BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS, FUNDACION IATRÓS Comité Editorial: José Lázaro, Francesc Borrell. Editores de àrea:Juan Carlos Hernández Clemente. Mabel Marijuan Angulo. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.

BOLETIN IATROS, DICIEMBRE 2019.

CIRCULO DE CIBERLECTURA

INDICE. -
Noticias.-  Folia Humanística (13)
Comentario de libros.-  Evolución, cerebro y conciencia;  Esperanza sin optimismo.
Webs de interés.-  Laboratorio de Cognición Humana Comparada
Artículo comentado.-   La Iglesia, el parentesco intensivo y la variación psicológica global.
Video recomendado: La falacia de la conjunción
   

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Noticias.- 
En el último número de Folia Humanística (nº 13) encontrarás:
TEMA DEL DIA
DERMINANTES SOCIALES DE LA SALUD Y ENFERMEDADES PREVALENTES.
DE LA EPIDEMIOLOGÍA A LA PRÁCTICA DIARIA EN UNA CONSULTA DE
ATENCIÓN PRIMARIA   PABLO PÉREZ SOLÍS
PENSAMIENTO ACTUAL
NUEVA VITALIDAD PARA EL FUTURO DE LOS COMITÉS DE ÉTICA ASISTENCIAL
R. ALTISENT, T. FERNÁNDEZ-LETAMENDI, MªT DELGADO-MARROQUÍN
ARTE, SALUD Y SOCIEDAD
UNA VISIÓN VIVENCIAL DEL SISTEMA SANITARIO BRASILEÑO DESDE LA PERSPECTIVA DEL PACIENTE, A TRAVÉS DE RELATOS NARRATIVOS DE UN MÉDICO DE CABECERA. MARCELA DOHMS
NOVELA Y CINE: COOPERADORES NECESARIOS JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ DURAN


Comentario de libros.-

Evolución, cerebro y conciencia

   Evolución cerebro y conciencia es el título de un artículo que apareció en la revista de Humanidades médicas JANO1 en el lejano año 2001, en el que Julián Sanjuán y Vicente M. Simón, psiquiatra y psicólogo, de la Universidad de Valencia, daban respuesta al escrito del psiquiatra barcelonés Josep Solé Puig de un número anterior de la misma revista2.
   Los autores adoptan el siempre fecundo punto de vista de la teoría evolucionista para abordar los fenómenos neurológicos del sistema nervioso de los seres humanos, y afirman que: El cerebro es producto de una evolución de unos tres mil quinientos años  y que: La conciencia se puede entender como un fenómeno emergente que surge al alcanzar el cerebro del homo sapiens un determinado grado de complejidad y que se mantiene porque resulta adaptativo para el individuo y la especie
 La controversia es antigua, no es difícil encontrar el momento en el que empezó todo, apreciamos cómo en la bisagra del siglo XIX al XX van a aparecer dos aproximaciones al estudio de los procesos cerebrales, completamente diferentes:
   Por un lado Sigmund Freud, médico de formación neuroanatómica y posteriormente psiquiatra fundador del método psicoanalítico, publicó hacia 1900-1901, la que se considera su principal obra: La interpretación de los sueños3, en la que introduce el sustancial concepto del inconsciente y la enorme trascendencia que tiene en la conducta de los seres humanos. A lo largo del siglo XX la influencia del método psicoanalítico ha sido inmensa, no solo en la Medicina y Psicología, también en la filosofía, la antropología, la sociología y otras disciplinas, y especialmente en las artes, literatura, cine, teatro o pintura han sido enormemente influenciadas por la doctrina freudiana.

   Por su parte Santiago Ramón y Cajal publicó en el año 1904 su obra más importante: Textura del Sistema Nervioso del Hombre y los Vertebrados en  la  que expresaba lo que se denominó como Teoría de la Neurona, es decir, de la unidad y de la independencia de la célula nerviosa4, en sus propias palabras. Sus conclusiones fueron fruto de investigaciones neurohistológicas previas publicadas en los años 1887 y 1888 y sufragadas a su costa, en las que demostraba fehacientemente sus innovadoras ideas. En 1906 le fue otorgado el Premio Nobel de  Medicina y Fisiología por sus fructíferas aportaciones que constituyen lo que podemos considerar como el avance más notable en la comprensión de la arquitectura y fisiología del cerebro humano hasta entonces y el fundamento de todas las disciplinas neurocientíficas.

     A su vez el conocimiento sobre el sistema nervioso sustentado en la doctrina de la neurona de Cajal ha sido ingente. La ciencia del ha progresado apoyada en la clínica, en las manifestaciones y carencias que se producían en los individuos afectados por distintas enfermedades, vasculares, traumáticas o tumorales. Así se conoció, por su afectación durante la trombosis de determinadas arterias cerebrales, la existencia de áreas encargadas de la comprensión y emisión de las palabras. Un impulso posterior ha venido dado por las técnicas de neuroimagen que permiten relacionar mediante el patrón del consumo de oxígeno y glucosa, ciertas funciones con determinadas aéreas cerebrales.



En el año 1979 la prestigiosa revista Scientific American publicó un monográfico en el que se acuñó una frase que obtuvo fortuna: El cerebro pensando sobre sí mismo.     
   Cien años después de las aportaciones de Cajal, en la bisagra de los siglos XX al XXI tuvieron lugar nuevas aportaciones que avanzaron en la comprensión de los fenómenos cerebrales más complejos, destaca entre ellas la obra de Sir Francis Crick5, premio Nobel de Medicina junto a Watson en el año 1962 por sus descubrimientos sobre la estructura molecular del ADN. En el año 1994 Crick, físico de formación, expuso en su libro La búsqueda científica del alma, lo que él consideró The Astonishing Hypóthesis, a saber, que las actividades mentales de una persona se deben por completo al comportamiento de sus células nerviosas, y por tanto el estudio de la consciencia-conciencia (para él no existen diferencias) es un problema científico. Para él la conciencia es un proceso emergente en el que el todo es algo más que la suma de las partes, pero sin embargo puede comprenderse a partir de la naturaleza y el comportamiento de sus elementos más sencillos. La hipótesis de Crick ha dejado de ser revolucionaria y el desarrollo de las neurociencias en la actualidad es una de las prácticas científicas emergentes. Autores como Antonio Damasio6 neurólogo de formación y premio Príncipe de Asturias del año 2005 por sus estudios sobre las emociones y los sentimientos y Eric R. Kandel7, judío austriaco obligado a exiliarse de Viena por la barbarie nazi, que recorrió el camino inverso al de su compatriota Freud, formado como psiquiatra de orientación psicoanalítica, posteriormente se dedicó a la histología y se le concedió el premio Nobel de Medicina en el año 2000 por sus estudios sobre la memoria, van a permitir profundizar en el estudio de la actividad cerebral.  
   El libro que se presenta: Paseo por el Amor y la Muerte. Los arcanos de la conciencia, propone abrir el campo y dar espacio para la confrontación amable y fructífera de las diferentes ideas, con la intención de buscar la concordia entre las distintas opiniones. A semejanza de un duelo clásico es necesario delimitar el campo, los procedimientos y las armas. Para este caso es prioritario definir claramente los términos. Se trata de llegar a acuerdos que nos permitan entender de la misma manera los mismos conceptos y las mismas palabras, para que cuando las utilicemos hablemos de lo mismo o de algo que se le parezca mucho. Así, para poder desentrañar sus misterios debemos ponernos de acuerdo en que es, que no es, cómo es, donde asienta, cuáles son sus propiedades y de que hablamos cuando hablamos de conciencia.

   Aquí se propone hablar de la conciencia como conocimiento, un conocimiento que permite darse cuenta de la existencia de uno mismo, de la propia vida, como organismo independiente del resto del mundo y diferente a los otros. Esta nueva forma de conocimiento surge – surgir en biología se entiende como la capacidad inmanente de la materia para organizarse en formas más complejas, así se habla de que surge la vida o la célula eukariota -  del magma genético ancestral y se sustenta en tres fenómenos previos, a saber la Percepción del mundo, el complejo mecanismo de las Emociones y una Memoria autobiográfica; a su vez va a dar lugar a otros nuevos, los Sentimientos y una nueva Inteligencia capaz de comprender la realidad en magnitudes de espacio y tiempo para configurar un ser consciente y orientado.
   La mayor parte de nuestro conocimiento del mundo externo y de nuestro propio mundo interno es inconsciente, procesos que se desenvuelven sin tener conciencia de ellos. La conciencia supone sólo una pequeña parte, pero sustancial, de ése conocimiento, pues implica una nueva forma de aproximación a la realidad. Al ser capaz de entender el mundo en magnitudes de espacio y tiempo, permite la orientación geográfica y al dividir el tiempo en pasado, presente y futuro, otorga al ser humano la capacidad de simular el porvenir, de planificar acciones, con lo que mejoran las posibilidades de supervivencia. Otra de las consecuencias de la Conciencia de la propia Vida es la Conciencia de la propia Muerte. La Vida es Ser, la Muerte es Dejar de Ser. Por tanto somos conscientes de nuestra propia mortalidad, sabemos que vamos a morir.
   A partir de ahí se van desgranando lo que significan: Percepción es el registro del mundo mediante los órganos de los sentidos; las Emociones son acciones, programadas, automáticas, inconscientes, que dan por resultado una determinada conducta, reflejada sobre todo en las expresiones faciales y en los movimientos de las manos y del resto del cuerpo; los Sentimientos son la percepción consciente, el conocimiento de las emociones; la Memoria consiste en una doble capacidad, la de adquirir y almacenar información y la de  recuperarla posteriormente; la Inteligencia es la capacidad de comprender el entorno, de entender el mundo que nos rodea, incluidos los otros, los demás seres humanos, posibilita la selección de las alternativas más convenientes para la resolución de un problema, las respuestas más útiles y adaptativas.


   En el libro, visualmente muy hermoso de ver, se definen estos conceptos y otros relacionados como son La Voluntad, la Ciencia y el Arte e incluso se hace una necesaria distinción entre lo que es la Ética y qué es la Moral y se hace complementando el texto con las imágenes de alguno de los más famosos cuadros de los grandes maestros de la Pintura que se encuentran en el Museo del Prado de Madrid junto a citas oportunas y sugerentes de los grandes maestros de la Palabra. Por todo ello hace se hace aconsejable la lectura de este libro que resulta a la vez provechosa y deleitable.


1  Sanjuán; Simón, VM. JANO 9-16 NOV, 2001. Vol XLI. Nº 1408.: Evolución, cerebro y conciencia.
2  Solé Puig, J, JANO Nº 1407;
3 Sigmund Freud. La Interpretación de los Sueños. 2 Vols. Alianza Editorial, 2011.
4 Santiago Ramón y Cajal. Textura del Sistema Nervioso del Hombre y los Vertebrados. 3 Vols. Zaragoza Gobierno de Aragón, 2002.
5 Francis Crick. La Búsqueda científica del alma. Madrid: Ed. Debate SA, 1994.
6 Antonio Damasio. El error de Descartes. Madrid: Ed. Debate, 2000.
                                 En busca de Spinoza. Barcelona: Ed. Debate, 2005.
7 Eric Kandel. En busca de la Memoria. El nacimiento de una nueva ciencia de la mente. Madrid: Katz editores, 2007.

Javier Almazán Altuzarra: Dr. en Medicina por la UAM. Especialista en MFyC formado en el Hospital de La Paz y en EAP de Bustarviejo. Autor de la Tesis: Estudio Clínico y Epidemiológico de la primera circunnavegación a la Tierra.
j.almazanaltuzarra@gmail.com

Eagleton, T. Esperanza sin optimismo  Taurus, Barna 2016
Título original: Hope Without Optimism Terry Eagleton, 2015

Eagleton es un brillante filósofo y crítico literario de formación marxista y cristiana que trata de esclarecer en el libro que comentamos si es posible estar esperanzado y no ser al mismo tiempo optimista. Antes de leer una sola línea más, pregúntese el lector si tal cosa resulta posible. De inmediato nos asalta una duda…. ¿equivale esperanza a optimismo? ¿Está todo optimista esperanzado (y viceversa)?

Eagleton nos ofrece algunas respuestas, sobe todo en el capítulo primero, que es el mas recomendable de leer. En términos generales podríamos decir que el libro se justifica por este primer capítulo interesante, aunque un punto desorganizado.

Pero volvamos al asunto que nos ocupa… ¿podemos tener esperanza y a la vez ser pesimistas? Quizás el lector ya haya encontrado ejemplos, pero he aquí algunos: ¿quién no está esperanzado de que algún día tendremos un gobierno a la altura de las circunstancias? Y sin embargo pinta mal…  ¿Qué diabético no está esperanzado de que algún día la ciencia le libere por completo de tomar sus medicamentos? Y sin embargo no se atisba tal solución, al menos por ahora…

La cuestión por consiguiente es dilucidar qué es esperanza y qué es optimismo. Ensayemos una primera aproximación: llamemos esperanza a una disposición o actitud positiva hacia algo o alguien, y optimismo a un cálculo o expectativa que nos indica que este algo o alguien vamos a disfrutarlo en un plazo razonable de tiempo. Esperanza sería  un “estar abiertos a”, (y por consiguiente una actitud), en tanto que ser optimista sería un juicio de probabilidad….  Bien, pero quede claro que esta aproximación no es de Eagleton, sino nuestra…. Vamos a contrastarlo con lo que nos dice el autor del libro. Para empezar el prólogo se inicia de esta suerte:

“Alguien como yo, para quien la proverbial botella no sólo está medio vacía, sino que casi con seguridad contiene un líquido potencialmente letal y de sabor repugnante, quizá no sea el autor más apropiado para escribir sobre la esperanza. Están aquellos cuya filosofía es «come, bebe y alégrate, porque mañana moriremos» y aquellos, con los que siento más afinidad, cuya filosofía es «mañana moriremos»”.

Desde luego yo me apunto al primer tipo, al “Carpe Diem”... pero continuemos. En su afán de hacer cierta taxonomía de los optimistas nos propone….

Se puede ser un optimista pragmático, en el sentido de estar seguro de que este problema, y no otro, se va a resolver; pero también está aquel al que cabría describir como optimista impenitente o profesional, que se siente confiado sobre determinadas situaciones porque tiende a sentirse confiado en general.

Estos optimistas impenitentes llega a clasificarlos como enfermos. Muchas desgracias acumula la Humanidad por esta enfermedad del optimismo. Y si como nosotros proponíamos el optimismo es un tipo de juicio benigno acerca de nuestras futuras expectativas, el optimista impenitente sería alguien que ha perdido la capacidad de tener un juicio neutral u objetivo…

Un optimista no es sólo alguien que abriga grandes esperanzas. Incluso un pesimista puede sentir confianza sobre una cuestión determinada, con independencia de su melancolía habitual. Es posible tener esperanza sin el sentimiento de que las cosas en general van a salir bien. Un optimista es más bien alguien con una actitud risueña ante la vida simplemente porque es optimista. Prevé que las cosas van a resultar de forma favorable porque él es así.

E incluso redondea la idea:

Análogamente, tanto el optimismo como el pesimismo son formas de fatalismo. Uno no puede evitar ser optimista, lo mismo que no puede evitar medir un metro sesenta. Está encadenado a su jovialidad como el esclavo a su remo, una perspectiva nada halagüeña. (…) Por el contrario, la esperanza auténtica debe estar basada en razones.

En este punto se aleja de nuestra definición. Nosotros apostábamos porque la esperanza es una actitud, un “estar abierto” a algo o alguien. Pero en este párrafo Eagleton la tiñe de juicio racional….  ¿O bien en lugar de “esperanza hubiera debido decir “optimismo”? Este es el problema de no haber dado definiciones claras desde un comienzo….  Pero continuemos…. Ahora Eagleton indaga en las connotaciones políticas del optimismo:

Los optimistas son conservadores porque su fe en un futuro propicio está enraizada en su fe en la bondad esencial del presente. De hecho, el optimismo es un componente típico de las ideologías de las clases dominantes.

Tanto los marxistas como los cristianos son más sombríos sobre la condición presente de la humanidad que los liberales y los reformistas sociales, aunque tienen mucha más confianza sobre sus perspectivas futuras. En ambos casos, estas dos actitudes son las dos caras de la misma moneda. Se tiene fe en el futuro precisamente porque se intenta encarar el presente con sus aspectos más abominables.

Cada época es esclava de sus circunstancias, y no es excepción las fases económicas por las que la Humanidad ha transitado últimamente:

Si los ideólogos del capitalismo temprano tenían esperanza era, entre otras cosas, porque no creían que su sistema estuviera acabado. La producción era una crónica que aún debía consumarse. Por el contrario, el capitalismo tardío es considerablemente menos esperanzado, lo que no quiere decir que esté hundido en el desánimo. El yo consumista, a diferencia del productivista, habita en momentos serializados en vez de constituir algo que se asemeje a una narración. Es demasiado caprichoso y difuso para ser el sujeto de una evolución inteligible. Por tanto no cabe esperar un futuro radicalmente distinto y la esperanza a gran escala ha quedado obsoleta. Es improbable que vuelva a ocurrir algo de trascendencia histórico-mundial, puesto que el espacio en el que podría suceder ha quedado reducido a polvo. El futuro no será más que un presente extendido infinitamente.

El comentario nos parece interesante. Pero en toda época y circunstancias surgen formas extravagantes de optimismo y pesimismo:

Las formas extravagantes de optimismo pueden ser moralmente dudosas. Entre ellas está la teodicea, el intento de justificar el mal con el argumento de que puede dar lugar al bien, lo que eleva a estatus cósmico un optimismo frívolo. (…)  Al igual que el pesimismo, el optimismo extiende un barniz monocromo sobre todo el mundo, sin percibir matices ni distinciones. Como es un estado de ánimo general, todos los objetos se vuelven más o menos intercambiables, en una suerte de valor de cambio del espíritu. El optimista profesional responde a todo de la misma forma rigurosamente preprogramada, eliminando de esta forma el azar y la contingencia. En este mundo determinista, las cosas están destinadas a salir bien con una previsibilidad sobrenatural y sin que haya una buena razón para ello.

Observe el lector avispado que si en un momento creíamos que optimismo era un juicio de probabilidad, ahora se ha convertido en claramente una actitud ante el mundo, (¿no era esto la esperanza?).  Pero Eagleton prosigue examinando el historicismo, esta corriente filosófica que quiere ver en el curso de la Humanidad un sentido o dirección, (por ejemplo hacia el progreso).

La esperanza no siempre va unida a la doctrina del progreso. De hecho, el credo judeocristiano rompe el vínculo entre ellas. Cada cierto tiempo muy bien puede haber progreso en la historia, pero no debe confundirse con redención.

Es decir, el judeo-cristianismo no apuesta por la idea de progreso, sino por la idea de redención. Esto es lo que valora como auténtica dirección de la Historia. Frente a esta visión mesiánica –(un Mesías redentor que nos salvará, (caso de los judíos), o ya nos ha salvado (caso del cristianismo)- existe una visión “naturalista”, que en su momento impulsó Schopenhauer y que aquí aparece de la mano de Walter Benjamin:

De acuerdo con (Walter) Benjamin, sí existe una historia universal, pero no constituye una gran narración en el sentido habitual del término. Es más bien la persistente realidad del sufrimiento, que comparte la forma universal de un grand récit pero carece de su impulso teleológico. No hay significado en esa aflicción y, por tanto, la historia carece de sentido. Benjamin reformula la visión, en último término cómica, de Hegel y de Marx en términos trágicos, mesiánicos

Pero las sociedades modernas apuestan por un historicismo anclado en la idea de progreso:

Para la ideología del progreso, por el contrario, todos los momentos están devaluados por el hecho de que cada uno de ellos no es más que un peldaño que conduce a su sucesor; el presente, una mera palanca para acceder al futuro. Cada punto temporal es inferior en comparación con la infinidad de puntos que están por venir, como en la visión de Immanuel Kant del progreso perpetuo

Eagleton parece sincerarse cuando finalmente apunta la siguiente idea:

“Parecería que el drama de Shakespeare abona la doctrina católica de que la gracia perfecciona la naturaleza en vez de anularla. No hay salvación en la naturaleza humana por sí sola, pero en esa naturaleza anida su auto-trascendencia (...) Por eso Nietzsche está equivocado cuando exhorta a sus lectores: ‘Permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales’. Al contrario, es el apego al presente lo que motiva la esperanza en un futuro distinto, de forma que ser fieles a lo que tenemos es confiar en su transfiguración”.

En otras palabras: solo aceptando lo que somos y siendo fieles a nuestra manera de ser podemos mejorar. O al menos esta es la lectura que yo hago de estas líneas…

Pablo Oliveras
Murcia

COMENTARIO.- Si definimos esperanza como disposición positiva hacia algo o alguien, y optimismo como un cálculo de probabilidad de obtener dicho objeto, situación, etc., ¿cómo explicar que un ciudadano pueda ser optimista en relación a alcanzar la justicia social, pero desesperanzado en cuanto a poder disfrutar de dicha situación al menos en su período vital? Sería equivalente a decir que su cálculo de probabilidad a largo plazo es positivo, (= optimismo), pero su disposición neutra, (tampoco negativa, pero sí cree que no verá dicha situación política, y por consiguiente su actitud hacia este objeto decrece). Si esta interpretación es correcta la desesperanza no sería la mera ausencia de esperanza. Mas bien deberíamos entender la esperanza como una relación bidireccional con el objeto, en el sentido de que tenemos hacia él una disposición positiva, pero a su vez el objeto ejerce sobre nosotros una atracción, una llamada. En un estado de desesperanza nuestra disposición puede ser positiva, pero el objeto (por inalcanzable en nuestro período vital), no ejerce atracción. 

Francesc Borrell
Barcelona

Webs de interés.- 

Laboratorio de Cognición Humana Comparada

El Laboratorio de Cognición Humana Comparada se estableció en la UCSD en 1978. Como su nombre lo indica, los miembros de LCHC realizan investigaciones analizan las diferencias entre los seres humanos como punto de partida para comprender los procesos mentales subyacentes. A tal efecto adoptan un enfoque ecológico, observando mediante herramientas de mediación, personas, representaciones, instituciones y actividades. Las poblaciones que varían en edad, cultura, características biológicas, clase social, escolaridad, etnia, etc. se estudian en una amplia gama de actividades en diversas instituciones sociales (escuelas, hospitales, lugares de trabajo) y países.

En esta web el lector encontrará además de los proyectos de investigación que llevan a término, un apartado sobre Alexander Luria, uno de los fundadores de la neuropsicología, con un extenso repositorio con sus obras.

La Redacción.-

Artículo comentado.- 

La Iglesia, el parentesco intensivo y la variación psicológica global.
Jonathan F. Schulz, Duman Bahrami-Rad, Jonathan P. Beauchamp, Joseph Henrich
Science  08 Nov 2019:
Vol. 366, Issue 6466, eaau5141
DOI: 10.1126/science.aau5141

Nos hacemos eco en este número de Iatrós de este interesante estudio de Schulz que intenta explicar el por qué las sociedades occidentales industrializadas tienen un conjunto de valores diferente a la mayor parte de las otras culturas del mundo. En concreto por qué razón los occidentales somos confiados y colaboradores con gente a la que no conocemos. Un aspecto que, sea dicho de paso, constituye uno de los rasgos estudiados en Sapiens, la obra de Harari que le ha catapultado a la fama internacional y de la que nos ocupamos ampliamente en estas páginas de iatrós.


La hipótesis de Schulz es atrevida y en verdad singular. Para él y su equipo “la Iglesia occidental (es decir, la rama del cristianismo que se convirtió en la Iglesia católica romana) transformó las estructuras de parentesco europeas durante la Edad Media y que esta transformación fue un factor clave detrás de un cambio hacia una psicologia” como la comentada, (y que define como “impersonalmente prosocial”).


El punto de partida para esta hipótesis es la siguiente:

Con los orígenes de la agricultura, la evolución cultural favoreció cada vez más las normas intensivas de parentesco relacionadas con el matrimonio de primos, los clanes y la co-residencia que fomentaron la tensión social, la interdependencia y la cooperación en el grupo. En segundo lugar, la investigación psicológica revela que las motivaciones, las emociones y las percepciones de las personas están determinadas por las normas sociales que encuentran mientras crecen. Dentro de las instituciones intensivas basadas en el parentesco, los procesos psicológicos de las personas se adaptan a las demandas colectivas de sus densas redes sociales. Las normas intensivas de parentesco recompensan una mayor conformidad, obediencia y lealtad en el grupo al tiempo que desalientan el individualismo, la independencia y las motivaciones impersonales para la equidad y la cooperación. Tercero, la investigación histórica sugiere que la Iglesia occidental socavaba sistemáticamente las intensas instituciones basadas en el parentesco de Europa durante la Edad Media (por ejemplo, al prohibir el matrimonio de primos).

Para demostrar esta hipótesis estudiaron multitud de países y compararon en Europa el grado de influencia de la Iglesia en las pautas de comportamiento social (en especial en lo referente a matrimonio entre primos o entre familiares). Esta es la conlcusión:

“los países con mayor exposición histórica a la Iglesia occidental medieval o parentesco menos intensivo (por ejemplo, tasas más bajas de matrimonio de primos) son más individualistas e independientes, menos conformes y obedientes, y más inclinados a la confianza y la cooperación con extraños”.

La Redacción

Vídeo recomendado.-

FALACIAS QUE NOS ALEJAN DE LA REALIDAD

Alex Gendler explica de manera muy clara la falacia de la conjunción. Esta falacia  consiste en asumir que una situación específica es más probable que la situación general. Su formulación inicial se la debemos a kahnemann, autor al que nos hemos referido reiteradamente en estas pàgines de Iatrós. Este fue el ejemplo original:
Linda tiene 31 años de edad, soltera, inteligente y muy brillante. Se especializó en filosofía. Como estudiante, estaba profundamente preocupada por los problemas de discriminación y justicia social, participando también en manifestaciones anti-nucleares. ¿Que es más probable?
1.   Linda es una cajera de banco.
2.   Linda es una cajera de banco y es activista de movimientos feministas.

La gente suele optar por la opción 2.  Gendler explica pormenorizadamente el por qué de este error. Y por cierto, si deseamos tenir una visión mas general de las falacias podeis consultar:




https://ed.ted.com/lessons/can-you-outsmart-this-logical-fallacy-alex-gendler 

La Redacción.-




BOLETIN IATROS, NOVIEMBRE 2019.

CIRCULO DE CIBERLECTURA

INDICE.-
Noticias.-  V Congreso de Bioética.
Comentario de libros.-  Sir Conan  Doyle y la Medicina; Música, pintura y silencio.
Webs de interés.-  Blogosfera
Artículo comentado.- Teoría del aprendizaje colaborativo
Vídeo recomendado.- Lo que tu aliento podría revelar sobre tu salud.      
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Noticias.- 
V Congreso de Bioética. 26 y 27 de Noviembre Instituto de Salud Carlos III. Madrid.
Ver programa en :

Comentario de libros.-

Sir Conan Doyle y la Medicina.-

Sir Conan Doyle
Son muchos los médicos que han cultivado la literatura, alcanzando notoriedad suficiente como para decantarse por las letras más que por la práctica de la Medicina. Y de hecho muchos de ellos, desde Pío Baroja a Somerset Maugham, desde Stanislaw Lem a Oskar Panizza, de Schiller a Bulgakov, de Polidori a Slaughter, o de Richard Gordon a Samuel Shem, son mucho más conocidos por su dimensión literaria que por su ejercicio (generalmente efímero) de la Medicina, por mucho que el gran Chejov, otro médico literato, quisiera compaginar ambas dimensiones y aclarar su vinculación con cada una de ellas cuando aseguró que “la medicina es mi esposa legal; la literatura, solo mi amante”.
Uno de los más reputados médicos literatos es el escocés Arthur Conan Doyle (1859-1930), el creador de un personaje tan significado como Sherlock Holmes. Doyle es el protagonista del artículo que comentamos, publicado en la revista de Humanidades Médicas “Hektoen International” en junio de 2018, pero “destacado en el frontispicio” de su número de otoño de 2019. Se trata de un trabajo breve, pero profundo que no se detiene tanto en la obra como en el autor, cuyas alusiones a Holmes son relativamente escasas.
Para Doyle, nos sugiere Shulman (1), la Medicina fue una carrera un tanto impuesta, un medio de subsistencia más que una vocación, una carrera que no supuso un gran coste para unas finanzas familiares depauperadas porque la facultad estaba muy cerca del hogar de los Doyle y de esa manera no había que gastar en mantener al estudiante en otra ciudad. Autodefinido como un estudiante del montón, es significativo que Doyle retrasara su graduación embarcándose como médico primero de un ballenero y después de un carguero que navegaba por la costa de Australia. Si esto se debió a desafecto por la profesión o al temperamento inquieto de Doyle (gran deportista y combatiente voluntario en la guerra de los Boers cuando ya era un autor aclamado) es algo que no podrá discernirse nunca, pero da idea de que para Doyle la Medicina era una novia sobre la que albergaba muchas dudas.
En uno de los posibles momentos de pasión de ese noviazgo, Doyle publicó en el British Medical Journal en 1879 (todavía estudiante, de 20 años) su experiencia con el Gelsemium sempervivens (gelsemio o jazmín de Carolina, para los amigos) en el tratamiento de la neuralgia. Se trataba del relato de un estudio con N=1 sujetos de experimentación, en este, caso, el propio autor, que fue ensayando el producto a dosis crecientes hasta que un rico cortejo de secundarismos, en especial, diarrea, le persuadió de que había llegado el momento de poner fin a su estudio. Doyle tituló certeramente su trabajo “Gelsemio como veneno”, y no le faltan motivos, ya que la planta ejemplifica bien la dualidad del griego pharmakon al haber sido propuesta como remedio natural en diversos textos, lo que demuestra que solo una sabia dosificación, algo menos rudimentaria que la que hizo Doyle, podrá evitar que sus diversos alcaloides de potenciales efectos dispares y el compuesto cumarínico que atesoren no causen problemas a quien la toma,
Zamenhoff
Terminada la carrera, Doyle empezó una práctica renqueante, pero al de unos años consiguió el prestigio y la clientela como para llevar una vida desahogada. Fue en ese momento cuando seducido por su experiencia con algún caso de miopía decidió dedicarse a la Cirugía Oftalmológica. Su formación en el campo, parece, fue un tanto precaria. Sus estudios en Viena, apoyados en un alemán mejorable y confundidos por la dispersión de tener consigo a su esposa, tal vez no le facultaran para una carrera exitosa. De hecho, una vez se estableció nada menos que en Londres y en el entorno de Harley Street, su clientela fue más que escasa. Pero ese devaneo por la especialidad convirtió a Doyle en uno de los oftalmólogos ilustres en la cultura y la Historia, con el polaco Zamenhoff (cuya invención –el esperanto- le aupó a la categoría de altruista y benefactor de la Humanidad) o Bassar el Ásad (presidente de Siria que solo comparte con Zamenhoff la especialidad).
Así, a los 32 años, y parece que impulsado especialmente por la necesidad, Doyle empezó a escribir las aventuras de Sherlock Holmes y se convirtió en un autor exitoso y prolífico, hizo una gran fortuna y terminó asqueado de su personaje.
Mucho se ha hablado de que el razonamiento deductivo de Sherlock Holmes bebe del razonamiento clínico y de la influencia que pudo tener el proceso diagnóstico en Doyle y en la forma que hacía que su personaje descubriera enigmas prácticamente imposibles. Se ha mencionado incluso que su modelo fue un profesor que tuvo en la facultad (se dice que fue Bell) y que tenía esa misma capacidad de observación combinada con inspiración a la hora de elegir entre diversas opciones de la que Doyle dotó a Holmes. Shulman, sin embargo, nos alerta de que el método holmesiano no era deductivo, sino abductivo, esto es, aparentemente consistía en alcanzar la más razonable de las inferencias posibles. Y más aún, en ese inclinarse por la inferencia más razonable Holmes aplicaba un proceso que entrañaba alcanzar conclusiones aventuradas a partir de indicios. Si Doyle se inspiró en un clínico eficiente, tuvo que ser alguien con fortuna suficiente como para llegar al diagnóstico a partir de detalles banales, escogidos sin más base que la intuición y saludados por la suerte más que por la lógica deductiva.
A partir de cierto momento de la vida de Doyle, su interés por lo oculto, por lo parapsicológico, ocupó un lugar central en su vida. Espoleado tal vez por la pérdida de su esposa y la posterior de su hijo mayor en la I Guerra Mundial, Doyle no solo buscaba el conocimiento en estas prácticas, sino también el confort psicológico de tener la sensación de accesibilidad a seres queridos y añorados. Así Doyle no solo era el médico y el novelista; pasó también a ser el propagandista de creencias y personas no pocas veces caracterizadas por la disposición a la charlatanería y a la explotación de incrédulos. En “Arthur y George”, que se basa en el interés que nuestro hombre tuvo por la injusta condena a George Edalji, a partir de prejuicios y no de hechos, Julian Barnes, recrea con maestría la dualidad de un Doyle investigador en principio racional entusiasmado por los fenómenos paranormales.
Shulamn concluye que hay algún denominador común en la visión que Doyle terminó teniendo de la Medicina, práctica romántica cuya dimensión científica no le apasionaba (¿tal vez a causa de su estudio sobre el gelsemio?), un personaje cuya racionalidad dista de serlo y una creencia en fenómenos científicamente no demostrables cuya base real extrapolaba nuestro autor de una forma no menos caprichosa que las cadenas de razonamiento de Sherlock Holmes.

Referencias.-

1.- Shulman MD. Arthur Conan Doyle and the romance of medicine
Hektoen International

Juan Medrano
Bilbao


Música, pintura y silencio.-

El silencio, de Fernand Khnopff
En este Boletín Iatrós vamos a comentar dos libros que hablan del silencio, de la música y de la pintura. Las pinturas que aparecen corresponden al segundo libro que comentaremos, de Corbin.  El primero de ellos de un importante pianista que nos abre su sensibilidad y ciertos detalles técnicos:

Alfred Brendel. De la A a la Z de un pianista. Un libro para amantes del piano. Ed. Acantilado.  Barna 2013

La Absenta de Degas
Este libro lo va a disfrutar el lector que tenga conocimientos musicales y, sobre todo, aquel que toque el piano. Por consiguiente, es un libro poco recomendable para el gran público. Extraigo de Wikipedia la siguiente información relativa al autor del libro que comentamos: Alfred Brendel nació el 5 de enero de 1931 en Vízmberk en Checoslovaquia, actuales Loučná nad Desnou y República Checa respectivamente, en una familia no vinculada a la música. Cuando tenía 6 años se trasladó a Zagreb y más tarde a Graz, donde vivió durante la Segunda Guerra Mundial, hacia el final de la cual, cuando tenía 14 años de edad, fue enviado a Yugoslavia a cavar trincheras. Sin embargo, sufrió congelamiento y tuvo que ser llevado a un hospital. A lo largo de su infancia, recibió ocasionalmente lecciones de piano, pero de manera poco formal.
El caminante sobre el mar de nubes de Caspar David Friedrich
Después de la Guerra, Brendel compuso algunas obras musicales y continuó tocando el piano y dedicándose a la pintura. Sin embargo, nunca recibió lecciones de piano más formales siendo en gran medida autodidacta. En noviembre de 2007 Brendel anunció su retirada después de un concierto el 18 de diciembre de 2008 en Viena, en que interpretó el Concierto No. 9 de Mozart con la Vienna Philharmonic dirigida por Sir Charles Mackerras. Su concierto final en el Carnegie Hall fue el 20 de febrero de 2008, con obras de Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert. Desde su debut en el Carnegie Hall el 21 de enero de 1973 actuó allí en 81 ocasiones, y en 1983 fue el segundo pianista en interpretar el ciclo completo de las sonatas de Beethoven, lo que repitió en 1993 (Artur Schnabel fue el primero en 1936; después de Brendel, Maurizio Pollini tocó el ciclo en 1995/1996, y Daniel Barenboim lo hizo en 2003).
El hombre y la mujer de Pierre Bonnard
El libro de Brendel tiene innumerables comentarios llenos de sabiduría, erudición y buen gusto. A lo largo de sus páginas aparecen muchos compositores y obras de gran interés. Por ello  extraigo del libro las obras para piano o para piano y/o orquesta que comenta, todas ellas dignas de ser escuchadas por nuestros lectores. Ya en otra ocasión hemos resumido libros de arte, de manera particular nos referiremos al extraordinario libro de Charles Rosen, “El piano: notas y vivencias” (Iatros, Octubre 2015). 
El Angelus de Millet
      Pero si aquel era libro de lectura sencilla y muy interesante, el que hoy comentamos resulta interesante también, pero para un pianista profesional, y en suma poco ecomendable para un lector sin bases musicales sólidas.

He aquí las obras que a lo largo de este libro vienen comentadas, y que aplaudimos y sugerimos a nuestros lectores. 
Recreacióm del Angelus de Millet por Dalí
Atención: pasando el ratón por encima de los títulos comprobaréis que algunos están hipervinculados para facilitaros su audición.

Bach 
Fantasia (preludio) en la menor BWV 922
Concierto en Fa menor
Concierto de Brandeburgo 5
Beethoven
             Sonata 2 Op 31
Sonata Op 110
Concierto en Do mayor
Concierto en sol mayor
Berlioz
        Sinfonía Fantástica
Brahms 
      Trio para piano
      Sexteto de cuerda

Chaikovski 
          Simfonia en si menor
Haendel 
           Oratorios
Haydn
Sonata en do mayor

Variaciones sobre Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen.
Góndolas lúgubres
Valle de Obermann
Variaciones sobre un tema de Bach

Schumann
Symphonische Etüden
Papillons
Humoresca
Fantasía en do mayor
Sinfonía en do mayor nº 9

 Weber  Invitación a la danza (orquestado por Berlioz)

Mozart 
Concerto en mi bemol menor KV 271
Fantasía en Do Menor KV 475
Sonata en la mayor KV 331
Sonata en do menor KV 457
Fantasia en do menor KV 475
Rondó en la menor  KV 511
Adagio si menor  KV 540
Minueto  KV 355
Mussorgski  Cuadros de una exposición. (Orquestado por Ravel)


Alain Corbin . Historia del silencio. Acantilado. Barna 2019

Memento Mori Philippe de Champaigne
Corbin es historiador y entre sus publicaciones encontramos la “Historia del cuerpo”, “Historia del cristianismo” y “La douceur de l´ombre”. El libro que comentamos se nutre de espiritualidad cristiana, -(un componente que articula el relato)- pero no por ello olvida el Arte y sobre todo la Literatura. 

En algún sentido se trata de un libro mas literario que histórico. Imposible resumir un libro que, por todo lo dicho, se disfruta en los detalles, pero si podemos reproducir las pinturas que sugiere, (y que por cierto no están en la edición impresa). 
La cuna de Berthe Morisot
He aquí una selección (que por motivos de espacio repartimos por todo el Boletín):

Webs de interés.- 

Blogosfera Sanitaria Vasca


Los impulsores de este blog nos explican el origen del mismo: “A raíz del I Congreso de la Blogosfera Sanitaria en el que la representación de Euskadi ha sido mínima, ni tan siquiera testimonial, se me ha ocurrido hacer una recopilación de todos los blogs de casa que nos dedicamos a esto de la sanidad para que se vea que somos, muchos y valientes. No vaya a ser que por no haber ido a Madrid se piensen que aquí no hay vidilla bloguera. Seguro que son todos los que están pero seguro también que faltan blogs. Así que se agradecen aportaciones que iremos añadiendo en la lista.

Lo voy a dividir en tres grupos: Los que tienen a una persona detrás  Los Blogs de Autor


Y los que los gestionan un grupo de gente o corresponden a asociaciones o entidades   Los Blogs Colectivos y los blogs de vascos que se encuentran por el mundo mundial y que reivindican sus orígenes  Los Blogs de la diáspora sanitaria vasca Y por último la actividad en las redes sociales de nuestra querida Osakidetza”.

La Redacción

Artículo comentado.- 


Néstor Daniel Roselli
TEORÍA DEL APRENDIZAJE COLABORATIVO Y TEORÍA DE LA REPRESENTACIÓN SOCIAL: CONVERGENCIAS Y POSIBLES ARTICULACIONES


Tenemos representaciones sociales (RS) sobre lo que es un Gobierno, una cerveza, un eclipse, etc…  Estas RS nos llevan al “sentido común” y a los conceptos compartidos en un medio social. Por otro lado el Aprendizaje Colaborativo (AC) nos lleva a la construcción de conceptos basados en evidencias científicas, y que puede coincidir hasta cierto punto con la RS, pero también diverger.

El autor del artículo proporciona un ejemplo que resulta esclarecedor:

“Un ejemplo extraído de nuestras investigaciones puede servir de ilustración empírica. En uno de dichos estudios, grupos colaborativos de cinco alumnos (13 años) debían aprender en equipo, bajo la tutela del profesor y unidos de una guía de aprendizaje y material didáctico pertinente, la explicación física de varias cuestiones de la vida cotidiana, las cuales, en opinión de los propios alumnos, no les habían sido enseñadas en el sistema educativo formal. Una de ellas era, por ejemplo:“¿Por qué un avión vuela? ¿Por qué no se cae?”. Respuestas de sentido común obtenidas interactivamente antes de la clase: “Por el impulso”. “Es gracias a la velocidad que se sostiene; cuando pierde velocidad se cae”. “Por el diseño”. “Por cómo está construido”. “Por las alas”. “Porque se apoya en el aire”. “Porque es más liviano que el aire”. Respuesta científica enseñada a través de la interacción colaborativa: “El diseño, tanto del fuselaje como de las alas, hace que la velocidad de circulación del aire sea más rápida arriba que abajo del avión, lo que genera diferencia de presión entre el aire de abajo (mayor presión) y el aire de arriba (menor presión). Es esta diferencia de presión, dependiente de la velocidad de desplazamiento del móvil, lo que permite que se mantenga en el aire”. Una semana después de la sesión de trabajo se evaluó la calidad y cualidad de las explicaciones individuales ofrecidas por los alumnos luego de una sesión grupal de intercambio libre (sin guías ni material didáctico) sobre las cuestiones. Se confrontaron dos situaciones: parte de los alumnos realizaron esta sesión con compañeros que también habían realizado la formación previa, pero en otros grupos; otra parte de alumnos fueron asignados a grupos con compañeros que no habían asistido a ninguna actividad enseñante anterior. Se encontró que las explicaciones de los alumnos, tanto en situación colectiva como en la evaluación individual posterior, que interactuaban con pares “instruidos” se acercaban considerablemente a las respuestas científicas apropiadas. O sea que el aprendizaje científico se mantuvo. En cambio, los alumnos que realizaron la segunda sesión con compañeros “no instruidos”, daban explicaciones claramente más alejadas del conocimiento científico, y esto tanto en la performance grupal como en el post-test individual posterior. O sea que retrocedieron en la plano epistémico.
Estos resultados pueden interpretarse a la luz de la escisión entre los sistemas de representación científicos que promueve la escuela y los sistemas representacionales de sentido común que provee la experiencia cotidiana. Los alumnos mantienen la respuesta científica en contextos de sostén intersubjetivo acorde, pero vuelven a la primacía de las representaciones de sentido común en contextos donde la experiencia social sostiene otras formas de representación”.

Es decir, podemos alcanzar un conocimiento científico pero la interacción con personas que tienen una RS fuerte influye hasta el punto de que el sujeto regresa a formas de ver la realidad “de sentido común”, abandonando una visión mas científica.

Este efecto lo pude verificar en Atención Primaria. En efecto cuando empecé en los años 70 mi práctica profesional en ambulatorios de barrios periféricos y deprimidos de Barcelona pude comprobar que los médicos generales hablaban de antibióticos “fuertes” y “débiles” a semejanza de sus pacientes. Y no era sencillamente una manera de hablar, o una estrategia para hacerse entender, sino que había cierta participación epistémica.

Volvemos al artículo. El autor anota una distinción que también me resulta interesante:

“El elemento más típico de la RSs es el campo de representación, en el que se ordenan y jerarquizan los contenidos de la rs. En el campo de representación cabe distinguir el núcleo central (Abric, 1993), que constituye la parte más sólida y estable de la representación, de los contenidos periféricos. El núcleo tiene una triple función: generación de sentido, organización del campo representacional, y estabilización. Resulta de un proceso de selección y objetivación, a través del cual los conceptos se transforman (y simplifican) en imágenes y contenidos figurativos. Así, el concepto pierde su carácter abstracto y se concretiza, adquiriendo existencia fáctica. Además del mecanismo de objetivación, existe el de anclaje. Consiste en integrar los elementos del núcleo central objetivado al sistema de pensamiento familiar y cotidiano de los sujetos (categorías representacionales previas). Este anclaje supone la inserción de la RS en los grupos y sujetos específicos”.

Cuando asimilamos un concepto científico pero no lo sabemos objetivizar en la realidad concreta, o cuando no lo sabemos anclar en nuestras conversaciones sociales, se produce un deslizamiento hacia las RS preponderantes. Se me ocurre que algo así pudo ocurrir en el Brexit: expertos economistas explicaron lo que podía suceder, pero estos escenarios catastróficos estaban lejos de poderse objetivar en la realidad mas cercana, y tampoco el ambiente permitía “anclarlos” en las conversaciones cotidianas.

El siguiente párrafo lo hubiera podido escribir Rorty o Habermas:

“Para el construccionismo social la realidad es una “construcción social”, como proclaman Berger y Luckmann (1968) o, como dice Gergen: “No son los procesos internos de los individuos los que generan lo que se acepta como conocimiento, sino un proceso social de comunicación. Es en el seno de un proceso de intercambios sociales donde se engendra la racionalidad. La verdad es el producto de la colectividad de los hacedores de verdades” (1982, p. 207).”

Este proceso de construcción de conocimiento tiene unos rasgos distintivos que enumera, por ejemplo: a) Los sujetos son activos frente al objeto de conocimiento. Lo construyen en el sentido piagetiano, pero a la vez son construidos –como sujetos– por él. El saber y los esquemas cognitivos previos son determinantes claves del aprendizaje. b) Este proceso de heteroconstrucción (del objeto) y de autoconstrucción (de sí mismo) se realiza a través de la interacción y la actividad con los otros. Etc.

Pero me ha llamado la atención estas características:

“g) El conocimiento que se elabora en situaciones educativas está lejos de ser “claro y distinto”. No todos los elementos cognitivos tienen la misma centralidad ni el mismo nivel de claridad semántica. En todo aprendizaje hay elementos periféricos, ambiguos, marginados. No todo es concepto; hay aspectos impresionistas, figurativos y metafóricos. (…)
i) Los aspectos motivacionales, afectivos y actitudinales referidos al objeto de conocimiento interactúan con los aspectos específicamente cognitivos.
j) La elaboración social del conocimiento no es un hecho abstracto, llevado a cabo por mentes puras. Los alumnos son actores sociales. Desempeñan roles propios de la estructura de grupo. En el microsistema que se crea, hay procesos de categorización social y anclaje del conocimiento en los roles y posiciones sociales de los sujetos-actores. Por lo demás, como en todo sistema social, los procesos de influencia social ejercen su determinación.”

En efecto, incluso aspectos de autoridad y confianza en la fuente tienen que tomarse en cuenta.  Finalmente destacaría la siguiente figura en la que apreciamos semejanzas y diferencias entre el AC y la RS:

Francesc Borrell
Sant Pere de Ribes.


Vídeo recomendado.-

Lo que tu aliento podría revelar sobre tu salud.
Julian Burschka

Hoy en dia ya se usa el aliento para detectar niveles de alcohol en la sangre, o la presencia de Helicobacter Pilory en nuestro estómago. Pero hay miles de elementos orgánicos volátiles en cada una de las exhalaciones que realizamos, y por consiguiente un enorme potencial para establecer estrategias de diagnóstico precoz.

Ahora bien, como cualquier test una prueba de este tipo tiene que probarse clínicamente, y aplicarse a poblaciones con prevalencias altas, para evitar falsos diagnósticos.


La Redacción.-