.-

Marina JA. Las arquitecturas del deseo. Ed. Anagrama. Barcelona 2007.- Si ustedes se dan un paseo por las principales librerías de su ciudad, (en Barcelona: Alibri, La Central, Hogar del Libro, Laie, FNAC, Sanz y Abacus, por favor agradeceré que me identifiquen otras que desconozca), verán que JA Marina tiene siempre un rincón privilegiado, en competencia con Nietzsche y pocos más. Marina es un filósofo de la psicología con un estilo transparente, que hace fácil lo difícil, capaz de combinar el aforismo con una estructura diáfana de cada uno de sus libros. La productividad de Marina es envidiable, con pequeños altibajos normales en una producción tan amplia y dada a la luz en tan poco tiempo. El autor se excusa presentándose como un “ladrón de momentos”, pero sin duda nada de eso sería posible sin un plan de lectura tenaz, e incluso una forma de leer sistemática, posiblemente usando un sistema de fichas, o una prodigiosa memoria. Lo cierto es que sabe construir una metafísica de la evolución biológica y psicológica del ser humano, confiriendo a la inteligencia el atributo que mejor define nuestra especie. Su reflexión es por consiguiente antropológica, no solo psicológica. En este, su último libro, el lector percibe con claridad uno de los pedestales de esta metafísica, y que paso a resumir. El ser humano tiene por naturaleza no tener naturaleza. Su naturaleza consiste en desvincular el deseo de la acción, y en este paso nace la cultura. Somos animales de irrealidades, (Zubiri, ¿recuerdan?), porque planificamos lo que deseamos gracias al lenguaje. Ello nos configura como seres que nos movemos en tres estratos. Tenemos una personalidad matricial, (eso es, un temperamento), una personalidad dada, (su carácter), y una personalidad deseada, (su guión de vida). Sobre cada uno de estos estrato se generan deseos: deseos matriciales, (lo que nos pide el cuerpo), deseos derivados de la estructura emocional que hemos aprendido, y deseos “deseados”, por ejemplo ser músicos, o médicos, o hacernos ricos. Esos tres estratos nos dan tal versatilidad que estamos sujetos a una insaciabilidad del deseo. Queremos desear nuevas cosas, (por cierto, ¿no sería ese un ingrediente de la ilusión?, pero en este tema no entra el libro), y nos hemos embarcado en una carrera solo atemperada por religiones y filosofía estoicas. En cada uno de nosotros pulsa el afán de bienestar corporal, (nuestro ser matricial), afán de relaciones sociales, (nuestro ser emocional), y el afán de expandir las posibilidades de acción, (nuestro ser social). Pero una sociedad compuesta por seres tan deseantes, debe ordenarse de alguna manera: dando instrumentos para controlar los deseos matriciales, emocionales y normas para armonizar los deseos colectivos.

Rolando García. Sistemas complejos. Gedisa Edit. Barcelona 2006. He aquí, en esta ocasión, un libro que no os puedo recomendar. El autor nos recuerda en varias ocasiones sus publicaciones al lado de Piaget. Tan egregia compañía, empero, no logra que este libro coja altura. Si usted sabe algo de Teoría de Sistemas, y su deseo es profundizar en sus bases conceptuales actualizadas, o en la metodología del trabajo pluridisciplinar, no creo que encuentre en este libro ninguna idea que no supiera. Este comentario no prejuzga la valía de otras obras anteriores, que me consta.

F. Borrell
Articulo recomendado

Clinical Empathy as Emotional Labor in the Patient-Physician Relationship Eric B. Larson, MD, MPH Xin Yao, PhC JAMA, March 2, 2005—Vol 293, No. 9

Continuamos con el tema de la empatía. En esta ocasión una interesante reflexión sobre la empatía entendida desde la vertiente conductual, (“gestos empáticos”), pero también como experiencia emocional genuina.

Un poco mas sobre Filosofia de la Mente.


Boletin Octubre.- Círculo de Ciberlectura en Humanidades Médicas.-

En este boletín de Otoño os comentaré algo mas sobre la exégesis de Habermas, para volver a la filosofia de la mente de la mano de dos libros, el de Carlos J.Moya, y Dennet.
Comentando con Margarita Boladeras (en la foto) su magnífico libro sobre Habermas, que fue objeto de nuestro anterior bolentin, me dijo: “yo a mis alumnos primero les recomiendo que lean el de Velasco, y luego el mio”. Juan Carlos Velasco pertenece al Instituto de Filosofia del CSIC. Su libro, “Para leer a Habermas”, alianza editorial, Madrid 2003, es una excelente introducción a este autor, con una presencia de materiales políticos más importante que en el de Boladeras (que da mas importancia a los aspectos filosóficos). Los puntos fuertes de Velasco son el glosario, la guia de lectura, y una prosa muy clara. Tiene un capítulo entero dedicado a “patriotismo constitucional”, lo que debiera llamar nuestra atención, no en vano, como repite incesantemente Diego Gracia, el Estado es un proyecto moral. El término fue usado por primera vez por Habermas en la llamada “polémica de los historiadores”, (años 70), y lo usó para poner de relieve que la historia de Europa ya nunca mas debería escribirse en términos étnicos, y el reto que supone para las democracias crear cohesión social en torno a las ideas de libertad y autonomía. Para él el patritismo debería ser una forma “postconvencional” de ligazón, con unos principios de derechos humanos basados en la dignidad y el progreso. Los puntos fuertes del de Boladeras (Edit Tecnos) son los dos últimos capítulos de crítica a Habermas fuera y dentro de nuestro país, y una construcción del libro en su conjunto a partir de los propios textos de Habermas, (lo que es ventajoso pero complica la lectura).

Paso a comentaros el libro MAGNIFICO de Carlos J.Moya: Filosofia de la mente, Universitat de Valencia, 2004. Este profesor de filosofia de la Universidad de Valencia divide su libro en tres partes: la naturaleza de la mente, la intencionalidad de la mente y mente y accion. En la primera parte realiza una de las mejores descripciones de los principios de “psicologia popular” que impregna la manera habitual de percibir el mundo. Varias distinciones atraviesan todo su libro: a) la distinción entre entre estados disposicionales (creer, imaginar), y estados fenomenológicos de la mente, (sentir, por ej.), b) La llamada “autoridad de primera persona”, que conlleva lo que llama “asimetria de atribuciones”; c)La distinción entre intensión (con s) y extensión. A partir de estos conceptos trazados con soltura en las primeras 20 páginas del libro, es capaz de discutir con gran profundidad el “escenario cartesiano” de un homúnculo mirando el teatro de su mente. Obviamente llega a la conclusión de que este símil no puede reflejar lo que de veras ocurre en nuestro cerebro, y explora el conductismo lógico, el materialismo de la identidad, el funcionalismo, el monismo anómalo, y el materialismo eliminativo. En la segunda parte del libro se pregunta si las intenciones, que bañan toda nuestra vida consciente, tienen un origen externo o interno, para preguntarse a continuación si la intención es reducible a fenómenos físicos, (“naturalización de la intención”). En el trasfondo está la polémica de si un robot puede llegar a tener estados intencionales. En la tercera parte se pregunta si toda acción parte de un estado intencional, y hasta donde podemos hablar de una “causalidad mental” para nuestras acciones. Leyendo estas páginas finales tuve el siguiente pensamiento: hemos trasladado a nivel molecular la paradoja cartesiana. ¿En qué punto “físico” una creencia empuja a nuestras motoneuronas a dispararse y realizar un gesto? Hay que entender las disposiciones cerebrales, las creencias, por ejemplo, como una manera organizada de las neuronas, que ante ciertos estímulos externos serán capaces de dispararse en acciones. Pero las dudas persisten en este punto en que Descartes tampoco sabía muy bien interpretar, lo que para él era la interficie entre cuerpo y alma, y en nuestro léxico la interficie “mente-cuerpo”.
Daniel C. Dennet. Dulces sueños. Ed- katz, Buenos aires 2006.- Dennet es uno de los filósofos de la mente que se caracteriza por defender la “heterofenomenologia” en el estudio de la mente. Quiere decir con esta palabreja, estudiar los fenómenos mentales como “informes en tercera persona”, eliminando lo que mas arriba hemos llamado “autoridad de primera persona”, autoridad con la que por ejemplo decimos: “he tirado la manzana porque estaba podrida”. Tal vez lo hiciste por eso, o tal vez por otra causa que te resulta ahora mismo opaca, nos diría el heterofenomenólogo. Este libro es una larga discusión de las bases filosóficas de esta perspectiva, escrito a veces de manera deslabazada y repetitiva, pero con algunas páginas de notable valor. No resulta recomendable la compra de este libro salvo para estudiosos de la filosofia de la mente, pero recomiendo vivamente los dos últimos capítulos, y algunas otras paginas sueltas, como la discusión del esencialismo Leibniziano. En los últimos capítulos Dennet defiende una concepción de la conciencia humana en la que desaparece el “capitán del barco” que navega por encima de un proceloso mar de contenidos inconscientes, seleccionando aquí y allá los materiales de su discurso consciente. No hay para Dennet tal capitán de barco, sino que diferentes módulos cerebrales actúan en paralelo y ofrecen sus materiales en dura competencia entre ellos. La atención se posa sobre estos contenidos sin que el resto de contenidos desaparezcan, sino que “resuenan” en eco, e incluso pueden tener la oportunidad en alguna reverberancia de apoderarse de la atención y ocupar la memoria de trabajo.


F.Borrell.-