BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS Comité Editorial: Francesc Borrell. Juan Carlos Hernández Clemente. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.

BOLETIN IATROS ABRIL 2012


INDICE.-
Noticias.-  XXIII Congreso Entrevista CLínica.- XVth International Conference on Philosophy and Psychiatry Culture and Mental Health
Manuel Cruz
Comentario de libros.-  Moscoso, Javier.- Historia cultural del dolor. Editorial: Taurus, Madrid 2011 383 pag..- Broggi, M.A. Per una mort apropiada. Edicions 62. Barcelona 2011
Webs de interés.-  Un recorrido por la violencia de género.
Artículo comentado.- Pose, Carlos.- Humanidades médicas: Marañón, Morente, Gracia.  Edición especial para este blog.      
Vídeo comentado.- Manuel Cruz, REFLEXIÓN, PENSAMIENTO Y ACTUALIDAD.
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Noticias.-  

XXIII Congreso de Entrevista CLinica y Comunicación Asistencial. Granada 2-5 Mayo 2012.  
Toda la información en: http://entrevistaclinica2012.atlantacongress.org/bienvenida

XVth International Conference on Philosophy and Psychiatry
Culture and Mental Health
July 5-7, 2012 University of Otago Dunedin, New Zealand
The conference aims to go to the heart of debates about the nature of mental disorder, as it occurs in a multicultural setting. Second Call for Papers by April 2, 2012
Conference Web Site www.otago.ac.nz/ppp 

Comentario de libros.-

Moscoso, Javier.- Historia cultural del dolor. Editorial: Taurus, Madrid 2011 383 pag., Indice onomático y láminas de cuadros. 22 euros.

El profesor e investigador del CSIC Javier Moscoso nos propone  una historia del dolor que versa (según sus propias palabras) “sobre los métodos retóricos y persuasivos que han sido utilizados y todavía se usan, para generar convicción pública sobre la realidad subjetiva del daño”, y  continúa diciendo: “aunque el dolor y el sufrimiento entroncan con las emociones humanas, su historia no se ubica ni en la historia de las pasiones ni en la historia de las ciencias”. La historia del dolor remite, para el autor, “a la historia de la experiencia, es decir, a la historia de lo que es al mismo tiempo propio y ajeno, de uno y de otros, individual y colectivo”. Moscoso trata de desentrañar aquellos elementos que han permitido la articulación social de esta experiencia y de examinar sus formas históricas de modo colectivo.
Con este propósito nos remite  a esquemas persuasivos similares a lo que en el sentido aristotélico se denominaban tópicos, es decir, aquellos lugares comunes que son fuentes generales de argumentación. Estos esquemas persuasivos o tópicos son: la representación, la imitación, la simpatía, la adecuación, la confianza, la narratividad, la coherencia y la reiteración. Estos tópicos, en los que se divide la obra por capítulos, permiten un análisis  intersubjetivo que otorga un significado al dolor en cuanto sufrimiento colectivo.
Comienza el libro en la época tardomedieval y el nacimiento del Mundo Moderno analizando el dolor tal y como se mostraba en aquel momento y ha llegado hasta nosotros: obras pictóricas, representaciones teatrales, literatura… y observa que el dolor era dado a conocer de forma reiterativa y bajo la modalidad del máximo dolor posible. Esta representación buscaba que la emoción suscitada se transformara en historia, en relato, que además venía definida por los diferentes contextos a los que trataba de representar: el teológico, el bélico, el ámbito punitivo, la representación anatómica y la práctica de la medicina. Pero además el autor nos dice que el dolor no sólo se representa sino que se aprende, se imita y las sensaciones propias de dolor estarán enmarcadas en las representaciones  públicas, única vía de que el dolor individual encuentre significación en la colectividad. “El dolor no es transparente”, tal es así que en el drama del dolor, el espectador tiene un papel y no pequeño. Esta importancia del espectador emerge completamente, en lo referido al dolor y al sufrimiento ajeno, en el siglo XVIII. Los  filósofos Edmund Burke, David Hume y Adam Smith serán quienes, fundamentalmente, se fijen en los sentimientos y emociones que despiertan el sufrimiento ajeno. La simpatía hacia el sufrimiento ajeno configura nuestra experiencia del dolor. Los sentimientos de  compasión, indignación  o de impotencia  que acompañan al sufrimiento  de otros provienen siempre de emociones presentidas. Moscoso analiza cómo a partir de esta época la simpatía mutua sentará las bases de la moderna filantropía y de la beneficencia pero también de la experiencia estética y de la teoría política. Aparecerá una nueva sensibilidad pública diametralmente opuesta a la que se basaba en la representación o imitación del dolor, ahora los signos del dolor se encuentran regulados por una nueva política que evita las  manifestaciones externas  encaminadas a la exaltación del dolor. La gran aportación de Adam Smith, reseñada en la obra, reside en que la aplicación de la simpatía (y de los sentimientos morales) no limita su ámbito al contacto cara a cara entre individuos sino que la conexión emocional sigue allí donde el observador y la víctima ni se ven ni se conocen.
T.Rowaldson. Amputation.
El siglo XIX será crucial en la historia del dolor,  1846 será un año de especial relevancia en lo que se refiere al dolor en la práctica médica. La anestesia había aparecido y  se había puesto  en práctica. La anestesia superaba al mesmerismo y a la hipnosis, pero no obstante, no faltaron los debates entre los que estaban a favor y quienes se posicionaban en contra, tanto por un  problema técnico como por un problema ideológico e incluso ético. De hecho la confianza pasa a ser la palabra clave en la relación entre los profesionales y los pacientes. “A la primera mujer que dio a luz bajo los efectos del cloroformo hubo que convencerla de que el niño que tenía delante era realmente el suyo”. Refiere el autor que “la vida entera incluyendo la integridad física y la probidad moral, quedaban a merced del cirujano, que podía traicionar la confianza del paciente ya fuera por error o por incontinencia”.
Javier Moscoso
En lo referente a la ciencia, este siglo también se caracterizará por la búsqueda de la objetividad del dolor, tratará de buscar escalas que puedan medir el dolor. ¿Qué correlación hay entre la experiencia y la lesión que la provoca?  Se busca el hecho objetivo, en palabras del propio autor: “antes de convertirse en un hecho el dolor debió convertirse en un signo, en  una señal natural que ligada a otros elementos visuales permitiera la eliminación de los elementos subjetivos de la práctica médica. Ya no se trata de representar, imitar, simpatizar con el dolor ajeno, ni tan siquiera de buscar una proporción o adecuación sino de cuantificar en forma numérica el dolor”.  El final de XIX y el inicio del XX se verá muy influido por las nuevas corrientes psicológicas y muy concretamente por la obra de Sigmund Freud. Se asociará dolor con placer  pero no sólo como una característica propia de la libido sino como “un deseo oscuro e incontrolado de sufrir, el cual constituía una característica social de tipo universal y no sólo un fenómeno ligado a la libido”. El dolor y el castigo físico también estaban presentes en el ámbito de la educación, pero tal y como hemos visto el dolor se podía asociar al placer hasta tal punto que es muy interesante el texto que el autor nos aporta de Krafft-Ebing desaconsejando el castigo físico: “que la primera excitación del instinto sexual ocurre como resultado de una azotaina. De modo que, ante los peligros que esta fórmula de castigo conlleva, sería preferible si los padres, los profesores y las enfermeras la evitaran por entero”.
Será ya en el siglo XX cuando se comprenda que no sólo el dolor es difícil de medir (objetivo positivista del XIX) sino que dicho dolor  tiene una historia y que el estudio del dolor se basa en el análisis de la historia que lo sustenta. Los hechos no pueden prescindir de la narración de los mismos y será está narración la que de un modo más certero de la explicación del dolor. Esta narratividad tendrá aún más vigencia cuando, a la vez que crecía el conocimiento médico-experimental, eran muchas (y las siguen siendo) las situaciones en que  los síntomas no se corresponden con lesión alguna, incluso aparecen los denominados dolores “psicógenos”. La narración del dolor adquiere credibilidad por la coherencia del relato que nos ofrece  quien lo sufre. La narratividad y su coherencia interna adquieren valor diagnóstico en sí mismas. Según el autor “la subjetividad de quien siente, juzga y padece se convierte en el hecho objetivo del conocimiento”  y aunque la clínica cuando tiene discordancia entre lo que cuenta el enfermo y los signos que muestra su cuerpo toma partido por lo segundo, empieza a dejar sitio para la coherencia de la narratividad, coherencia funcional, según el autor. Lo cual a su vez nos retrotrae a lo dicho sobre la confianza necesaria en la relación médico-paciente.
Para el autor, la aparición del dolor como un objeto de la práctica médica, de la industria farmacéutica y del mercado cultural es un fenómeno propio del siglo XX. Aporta los siguientes datos: “en 1967 se fundó la Sociedad del Dolor Intratable. La revista Pain, dependiente de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor comenzó a publicarse en 1974. En 1986 la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor propició la primera gran clasificación de los llamados síndromes de dolor crónico”. Dice Moscoso: “La aparición de la medicina del dolor invertía el proceso histórico que se había desentendido del testimonio del paciente, que no había mostrado interés en los dolores crónicos internos y que, más importante, también había ignorado el dolor severo e incurable de grupos enteros de la población. La materialización institucional del dolor crónico, su comprensión al mismo tiempo médica, clínica y cultural, dependió  de la inversión del proceso de ocultamiento que limitaba el testimonio del paciente, que no atendía al dolor terminal y que mostraba aún menos interés por resolver o paliar el sufrimiento de los grupos marginales y clases desfavorecidas, incluida en esta categoría la clase no menor del enfermo desahuciado”.
El dolor, como otros síntomas, es presentado por el paciente en un contexto clínico y en un marco cultural y serán éstos y no el propio dolor quienes otorguen significación al síntoma. La narratividad  junto con su coherencia interna se convertirán en creíbles a fuerza de reiteración de los síntomas y más allá del marco teórico (siempre insuficiente) y de la adecuación al mismo,  será la narratividad la que como experiencia intersubjetiva encuentre la correspondencia necesaria para que la veracidad subjetiva pueda elevarse a la categoría de verdad objetiva.
 Un excelente libro, de los que gusta recomendar.

Juan Carlos Hernández-Clemente.
Madrid

Broggi, M.A. Per una mort apropiada. Edicions 62. Barcelona 2011

Marc Antoni Broggi
Marc Antoni Broggi ha escrito un libro útil, Por una muerte apropiada lo es sin duda ninguna. En breve se publicará la versión castellana. No es frecuente que se escriban libros que sean de utilidad. Si en una librería examinamos las estanterías dedicados a los de reflexión y ensayo no es raro observar que muchos son bastante inútiles, se trata de libros que apenas aportan nada sustancial. Entiendo que la utilidad de un libro puede medirse por su calidad literaria o por la información y reflexión contenidas en él. En ambos casos tales obras nos hacen o contribuyen a hacer una vida mejor.
El libro de Broggi es muy útil para nuestra época. En la actualidad el ejercicio de la mejor medicina suele conseguir beneficios para los enfermos, con frecuencia manifiestos, y de la lectura del de Marc Antoni, el médico y también el equipo de enfermería, son amablemente instruidos para que la atención debida a los pacientes sea de una gran calidad y humanidad.
A mi juicio, la utilidad de Por una muerte apropiada se basa en que Broggi fundamenta su argumentación en dos pilares muy poderosos que hoy en día, afortunadamente para los pacientes, casi todo el mundo considera cardinales: uno, el respeto sagrado a la autonomía del enfermo y, dos, una categórica posición frente y contra el dolor.
Se trata de un libro escrito por un médico culto y sensible. Nos regala muchas citas de literatos y filósofos que nos hacen más agradable la lectura, agradable y precisa al apoyarse en la experiencia y lucidez de aquellos que han acertado en el conocimiento de la vida de los humanos. Decía también que nos encontramos ante el libro de un médico sensible y compasivo ante el dolor de sus semejantes, que nos incita continuamente a respetar a los demás y a condolerse con sus padecimientos. Todas sus páginas exhalan humanismo y humanitarismo.
Aunque el trabajo que comentamos se centra especialmente en el ejercicio de la medicina en los momentos finales de la vida no es extraño que sus reflexiones puedan extenderse y aplicarse también a cualquier situación médica.
Por una muerte apropiada, podríamos decir que se abre con dos opiniones muy claras: «morir es inevitable, pero morir mal no lo es» [p.14] y «Con frecuencia se hace demasiado para posponer la muerte y demasiado poco, y demasiado tarde, para aliviar el sufrimiento» [p.17].
Como era de esperar Broggi trata de la dificultad que casi todo el mundo tiene para morir bien, con conformación y tranquilidad, pero no es pesimista sobre este particular. En unas pocas páginas da algunas claves que pueden permitir prepararse para morir bien. La sensibilidad del médico, la del equipo de enfermería y también la de la familia pueden ser de gran importancia para ayudar al paciente a morir: la compañía, la hospitalidad, la compasión, el coraje, la lealtad, el saber estar, la gestión de la esperanza, el saber escuchar son cualidades que nos son enunciadas y explicadas con sencillez y profundidad.
El respeto a la autonomía de los pacientes es una de las divisas de Por una muerte apropiada. Para Broggi el antiguo paternalismo médico debe desecharse completamente y debemos andar vigilantes para evitar que renazca. «Los ciudadanos ya no son considerados menores de edad por el sólo hecho de estar enfermos [...]. Se podría decir con ello que los principios de la Ilustración han llegado finalmente al mundo de la sanidad» [p.137]. Las ideas, creencias o doctrinas del otro aunque sean del todo respetables, aunque sean absolutamente mayoritarias nunca más podrán imponerse a nadie en nombre del bien. Los humanos hemos dejado de ser menores, somos adultos, las doctrinas o las ideologías no pueden sojuzgarnos, el mando de lo que se nos puede hacer lo tenemos nosotros, el médico ya no nos puede obligar sólo nos puede informar.
El capítulo 8 entiendo que es fundamental. Se titula Dos actuaciones básicas: evitar el dolor y las medidas inútiles. En este capítulo se expresan opiniones que a mi juicio ponen de manifiesto lo que sería el ejercicio de la mejor medicina en la cercanía de la muerte. Marc Antoni Broggi propone con suma claridad que el dolor es el peor de los males. Sigue al poeta John Milton cuando escribió que el «dolor es el infortunio absoluto, el peor de los males, y, cuando es excesivo, anula toda paciencia» [p.224]. En la página siguiente propone: «Creo que hay unanimidad en la hora de afirmar que no tiene ningún sentido haber de soportar el dolor». En la página 226 nos encontramos con la siguiente opinión, clara y valiente: «Afortunadamente, esta ideología que presentaba el dolor como rentable y salvífico tiene menos fuerza en nuestro entorno y ha quedado, excepto para una minoría exigua, como una impostura o, en el mejor de los casos, como un anacronismo».
Estoy convencido que encontrarnos con médicos para los que el dolor «es el enemigo principal» [p.227] que «esclaviza» [p.228] es lo mejor que nos puede ocurrir si enfermamos o vamos a morir.
Sobre la llamada limitación del esfuerzo terapéutico (LET) la opinión de Broggi es nítida, compartida por muchos, pero que no siempre se la atiende como se merece para el bien del enfermo: «No habría de ser normal que la gente muera con catéteres, sueros, y sondas, o bien siguiendo hasta el último día un tratamiento quimioterápico, antibiótico o de diálisis; es absurdo. Seguramente eran medidas correctas el día que se instauraron, pero algunas han dejado de serlo. Hemos de aprender a pararlas, sencillamente, cuando el enfermo lo necesite» [p.249]. Lo relevante de lo dicho por el Dr. Broggi es que hemos de aprender, reitero, debemos aprender a parar y a retirar medidas instauradas cuando la situación del paciente no tiene remedio. ¿Qué sentido tiene proseguir? ¿No puede llegar a ser una crueldad insistir con tratamientos o medidas que según la opinión de todos ya no son efectivas para salvar la vida del enfermo? El médico y el familiar deben saber parar, deben saber retirar o consentir en la retirada de aquello que ha dejado de tener sentido.
En el libro de Broggi el lector encontrará además reflexiones largo tiempo meditadas por el autor sobre los derechos del paciente, sobre la información apropiada, sobre el documento de voluntades anticipadas (DVA), sobre la sedación en la agonía y la eutanasia. Acerca de este último particular se insiste con argumentos muy potentes que la sedación en la agonía nada tiene que ver con la eutanasia.
Cabe decir por último que bastantes de las reflexiones y propuestas contenidas en este libro se apoyan en documentos elaborados por el Comitè de Bioètica de Catalunya durante sus veinte años de existencia y del que en estos momentos Marc Antoni Broggi es el presidente.
Los estudiantes de medicina, los médicos residentes e, incluso, los médicos experimentados si leen con atención este libro no podrán evitar ser mejores médicos. Y los familiares pueden encontrar en él la comprensión necesaria para ayudar a tomar decisiones prudentes al enfermo en su provecho, y a veces, cuando es necesario, en su lugar.

Rogeli Armengol
Barcelona.

Webs de interés.- 

VIOLENCIA DE GENERO

Ofrecemos a nuestros lectores una selección internacional de portales dedicados a la violencia de género. En todos ellos se ofrece ayuda directa a las mujeres afectadas, así como recursos comunitarios. Resulta interesante constatar como los problemas que se relatan tienen una notable coincidencia independientemente del país que estemos considerando.

ESPAÑA

La Fundación Ana Bella somos una organización sin ánimo de lucro formada por mujeres que hemos superado la violencia de género en positivo y nos dedicamos a VISIBILIZAR y prestar apoyo integral de forma eficaz a mujeres en riesgo de exclusión: víctimas de violencia de género, inmigrantes y madres en situación de pobreza.
La misión de la Fundación Ana Bella es construir una sociedad en igualdad libre de violencia hacia las mujeres.
Con nuestros Testimonios Positivos estamos creamos redes naturales de mujeres que ayudamos a otras mujeres provocando un efecto multiplicador.

REINO UNIDO

The first Women's Aid federation was set up in 1974, providing practical and emotional support as part of a range of services to women and children experiencing violence.  1978: New research in Scotland revealed that I in 4 reported violent crimes was ‘wife assault’. We carry out a groundbreaking study of 1000 women living in refuges – Leaving Violent Men. 1977: The Housing Act 1977 (Homeless Persons) - through our concerted lobbying, women and children at risk of violence are acknowledged as homeless and gain the right to state help with temporary accommodation.  1976: We help introduce the first Domestic Violence Bill (The Domestic Violence and Matrimonial Proceedings Act), which gives new rights through civil protection orders (injunctions) for those at risk of violence.
We celebrated our 30th birthday in 2004.

CANADA

Statistics Canada's 1998 report Family Violence in Canada: A Statistical Profile, which analysed data provided by 154 reporting police agencies, shows that:
  • women continue to outnumber men nine to one as victims of assault by a spouse or partner;
  • in 1996 half of all family homicides involved spouses;
  • between 1977 and 1996, three times as many women were killed by their spouses as were men killed by their spouses;
  • girls are at greatest risk of sexual assault by a family member while between 12 and 15 years of age;
  • in 1996 nine of ten crimes committed against older adults by family members were physical assaults.

AUSTRALIA  (Western Gov.)

Incluye la violencia de género homosexual, tantas veces olvidada:

Finalmente ponemos al alcance de nuestros lectores el estudio DETECTA:


Se trata de un completo estudio sobre adolescentes en los que se detecta una dominancia del sexismo benévolo frente al hostil, aunque este último también está presente entre los chicos.

La Redacción.-

Artículo comentado.- 

Pose, Carlos.- Humanidades médicas: Marañón, Morente, Gracia.  (Publicado en: Benjamín Herreros, Pedro Gargantilla y Fernando Bandrés (Coords), Gregorio Marañón: cumbre y síntesis para el siglo XXI, Colección docencia universitaria, Madrid 2008, pp. 121-142).  Edición especial para este blog por deferencia del autor.

Carlos Pose
Pose, Carlos (nac. 1971), filósofo y bioeticista, es profesor de Ética en la Universidad Pontificia de Salamanca. Es autor de dos libros, Lo bueno y lo mejor. Introducción a la bioética médica (2008), y Bioética de la Responsabilidad. De D. Gracia a X. Zubiri (2011), y de numerosos artículos sobre temas de filosofía y bioética. El profesor Pose ofrece en exclusiva para los lectores de nuestro Circulo de lectura una profunda reflexión sobre qué puede ser el término “Humanidades Médicas”. Para ello traza una evolución del término desde Marañón a Diego Gracia, pasando por Morente.

La línea argumental bàsica es la siguiente: para Marañón “el cultivo de las humanidades y de las artes ha de tener  [para el médico] el sentido de una diversión o pasatiempo, útil para quienes ejercen una profesión tan exigente y dura como la medicina”. El enfoque de Morente es mas filosófico: hay unas acciones “técnicas” y otras acciones “que no se definen por su utilidad y su finalidad, acciones que no son medios para un fin, sino que constituyen un fin en sí mismas; acciones que el hombre realiza no porque conduzcan a un término apetecido, sino que son ellas el término apetecido; acciones que no llevan hacia una meta, sino que ellas son la meta misma. Diría entonces que hay acciones que son preferidas como medios y otras que son preferidas como fin absoluto. A ese conjunto de acciones lo llamo ‘ética’” Pose aprecia en esta visión de las Humanidades una superación de la dicotomía entre “hechos y valores”, una dicotomía que viene del Trivium y Quatrivium y desemboca en el “bachillerato de ciencias y de letras”, si se me permite la licencia. “Por el contrario, (nos dice Pose),  Morente quiere salvar las humanidades trazando una distinción radical entre técnica y ética.”

Una parte muy sustantiva del trabajo de Pose se centra en el pensamiento de D. Gracia, para quien las Humanidades deben cumplir un papel fundamental en la enseñanza de los futuros médicos: enseñarles a razonar.  Y no solo razonar, también reflexionar sobre el ser humano y sobre la estética. La tarea para las Humanidades Médicas aparece entonces en su auténtica dimensión.  Reducir las Humanidades Médicas a la Bioética sería un craso error, como ya lo fue reducirla a la “Historia de la Medicina”. Citando a Diego Gracia, Carlos Pose defiende que: “El cultivo de las Humanidades médicas es difícil, más difícil que el de cualquier otra rama de la medicina […] porque exige, cuando menos, dos formaciones, la de Medicina y otra más o menos colindante con la Filosofía (Estética, Arte, Ética, etc.). Las Humanidades médicas son típicos saberes interdisciplinares. Y de todos es conocida la dificultad de éstos. Ser un buen profesional de las Humanidades médicas exige no sólo la doble formación citada, sino además la excelencia en ambos dominios. Mi experiencia es que cualquier cosa menor que ésa está por principio condenada al fracaso”.
Accede al artículo en la columna de la derecha del blog o clicando aqui.
F. Borrell
Barcelona.


Vídeo comentado.-  

Manuel Cruz. Reflexión, pensamiento y actualidad


Video de Manuel Cruz, (23 minutos de duración), catedrático de filosofia, Barcelona. En esta entrevista profundiza sobre la misión del filósofo, “fijarse en aquellas cosas que pasan por delante del resto de los mortales y les parece normal. Ortega distinguía entre ideas y creencias, (en las que “estamos”). Para Cruz hay que llevar las creencias al plano de las ideas para discutirlas. El filósofo es profesional de la sospecha. En ocasiones “nos reconocemos incapaces de discutir mas allá de esto”. El filósofo acepta el reto de discutir en este más allá, ampliar el ámbito de las cosas sobre las que somos capaces de pensar y hablar. Pone como ejemplos la idea de Dios o del Hombre.  En relación al futuro de las Humanidades  cita un empresario que prefiere un licenciado en Humanidades que en Económicas, debido a su mayor creatividad, pero ¿es eso lo que deseamos para las Humanidades? Debería servir para entender mejor el mundo, incluso para impugnar el orden de este mundo, mas en un momento de “barbarización” de las élites del poder. La entrevista discurre en la segunda parte en relación a la concepción del mundo, la incapacidad de repensarlo, la contradicción de que “todo cambia” pero no somos capaces de imaginar otro orden social. El dolor y la injusticia es tan desmesurada que no sabemos hacer con ella. Los medios generan una mala conciencia pero los poderes políticos tampoco dan una salida a esta conciencia global que existe. Nuevamente el filósofo como disconforme, como profesional de la sospecha, debe cuestionar el orden actual.

F. Borrell, Barcelona.

BOLETIN IATROS MARZO 2012

INDICE.-
Noticias.-  Congreso paciente crónico, Dialogues in Philosophy, Mental and NeuroSciences (journal), “Problemas diagnósticos en Psiquiatría”.
Comentario de libros.-  Victoria Camps (2011): El gobierno de las emociones, Giorgio Agamben. L’aperto: L’uomo e l’animale.
Webs de interés.-  Health Talk on line, Universidad de los pacientes.
Artículo comentado.- Strawson G (2004). Against Narrativity

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Noticias.- 

*IV Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico - Alicante, España, del 8 al 10 de marzo de 2012

*Seminarios UNED: LUNES 23 DE ABRIL, 11.30
Sesión de discusión sobre el libro de Javier Moscoso (CSIC), Historia cultural del dolor, con Fernando Broncano (UC3M) y José Lázaro (UAM) .- Los seminarios tendrán lugar en la sala 324 del Edificio de Humanidades (Paseo de senda del rey 7, Madrid) Para más información: dteira[at]fsof.uned.es
Journal de acceso gratuito
*The new issue of the international online journal Dialogues in Philosophy, Mental and Neuro Sciences has been published, it is freely readable at :
www.crossingdialogues.com/current_issue.htm
* VII Curso de Actualización en Psiquiatría "De lo categorial a lo   dimensional: problemas actuales del diagnóstico psiquiátrico".

Organizado por la Fundación Castilla del Pino, reconocido de interés sanitario por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y solicitada acreditación a la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía. Se celebrará los días 20 y 21 de abril de 2012 en Málaga. Más información: www.fundacioncastilladelpino.orgfuncaspi.hrs.sspa@juntadeandalucia.es
                             Telf. 95701205

Comentario de libros.-

Victoria Camps (2011): El gobierno de las emociones, Barcelona, Herder
Victoria Camps
El acuerdo básico que hoy existe sobre el carácter indisociable de cerebro y mente (con todas las diferencias que se quiera en el desarrollo, por los distintos autores, de los detalles concretos) se acompaña de otro acuerdo no menos básico y general: hay determinantes biológicos de carácter congénito en nuestro funcionamiento mental, en nuestro carácter y en nuestra conducta, pero esos determinantes innatos van a ser profundamente modificados desde el primero momento por la experiencia biográfica y por las interacciones de todo tipo entre el individuo y el medio ambiente. Ni tiene sentido la explicación puramente genética del alcoholismo ni es creíble la vieja tesis sartreana de que la existencia precede a la esencia y que por tanto nosotros mismos podemos decidir libremente lo que queremos ser sin cortapisa alguna. Otra cosa es que resulte particularmente difícil distinguir en un individuo adulto lo biológicamente determinado de lo culturalmente adquirido. Pero lo cierto es que nadie sostiene ya ni la pura determinación ni la pura indeterminación biológica. Al menos nadie lo sostiene en el mundo de la ciencia y del pensamiento racional, porque las ideologías sectarias, desgraciadamente, abundan también en estos temas.
Ahora bien, la exploración de los vínculos entre aspectos emocionales y cognitivos de la mente sigue siendo un tema inabarcable, por la complejidad y la cantidad de disciplinas que hoy trabajan sobre ello y que se encuentran, además, en plena ebullición. Es el caso de las neurociencias, pero también de una disciplina muy diferente de ellas: la filosofía moral.  A este campo pertenece el brillante libro que la profesora Victoria Camps (Catedrática de Ética en Barcelona) publicó recientemente con el título de El gobierno de las emociones. En su introducción declara: “Este libro parte de la hipótesis de que no hay razón práctica sin sentimientos. Nadie que no sea ajeno a la psicología o las neurociencias discute ya esta tesis. Todas las ciencias sociales parten hoy del supuesto, exagerándolo a veces, de que somos seres emotivos y no solo racionales. De la mano de tal supuesto, lo que me propongo hacer aquí es analizar cuál es el lugar de las emociones en ética.”
Esta afirmación de Victoria Camps viene en apoyo de lo que hace un momento acabo de plantear: hoy es absurdo ignorar que el conocimiento de nuestra psicología está profundamente influido por la genética, la primatología, el evolucionismo, la neuroanatomía, la neurofisiología y, en general, todas las neurociencias. Autores como Frans de Waal, Pinker, Kandel, LeDoux, Damasio, Gazzaniga, Changeux, Ramachandran, o entre nosotros Francisco Rubia, además de otros muchos, han contribuido a investigar y a difundir el espléndido bagaje de conocimientos que la ciencia actual está logrando sobre los múltiples factores biológicos que intervienen en el funcionamiento cerebral y en el mental. Otra cosa es que se esté logrando, como piensan algunos insensatos, construir una autentica biología del alma humana en todos sus aspectos.
El planteamiento de Victoria Camps, tras reconocer explícitamente la importancia de las neurociencias, va por otro camino. Su libro se abre con una cita de Nietzsche que dice: Nuestros pensamientos son las sombras de nuestros sentimientos, siempre más oscuros, más vanos, más sencillos que estos.”
Victoria Camps señala que el lenguaje de las emociones se ha impuesto en años recientes, pero que el mundo de lo emotivo había sido ignorado o menospreciado tradicionalmente en ciencias humanas. La filosofía clásica llamó “pasiones del alma” a los sentimientos, resaltando así su carácter pasivo, entendiendo que se padecían de forma inevitable, que causaban molestias y daños. La sabiduría y la ética del mundo antiguo eran una forma de reprimir, de controlar, de suprimir las pasiones dañinas, como la ira, el miedo, el odio, la envidia, el rencor… Contra el imperio de las pasiones se levantó la filosofía estoica y el mismo combate lo continuaron, entre otros, el cristianismo, el racionalismo y la filosofía kantiana.
        Sin embargo, el pensamiento ético actual se ha abierto a la popularmente llamada “inteligencia emocional” y ya no se conforma con hablar de lo que es bueno hacer, sino también de lo que es bueno sentir. El sentimiento se suele entender hoy en día como algo que permite a cada persona interiorizar como propia la norma moral, asumirla íntimamente. Así extiende la ética su función desde el estudio de las buenas acciones hacia la formación del alma sensible. Sobre este planteamiento, dice Victoria Camps: “Una persona con carácter o sensibilidad moral reacciona afectivamente ante las inmoralidades y la vulneración de las reglas morales básicas.”  (…)  “La raíz de la moral es la simpatía o la empatía con los sentimientos ajenos”. Y esa es la razón de que plantee ella su libro como un estudio de las relaciones profundas que se dan entre la razón y la emoción, apoyado en tres filósofos clásicos que, en su opinión, ha tratado de forma especialmente acertada esa vinculación: Aristóteles, Spinoza y Hume. Pero advierte que un estudio como ese no debe caer en el extremo opuesto al tradicional, la apología de la afectividad, hoy muy popular, que sustituye el reduccionismo racional por un reduccionismo emocional y lo resuelve todo predicando la liberación espontánea de los sentimientos supuestamente puros, dando primacía absoluta al corazón frente al cerebro.
        Una advertencia importante y sensata, como lo es el libro en que la profesora Camps revisa un capítulo de nuestra historia cultural que se sitúa en el centro mismo de las preocupaciones contemporáneas.
José Lázaro. Sección de Humanidades Médicas, Universidad Autónoma de Madrid.Este trabajo forma parte del proyecto de investigación FFI-2008-03599: “Filosofía de las tecnociencias sociales y humanas” y de las actividades de la Cátedra Pfizer-UAM de Teoría de la Medicina.


Giorgio Agamben. L’aperto: L’uomo e l’animale. 2004.
(Traducción española de Antonio Gimeno Cuspinera: Lo abierto: el hombre y el animal. Valencia, Pre-Textos, 2010).

En filosofía, cuando un autor aún vivo es objeto de una monografía sobre su obra se significa con ello que va a ser sometido a dos circunstancias polares: por una parte se le reconoce una identidad en el mundo del pensamiento, y con ello se le eleva a la categoría de “clásico”, y por otra corre el riesgo de que su potencial clientela abandone su lectura directa y acuda al que la resume o la analiza.  Por una parte consagración y por otra riesgo de ser conocido e interpretado a través de intermediarios.

Animales y personas
Giorgio Agamben ya ha dado, malgré lui probablemente, este paso decisivo y peligroso: Acaba de salir un compendio de varios autores que analiza su obra, editado por la Edinburgh University Press (1).

Agamben es bien conocido en el panorama intelectual contemporáneo. Nacido en 1942, doctorado en Roma, alumno de Heidegger en los tiempos en que a éste se le consideró ya “desnazificado” (según la terminología aliada en la postguerra) y discípulo intelectual de Walter Benjamin sigue siendo un autor sorprendente no solo por lo peculiar de su discurso sino también por lo trasversal  y transdisciplinar del mismo. El libro que comentamos es una buen prueba de ello.

Efectivamente “Lo abierto” aborda de manera muy aganbeniana el tema radical de la diferencia entre la humanidad y la animalidad. Y para ello no duda en darse un interesantísimo paseo por la polémica entre Kojeve y su, a pesar de todo, discípulo Bataille,  por el final de la historia, por la teología, por Linneo y por Haecker, por von Uexküll y por Heidegger  (sin olvidar claro está a su amado Benjamin) arrancando todo ello de las miniaturas medievales de la Biblioteca Ambrosiana de Milán.  Y esto es solo un recuento mínimo de los autores, las épocas y los campos del conocimiento, que recorre en un galopar fascinante materializado en capítulos cortísimos (a veces de solo 2 o 3 páginas) y en un texto que solo tiene un total de 115.
Giorgio Agamben

El lector que busque respuestas las encontrará en la digestión (imprescindible) que hay que hacer del texto, pero no las hallará en forma de recetario o vademécum.  Sin embargo a aquel, apresurado, que se haya rendido al actual Zeistgeist de la superficialidad y el resumen, hay que recomendarle que se dirija directamente al capítulo 17 donde encontrará  seis proposiciones y una coda heideggeriana.  Se perderá una nada desdeñable excusión para gourmets y a lo peor tendrá alguna dificultad para digerir el plato concentrado en dos páginas escasas.  Es una decisión personal.

Una ultima nota: Este libro tiene un claro interés para los que hemos de tratar profesionalmente con el hombre y sus circunstancias. Y mucho mas con sus circunstancias biológica y/o biográficamente adversas. Pero no se entrega fácilmente, hay que advertirlo. El desafío estriba en penetrar en el y no rendirse. Hacer un poco de músculo intelectual no nos viene nada mal a los médicos en una época de instalación inane en “verdades” que escoran peligrosamente la ciencia hacia el terreno resbaladizo de la creencia.  

No estamos, por tanto, ante un tratado sistemático ni ante un texto de respuestas sino ante una impresionante  demostración de la capacidad de filósofo para tocar algo así como el “órgano catedralicio” de la historia del pensamiento. Y para tocarlo afinadamente.

1. AAVV  (2011) The Work of Giorgio Agamben. Edinburgh, Edinburg University Press

Enrique Baca Baldomero
Madrid.


Webs de interés.- 

Health Talk on line.-

Health talk, testimonios personales
El portal que os presentamos se dirige a los pacientes. Un amplio índice temático, que incluye las enfermedades crónicas mas frecuentes, da paso a vídeos de apenas unos minutos donde diferentes personas relatan sus dificultades cotidianas, molestias, dudas, dilaciones, incluso conflictos con sus cuidadores…


Como vídeo demostrativo os aconsejamos este, relativo al impacto de una mala noticia:



En España se inicia un portal de características similares:


No olviden nuestros lectores que desde hace años la Universidad de los Pacientes tiene abierto un espacio de interacción similar, (aunque mas dirigido a la educación e información sanitaria que a la vivencia de enfermedad):


De nuestra Redacción.

Artículo comentado.- 

Galen Strawson (2004). Against Narrativity. Ratio 17 (4):428-452.
Accesible en:

La vida es un relato, un relato coherente, ordenado y tensionado por la ética. Así se expresaría, según Strawson, un “narrativista”, alguien que pesnara en nuestra particular biografía como un relato susceptible de se contado. A la pregunta, “¿quién eres?, ¿a qué te dedicas?, ¿eres feliz?, etc.”, un “narrativista” contestaría con una colección de recuerdos debidamente ordenados, “conformados” e incluso a veces “revisados”, que tendrían un origen, por ejemplo nuestro nacimiento, y un final, por ejemplo el dia de hoy.

Strawson detecta dos presupuestos detrás de esta manera “narrativa” de ver nuestra vida: un presupuesto o teoría epistémica y una teoría ética. Según la primera la vida se nos ofrece básicamente como un recuerdo que ordenamos como relato coherente y consistente. Según la segunda este orden narrativo es básico para que podamos planificar y dirigir nuestros pasos biográficos hacia “lo mejor”, eso es, tensionarla en el plano de los valores y de las decisiones. No hay vida ética sin un relato coherente, nos diría esta segunda tesis. Ambas, arguye Strawson, son falsas, y de manera repetida invoca su propia experiencia vital: él no piensa su vida en términos ni diacrónicos ni narrativos.

Galen Strawson
Por diacrónico entiende la percepción de que “estamos aquí”, “venimos de un ayer” y nos vamos “a un mañana”. Esta manera de ver nuestra vida conduce de manera natural a dar forma a nuestros recuerdos y a narrarlos en forma de relato. Vivir de manera diacrónica sería un paso necesario para la “narratividad”, aunque no suficiente: hay que añadirle esta capacidad de “dar forma” verbal a las vivencias y empaquetarlas para “ser dichas” en una conversación.

A esta vivencia diacrónica se opone una manera de vivir episódica, una experiencia de estar en el “ahora y aquí” que no forzosamente se ve reflejado en el espejo de “un pasado o un futuro”. Los recuerdos, en tal caso, son mas dispersos, no se pretende la coherencia de un relato, pero no por ello la vida es menos brillante, apasionada o ética. Strawson está persuadido de que la “narratividad” se ha usado por parte de diferentes autores de forma abusiva, arrumbando a una parte de la Humanidad y a una sensibilidad “episódica” bastante generalizada. Como escritores “episódicos” cita a: Michel de Montaigne, the Earl of Shaftesbury, Laurence Sterne, Coleridge, Stendhal, Hazlitt, Ford Madox Ford, Virginia Woolf, Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa, Iris Murdoch (a strongly Episodic person who is a natural story-teller), A. J. Ayer, Bob Dylan.
Y como “narrativos” a: Plato, St Augustine, Heidegger, Wordsworth, Dostoevsky, Joseph Conrad, Graham Greene, Evelyn Waugh, Patrick O’Brian.

Coherente con todo lo anterior Strawson distingue diversas posibilidades en la percepción de  la propia vida:

D (diacrónico): Persona diacrónica vs persona episódica
BR (busca relato):Persona que busca conformar sus vivencias como relato vs persona que no hace este esfuerzo
CR (comunica relatos): Personas que cuentan su vida en forma de relato vs personas que no sabrían hacerlo
RR (revisa relato): Y finalmente personas que revisan el relato de sus vidas vs personas que no lo revisa.
(Nota: los acrónimos están adaptados a la lengua española).
Esta clasificación abre diferentes posibilidades: D+ BR- CR- RR-, o bien: D- BR + CR + RR +, etc. Para cada tipología ofrece un cierto perfil. Lo mas propio es que a un tipo D+ (vivencia diacrónica) le siga un BR+, pero “one can imagine [-D +BR] an Episodic person in whom a form-finding tendency is stimulated precisely by lack of a Diachronic outlook, and, conversely, [+D -BR] a Diachronic person who lives, by force of circumstance, an intensely picaresque and disjointed life, while having absolutely no tendency to seek unity or narrativedevelopmental pattern in it. Other Diachronics in similar circumstances may move from [+D -BR] to [+D +BR], acquiring a
form-finding tendency precisely because they become distressed by the ‘one damned thing after another’30 character of their lives. The great and radically non-Narrative Stendhal might be judged to be an example of this, in the light of all his chaotic autobiographical projects, although I would be more inclined to classify him as [-D +BR]” (Nota, en el original en lugar de BR figura “F” de form finding).

 Desde mi punto de vista el artículo obedece a un intento de ganar prestigio atacando un presupuesto que nadie –hasta la fecha- se había atrevido a contradecir. Un atrevimiento de tal calibre puede conducir a la gloria, a la ruina o a la perplejidad. En el caso que nos ocupa creo que los lectores están perplejos, porque nadie puede decir a ciencia cierta si su estilo de vivir es diacrónico o episódico. La distinción parece tan sutil que si uno se examina con sinceridad no atina a adivinar qué vector predomina más, si este sentirse parte de una historia o el simple deleite del instante… ¿No será que en realidad oscilamos de uno a otro polo? Si así fuera, si nuestra vivencia “animal” es básicamente ligada al instante, y solo mediante la indoctrinación que supone asimilar un lenguaje y unos códigos culturales “ordenamos” nuestra memoria para recordar “en forma de relato” nuestras vidas, resultaría que no hay “varias maneras” de experimentar la vida, como nos propone Strawson, sino que todos nos movemos en un continuum en el que vivimos el instante, (e incluso lo olvidamos casi de manera inmediata), o este instante lo pasamos a una categoría de recuerdo “importante” y en tal caso lo tenemos que codificar en yuxtaposición a otros recuerdos. Será entonces, mediante esta yuxtaposición, que ganará un sentido biográfico, y de manera inevitable se almacenará en nuestra memoria como relato. No podemos tomarnos en serio la afirmación de Strawson de que su vida es estrictamente episódica, porque como mínimo ha construido el siguiente relato: “en cierta ocasión escribí un artículo muy polémico contra esta moda mojigata de la narrativa, y a fe que tuvo éxito internacional”. En todo caso sí parece que una visión estratégica de la propia vida, por ejemplo presentarse a cargos académicos, o escribir libros, -actividades bien conocidas por Strawson- implican esta visión diacrónica de la propia vida.

Francesc Borrell, Barcelona.


BOLETIN IATROS FEBRERO 2012

 INDICE.-
Noticias.-  V Seminario  Internacional de la Càtedra UNESCO
Comentario de libros.-  Charon R. Narrative Medicine;
Artículos Originales.- Medrano J.- Empatía, ratas y médicos.
Webs de interés.-  England Journal of Medicine : History of Medical Discoveries
Artículo comentado.-    ¿Existe un sesgo cultural en las propuestas que hacen los curricula de Humanidades Médicas?  

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Noticias.- 

1)V Seminari Internacional de la Càtedra UNESCO de Bioètica sobre la Declaració de Bioètica i Drets Humans, Este año el tema es  sobre el aborto y la objeción de conciencia. Fecha: 3 de febrero 2012, viernes, Lugar:Auditori Antoni Caparrós del Parc Científic de Barcelona (c/ Baldiri Reixac 4. Torre D),
Inscripción: obd3@pcb.ub.es

Comentario de libros.-

Charon R. Narrative Medicine: Honoring the Stories of Illness Oxford University Press, Oxford UK, 2006. 266 pag, indice analítico.

Caronte
Charon significa en inglés Caronte, el barquero del Hades encargado de guiar las sombras errantes de un lado al otro del rio Aqueronte, si tenían un óbolo para pagar el viaje.  La Dra. Charon es profesora de la Facultad de Medicina de Columbia, donde imparte medicina narrativa. Este libro que nos ofrece es fruto de sus años de docencia, en los que como Caronte ha ayudado a muchos estudiantes a cruzar el Aqueronte de una práctica clínica desalmada, a una práctica mas cercana a lo humano, “todo lo humano”. Un libro de gran alcance, bien trabajado, conceptualmente denso, quizás incluso demasiado denso para los lectores a los que se dirige, los médicos, sumidos como estamos en un nuevo tipo de analfabetismo digital. Porque este libro exige lectura reposada e incluso doble lectura.
La estructura de la obra parte de dos premisas: escuchar al paciente es comprender una narración, la narración del paciente; y dos, tener determinadas claves interpretativas nos permite una escucha mas profunda y –por ende- más terapéutica. De estas premisas se deriva una conclusión peligrosa, (no forzosamente falsa, pero si peligrosa): el fenómeno que hemos llamado efecto Balint, por el cual tras una catarsis del paciente se produce una mejoría e incluso una curación que terminan con un largo periplo de consultas. Casos de este tipo tenemos todos los profesionales que practicamos una medicina centrada en el paciente, pero no debiéramos olvidar el peligro de psicologizar cuadros de fondo biológico. Esta sería casi la única crítica que haríamos a Charon, no tanto crítica como advertencia, sobre todo al lector que desee realizar no solo una práctica psicosocial, sino biopsicosocial.

Charon nos propone 3 claves interpretativas. La primera se refiere a las barreras que tiene el médico, (y por extensión otros profesionales de la salud), en la comprensión del paciente. En segundo lugar nos provee de 5 elementos que componen la narrativa del paciente. Y finalmente nos regala 5 reglas (o herramientas) para interpretar los textos, los relatos. Vayamos por partes.

Las barreras que identifica Charon son 4: a)profesional y paciente tienen una forma distinta de afrontar e interpretar la muerte; para los médicos morir entra en la historia de todas las personas. Sin embargo la gente no se ha planteado la cuestión, y vive felizmente instalada en un presente que barrunta eterno; b) el contexto de la enfermedad: un evento que irrumpe en la biografía personal, en tanto que para el médico es la rutina de una enfermedad que debe abordar en términos pragmáticos; c) creencias sobre las causas de la enfermedad: el paciente quisiera encontrar causas relacionadas con su conducta o con la conducta de otras personas, en tanto el médico lo atribuye a causas generalmente biológicas; d) Emociones de vergüenza, culpa y miedo. Miedo a mostrar partes íntimas, no solo corporales, pudor, tensión interna que deriva hacia la culpa para acomodarse a la nueva situación...

Rita Charon
El paciente construye un relato de sus síntomas y de su enfermedad. Este relato incorpora necesariamente: a) el tiempo, pero el tiempo no siempre es lineal, ni se adapta a veces a la lógica de un calendario. Hay personas pegadas al presente, otras con visiones parciales de su pasado, con grandes lagunas de olvido, otras mas proyectadas a su futuro. También el médico tiene una manera característica de operar con el tiempo: los hay rigurosos a la hora de establecer fechas, otros que viven en cierta confusión…  b)La singularidad del relato. No hay dos relatos iguales aunque se trate de la misma enfermedad. Aquí surge una paradoja muy interesante: el profesional trata de capturar aquellos elementos que elevarán el relato a categoría diagnóstica, lo que le mueve a minusvalorar los elementos que caracterizan al sujeto. La mirada semiológica es reduccionista, forzosamente reduccionista, que no simplista (añadimos nosotros), y en este esfuerzo loable perdemos datos de la persona como fenómeno único; c)Causalidad y contingencia. Las atribuciones de causalidad que realiza el paciente siempre tienen un significado, pues de los muchos factores que pueden influir ha escogido alguno o algunos. Sobre lo mucho de azar que cruza nuestra vida escogemos elementos que configuran un relato. Somos animales de sentido (Zubiri) por lo que echamos mano de  cierto guiones pre-existentes para ordenar lo desordenado (Sacristán); d) Intersubjetividad:  nuestro “yo” emerge cuando interactúa con otras personas o con otra parte de mi “yo”, solo entonces, en esta red de relaciones, se constituye nuestro “yo”; e)Eticidad: un relato no escapa a cierta censura ética “pretextual” y a una posterior consideración ética, tanto en relación a los hechos como al uso que hagamos de esta narración.

Finalmente destacamos las herramientas que Charon pone al servicio de una mejor escucha. 1) “Frame”, marco: ¿de dónde nos viene el relato?, ¿Cómo aparece?, ¿a qué preguntas responde? Responder estas cuestiones constituye la tarea de “enmarcar” la narración; 2)Forma: como se ha dicho o escrito el relato. Podemos considerar a su vez, género, estructura, metáforas, alusiones, dicción; 3) Tiempo: ¿de qué manera trata el paso del tiempo? ¿Cómo percibe el futuro?; 4) Guión: los hechos ganan sentido cuando los insertamos en un guión; 5) Deseo: ¿qué se pretende con el relato? ¿y con la lectura del relato?

Rita Charon nos invita en el capítulo 8 a considerar una “historia clínica paralela”, el relato de lo que sentimos mientras atendemos al paciente y que no podemos escribir en la Historia Clínica. Rita Charon transcribe algunas sesiones con sus residentes. La explicación que les proporciona para que aporten relatos de “historia clínica paralela” es muy breve: “imaginad que estáis atendiendo a un paciente terminal que os recuerda a vuestro abuelo. Lógicamente no apuntaréis en la Historia Clínica los sentimientos que os invaden cuando entráis cada vez en la habitación del paciente. Pues bien, eso es justamente lo que apuntaréis en la “historia clínica paralela”. Charon organiza seminarios con estos materiales y en el libro que comentamos proporciona interesantes pistas de cómo proceder con estos relatos aportados por los residentes.

Francesc Borrell
Barcelona

Artículos originales.-

Medrano J.- Empatía, ratas y médicos.

La empatía se define como la capacidad de sentir y comprender conscientemente lo que siente otra persona, y de responder adecuadamente a las necesidades de los demás.  Es una facultad humana, cuyo sustrato anatómico cerebral se supone relacionado con un circuito de la empatía en el que juegan un papel importante neuronas espejo, y que se relaciona con la inmensa capacidad de imitación de nuestra especie, de cuyo elemento innato da cuenta el llanto de los niños recién nacidos al oir a otros bebés llorar.  Su imbricación con los sentimientos grupales se demuestra en la sincronización de emociones y sentimientos que suponen actividades como la danza y se supone que la cooperación intragrupal se basa en gran medida en la empatía.

Podemos plantearnos si la empatía, como cualquier otra facultad o capacidad humana, cuenta con manifestaciones menos elaboradas en otras especies animales.  Hay indicadores de que la existencia de empatía en los primates.  Un trabajo clásico de Masserman y colaboradores (1) demostró, en 1964, que si se entrena a un macaco Rhesus para obtener comida tirando de una cadena, el animal dejará de hacerlo aun perdiendo el alimento si el tirón conlleva al mismo tiempo una descarga eléctrica a un congénere. Pero en términos evolutivos, el macaco es un pariente muy próximo al del humano, por lo que deberíamos preguntarnos si especies más primitivas han llegado a desarrollar alguna forma de empatía.
¿Poseen las ratas empatía?
EN 1962, un primer experimento de Rice y Gainer (2) demostró que si aprende a hacerlo, una rata pulsará una palanca para hacer descender a un congénere suspendido en el aire.  Han pasado casi 50 años hasta la publicación en Science de un experimento más complejo en el que Bartal y colaboradores aprecian conductas empáticas en ratas de laboratorio (3).  Diseñaron una experiencia en la que se colocaba juntas a dos ratas, una libre y otra recluida en una caja.  Si la rata libre aprendía a oprimir una palanca que liberaba a la recluida, lo hacía con rapidez.  No hacía lo mismo con una “rata de juguete”, lo que excluía un elemento lúdico y, en cambio, sí liberaba a su congénere aunque le supusiera tener que compartir comida (en concreto, chocolate muy apreciado por las ratas objeto del estudio).  Loa autores, que ofrecen en la web de la revista un vídeo ilustrando y comentando sus hallazgos, interpretan que las ratas son capaces de poner en práctica, deliberadamente, la conducta liberadora de sus congéneres atrapadas, y califican su comportamiento de altruista (no les depara un beneficio directo como el juego y sí, en cambio, les lleva a compartir el chocolate, algo que, por otra parte, hacen sin reparos).  Aunque en un comentario en la misma revista, Panksepp plantea que el diseño del experimento no permite saber si las ratas libres liberan a las enjauladas porque sienten y comprenden su malestar (en cuyo caso sería una conducta empática) o si lo hacen porque descubrir que pueden hacerlo les produce un bienestar directo (es decir, por lo que en términos de psicología humana sería una satisfacción narcisista), para Bartal y colaboradores concluyen que la conducta liberadora de las ratas sugiere una raíz biológica de la empatía. 

Contagio de bostezo
Otra aportación reciente relacionada con la empatía es el libro “Zero Degrees of Empathy” (5), de Simon Baron-Cohen, un experto en autismo. Este autor británico describe un cociente de empatía, de distribución normal en la población, con un extremo de máxima empatía (que puntúa como 6) y otro de mínima (que puntúa 0).  En su modelo, las personas hiperempáticas tienen continuamente activado el circuito de la empatía, son capaces de percibir y comprender los sentimientos ajenos y de actuar en consecuencia.  Las personas con mínima empatía se dividen para Baron-Cohen en “cero negativo” y “cero positivo”.  Los primeros, contrariamente a ciertas propuestas político – raciales, no son precisamente los ejemplares, sino que, al contrario, su falta de empatía se asocia con inmoralidad y depara consecuencias desfavorables bien a los propios individuos, bien a su entorno.  Se trata de personas con estructuras y estilos límite, narcisista o antisocial.  En cambio, los “cero positivo” son individuos que a pesar de carecer de empatía cuentan con una mente precisa, exacta, que puede dotarles de cualidades especiales que les convierte en personas hipermorales.  Los “cero positivo” son personas con trastorno de Asperger o autismo de alto funcionamiento, que se caracterizan además por su extrema capacidad de sistematización.

Baron-Cohen define la sistematización como la capacidad para analizar y detectar pautas y patrones cambiantes, para entender el funcionamiento de las cosas.  Es una facultad de nuestro cerebro, que busca esos patrones o pautas con el fin de poder predecir acontecimientos futuros o poder experimentar alterando una variable con el fin de verificar cómo el funcionamiento de un proceso, de un sistema.  La sistematización, pues, es esencial para la investigación y para la actividad científica.

Al igual que la empatía, la sistematización tiene una distribución normal en la población, y Baron-Cohen habla de un “cociente de sistematización” con unos valores mínimo (cero) y máximo.  En el extremo de máxima sistematización se encuentran personas cuyo funcionamiento mental sistematiza continuamente, que solo se interesan por la información que sigue una pauta o un patrón repetitivo, y a las que los cambios les resultan tóxicos.  Deben tener todo bajo control y son extremadamente rígidos en las valoraciones de las conductas propias y ajenas.  Buscan la “verdad”, en forma de los fenómenos que siempre pueden verificarse, repetirse, sin cambio alguno, sin duda alguna.  Rechazan las emociones, que les incomodan porque son impredecibles.  La sistematización extrema se acompaña de una empatía cero (positiva), de modo que las personas con este estilo psicológico no pueden tolerar las respuestas emocionales (inexactas, impredecibles, cambiantes) y no aprecian ni responden a los sentimientos de las otras personas. 

Imitación empática
La empatía, por lo tanto, es una facultad humana que puede rastrearse en especies “inferiores”.  Es la base de la solidaridad, de la compasión, de la ayuda.  Los homínidos que nos precedieron desarrollaron conductas empáticas, como se demuestra por la prolongada supervivencia de un individuo de H. Heldelbergensis con una severa malformación cuyo cráneo se encontró en Atapuerca, haciendo pensar a sus descubridores que recibió un cuidado suplementario por parte del grupo y que su patología “no fue un impedimento para que recibiera la misma atención” que cualquier otro niño  (6). La empatía no se distribuye por igual en todas las personas, y quienes carecen de ella pueden dividirse en individuos egoístas y amorales (los cero negativo de Baron-Cohen) y en individuos hipersistematizadores, lógicos en extremo, más preocupados por el funcionamiento y las estructura de la realidad que capaces de sentir con y comprender a sus semejantes (cero positivo).
 
Pero la empatía es también la base de la relación de ayuda que sustentan a las llamadas “helping professions” y, muy significativamente, a la Medicina. ¿Cuál es el cociente de empatía de la Medicina asistencial en nuestros días?  ¿Se acerca al máximo que permite y fomenta la compasión y la ayuda o, por el contrario, la encontraremos más bien en el polo opuesto, el de la dificultad para comprender y sentir con el paciente?

Un reciente trabajo de Tulsky y colaboradores (7), del que se ha hecho eco Diario Médico, demuestra la utilidad de un programa informático para “enseñar empatía a los médicos”, ya que, parafraseando a la reseña periodística, “identificar y entender los sentimientos y motivaciones del paciente no es siempre una tarea fácil”.

Contemplar la Medicina técnica moderna, es constatar su esfuerzo por encontrar la “evidencia”, su afán por construir protocolos y algoritmos que pretenden reproducir fielmente en cada paciente situaciones semi-experimentales, su acento en los síntomas, en los signos y en los hallazgos de las pruebas complementarias, su empeño por trocear en especialidades y parcelas al ser humano enfermos, y su olvido de la dimensión emocional del enfermar, del estar enfermo, la dificultad para comprender el desamparo que siente el paciente. La Medicina tecnificada, que aspira a dotarse de un saber sólido, infalible, evoca al cero positivo hipersistematizador de Baron-Cohen y, como él, tolera muy mal las emociones, los sentimientos, los sufrimientos de los pacientes.  Tanto que la empatía se ha convertido en una virtud que ha de enseñarse a los médicos con la ayuda del ordenador. 

1.- Masserman JH, Wechkin S, Terris W.  "Altruistic"  behavior in rhesus monkeys. Am J Psychiatry 1964; 121: 584-5.
2.- Rice GE, Gainer P. "Altruism" in the albino rat.  J Comp Physiol Psychol 1962; 55: 123-5.
3.- Ben-Ami Bartal I, Decety J, Mason P.  Empathy and pro-social behavior in rats.  Science 2011; 334: 1427-30 [Texto completo].
4.- Panksepp J.. Behavior. Empathy and the laws of affect. Science 2011; 334: 1358-9.
5.- Baron Cohen S. Zero degrees of empathy. A new theory of human cruelty.  London: Allen Lane, 2011.
6.- Gracia A, Arsuaga JL, Martínez I, Lorenzo C, Carretero JM, Bermúdez de Castro JM, et al.  Craniosynostosis in the Middle Pleistocene human Cranium 14 from the Sima de los Huesos, Atapuerca, Spain. Proc Natl Acad Sci USA 2009; 106: 6573-8 [Texto completo].
7.- Tulsky JA, Arnold RM, Alexander SC, Olsen MK, Jeffreys AS, Rodriguez KL, et al.  Enhancing communication between oncologists and patients with a computer-based training program: a randomized trial.  Ann Intern Med 2011; 155: 593-601 [Abstract].

Juan Medrano
Bilbao


COMENTARIO DEL PROFESOR BACA:

Interesantísimo tema el de la empatía pero me temo que mucho mas complejo que la existencia de neuronas espejo. La moderna neurociencia parece empañada en centrarse en el cómo y abandonar el porqué. El problema es cuando confunde causa y mecanismo.

Los homínidos recién nacidos imitan gestualidad
Mas interesante aún el tema de la "empatía" en los animales. Las conductas altruistas detectadas desde antiguo en las especies animales en libertad (que son un escenario mas adecuado que el animal en el laboratorio) están ampliamente descritas. En este tema, en mi opinión, hay que tener un especial cuidado en no  antropomorfizar los datos de la conducta animal atribuyendo a conductas parecidas vivencias parecidas. La empatía es sin duda un fenómeno vivencial pero la cuestión es si los animales son capaces, en sus posibilidades de funcionamiento adaptativo al medio, de desarrollar "vivencias" que implican un componente cognitivo básico y un componente valorativo e intencional asimismo bastante elaborado.

Como siempre la reducción animal=hombre aparece como telón de fondo. Y todo parece indicar que en la constitución de la la alteridad (tema central y subyacente en el que la empatía solo es una manifestación afectiva)) entre los seres humanos presenta rasgos diferenciales esenciales en relación a la constitución de los posibles lazos intraespecificos en los animales.  A no ser que nos instalemos en el biologicismo extremo (que podemos hacerlo con toda la legitimidad) es difícil pensar que es asimilable una conducta en la que la biología lo hace todo (matizada por los estrechos límites que la genética impone al  aprendizaje en cada especie animal) a una vivencia en la que la cultura es determinante y no solo en tanto que "cultura del sujeto" sino en tanto que "cultura de la especie" (como es bien sabido no podemos hablar, sin desnaturalizar el termino, de "cultura animal").  El hombre es, en ese sentido, meta biológico (sin darle a este hecho ningún matiz de ventaja sino, por el contrario, de profundo inconveniente y riesgo desde el punto de vista puramente funcional-adaptativo).


En fin un tema apasionante que animo a discutir en profundidad y que (éste sí) afecta directamente a los fundamentos de las acciones de cuidado en las que se inserta histórica y culturalmente la práctica médica (no hay médicos entre las ratas ni entre los primates actuales aunque si hay en estos últimos conductas de cuidado al herido o al lesionado, conductas que suelen ser momentáneas, esporádicas y no persistentes).

Hace poco mas de una año se publico la segunda edición de un libro que habrá que reseñar en estas páginas: se trata de la traducción española de L'aperto. L'uomo e l'animale de Giorgio Agamben publicado originalmente en 2004 en Italia. Prometo esa recensión para una próxima edición del Boletín.

Enrique Baca
Madrid.

Webs de interés.- 

La historia de los descubrimientos médicos.  Con motivo de su 200 aniversario, el New England Journal of Medicine ha creado un atractivo recurso interactivo online (History of Medical Discoveries) en el que se puede seguir linealmente el paso desde el momento de aparición de la revista hasta nuestros días junto con los principales descubrimientos producidos en Medicina desde entonces, los artículos que los recogieron o comentaron en el propio New England o su impacto en los medios.  El navegante interesado puede seleccionar los hallazgos por especialidades.
New England Journal
http://nejm200.nejm.org/timeline/
También merece la pena destacar un artículo de Allan M. Brandt que repasa los 200 años de ejecutoria de la revista y con referencia a artículos de significación histórica, los últimos de los cuales refieren a la identificación del SIDA en 1981.
http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMp1112812
De lectura sugerente el repaso histórico de los conceptos que se han ido sucediendo en relación a la cardiopatía isquémica

http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMra1112570

De nuestra Redacción

Artículo comentado.- 
Medical humanities as expressive of Western culture
Claire Hooker, Estelle Noonan
Med Humanit 2011;37:79e84. doi:10.1136/medhum-2011-010120

¿Hay un sesgo en las Humanidades Médicas?
En un mundo cada vez mas globalizado, ¿estamos defendiendo un concepto de Humanidades Médicas de fuerte sesgo occidental?  Así lo defiende el artículo que comentamos , de la  pluma de dos australianos que pertenecen al Centre for Values, Ethics and Law in Medicine, de la Universidad de Sidney. Tras examinar los textos canónicos y la estructura de cursos universitarios, y verificar un enfoque decididamente occidental, se preguntan si las Humanidades Médicas no tienen por objetivo hacer mas comprensible otras culturas al médico en formación. Si fuera así, el currículo debería contemplar  la perspectiva de pacientes “diferentes”, pues si comprendemos sus valores y puntos de partida tal vez les escucharemos mejor.
Los autores proponen incorporar estudio de casos que aproximen al estudiante a casos como la sutil marginación que sufren algunos pacientes inmigrantes. He aqui un ejemplo:
One such study (from Canada) explored the views and experiences of Southeast Asian women patients and of the healthcare providers who service this population. The study showed divergent perceptions of healthcare interactions. While healthcare providers, some of whom were in fact members of the Southeast Asian community themselves, felt they went to some lengths to ensure that they treated all patients equally, the patients felt that they perpetually encountered racism and discrimination in healthcare. In the study author’s view, this resulted from a subtle process of ‘Othering’. All the healthcare workers were frustrated with their patients’ choices and behaviour, including a lack of compliance with treatment regimens or with recommendations for self-surveillance and screening.

El artículo al que se refieren es:
Johnson JL, Bottorff JL, Browne AJ, et al. Othering and being othered in the context of health care services. Health Commun 2004;16:255e71.

En resumen: viento fresco para renovar ideas y propuestas en Humanidades Médicas.

F.Borrell
Barcelona