BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS, FUNDACION IATRÓS Comité Editorial: José Lázaro, Francesc Borrell. Editores de àrea:Juan Carlos Hernández Clemente. Mabel Marijuan Angulo. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.

BOLETIN IATROS, ABRIL 2019.

CIRCULO DE CIBERLECTURA

INDICE.-
Noticias.-  Discapacidad, “Humanización de la salud”.
Comentario de libros.-  Julián Marías; La imaginación c onservadora.
Webs de interés.-  Discapacidad y derechos políticos.
Artículo comentado.-       Pensar, razonar.
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Noticias.- 

1-Las personas con discapacidad ven reconocidos sus derechos políticios. En este número de Iatrós nuestro colaborador Juan Medrano ha seleccionado una completa documentación al respecto.

2.- Se ha publicado en abierto el libro “La humanización de la salud”, coordinado por nuestro amigo y colaborador de este Boletín Iatrós,  Pablo González Blasco y Francisco Javier Leon. Podéis encontrarlo en el siguiente link:


Aborda la relación con los pacientes y la formación humanista de estudiantes y médicos. Cada capítulo lo firman autores de Chile, Brasil, Argentina, Colombia, España….  Como ejemplo de títulos de algunos capítulos:

Un nuevo humanismo médico: la armonía de los cuidados.
La erosión de la empatía en estudiantes de Medicina: reporte de un estudio realizado en una universidad en São Paulo, Brasil.
Objetivación en la relación médico-paciente. La despersonalización en el ámbito de la salud.
Modificación del nivel de empatía de estudiantes de medicina durante la graduación médica.
La fuerza de las palabras: las grandes olvidadas en la medicina del siglo XXI

Comentario de libros.-

Rafael Hidalgo: “Julián Marías. Retrato de un filósofo enamorado”. Rialp. Madrid. 2011. 248 pgs.

Tengo una natural repulsa –quizá fruto de algunas experiencias menos afortunadas- a leer libros sobre escritores y pensadores, esas síntesis explicativas que ni te dejan ver quién es el personaje, poco conoces de su obra, y tampoco te queda claro qué es lo que el autor de la síntesis quiere transmitir, a no ser su entusiasmo por lo figura estudiada. Prefiero leer las obras originales, intentar entender, aunque la idea que me haga diste mucho de las apreciaciones de los especialistas, escritores de estudios críticos. Lo que me cautiva –o me repele – es lo que el escritor crea y no la opinión que otros puedan tener de él. Quizá por este motivo, me pasó desapercibido el libro que ahora me ocupa. He debido leer los titulares en las críticas literarias, sin detenerme, tal vez pensando: otro libro que quiere ‘explicarnos’ a un autor. Mi suerte es que un amigo, me comentó elogiosamente esta obra, me presentó una crónica periodística sobre el libro y…..me lo prestó.
     Mientras pasaba por sus páginas –lectura agradabilísima- pensé que tendría que revisar mi postura alérgica a los comentarios sintéticos. Pero, casi al final, encuentro que el propio Julián Marías coincide con mis reservas. Se lee: “Hay una tendencia casi imperativa a desmenuzar los componentes de una obra literaria, con el riesgo de que el conjunto se evapore y se desvanezca. (..) Los libros son para leerlos. La tendencia dominante hoy entre los estudiosos es analizar los libros para hacer papeletas de ellos y, si es posible, no leerlos”. Me tranquilicé y, por ahora, no pretendo cambiar de actitud. Hay mucho que leer, y se impone el arte de saber priorizar.

     Por eso, ya es hora de decir que esta obra no es una síntesis, una explicación para principiantes de la vida y obra de una importante figura de la cultura española. Es un retrato, un perfil, no una biografía, sino pinceladas –acertadísimas- de un cuadro impresionista. Manchas luminosas que con la distancia adquieren perspectiva, contornos, imágenes que, en este caso, representan las ideas y la vida de un intelectual de porte. Y de un hombre de probada virtud y honestidad. Relata el propio Marías: “Me siento orgulloso de no haber dicho mentira alguna desde ….Yo tenía 6 o 7 años y mi hermano tres más. Nos prometimos no decir nunca una mentira. Y lo he cumplido”. Una conquista envidiable en el curriculum.
     No hay como resumir este libro que es, él mismo, un perfil muy bien construido de Julián Marías. Querer delinear un contorno sutil entraña el riesgo de deformarlo. Se pueden, quizá, destacar algunos asuntos, a modo de aperitivo que abran el apetito para leerlo.
     La relación de Marías con Ortega es uno de los platos fuertes. Discípulo y maestro, y sus diálogos de pasión por la verdad. Un diálogo dominado por el entusiasmo, por el afán de realidad, por el deseo de absorber un mundo que les parecía maravilloso. Aparece el mirar responsable de que Ortega le hablaba: “Cuando se es joven hay que abrir bien los ojos; hay que mirar, mirar, mirar; hay que llenar la retina de impresiones frescas, porque luego no se puede ya.” Y añade Marías: Hay que atenerse a las cosas, contemplarlas, porque mirando se hacen la dos terceras partes de toda filosofía…Entender el mundo, descubrir las conexiones(..) Los sociólogos de hoy creen más en sondeos y estadísticas que en andar por las calles, viajar, entrar en una tienda o una iglesia, preguntar una dirección, mirar como juegan los niños….” Por mi parte recordé el consejo que, según me contaron, Ortega dio a alguien preocupado con entender el mundo: Lo que usted tiene es que leer menos, y viajar más.
     Y con el mirar responsable, y el ver viajando, pensar sobre lo que se ha captado. Ortega de nuevo: “Acostúmbrense ustedes a pensar todos los días un rato, aunque sean diez minutos. No leer, no tomar notas, sino pensar. Es fatigoso, pero verán ustedes qué bíceps se les ponen”. Marías pensaba, y a sus hijos que le miraban sentado en la butaca les decía: No creáis que no estoy haciendo nada, estoy pensando; hay que pararse a pensar y la gente muchas veces se olvida de hacerlo.
     El mirar responsable se fortalece con el giro amoroso. La persona humana es una criatura amorosa, y se realiza amando. Y aquí entra todo el tema del ser sexuado, de que se es persona no de modo abstracto, sino como hombre, como mujer. La persona, sin más, es una pura abstracción. La persona real tiene forma de varón o de mujer. Por eso, cuando una mujer –acomplejada- se desposee de sus condiciones femeninas, no se masculiniza, sino que sencillamente se despersonaliza. Recordé los deliciosos escritos de Ortega en sus “Estudios sobre el amor”, un feminismo actual, desafiante, imponente. La condición amorosa de Marías tiene un nombre concreto: Lolita, su mujer, de la que siempre estuvo perdidamente enamorado, con un amor fecundo. Decía: “Yo hago libros, pero mi mujer hace personas”. Por eso, cuando se queda viudo, le falta el apoyo, el suelo, se tambalea el proyecto. Quedar sin proyecto es perder el fondo constitutivo de la persona. Lo que nos lanza al mundo y da sentido a nuestra existencia.
     Julián Marías sabía ser amigo de sus amigos, de los que aparece una larga lista, y un destaque a modo de homenaje: Julián Besteiro, dirigente del partido Socialista, catedrático de filosofía en la Universidad de Madrid. Un intelectual honrado, coherente, que repulsaba las vías subversivas y violentas para las que la República y los partidos de izquierda se irían decantando. Pero se mantuvo fiel a sus convicciones liberales hasta el fin, y no abandonó Madrid cuando finaliza la guerra, y todos los miembros del Comité Nacional de Defensa –los escombros del gobierno de la república- habían escapado en avión hacia Valencia. Marías, que colaboró con Besteiro escribiendo, y por quien tenía gran admiración, cuenta la actitud ejemplar de ese líder soñador: Le preguntaron- Y usted, profesor Besteiro, ¿qué piensa hacer ahora? La respuesta no se hizo esperar: Yo, que nunca dije ‘O nos salvamos todos o todos pereceremos’ me quedaré con los que no pueden salvarse’.
     El perfil nos muestra la grandeza de un hombre que vivía la amistad. Nunca dijo quién le había denunciado al final de la guerra. Nunca se supo. Y es que Marías camina de pecho descubierto, de corazón abierto. No quiere juzgar a quien se ha declarado su enemigo, lo único que ansía es que se salve. Una fidelidad a prueba de bomba. “Es muy raro que rompa con mis amigos; ni siquiera que los olvide; a veces los hay que me producen algún malestar o descontento, quizá una decepción, pero me resisto a darlos de baja, y espero”.
     Marías es un liberal, que sabe convivir con todos, respetar e intentar entender, sin perder su personalidad, sin dejar de ser el mismo. “He tenido grandes admiraciones y grandes entusiasmos, he querido mucho a estas personas pero no he coincidido totalmente. He tenido una relación próxima con personas interesantes. Pero me ha molestado la actitud de ‘incondicional’. He mantenido cierta independencia. Siempre he buscado ser yo mismo, por fidelidad a mí mismo, a lo que era. No he imitado a nadie. Lo que he hecho es nutrirme, enriquecerme….pero cada uno es cada uno. El mimetismo no me ha gustado nunca. Emplearía la fórmula de ‘admiración sin imitación”.
     Un liberal y un patriota, que quiere repensar España, como los intelectuales que le rodearon, como Ortega, como los del 98. “Cuando las cosas van mal la tentación es marcharse. Pero no, hay que quedarse para cambiarlas”. Amor por España, y por América, que no se entiende si no se conoce España, y tampoco se capta completamente España sin contemplar América, como decía García Lorca. La España meramente intraeuropea es una falsificación tan grande como la América indigenista.
     Un hombre apasionado, que llegaba a todas partes adelantado, con una prisa infrecuente; la prisa del entusiasmo. Un escritor fecundo, que pasea por los ensayos sin descuidar las cartas que considera como órganos de la intimidad. Un liberal que respeta y se esfuerza por entender a quién piensa de modo diferente, desde la perspectiva de un mirar amoroso que amplía la comprensión de este mundo complejo. San Agustín enmarca la actitud de Marías: Ama y haz lo que quieras….Y, lo cita expresamente cuando comenta: En lo necesario, unidad; en la duda, libertad; en todo caridad. Caridad y amor del que no siempre fue objeto Julián Marías, un intelectual frecuentemente olvidado –puesto en el olvido, diría yo, pues también me despojaron de su influencia en mis años de estudiante- y que la presente obra redime, y proyecta con justa dignidad.

Pablo González Blasco
Sao Paulo, Brasil.

G.Luri. La imaginación conservadora. Ariel 2019  339 pag.

“Libro de resonancias” (p.329) es como define su autor a este libro. Y el libro que hoy comentamos está efectivamente plagado de citas de políticos y filósofos españoles que duermen en las alacenas del olvido. Quizás sea este el problema fundamental de este libro, sacrificar un discurso nítido y claro sobre el conservadurismo en aras a una erudición que en ocasiones se me antoja apabullante. Pero más allá de este cierto barroquismo en la estructura del libro, para mí que he seguido con interés la trayectoria de Luri (Ver “El cielo prometido” en el Boletín de Septiembre 2016), en su doble faceta de pedagogo e historiador, me resulta un tanto desconcertante. Buen libro, sí, bien trenzado, muy trabajado, con estas frases geniales a las que nos tiene acostumbrados Luri, (podríamos definirle como filósofo por aforismos)….  pero un libro que no alcanza los objetivos de su título: demostrar que el conservadurismo es imaginativo. O más simple, que la mentalidad conservadora puede ser dinámica sin necesitar del empujón de los partidos de izquierda, (o de un estado de opinión social que exija cambios).
Intentaré en primer lugar realizar una síntesis del pensamiento político de Luri. Los conceptos centrales que maneja nuestro autor son politeia, copertenencia, sentido común, teatrocracia, “gente sencilla” y prudencia. Veamos cómo se hilvanan estos conceptos.
Luri parte de una reflexión muy platoniana del espacio público. Somos seres sociales que nos formamos en unos valores y costumbres específicos de la comunidad en la que nacemos. En estas sociedades hay una representación protagonizada por los “políticos” que es solo una parte de lo que ocurre en la sociedad. Es una teatrocracia en la que afloran tensiones sociales, pero que no suele revelar las corrientes de fraternidad y cohesión que por fortuna atemperan estas tensiones y dan una oportunidad de racionalidad a las decisiones colectivas. La persona establece múltiples vínculos con grupos que tienen objetivos y maneras de pensar distintas, e incorpora esta experiencia no de manera fragmentaria, sino como Politeia, como un sistema de valores y criterios que son el “sentido común” (o de sentido común). La Politeia nos marca los “resortes espontáneos” que constituyen nuestra cotidianeidad (pág  84). De alguna manera co-pertenecemos a diferentes grupos humanos y cada pertenencia nos enriquece como personas en unas maneras de comportarnos y sentir. La “gente sencilla” bebe de esta copertenencia y (con)forma una visión del mundo, de “en qué país vive”, de una identidad nacional y cultural…  pero además discierne en unas elecciones políticas o en un tema a debate conforme a su Politeia. El labrador que comparte su comida con otros hambrientos jornaleros se conduce así por esta Politeia. Y en este punto entran resortes básicos de supervivencia, como es experimentar  aversión a ser estigmatizado o repudiado por nuestros  grupos de referencia, o aceptar riesgos innecesarios. Esta actitud digamos “de fábrica” nos hace estimar la justicia y la prudencia, valores centrales para la convivencia pacífica.
Sobre esta base, la persona conservadora es, para Luri, aquella que agradece lo mucho que recibe de la sociedad, y antes de ver los defectos de dicha sociedad (posición que encarnaría la izquierda), se pregunta cuál debiera ser su aportación: “no se puede ser conservador si lo primero que se ve en las cosas es un déficit, motivos para poner mala cara y razones para irse de este mundo sin pagar” (pág 53). El ciudadano conservador aprecia la cohesión por encima de las desavenencias, pues son posibles dichas discrepancias porque parten de esta unidad que es la base de la riqueza social (pág 60). Por consiguiente, el conservador “tiene más fe en los temperamentos que en las ideas”, (pág 63) pues al final será sobre temperamentos que se restablecerán los vínculos importantes que unen una comunidad. Me parece esta una idea importante.
El conservador sería -por consiguiente- aquella persona que tiene una visión realista sobre el alcance de las leyes y la capacidad de transformar la realidad, y rechazaría la ley que prohibiese todos los males “por considerarla imprudente” (pág 72). En este sentido mira con suspicacia la innovación por la innovación, y exige ciertas garantías para dar un paso adelante. “Cuando los hombres creen ser dioses y se empeñan en sustituir la prudencia por la ciencia, tarde o temprano acaban desembocando en el nihilismo” (pág 77). Un nihilismo que puede ser de dos tipos: sustituir la prudencia por la “verdad natural” o sustituirla por la “ciencia política”. Al final la Historia nos enseña que se acaban haciendo locuras por “amar demasiado al género humano” (pág 80).
Ahora bien, “ninguna tradición es perdurable si no sabe generar sus propios hechizos” (pág 89), crear ilusión y suficiente cohesión para desear “preservar su sensibilidad colectiva” (pág 90). Luri rechaza la sociedad abierta de Popper por entender que una sociedad multicultural debilita esta voluntad de preservación, y conduce a su disolución (pág 98).  En los momentos históricos que vivimos cada persona se enfrenta de manera consciente al impulso de la pluralidad o al reposo de ser quien es sin complicarse la vida. El peligro de diluir su identidad le hace desear, en un extremo, “descansar de sí mismo”. Regresar a su Politeia de origen.
En este sentido, nos dice Luri, el conservador sigue las leyes no porque sean justas, sino porque son leyes. Sería un gran error, advierte, desdeñar las leyes por imperfectas, porque en el mejor de los casos una buena ley queda obsoleta a los pocos días de promulgarse. Pero sigue siendo lo que ancla una sociedad a principios básicos de convivencia. Si jugamos a lo ilimitado, a “todo lo posible” (y aquí nuevamente apunta a los partidos de izquierda), “jugamos con lo posible con el riesgo de frivolizar con lo real” (pág 170). “No es honesto humillar el presente enfrentándolo a un pasado o a un futuro idealizado “ (pág 186).Tampoco es honesto jugar a ser víctimas como argumento para tener razón, porque “el sentimentalismo se convierte en amenaza política cuando busca en su propia autenticidad la orientación infalible para su acción” (pág 204).
Por el contrario el conservador no esquiva sus responsabilidades, y aprecia su libertad como condición de alcanzar la virtud en un mundo repleto de conflictos inevitables (pag 238). Se precisa para esta ética de la responsabilidad tomar el mando de uno mismo, condición sine qua non. “Por tanto, cuidar del alma significa habituarla a experiencias de orden, de fidelidad, de compromiso, de sometimiento al deber, de forma, de estabilidad, de armonía, de excelencia, de legalidad…. Habituarla es, en este sentido, conformarla” (pág 239)
Bien, hasta aquí creo haber resumido las ideas fundamentales de Luri. No hago justicia al texto porque evito a posta muchos temas colaterales que surgen sobre estas ideas nucleares, algunas bastante polémicas, pero siempre interesantes, como también una tarea de búsqueda erudita de la inteligencia política española. Sin embargo, me excuso porque las ideas nucleares que he tratado de sintetizar tienen el peligro de extraviarse en un bosque de citas brillantes, y esconder el auténtico debate que debieran suscitar.
Tengo para mí que la concepción de Politeia de Luri desatiende aspectos importantes de la vida política de las sociedades. Pensar que un Estado o Nación es un grupo cultural homogéneo es mucho suponer, y reposar decisiones en el sentido común de la “gente sencilla”… Gente sencilla es la extrema derecha como la extrema izquierda, y Politeia también es este “amor desmesurado” que certeramente denuncia, (y que está en la raíz de actos que después la historia tacha de heroicos o de fanáticos, según haya sido el resultado). Al final quien vence en la pugna política es quien impone un relato. Pero volviendo a lo esencial: buscar la homogeneidad cultural sería casi tanto como condenar una sociedad a un electroencefalograma plano. En este debate del multiculturalismo quizás debiéramos tomar el ejemplo de la pseudomona, una bacteria que permite a su ADN mutar de manera un tanto caótica, si, pero no del todo: solo lo suficiente para adaptarse al entorno. Atenas (nos recuerda Popper), ciudad de poetas y músicos, ganó a Esparta, ciudad de guerreros, porque permitió el mestizaje.
En cuanto al sentido común echo a faltar un análisis más riguroso de en qué consiste… Personalmente me convence la definición que da W. James -véase “el pragmatismo”- cuando afirma que sentido común es el poso de ideas que han dejado pensadores que en su momento fueron afeados por sus contemporáneos por considerarlas muy atrevidas. Es decir, sentido común sería el poso de ideas innovadoras y disruptivas que superan el paso del tiempo y quedan como criterios indiscutibles de la “gente sencilla”. O dicho de otra manera, son las ideas innovadoras cuando no izquierdosas que de momento levantan ampollas entre los conservadores y que al final los mismos conservadores acaban por hacer suyas, (¡y hasta llegan a creer que “son las ideas de siempre”!).
Es ahí donde detecto que el libro no habla de las dinámicas subyacentes a los procesos políticos…. No hay derecha sin izquierda, y lo interesante no es tanto afirmar una de sus polaridades, como ver de qué manera se influyen y se equilibran, (y por supuesto se enfrentan solo con palabras…). Por otro lado la innovación merece mas atención de la que Luri le presta en su libro: sin innovación no habría progreso (otro término que no aparece). Sin duda hay mala innovación, pero la pregunta es otra… ¿por qué esta prevención, (tantas veces irracional y tantas veces verificable en nuestra historia) del conservadurismo hacia  la innovación? Desde luego deberíamos hablar de los diferentes tipos de innovación, pero situándonos en la innovación de costumbres… ¿qué pensar de los cambios promovidos en torno a la igualdad de géneros, o a la orientación sexual? ¿Han sido positivos o merecen reproche?
Al final la basculación de las sociedades entre derecha e izquierda es un fenómeno regular y repetitivo, por lo que la izquierda algo debe aportar al bien común…. Quizás Luri parte de un paradigma de izquierdas muy ligado al comunismo soviético, que analizó en su magnífico libro “El cielo prometido” de manera rigurosa y acertada. Sin embargo el comunismo no debe confundirse con el marxismo y otras corrientes ideológicas. Hay en este punto un esfuerzo de simplificación, (sobre todo cuando analiza la socialdemocracia y el liberalismo….  yo hubiera esperado un análisis  mas “caritativo” (en sentido hermenéutico) del autor).
Sería muy interesante que algún filósofo de la política ahondara en las causas mas profundas del fracaso del comunismo, así como en la regulación del capitalismo salvaje y la corrupción. Algún atisbo hay en este libro, desde luego, e incluso algunas ideas brillantes, pero sin articular. También echo a faltar un análisis de lo que llamaría la paradoja de las sociedades postindustriales. Una sociedad cada vez mas compleja, con profesionales que lidian cada día con problemas que requieren argumentos -y decisiones-  muy cuidadosos, están en manos de políticos populistas, que proponen soluciones mágicas para problemas complicados. ¿Cómo trasladar la inteligencia que aplicamos a problemas concretos, (en el ámbito tecnológico como también científico), a los problemas políticos? Avanzo una hipótesis: mediante instituciones que superen ciclos electorales y se constituyan en contrapoderes. Y ya para acabar… ¿cómo es posible que gente tan preparada intelectualmente en algunos campos de la actividad humana, sean tan poco críticos con los políticos de su espectro ideológico?

Francesc Borrell
Sant Pere de Ribes

Webs de interés.- 

El derecho a votar de las personas con discapacidad: Recorrido histórico y documentos de reivindicación y apoyo
Las personas que tienen limitada su capacidad de obrar han tenido clásicamente vedado el derecho al sufragio. Esta situación ha sido la norma en la época en que esta medida se aplicaba de forma global y sin matices, a pesar de que la legislación española preveía su adecuación a las necesidades de cada persona. Esto se debía a que la el Art. 3 de la Ley Orgánica de Régimen electoral establecía que carecían de derecho a voto las personas declaradas incapaces por una sentencia judicial firme, siempre que la misma declarase expresamente su incapacidad para el ejercicio del derecho de sufragio, así como los internados en un hospital psiquiátrico con autorización judicial, siempre que en la autorización el Juez declarase expresamente la incapacidad para el ejercicio del derecho.
En abril de 2008, el BOE publicó el Instrumento de Ratificación de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, hecho en Nueva York el 13 de diciembre de 2006, que trasladaba al plano legal la firma, poco más de un año antes, por parte del “Plenipotenciario de España nombrado en buena y debida forma al efecto”, de la citada convención, que desde entonces ha venido produciendo cambios en la legislación española para adecuarla a su contenido. a Entre muchas otras aportaciones, el Art. 29 a) iii) de la Convención compromete a los estados firmante en la “protección del derecho de las personas con discapacidad a emitir su voto en secreto en elecciones y referéndum públicos sin intimidación, y a presentarse efectivamente como candidatas en las elecciones, ejercer cargos y desempeñar cualquier función pública a todos los niveles de gobierno, facilitando el uso de nuevas tecnologías y tecnologías de apoyo cuando proceda”. La alusión de la Convención a “personas con discapacidad” es genérica, e incluye discapacidades físicas, sensoriales, intelectuales y mentales. El uso genérico del término hace que algunas de sus precisiones parezcan obvias cuando se refieren a una persona con un problema físico (¿quién afirmaría a priori que una persona con una paraplejia puede tener limitaciones para votar?), pero pueden ser innovadoras e incluso potencialmente conflictivas al referirse a una persona con una discapacidad intelectual grave.

En 2010, la Fiscalía General del Estado, a cargo por entonces de Cándido Conde Pumpido, emitió la Instrucción 3/2010, de 29 de noviembre, sobre la necesaria fundamentación individualizada de las medidas de protección o apoyo en los procedimientos sobre determinación de la capacidad de las personas. En ella, se estipulaba que los fiscales deberían cuidar “especialmente de que la privación del derecho de sufragio únicamente se lleve a efecto cuando resulte necesario en atención a la situación de la persona cuya capacidad se cuestiona. Dicha medida requerirá el pronunciamiento expreso en la sentencia, en la cual deberá razonarse acerca de la valoración de las circunstancias en las que se fundamenta la privación del derecho de sufragio”. De esa manera, se encargaba al Ministerio Público velar para que cuando se produjera una modificación de la capacidad de obrar no se privara automáticamente del derecho de voto a la persona, sino solo cuando existieran elementos que lo justificasen. La medida pretendía evitar las sentencias “automáticas” de incapacidad total, que incluían la retirada del derecho de sufragio. En esa línea de reclamar la valoración en cada caso, en enero de 2017 se anunció la introducción de una enmienda en el libro segundo del Código Civil catalán para obligar a los jueces a pronunciarse “expresamente” sobre el derecho a voto de las personas afectadas por una modificación de la capacidad de obrar.
Para entonces, en 2015, un estudio realizado por la Asociación Española de Fundaciones Tutelares (AEFT) encontró que el 64% de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que recibían apoyos tutelares por parte de sus entidades estaban privadas del derecho al voto sin justificación motivada. Ante este hallazgo, la AEFT emitió un comunicado que denunciaba la privación del derecho al voto de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo sin justificación explícita y reivindicaba el reconocimiento a la participación plena y efectiva de las personas con discapacidad intelectual en la vida política y pública en igualdad de condiciones que el resto de los ciudadanos. Entre tanto, una sentencia pionera de un Juzgado de Irún había restituido a un varón con síndrome de Down algunos derechos, entre los que figuraba el de sufragio.

Entre tanto, en 2013 se había producido un cambio que asumía la literalidad de la Convención, al no plantear la valoración personalizada de la capacidad de voto y extender sin límites el derecho. En ese año, la Comisión Constitucional del Congreso instó al Gobierno a reformar la Ley Electoral para permitir el voto a todas las personas discapacitadas o incapacitadas. Todavía sin ningún cambio legislativo, en 2016, la Fiscalía del Tribunal Supremo defendió el derecho a voto de una persona a la que se había modificado la capacidad de obrar al presentar incidente de nulidad de actuaciones contra una sentencia de la Sala Primera del TS que había desestimado el recurso de casación formulado por los padres de una mujer a la que se modificó la capacidad de obrar, en el que se solicitaba que se permitiera el derecho de su hija a ejercer el sufragio activo. Los padres no cuestionaban la modificación, pero sí que se privara a su hija del derecho al sufragio activo y el Ministerio Fiscal se adhirió al mencionado recurso, que fue denegado por la Sala.
En ese mismo año, el Pleno del Congreso, por unanimidad (341 diputados a favor, ninguna abstención y ninguno en contra), se posicionó a favor de la toma en consideración de la Proposición de Ley de la Comunidad de Madrid para reformar la Ley Orgánica 5/1985. Se planteaba suspender los dos apartados del Art. 3 de la norma que impedían el voto de personas con discapacidad: el referido a “los declarados incapaces en virtud de sentencia judicial firme” y el que aludía a los “internados en un hospital psiquiátrico”.

Más recientemente, en 2018, el Comité de Bioética de España presentó un informe  que respondía a la solicitud de la entonces ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, para que diera su parecer sobre la necesidad de adaptar la legislación española a la Convención. Entre sus conclusiones, planteaba la necesidad de modificar sustancialmente la normativa sobre capacidad, ingreso involuntario y esterilización, al tiempo que instaba a modificar la Ley Orgánica de Régimen Electoral General para reconocer el derecho de sufragio sin restricciones por discapacidad. Así pues, y en línea con lo que había sucedido en el propio Congreso, se planteaba el reconocimiento del derecho sin ninguna consideración sobre una valoración personalizada de la capacidad de la persona para ejercerlo.

Juan Medrano
Bilbao

Artículo comentado.- 

Discutir, pensar, razonar es algo que todas las personas practicamos con mayor o menor frecuencia y, por lo general, la mayoría, lo hacemos con bastante asiduidad. En el Boletín Iatrós de Marzo mostré algunas referencias bibliográficas referidas al termino “discutir”. Veamos las otras dos palabras:


Para la segunda palabra: pensar, elijo este trabajo:

 El fracaso metacognitivo como una caracteristica de los que tienen creencias radicales. (Metacognitive Failure as a Feature of Those Holding Radical Beliefs). Max Rollwage,1,2,* Raymond J. Dolan,1,2 and Stephen M. Fleming1,2,3,* Current Biology 28, 4014–4021, December 17, 2018

Resumen

Ampliando la polarización sobre lo político, lo religioso y los problemas científicos que amenazan a las sociedades abiertas, liderando al atrincheramiento de creencias, la comprensión mutua reducida y una negatividad generalizada que rodeala idea misma del consenso [1, 2]. Tal radicalización se ha vinculado a diferencias sistemáticas en la certeza con la que las personas se adhieren a creencias particulares.[3–6]. 
Sin embargo, los impulsores de la certeza injustificada en los radicales rara vez son considerados desde la perspectiva de modelos de metacognición, y sigue siendo desconocido si los radicales muestran alteraciones en el sesgo de confianza (una tendencia a propugnar públicamente una mayor confianza), sensibilidad metacognitiva (conocimiento de la corrección de las creencias de uno), o ambos [7]. Dentro de dos muestras  independientes de población general (n = 381 y n = 417), aquí mostramos que los individuos que tienen creencias radicales (medido por cuestionarios sobre actitudes políticas) muestran un deterioro específico en sensibilidad metacognitiva sobre un nivel bajo de percepción de juicios de discriminación. Concretamente, los participantes más radicales mostraron menos información sobre la corrección de sus elecciones y la reducción de la actualización de su confianza cuando se presenta con evidencia post-decisión.
Nuestro uso de una simple tarea de decisión perceptiva nos permite descartar efectos de conocimientos previos, desempeño de la tarea, y los factores motivacionales que sustentan diferencias en la metacognición. En cambio, nuestros hallazgos resaltan una resistencia genérica al reconocimiento y la revisión de las creencias incorrectas como un potencial conductor de radicalización.

Entendiendo la metacognición como la capacidad de las personas para reflexionar sobre sus procesos de pensamiento y la forma en que aprenden. Gracias a la metacognición, las personas pueden conocer y regular los propios procesos mentales básicos que intervienen en su cognición (RAE).

Es sorprendente observar la creciente radicalización personal y colectiva que nos ofrece este tiempo en el que vivimos.

En cuanto a la tercera palabra: razonar, me sorprende este trabajo que iguala diferencias con ancestrales raigambres:

Forma y función en la canción humana (Form and Function in Human Song. Samuel A. Mehr7,8, Manvir Singh7, Current Biology  Feb 05, 2018 Vol. 28, Iss. 3)

• • Personas en 60 países escucharon canciones de 86 sociedades en su mayoría de pequeña escala
• • Inferieron con éxito las funciones de la canción basándose solo en la forma de la canción.
• • Las calificaciones de los oyentes fueron guiadas por las características contextuales y musicales de las canciones.
• • La canción humana por lo tanto exhibe asociaciones de forma-función generalizadas

Resumen

Los humanos usamos la música para una variedad de funciones sociales: cantamos para acompañar la danza, para calmar a los bebés, para curar enfermedades, para comunicar el amor, etc. A través de los taxones animales, las formas de vocalización están moldeadas por sus funciones, incluso en los seres humanos. Aquí, mostramos que la música vocal muestra relaciones de forma y función recurrentes, distintas y multiculturales que son detectables por los oyentes de todo el mundo. En el Experimento 1, los usuarios de Internet (n = 750) en 60 países escucharon breves extractos de canciones, calificando la función de cada canción en seis dimensiones (por ejemplo, "se usa para calmar a un bebé"). Se extrajeron extractos de una muestra pseudo aleatoria estratificada geográficamente de canciones de baile, canciones de cuna, canciones curativas y canciones de amor grabadas en 86 sociedades, en su mayoría de pequeña escala, incluidos cazadores-recolectores, pastores y agricultores de subsistencia. El experimento 1 y su plan de análisis fueron pre-registrados. A pesar de la falta de familiaridad de los participantes con las sociedades representadas, el muestreo aleatorio de cada fragmento, su corta duración (14 s) y la enorme diversidad de esta música, las calificaciones demostraron inferencias precisas y culturalmente confiables sobre las funciones de las canciones sobre la base de la canción se forma solo. 
En el Experimento 2, los usuarios de Internet (n = 1,000) en los Estados Unidos e India clasificaron tres características contextuales (por ejemplo, género del cantante) y siete características musicales (por ejemplo, complejidad melódica) de cada fragmento. Las características contextuales de las canciones eran predictivas de las clasificaciones de funciones del Experimento 1, pero las características musicales y las funciones reales de las canciones explicaban la varianza única en las clasificaciones de funciones Estos hallazgos son consistentes con la existencia de enlaces universales entre forma y función en la música vocal.

Hasta en las ancestrales raigambres las diferencias se difuminan.
La ciencia nos muestra solución allí en donde tanto trabajo nos cuesta verla, en nosotros mismos.

Fernando Orozco
Zaragoza