BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS Comité Editorial: Francesc Borrell. Juan Carlos Hernández Clemente. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.

BOLETIN IATROS MARZO 2012

INDICE.-
Noticias.-  Congreso paciente crónico, Dialogues in Philosophy, Mental and NeuroSciences (journal), “Problemas diagnósticos en Psiquiatría”.
Comentario de libros.-  Victoria Camps (2011): El gobierno de las emociones, Giorgio Agamben. L’aperto: L’uomo e l’animale.
Webs de interés.-  Health Talk on line, Universidad de los pacientes.
Artículo comentado.- Strawson G (2004). Against Narrativity

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Noticias.- 

*IV Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico - Alicante, España, del 8 al 10 de marzo de 2012

*Seminarios UNED: LUNES 23 DE ABRIL, 11.30
Sesión de discusión sobre el libro de Javier Moscoso (CSIC), Historia cultural del dolor, con Fernando Broncano (UC3M) y José Lázaro (UAM) .- Los seminarios tendrán lugar en la sala 324 del Edificio de Humanidades (Paseo de senda del rey 7, Madrid) Para más información: dteira[at]fsof.uned.es
Journal de acceso gratuito
*The new issue of the international online journal Dialogues in Philosophy, Mental and Neuro Sciences has been published, it is freely readable at :
www.crossingdialogues.com/current_issue.htm
* VII Curso de Actualización en Psiquiatría "De lo categorial a lo   dimensional: problemas actuales del diagnóstico psiquiátrico".

Organizado por la Fundación Castilla del Pino, reconocido de interés sanitario por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y solicitada acreditación a la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía. Se celebrará los días 20 y 21 de abril de 2012 en Málaga. Más información: www.fundacioncastilladelpino.orgfuncaspi.hrs.sspa@juntadeandalucia.es
                             Telf. 95701205

Comentario de libros.-

Victoria Camps (2011): El gobierno de las emociones, Barcelona, Herder
Victoria Camps
El acuerdo básico que hoy existe sobre el carácter indisociable de cerebro y mente (con todas las diferencias que se quiera en el desarrollo, por los distintos autores, de los detalles concretos) se acompaña de otro acuerdo no menos básico y general: hay determinantes biológicos de carácter congénito en nuestro funcionamiento mental, en nuestro carácter y en nuestra conducta, pero esos determinantes innatos van a ser profundamente modificados desde el primero momento por la experiencia biográfica y por las interacciones de todo tipo entre el individuo y el medio ambiente. Ni tiene sentido la explicación puramente genética del alcoholismo ni es creíble la vieja tesis sartreana de que la existencia precede a la esencia y que por tanto nosotros mismos podemos decidir libremente lo que queremos ser sin cortapisa alguna. Otra cosa es que resulte particularmente difícil distinguir en un individuo adulto lo biológicamente determinado de lo culturalmente adquirido. Pero lo cierto es que nadie sostiene ya ni la pura determinación ni la pura indeterminación biológica. Al menos nadie lo sostiene en el mundo de la ciencia y del pensamiento racional, porque las ideologías sectarias, desgraciadamente, abundan también en estos temas.
Ahora bien, la exploración de los vínculos entre aspectos emocionales y cognitivos de la mente sigue siendo un tema inabarcable, por la complejidad y la cantidad de disciplinas que hoy trabajan sobre ello y que se encuentran, además, en plena ebullición. Es el caso de las neurociencias, pero también de una disciplina muy diferente de ellas: la filosofía moral.  A este campo pertenece el brillante libro que la profesora Victoria Camps (Catedrática de Ética en Barcelona) publicó recientemente con el título de El gobierno de las emociones. En su introducción declara: “Este libro parte de la hipótesis de que no hay razón práctica sin sentimientos. Nadie que no sea ajeno a la psicología o las neurociencias discute ya esta tesis. Todas las ciencias sociales parten hoy del supuesto, exagerándolo a veces, de que somos seres emotivos y no solo racionales. De la mano de tal supuesto, lo que me propongo hacer aquí es analizar cuál es el lugar de las emociones en ética.”
Esta afirmación de Victoria Camps viene en apoyo de lo que hace un momento acabo de plantear: hoy es absurdo ignorar que el conocimiento de nuestra psicología está profundamente influido por la genética, la primatología, el evolucionismo, la neuroanatomía, la neurofisiología y, en general, todas las neurociencias. Autores como Frans de Waal, Pinker, Kandel, LeDoux, Damasio, Gazzaniga, Changeux, Ramachandran, o entre nosotros Francisco Rubia, además de otros muchos, han contribuido a investigar y a difundir el espléndido bagaje de conocimientos que la ciencia actual está logrando sobre los múltiples factores biológicos que intervienen en el funcionamiento cerebral y en el mental. Otra cosa es que se esté logrando, como piensan algunos insensatos, construir una autentica biología del alma humana en todos sus aspectos.
El planteamiento de Victoria Camps, tras reconocer explícitamente la importancia de las neurociencias, va por otro camino. Su libro se abre con una cita de Nietzsche que dice: Nuestros pensamientos son las sombras de nuestros sentimientos, siempre más oscuros, más vanos, más sencillos que estos.”
Victoria Camps señala que el lenguaje de las emociones se ha impuesto en años recientes, pero que el mundo de lo emotivo había sido ignorado o menospreciado tradicionalmente en ciencias humanas. La filosofía clásica llamó “pasiones del alma” a los sentimientos, resaltando así su carácter pasivo, entendiendo que se padecían de forma inevitable, que causaban molestias y daños. La sabiduría y la ética del mundo antiguo eran una forma de reprimir, de controlar, de suprimir las pasiones dañinas, como la ira, el miedo, el odio, la envidia, el rencor… Contra el imperio de las pasiones se levantó la filosofía estoica y el mismo combate lo continuaron, entre otros, el cristianismo, el racionalismo y la filosofía kantiana.
        Sin embargo, el pensamiento ético actual se ha abierto a la popularmente llamada “inteligencia emocional” y ya no se conforma con hablar de lo que es bueno hacer, sino también de lo que es bueno sentir. El sentimiento se suele entender hoy en día como algo que permite a cada persona interiorizar como propia la norma moral, asumirla íntimamente. Así extiende la ética su función desde el estudio de las buenas acciones hacia la formación del alma sensible. Sobre este planteamiento, dice Victoria Camps: “Una persona con carácter o sensibilidad moral reacciona afectivamente ante las inmoralidades y la vulneración de las reglas morales básicas.”  (…)  “La raíz de la moral es la simpatía o la empatía con los sentimientos ajenos”. Y esa es la razón de que plantee ella su libro como un estudio de las relaciones profundas que se dan entre la razón y la emoción, apoyado en tres filósofos clásicos que, en su opinión, ha tratado de forma especialmente acertada esa vinculación: Aristóteles, Spinoza y Hume. Pero advierte que un estudio como ese no debe caer en el extremo opuesto al tradicional, la apología de la afectividad, hoy muy popular, que sustituye el reduccionismo racional por un reduccionismo emocional y lo resuelve todo predicando la liberación espontánea de los sentimientos supuestamente puros, dando primacía absoluta al corazón frente al cerebro.
        Una advertencia importante y sensata, como lo es el libro en que la profesora Camps revisa un capítulo de nuestra historia cultural que se sitúa en el centro mismo de las preocupaciones contemporáneas.
José Lázaro. Sección de Humanidades Médicas, Universidad Autónoma de Madrid.Este trabajo forma parte del proyecto de investigación FFI-2008-03599: “Filosofía de las tecnociencias sociales y humanas” y de las actividades de la Cátedra Pfizer-UAM de Teoría de la Medicina.


Giorgio Agamben. L’aperto: L’uomo e l’animale. 2004.
(Traducción española de Antonio Gimeno Cuspinera: Lo abierto: el hombre y el animal. Valencia, Pre-Textos, 2010).

En filosofía, cuando un autor aún vivo es objeto de una monografía sobre su obra se significa con ello que va a ser sometido a dos circunstancias polares: por una parte se le reconoce una identidad en el mundo del pensamiento, y con ello se le eleva a la categoría de “clásico”, y por otra corre el riesgo de que su potencial clientela abandone su lectura directa y acuda al que la resume o la analiza.  Por una parte consagración y por otra riesgo de ser conocido e interpretado a través de intermediarios.

Animales y personas
Giorgio Agamben ya ha dado, malgré lui probablemente, este paso decisivo y peligroso: Acaba de salir un compendio de varios autores que analiza su obra, editado por la Edinburgh University Press (1).

Agamben es bien conocido en el panorama intelectual contemporáneo. Nacido en 1942, doctorado en Roma, alumno de Heidegger en los tiempos en que a éste se le consideró ya “desnazificado” (según la terminología aliada en la postguerra) y discípulo intelectual de Walter Benjamin sigue siendo un autor sorprendente no solo por lo peculiar de su discurso sino también por lo trasversal  y transdisciplinar del mismo. El libro que comentamos es una buen prueba de ello.

Efectivamente “Lo abierto” aborda de manera muy aganbeniana el tema radical de la diferencia entre la humanidad y la animalidad. Y para ello no duda en darse un interesantísimo paseo por la polémica entre Kojeve y su, a pesar de todo, discípulo Bataille,  por el final de la historia, por la teología, por Linneo y por Haecker, por von Uexküll y por Heidegger  (sin olvidar claro está a su amado Benjamin) arrancando todo ello de las miniaturas medievales de la Biblioteca Ambrosiana de Milán.  Y esto es solo un recuento mínimo de los autores, las épocas y los campos del conocimiento, que recorre en un galopar fascinante materializado en capítulos cortísimos (a veces de solo 2 o 3 páginas) y en un texto que solo tiene un total de 115.
Giorgio Agamben

El lector que busque respuestas las encontrará en la digestión (imprescindible) que hay que hacer del texto, pero no las hallará en forma de recetario o vademécum.  Sin embargo a aquel, apresurado, que se haya rendido al actual Zeistgeist de la superficialidad y el resumen, hay que recomendarle que se dirija directamente al capítulo 17 donde encontrará  seis proposiciones y una coda heideggeriana.  Se perderá una nada desdeñable excusión para gourmets y a lo peor tendrá alguna dificultad para digerir el plato concentrado en dos páginas escasas.  Es una decisión personal.

Una ultima nota: Este libro tiene un claro interés para los que hemos de tratar profesionalmente con el hombre y sus circunstancias. Y mucho mas con sus circunstancias biológica y/o biográficamente adversas. Pero no se entrega fácilmente, hay que advertirlo. El desafío estriba en penetrar en el y no rendirse. Hacer un poco de músculo intelectual no nos viene nada mal a los médicos en una época de instalación inane en “verdades” que escoran peligrosamente la ciencia hacia el terreno resbaladizo de la creencia.  

No estamos, por tanto, ante un tratado sistemático ni ante un texto de respuestas sino ante una impresionante  demostración de la capacidad de filósofo para tocar algo así como el “órgano catedralicio” de la historia del pensamiento. Y para tocarlo afinadamente.

1. AAVV  (2011) The Work of Giorgio Agamben. Edinburgh, Edinburg University Press

Enrique Baca Baldomero
Madrid.


Webs de interés.- 

Health Talk on line.-

Health talk, testimonios personales
El portal que os presentamos se dirige a los pacientes. Un amplio índice temático, que incluye las enfermedades crónicas mas frecuentes, da paso a vídeos de apenas unos minutos donde diferentes personas relatan sus dificultades cotidianas, molestias, dudas, dilaciones, incluso conflictos con sus cuidadores…


Como vídeo demostrativo os aconsejamos este, relativo al impacto de una mala noticia:



En España se inicia un portal de características similares:


No olviden nuestros lectores que desde hace años la Universidad de los Pacientes tiene abierto un espacio de interacción similar, (aunque mas dirigido a la educación e información sanitaria que a la vivencia de enfermedad):


De nuestra Redacción.

Artículo comentado.- 

Galen Strawson (2004). Against Narrativity. Ratio 17 (4):428-452.
Accesible en:

La vida es un relato, un relato coherente, ordenado y tensionado por la ética. Así se expresaría, según Strawson, un “narrativista”, alguien que pesnara en nuestra particular biografía como un relato susceptible de se contado. A la pregunta, “¿quién eres?, ¿a qué te dedicas?, ¿eres feliz?, etc.”, un “narrativista” contestaría con una colección de recuerdos debidamente ordenados, “conformados” e incluso a veces “revisados”, que tendrían un origen, por ejemplo nuestro nacimiento, y un final, por ejemplo el dia de hoy.

Strawson detecta dos presupuestos detrás de esta manera “narrativa” de ver nuestra vida: un presupuesto o teoría epistémica y una teoría ética. Según la primera la vida se nos ofrece básicamente como un recuerdo que ordenamos como relato coherente y consistente. Según la segunda este orden narrativo es básico para que podamos planificar y dirigir nuestros pasos biográficos hacia “lo mejor”, eso es, tensionarla en el plano de los valores y de las decisiones. No hay vida ética sin un relato coherente, nos diría esta segunda tesis. Ambas, arguye Strawson, son falsas, y de manera repetida invoca su propia experiencia vital: él no piensa su vida en términos ni diacrónicos ni narrativos.

Galen Strawson
Por diacrónico entiende la percepción de que “estamos aquí”, “venimos de un ayer” y nos vamos “a un mañana”. Esta manera de ver nuestra vida conduce de manera natural a dar forma a nuestros recuerdos y a narrarlos en forma de relato. Vivir de manera diacrónica sería un paso necesario para la “narratividad”, aunque no suficiente: hay que añadirle esta capacidad de “dar forma” verbal a las vivencias y empaquetarlas para “ser dichas” en una conversación.

A esta vivencia diacrónica se opone una manera de vivir episódica, una experiencia de estar en el “ahora y aquí” que no forzosamente se ve reflejado en el espejo de “un pasado o un futuro”. Los recuerdos, en tal caso, son mas dispersos, no se pretende la coherencia de un relato, pero no por ello la vida es menos brillante, apasionada o ética. Strawson está persuadido de que la “narratividad” se ha usado por parte de diferentes autores de forma abusiva, arrumbando a una parte de la Humanidad y a una sensibilidad “episódica” bastante generalizada. Como escritores “episódicos” cita a: Michel de Montaigne, the Earl of Shaftesbury, Laurence Sterne, Coleridge, Stendhal, Hazlitt, Ford Madox Ford, Virginia Woolf, Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa, Iris Murdoch (a strongly Episodic person who is a natural story-teller), A. J. Ayer, Bob Dylan.
Y como “narrativos” a: Plato, St Augustine, Heidegger, Wordsworth, Dostoevsky, Joseph Conrad, Graham Greene, Evelyn Waugh, Patrick O’Brian.

Coherente con todo lo anterior Strawson distingue diversas posibilidades en la percepción de  la propia vida:

D (diacrónico): Persona diacrónica vs persona episódica
BR (busca relato):Persona que busca conformar sus vivencias como relato vs persona que no hace este esfuerzo
CR (comunica relatos): Personas que cuentan su vida en forma de relato vs personas que no sabrían hacerlo
RR (revisa relato): Y finalmente personas que revisan el relato de sus vidas vs personas que no lo revisa.
(Nota: los acrónimos están adaptados a la lengua española).
Esta clasificación abre diferentes posibilidades: D+ BR- CR- RR-, o bien: D- BR + CR + RR +, etc. Para cada tipología ofrece un cierto perfil. Lo mas propio es que a un tipo D+ (vivencia diacrónica) le siga un BR+, pero “one can imagine [-D +BR] an Episodic person in whom a form-finding tendency is stimulated precisely by lack of a Diachronic outlook, and, conversely, [+D -BR] a Diachronic person who lives, by force of circumstance, an intensely picaresque and disjointed life, while having absolutely no tendency to seek unity or narrativedevelopmental pattern in it. Other Diachronics in similar circumstances may move from [+D -BR] to [+D +BR], acquiring a
form-finding tendency precisely because they become distressed by the ‘one damned thing after another’30 character of their lives. The great and radically non-Narrative Stendhal might be judged to be an example of this, in the light of all his chaotic autobiographical projects, although I would be more inclined to classify him as [-D +BR]” (Nota, en el original en lugar de BR figura “F” de form finding).

 Desde mi punto de vista el artículo obedece a un intento de ganar prestigio atacando un presupuesto que nadie –hasta la fecha- se había atrevido a contradecir. Un atrevimiento de tal calibre puede conducir a la gloria, a la ruina o a la perplejidad. En el caso que nos ocupa creo que los lectores están perplejos, porque nadie puede decir a ciencia cierta si su estilo de vivir es diacrónico o episódico. La distinción parece tan sutil que si uno se examina con sinceridad no atina a adivinar qué vector predomina más, si este sentirse parte de una historia o el simple deleite del instante… ¿No será que en realidad oscilamos de uno a otro polo? Si así fuera, si nuestra vivencia “animal” es básicamente ligada al instante, y solo mediante la indoctrinación que supone asimilar un lenguaje y unos códigos culturales “ordenamos” nuestra memoria para recordar “en forma de relato” nuestras vidas, resultaría que no hay “varias maneras” de experimentar la vida, como nos propone Strawson, sino que todos nos movemos en un continuum en el que vivimos el instante, (e incluso lo olvidamos casi de manera inmediata), o este instante lo pasamos a una categoría de recuerdo “importante” y en tal caso lo tenemos que codificar en yuxtaposición a otros recuerdos. Será entonces, mediante esta yuxtaposición, que ganará un sentido biográfico, y de manera inevitable se almacenará en nuestra memoria como relato. No podemos tomarnos en serio la afirmación de Strawson de que su vida es estrictamente episódica, porque como mínimo ha construido el siguiente relato: “en cierta ocasión escribí un artículo muy polémico contra esta moda mojigata de la narrativa, y a fe que tuvo éxito internacional”. En todo caso sí parece que una visión estratégica de la propia vida, por ejemplo presentarse a cargos académicos, o escribir libros, -actividades bien conocidas por Strawson- implican esta visión diacrónica de la propia vida.

Francesc Borrell, Barcelona.


BOLETIN IATROS FEBRERO 2012

 INDICE.-
Noticias.-  V Seminario  Internacional de la Càtedra UNESCO
Comentario de libros.-  Charon R. Narrative Medicine;
Artículos Originales.- Medrano J.- Empatía, ratas y médicos.
Webs de interés.-  England Journal of Medicine : History of Medical Discoveries
Artículo comentado.-    ¿Existe un sesgo cultural en las propuestas que hacen los curricula de Humanidades Médicas?  

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Noticias.- 

1)V Seminari Internacional de la Càtedra UNESCO de Bioètica sobre la Declaració de Bioètica i Drets Humans, Este año el tema es  sobre el aborto y la objeción de conciencia. Fecha: 3 de febrero 2012, viernes, Lugar:Auditori Antoni Caparrós del Parc Científic de Barcelona (c/ Baldiri Reixac 4. Torre D),
Inscripción: obd3@pcb.ub.es

Comentario de libros.-

Charon R. Narrative Medicine: Honoring the Stories of Illness Oxford University Press, Oxford UK, 2006. 266 pag, indice analítico.

Caronte
Charon significa en inglés Caronte, el barquero del Hades encargado de guiar las sombras errantes de un lado al otro del rio Aqueronte, si tenían un óbolo para pagar el viaje.  La Dra. Charon es profesora de la Facultad de Medicina de Columbia, donde imparte medicina narrativa. Este libro que nos ofrece es fruto de sus años de docencia, en los que como Caronte ha ayudado a muchos estudiantes a cruzar el Aqueronte de una práctica clínica desalmada, a una práctica mas cercana a lo humano, “todo lo humano”. Un libro de gran alcance, bien trabajado, conceptualmente denso, quizás incluso demasiado denso para los lectores a los que se dirige, los médicos, sumidos como estamos en un nuevo tipo de analfabetismo digital. Porque este libro exige lectura reposada e incluso doble lectura.
La estructura de la obra parte de dos premisas: escuchar al paciente es comprender una narración, la narración del paciente; y dos, tener determinadas claves interpretativas nos permite una escucha mas profunda y –por ende- más terapéutica. De estas premisas se deriva una conclusión peligrosa, (no forzosamente falsa, pero si peligrosa): el fenómeno que hemos llamado efecto Balint, por el cual tras una catarsis del paciente se produce una mejoría e incluso una curación que terminan con un largo periplo de consultas. Casos de este tipo tenemos todos los profesionales que practicamos una medicina centrada en el paciente, pero no debiéramos olvidar el peligro de psicologizar cuadros de fondo biológico. Esta sería casi la única crítica que haríamos a Charon, no tanto crítica como advertencia, sobre todo al lector que desee realizar no solo una práctica psicosocial, sino biopsicosocial.

Charon nos propone 3 claves interpretativas. La primera se refiere a las barreras que tiene el médico, (y por extensión otros profesionales de la salud), en la comprensión del paciente. En segundo lugar nos provee de 5 elementos que componen la narrativa del paciente. Y finalmente nos regala 5 reglas (o herramientas) para interpretar los textos, los relatos. Vayamos por partes.

Las barreras que identifica Charon son 4: a)profesional y paciente tienen una forma distinta de afrontar e interpretar la muerte; para los médicos morir entra en la historia de todas las personas. Sin embargo la gente no se ha planteado la cuestión, y vive felizmente instalada en un presente que barrunta eterno; b) el contexto de la enfermedad: un evento que irrumpe en la biografía personal, en tanto que para el médico es la rutina de una enfermedad que debe abordar en términos pragmáticos; c) creencias sobre las causas de la enfermedad: el paciente quisiera encontrar causas relacionadas con su conducta o con la conducta de otras personas, en tanto el médico lo atribuye a causas generalmente biológicas; d) Emociones de vergüenza, culpa y miedo. Miedo a mostrar partes íntimas, no solo corporales, pudor, tensión interna que deriva hacia la culpa para acomodarse a la nueva situación...

Rita Charon
El paciente construye un relato de sus síntomas y de su enfermedad. Este relato incorpora necesariamente: a) el tiempo, pero el tiempo no siempre es lineal, ni se adapta a veces a la lógica de un calendario. Hay personas pegadas al presente, otras con visiones parciales de su pasado, con grandes lagunas de olvido, otras mas proyectadas a su futuro. También el médico tiene una manera característica de operar con el tiempo: los hay rigurosos a la hora de establecer fechas, otros que viven en cierta confusión…  b)La singularidad del relato. No hay dos relatos iguales aunque se trate de la misma enfermedad. Aquí surge una paradoja muy interesante: el profesional trata de capturar aquellos elementos que elevarán el relato a categoría diagnóstica, lo que le mueve a minusvalorar los elementos que caracterizan al sujeto. La mirada semiológica es reduccionista, forzosamente reduccionista, que no simplista (añadimos nosotros), y en este esfuerzo loable perdemos datos de la persona como fenómeno único; c)Causalidad y contingencia. Las atribuciones de causalidad que realiza el paciente siempre tienen un significado, pues de los muchos factores que pueden influir ha escogido alguno o algunos. Sobre lo mucho de azar que cruza nuestra vida escogemos elementos que configuran un relato. Somos animales de sentido (Zubiri) por lo que echamos mano de  cierto guiones pre-existentes para ordenar lo desordenado (Sacristán); d) Intersubjetividad:  nuestro “yo” emerge cuando interactúa con otras personas o con otra parte de mi “yo”, solo entonces, en esta red de relaciones, se constituye nuestro “yo”; e)Eticidad: un relato no escapa a cierta censura ética “pretextual” y a una posterior consideración ética, tanto en relación a los hechos como al uso que hagamos de esta narración.

Finalmente destacamos las herramientas que Charon pone al servicio de una mejor escucha. 1) “Frame”, marco: ¿de dónde nos viene el relato?, ¿Cómo aparece?, ¿a qué preguntas responde? Responder estas cuestiones constituye la tarea de “enmarcar” la narración; 2)Forma: como se ha dicho o escrito el relato. Podemos considerar a su vez, género, estructura, metáforas, alusiones, dicción; 3) Tiempo: ¿de qué manera trata el paso del tiempo? ¿Cómo percibe el futuro?; 4) Guión: los hechos ganan sentido cuando los insertamos en un guión; 5) Deseo: ¿qué se pretende con el relato? ¿y con la lectura del relato?

Rita Charon nos invita en el capítulo 8 a considerar una “historia clínica paralela”, el relato de lo que sentimos mientras atendemos al paciente y que no podemos escribir en la Historia Clínica. Rita Charon transcribe algunas sesiones con sus residentes. La explicación que les proporciona para que aporten relatos de “historia clínica paralela” es muy breve: “imaginad que estáis atendiendo a un paciente terminal que os recuerda a vuestro abuelo. Lógicamente no apuntaréis en la Historia Clínica los sentimientos que os invaden cuando entráis cada vez en la habitación del paciente. Pues bien, eso es justamente lo que apuntaréis en la “historia clínica paralela”. Charon organiza seminarios con estos materiales y en el libro que comentamos proporciona interesantes pistas de cómo proceder con estos relatos aportados por los residentes.

Francesc Borrell
Barcelona

Artículos originales.-

Medrano J.- Empatía, ratas y médicos.

La empatía se define como la capacidad de sentir y comprender conscientemente lo que siente otra persona, y de responder adecuadamente a las necesidades de los demás.  Es una facultad humana, cuyo sustrato anatómico cerebral se supone relacionado con un circuito de la empatía en el que juegan un papel importante neuronas espejo, y que se relaciona con la inmensa capacidad de imitación de nuestra especie, de cuyo elemento innato da cuenta el llanto de los niños recién nacidos al oir a otros bebés llorar.  Su imbricación con los sentimientos grupales se demuestra en la sincronización de emociones y sentimientos que suponen actividades como la danza y se supone que la cooperación intragrupal se basa en gran medida en la empatía.

Podemos plantearnos si la empatía, como cualquier otra facultad o capacidad humana, cuenta con manifestaciones menos elaboradas en otras especies animales.  Hay indicadores de que la existencia de empatía en los primates.  Un trabajo clásico de Masserman y colaboradores (1) demostró, en 1964, que si se entrena a un macaco Rhesus para obtener comida tirando de una cadena, el animal dejará de hacerlo aun perdiendo el alimento si el tirón conlleva al mismo tiempo una descarga eléctrica a un congénere. Pero en términos evolutivos, el macaco es un pariente muy próximo al del humano, por lo que deberíamos preguntarnos si especies más primitivas han llegado a desarrollar alguna forma de empatía.
¿Poseen las ratas empatía?
EN 1962, un primer experimento de Rice y Gainer (2) demostró que si aprende a hacerlo, una rata pulsará una palanca para hacer descender a un congénere suspendido en el aire.  Han pasado casi 50 años hasta la publicación en Science de un experimento más complejo en el que Bartal y colaboradores aprecian conductas empáticas en ratas de laboratorio (3).  Diseñaron una experiencia en la que se colocaba juntas a dos ratas, una libre y otra recluida en una caja.  Si la rata libre aprendía a oprimir una palanca que liberaba a la recluida, lo hacía con rapidez.  No hacía lo mismo con una “rata de juguete”, lo que excluía un elemento lúdico y, en cambio, sí liberaba a su congénere aunque le supusiera tener que compartir comida (en concreto, chocolate muy apreciado por las ratas objeto del estudio).  Loa autores, que ofrecen en la web de la revista un vídeo ilustrando y comentando sus hallazgos, interpretan que las ratas son capaces de poner en práctica, deliberadamente, la conducta liberadora de sus congéneres atrapadas, y califican su comportamiento de altruista (no les depara un beneficio directo como el juego y sí, en cambio, les lleva a compartir el chocolate, algo que, por otra parte, hacen sin reparos).  Aunque en un comentario en la misma revista, Panksepp plantea que el diseño del experimento no permite saber si las ratas libres liberan a las enjauladas porque sienten y comprenden su malestar (en cuyo caso sería una conducta empática) o si lo hacen porque descubrir que pueden hacerlo les produce un bienestar directo (es decir, por lo que en términos de psicología humana sería una satisfacción narcisista), para Bartal y colaboradores concluyen que la conducta liberadora de las ratas sugiere una raíz biológica de la empatía. 

Contagio de bostezo
Otra aportación reciente relacionada con la empatía es el libro “Zero Degrees of Empathy” (5), de Simon Baron-Cohen, un experto en autismo. Este autor británico describe un cociente de empatía, de distribución normal en la población, con un extremo de máxima empatía (que puntúa como 6) y otro de mínima (que puntúa 0).  En su modelo, las personas hiperempáticas tienen continuamente activado el circuito de la empatía, son capaces de percibir y comprender los sentimientos ajenos y de actuar en consecuencia.  Las personas con mínima empatía se dividen para Baron-Cohen en “cero negativo” y “cero positivo”.  Los primeros, contrariamente a ciertas propuestas político – raciales, no son precisamente los ejemplares, sino que, al contrario, su falta de empatía se asocia con inmoralidad y depara consecuencias desfavorables bien a los propios individuos, bien a su entorno.  Se trata de personas con estructuras y estilos límite, narcisista o antisocial.  En cambio, los “cero positivo” son individuos que a pesar de carecer de empatía cuentan con una mente precisa, exacta, que puede dotarles de cualidades especiales que les convierte en personas hipermorales.  Los “cero positivo” son personas con trastorno de Asperger o autismo de alto funcionamiento, que se caracterizan además por su extrema capacidad de sistematización.

Baron-Cohen define la sistematización como la capacidad para analizar y detectar pautas y patrones cambiantes, para entender el funcionamiento de las cosas.  Es una facultad de nuestro cerebro, que busca esos patrones o pautas con el fin de poder predecir acontecimientos futuros o poder experimentar alterando una variable con el fin de verificar cómo el funcionamiento de un proceso, de un sistema.  La sistematización, pues, es esencial para la investigación y para la actividad científica.

Al igual que la empatía, la sistematización tiene una distribución normal en la población, y Baron-Cohen habla de un “cociente de sistematización” con unos valores mínimo (cero) y máximo.  En el extremo de máxima sistematización se encuentran personas cuyo funcionamiento mental sistematiza continuamente, que solo se interesan por la información que sigue una pauta o un patrón repetitivo, y a las que los cambios les resultan tóxicos.  Deben tener todo bajo control y son extremadamente rígidos en las valoraciones de las conductas propias y ajenas.  Buscan la “verdad”, en forma de los fenómenos que siempre pueden verificarse, repetirse, sin cambio alguno, sin duda alguna.  Rechazan las emociones, que les incomodan porque son impredecibles.  La sistematización extrema se acompaña de una empatía cero (positiva), de modo que las personas con este estilo psicológico no pueden tolerar las respuestas emocionales (inexactas, impredecibles, cambiantes) y no aprecian ni responden a los sentimientos de las otras personas. 

Imitación empática
La empatía, por lo tanto, es una facultad humana que puede rastrearse en especies “inferiores”.  Es la base de la solidaridad, de la compasión, de la ayuda.  Los homínidos que nos precedieron desarrollaron conductas empáticas, como se demuestra por la prolongada supervivencia de un individuo de H. Heldelbergensis con una severa malformación cuyo cráneo se encontró en Atapuerca, haciendo pensar a sus descubridores que recibió un cuidado suplementario por parte del grupo y que su patología “no fue un impedimento para que recibiera la misma atención” que cualquier otro niño  (6). La empatía no se distribuye por igual en todas las personas, y quienes carecen de ella pueden dividirse en individuos egoístas y amorales (los cero negativo de Baron-Cohen) y en individuos hipersistematizadores, lógicos en extremo, más preocupados por el funcionamiento y las estructura de la realidad que capaces de sentir con y comprender a sus semejantes (cero positivo).
 
Pero la empatía es también la base de la relación de ayuda que sustentan a las llamadas “helping professions” y, muy significativamente, a la Medicina. ¿Cuál es el cociente de empatía de la Medicina asistencial en nuestros días?  ¿Se acerca al máximo que permite y fomenta la compasión y la ayuda o, por el contrario, la encontraremos más bien en el polo opuesto, el de la dificultad para comprender y sentir con el paciente?

Un reciente trabajo de Tulsky y colaboradores (7), del que se ha hecho eco Diario Médico, demuestra la utilidad de un programa informático para “enseñar empatía a los médicos”, ya que, parafraseando a la reseña periodística, “identificar y entender los sentimientos y motivaciones del paciente no es siempre una tarea fácil”.

Contemplar la Medicina técnica moderna, es constatar su esfuerzo por encontrar la “evidencia”, su afán por construir protocolos y algoritmos que pretenden reproducir fielmente en cada paciente situaciones semi-experimentales, su acento en los síntomas, en los signos y en los hallazgos de las pruebas complementarias, su empeño por trocear en especialidades y parcelas al ser humano enfermos, y su olvido de la dimensión emocional del enfermar, del estar enfermo, la dificultad para comprender el desamparo que siente el paciente. La Medicina tecnificada, que aspira a dotarse de un saber sólido, infalible, evoca al cero positivo hipersistematizador de Baron-Cohen y, como él, tolera muy mal las emociones, los sentimientos, los sufrimientos de los pacientes.  Tanto que la empatía se ha convertido en una virtud que ha de enseñarse a los médicos con la ayuda del ordenador. 

1.- Masserman JH, Wechkin S, Terris W.  "Altruistic"  behavior in rhesus monkeys. Am J Psychiatry 1964; 121: 584-5.
2.- Rice GE, Gainer P. "Altruism" in the albino rat.  J Comp Physiol Psychol 1962; 55: 123-5.
3.- Ben-Ami Bartal I, Decety J, Mason P.  Empathy and pro-social behavior in rats.  Science 2011; 334: 1427-30 [Texto completo].
4.- Panksepp J.. Behavior. Empathy and the laws of affect. Science 2011; 334: 1358-9.
5.- Baron Cohen S. Zero degrees of empathy. A new theory of human cruelty.  London: Allen Lane, 2011.
6.- Gracia A, Arsuaga JL, Martínez I, Lorenzo C, Carretero JM, Bermúdez de Castro JM, et al.  Craniosynostosis in the Middle Pleistocene human Cranium 14 from the Sima de los Huesos, Atapuerca, Spain. Proc Natl Acad Sci USA 2009; 106: 6573-8 [Texto completo].
7.- Tulsky JA, Arnold RM, Alexander SC, Olsen MK, Jeffreys AS, Rodriguez KL, et al.  Enhancing communication between oncologists and patients with a computer-based training program: a randomized trial.  Ann Intern Med 2011; 155: 593-601 [Abstract].

Juan Medrano
Bilbao


COMENTARIO DEL PROFESOR BACA:

Interesantísimo tema el de la empatía pero me temo que mucho mas complejo que la existencia de neuronas espejo. La moderna neurociencia parece empañada en centrarse en el cómo y abandonar el porqué. El problema es cuando confunde causa y mecanismo.

Los homínidos recién nacidos imitan gestualidad
Mas interesante aún el tema de la "empatía" en los animales. Las conductas altruistas detectadas desde antiguo en las especies animales en libertad (que son un escenario mas adecuado que el animal en el laboratorio) están ampliamente descritas. En este tema, en mi opinión, hay que tener un especial cuidado en no  antropomorfizar los datos de la conducta animal atribuyendo a conductas parecidas vivencias parecidas. La empatía es sin duda un fenómeno vivencial pero la cuestión es si los animales son capaces, en sus posibilidades de funcionamiento adaptativo al medio, de desarrollar "vivencias" que implican un componente cognitivo básico y un componente valorativo e intencional asimismo bastante elaborado.

Como siempre la reducción animal=hombre aparece como telón de fondo. Y todo parece indicar que en la constitución de la la alteridad (tema central y subyacente en el que la empatía solo es una manifestación afectiva)) entre los seres humanos presenta rasgos diferenciales esenciales en relación a la constitución de los posibles lazos intraespecificos en los animales.  A no ser que nos instalemos en el biologicismo extremo (que podemos hacerlo con toda la legitimidad) es difícil pensar que es asimilable una conducta en la que la biología lo hace todo (matizada por los estrechos límites que la genética impone al  aprendizaje en cada especie animal) a una vivencia en la que la cultura es determinante y no solo en tanto que "cultura del sujeto" sino en tanto que "cultura de la especie" (como es bien sabido no podemos hablar, sin desnaturalizar el termino, de "cultura animal").  El hombre es, en ese sentido, meta biológico (sin darle a este hecho ningún matiz de ventaja sino, por el contrario, de profundo inconveniente y riesgo desde el punto de vista puramente funcional-adaptativo).


En fin un tema apasionante que animo a discutir en profundidad y que (éste sí) afecta directamente a los fundamentos de las acciones de cuidado en las que se inserta histórica y culturalmente la práctica médica (no hay médicos entre las ratas ni entre los primates actuales aunque si hay en estos últimos conductas de cuidado al herido o al lesionado, conductas que suelen ser momentáneas, esporádicas y no persistentes).

Hace poco mas de una año se publico la segunda edición de un libro que habrá que reseñar en estas páginas: se trata de la traducción española de L'aperto. L'uomo e l'animale de Giorgio Agamben publicado originalmente en 2004 en Italia. Prometo esa recensión para una próxima edición del Boletín.

Enrique Baca
Madrid.

Webs de interés.- 

La historia de los descubrimientos médicos.  Con motivo de su 200 aniversario, el New England Journal of Medicine ha creado un atractivo recurso interactivo online (History of Medical Discoveries) en el que se puede seguir linealmente el paso desde el momento de aparición de la revista hasta nuestros días junto con los principales descubrimientos producidos en Medicina desde entonces, los artículos que los recogieron o comentaron en el propio New England o su impacto en los medios.  El navegante interesado puede seleccionar los hallazgos por especialidades.
New England Journal
http://nejm200.nejm.org/timeline/
También merece la pena destacar un artículo de Allan M. Brandt que repasa los 200 años de ejecutoria de la revista y con referencia a artículos de significación histórica, los últimos de los cuales refieren a la identificación del SIDA en 1981.
http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMp1112812
De lectura sugerente el repaso histórico de los conceptos que se han ido sucediendo en relación a la cardiopatía isquémica

http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMra1112570

De nuestra Redacción

Artículo comentado.- 
Medical humanities as expressive of Western culture
Claire Hooker, Estelle Noonan
Med Humanit 2011;37:79e84. doi:10.1136/medhum-2011-010120

¿Hay un sesgo en las Humanidades Médicas?
En un mundo cada vez mas globalizado, ¿estamos defendiendo un concepto de Humanidades Médicas de fuerte sesgo occidental?  Así lo defiende el artículo que comentamos , de la  pluma de dos australianos que pertenecen al Centre for Values, Ethics and Law in Medicine, de la Universidad de Sidney. Tras examinar los textos canónicos y la estructura de cursos universitarios, y verificar un enfoque decididamente occidental, se preguntan si las Humanidades Médicas no tienen por objetivo hacer mas comprensible otras culturas al médico en formación. Si fuera así, el currículo debería contemplar  la perspectiva de pacientes “diferentes”, pues si comprendemos sus valores y puntos de partida tal vez les escucharemos mejor.
Los autores proponen incorporar estudio de casos que aproximen al estudiante a casos como la sutil marginación que sufren algunos pacientes inmigrantes. He aqui un ejemplo:
One such study (from Canada) explored the views and experiences of Southeast Asian women patients and of the healthcare providers who service this population. The study showed divergent perceptions of healthcare interactions. While healthcare providers, some of whom were in fact members of the Southeast Asian community themselves, felt they went to some lengths to ensure that they treated all patients equally, the patients felt that they perpetually encountered racism and discrimination in healthcare. In the study author’s view, this resulted from a subtle process of ‘Othering’. All the healthcare workers were frustrated with their patients’ choices and behaviour, including a lack of compliance with treatment regimens or with recommendations for self-surveillance and screening.

El artículo al que se refieren es:
Johnson JL, Bottorff JL, Browne AJ, et al. Othering and being othered in the context of health care services. Health Commun 2004;16:255e71.

En resumen: viento fresco para renovar ideas y propuestas en Humanidades Médicas.

F.Borrell
Barcelona

BOLETIN IATROS ENERO 2012


INDICE.-
Noticias.-  1)Contra el estigma en Salud Mental: Manifiesto de Oviedo; 2)XX Aniversario del Comité de bioética de Catalunya;  3)Ha salido el 9º Boletín de Bioética de la Complutense; 4) Javier Moscoso, “Historia cultural del dolor”; 5)15th International Philosophy and Psychiatry Conference; 5-7 July 2012
Comentario de libros.-  Cortina, Adela.- Neuroética y neuropolítica. Sugerencias para la educación moral. Editorial Tecnos, 2011.
Bok S. Exploring Happiness. From Aristotle to Brain Science.  Yale University Press. New Have 2010.- 218 Pag, incluye indice temático.
Webs de interés.-  Euroethics Health Network; Noufield Council of Bioethics.
Artículo comentado.- José Luis González Quirós; La teoría de la mente: de la inteligencia artificial a la inteligencia híbrida, Madrid, 2010.

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Noticias.- 

1)Contra el estigma en Salud Mental: Manifiesto de Oviedo
Documento conjunto de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), presentado en el marco del XV Congreso Nacional de Psiquiatría en Oviedo.
2)XX Aniversario del Comité de bioética de Catalunya. Se celebró este pasado mes de Diciembre. Ver un resumen en:



3)Ha salido el 9º Boletín de Bioética de la Complutense.

Acceso fácil desde: www.bioeticafilo.blogspot.com

Javier Moscoso
4) Novedad editorial: Javier Moscoso, “Historia cultural del dolor”, Taurus, 2011. En la contraportada leemos: Al contrario de lo que afirmaba el filósofo Cioran, para quien era imposible dialogar con el dolor físico, todas y cada una de estas páginas abogan por ese encuentro y potencian ese diálogo. A medio camino entre la historia y la filosofía, este ensayo versa sobre las formas sucesivas (que no progresivas) de materialización de la experiencia del daño, sobre las modalidades artísticas, jurídicas o científicas que han permitido, desde el Renacimiento hasta nuestros días, la comprensión cultural del sufrimiento humano. La representación, la simpatía, la imitación, pero también la coherencia, la confianza o la narratividad son algunos de los recursos retóricos y argumentativos que los hombres y las mujeres hemos ido utilizando, y todavía usamos, para sentir nuestro dolor, pero también para expresarlo y dotarlo de significado y valor colectivo.

5)15th International Philosophy and Psychiatry Conference; 5-7 July 2012
Topics include:Culture, Identity and the Brain/ Mental Disorder and Displaced Peoples/ Culture and Forensic Psychiatry/ Culture and Maladies of the Soul


Comentario de libros.-

Cortina, Adela.- Neuroética y neuropolítica. Sugerencias para la educación moral.
Editorial Tecnos, 2011.


Adela Cortina  en su nuevo libro trata de contestar a las preguntas que la propia neuroética se plantea desde sus orígenes, es decir, sobre las condiciones éticas en las que deben llevarse a cabo tanto las investigaciones neurocientíficas como la aplicación de sus resultados para no violar los derechos humanos ni con la investigación ni con la práctica. Además, la autora se hace una pregunta tanto de tipo neurobiológico como filosófico: ¿Existen unos códigos inscritos en nuestro cerebro  que sean los auténticos códigos morales por los que debemos regirnos y eliminar todos los anteriores? También se pregunta por si  existen unas bases neurobiológicas en la organización de nuestra vida política, si somos libres o si por el contrario estamos determinados cuando actuamos por nuestro cerebro o si es posible hablar con cierto sentido de la  autonomía y de la responsabilidad en nuestras vidas.
Las preguntas sobre neuroética se adentran en las claves esenciales del mundo humano: ¿En qué consiste la identidad de una persona? ¿Somos nuestros cerebros? ¿Nuestros cerebros nos definen mejor que nuestros genes? ¿Investigando el cerebro investigamos el yo? ¿Cómo congeniar cerebro, mente y persona? Y  por el contrario, como afirmaba Kant en su Pedagogía  “el hombre llega a serlo por la educación, es lo que la educación le hace ser” o como afirma la autora hablando sobre  la felicidad del ser humano: “la felicidad misma no sea tanto producto del ejercicio de unas facultades maravillosas sino  de una buena vida compartida con sus semejantes”.
 Uno de los mensajes de los neurocientíficos sobre la  neuroética es que el cerebro toma decisiones influido por algún tipo de  moral universal que todos poseemos. Se trataría de algún tipo de función adaptativa que en realidad sería una nueva formulación de las éticas ontológicas, en esta ocasión estaríamos ante la fórmula del es cerebral al debe moral y en las cuales  se encontraría curiosamente una  base neurobiológica para  amar al cercano y rechazar al lejano.  Esto contrasta con códigos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta disonancia podría ser fruto del proceso de socialización; los juicios son ya sociales, la disonancia cognitiva entre lo que nos dice la neurociencia y los códigos morales universalmente establecidos podrían deberse al aprendizaje social.
Otra cuestión interesante sería saber si las áreas del cerebro son  la causa de la formulación del juicio moral o más bien son una base imprescindible para poder formularlo, refiriéndonos a patrones  y estructuras en abstracto al margen de contenidos.
Los contenidos  encontrados para una ética universal se refieren a la generación de juicios sobre dilemas personales e impersonales. Curiosamente en el caso de los primeros las zonas del cerebro que más se estimularían son las conectadas con la emoción mientras que los dilemas impersonales se estimularían con las conectadas al razonamiento.
Como dice la autora cabe preguntarse si el fin moral de los seres humanos es sobrevivir a secas o si consiste en vivir bien, y qué implicaría ese bien;  pues  “ hemos ido aprendiendo  a lo largo de la historia que vive humanamente bien quien respeta los derechos ajenos y propios, quien reconoce la dignidad y la valía ajena y propia, quien se esfuerza por empoderar a los demás y a sí mismo, quien apoya a los débiles y vulnerables aunque no pertenezcan  a su grupo de parentesco, de etnia, de lengua, de nación ni continente”. Y es que el criterio de moralidad  no es el mecanismo evolutivo. Del es  evolutivo no  surge el debe moral pues sigue siendo ilegitimo  incurrir en la falacia naturalista, y por consiguiente  de los diversos “es”  neurocientificos no surge un “debe” moral. Por consiguiente  las bases de una ética universal serían, por supuesto, cerebrales  pero también mentales y sociales.
La neuropolítica debería intentar averiguar si las bases neuronales de nuestra conducta nos preparan para asumir unas formas de organización política como superiores a otras y en segundo lugar si la democracia es la forma exigida por esas bases cerebrales o si es preciso ir más allá de ellas.
Tendríamos un instinto moral  o una gramática moral universal, producto de la evolución, que posee toda mente humana y que de manera inconsciente y automática genera juicios sobre lo que está bien y lo que está mal. El problema estaría en racionalizar esas intuiciones; para ser mas claros, en ocasiones  creemos que algo no se debe hacer pero no sabemos por qué.
Debemos entender la ética universal con base cerebral, como una gramática moral que nos permita aprender todos los lenguajes morales, es decir, hablar el idioma moral de las diferentes culturas. Esto es mucho más acertado que intentar descubrir principios con contenido, pues cualquier contenido que quisiéramos proponer chocaría con la moral de alguna o algunas culturas y perdería su pretensión de universalidad. Si queremos combinar universalidad y diversidad, sea de  una misma cultura a lo largo de la historia, o sea de distintas culturas o grupos que conviven en un mismo tiempo, entonces los principios éticos no pueden ser sino formales.
También introduce el concepto de condición frente a causa porque siempre actuamos condicionados por nuestras neuronas, cuerpo, carácter, contexto social y por un sinfín de elementos. Al hablar de la acción humana deberíamos abandonar la noción de causa que suele entenderse como si tras una causa se siguiera  necesariamente un efecto y recurrir a la noción de condición. Las condiciones que provocan acontecimientos, además de ser diversas,  no aseguran un resultado predecible pero sí permiten afirmar con diferentes grados de probabilidad por qué influyen en que se produzcan.
Descartes 1596-1650
Cuando los neurocientíficos quieren tratar sobre fenómenos observables tienen que hacerlo desde el trasfondo de un mundo vital compartido intersubjetivamente, desde la intersubjetividad  de una comprensión posible del mundo interior. A juicio de la autora y con respecto a la libertad, el neurocientífico no debería negar la libertad porque no la pueda explicar; el cometido estriba mas bien en averiguar cómo es posible que las razones que son mentales, puedan influir en las conductas a través de los procesos cerebrales que son de orden físico. Un misterio que subsiste desde el dualismo cartesiano.

Juan Carlos Hernández–Clemente.
Madrid.



Bok S. Exploring Happiness. From Aristotle to Brain Science.  Yale University Press. New Have 2010.- 218 Pag, incluye indice temático.

La felicidad sigue siendo un objeto filosófico apreciable. A los filósofos se han añadido economistas, médicos, psicólogos, sociólogos y otras disciplinas con ánimo de incrementar perspectivas y reflexiones. Algunas de estas perspectivas quieren ofrece soluciones prácticas a las personas, sea desde la perspectiva económica, psicológica o incluso biológica. Otras sencillamente quieren poner algo de clarida en el debate, en ocasiones para evitar posiciones ingenuas que pueden fácilmente derivar en recetas atractivas pero inútiles o incluso perjudiciales para las personas. El libro que comentamos se inscribe en esta línea de trabajo.
S. Bok
Sissela Bok es filósofa  y Senior Visiting Fellow del Harvard Center for Population and Development Studies. El libro podemos dividirlo en una primera parte que explora las definiciones y perspectivas históricas del término “happiness”, una segunda que explora como se mensura, y una tercera parte que plantea  hasta qué punto la felicidad viene ligada a aspectos caracteriales y si podemos considerar una felicidad estable.

En la primera parte la autora se esfuerza en presentarnos diferenes definiciones diferentes e incluso opuestas de lo que podemos entender por felicidad, o para ser mas precisos, lo que filósofos, escritores y otros intelectuales han definido por tal. Desfilan por consiguiente un amplio elenco de personajes con propuestas dispares: la felicidad com virtud, (Aristóteles, autor que viene a poner la primera piedra para fundamentar el libro), como buena voluntad (Kant), como poder que vence una resistencia (Nietzsche), como crecimiento personal, como “buena vida” (Séneca), etc. Parece que estamos ante un test de Rosrschard en que las definiciones nos hablan de los personajes, mas que de la felicidad en sí misma. Cada definición tiene un “pero” que la relativiza, y un “como” que nos hace ahondar en el camino biográfico en que esta definición fue formulada, y que parece su sustento mas firme. Bok evita tomar partido, parece que su tarea es pedagógica, mostrativa, si acaso para relativizar aquellas estrategias que indoctrinan a las personas para hacerles creer que solo hay un tipo de felicidad, y que deben conseguirla de una y solo una manera, sacrificando aspectos de su desarrollo personal.

En la segunda parte la autora hace desfilar a Bentham, con su calculus feliciti, Mill, que le enmienda la plana introduciendo una visión mas sensata y profunda del placer y dolor, y Francis Edgeworth (1881) con su propuesta de hedoninómetro, algo así como un termómetro para mensurar la felicidad que en cada momento tenemos.  Kant, por su parte, abona la idea de la felicidad como virtud y como camino de virtud, a lo que Bok opone biografías deshonestas que parecen felices. La conclusión que parece adoptar es la de James Griffin (pag 51), quien afirma que una vida moral no es suficiente para ser feliz, pero lo facilita. Aparecen los psicólogos, y entre ello Kaheman, reputado psicólogo de la felicidad heredero de la idea de un calculus feliciti basado en un hedoninómetro, y que propone 4 componentes de la felicidad: instant utility, que sería el balance entre placer y dolor/sufrimiento que podemos hacer en cualquier momento de nuestra vida, remembered utility, lo que nos queda en la memoria, satisfaction with domains of life, que sería la satisfacción en un área concreta de nuestra vida, por ejemplo la familia o el trabajo, y well-being, el estar bien o bienestar. Este autor propone dos métodos para objetivar la felicidad, (“objective happiness”): una monitorización diaria del “instant utility” o un resumen tipo diario. La idea de Kahenam sería evitar  las trampas que nos hace la memoria, o las trampas que nos hacemos cuando realizamos un balance vital de nuestra felicidad. Bok critica este tipo de diario porque tiene connotaciones moralistas, y también relativiza aquellos contructos que priorizan áreas concretas de la vida. Tal vez donde mas consenso existe entre los psicólogos de la felicidad es en admitir que las relaciones familiares y sociales son un componente por lo general central. La autora no niega que se avanza hacia una ciencia de la felicidad, pero esta ciencia deberá incorporar multiples disciplinas, como la neurociencia, psiquiatría y la economía, además de la citadas mas arriba.

En la tercera parte aborda el tema del carácter… ¿es la felicidad una cuestión de carácter? Así parece constatarlo muchos testimonios y estudios. Aborda por consiguiente el tema de la melancolía y depresión desde una perspectiva literaria, lo que desmerece en este punto un libro que se debe a los argumentos filosóficos, y constata diferentes tipologías sanguíneas y defensivas, en un mix de literatura y ciencia. Opone resiliencia a desprotección y advierte que personas dotadas de resiliencia podrían escasear en empatía, (una apreciación que no documenta y que me parece como mínimo dudosa). Trata de modelizar algunas diferencias caracteriales importantes de cara al estilo de vida que uno elige, por ejemplo la disposición a tomar riesgos, moralidad, experiencia del tiempo, higiene, tolerancia, extraversion… En fin, algunas citas interesantes que no atenúan  la sensación de que la autora anda en estos vericuetos básicamente perdida.

Petrarca
Aparece entonces otra de las preocupaciones de Bok y que articulan el libro: ¿es viable una felicidad prolongada? Ahí tenemos los poemas de Petrarca, la contemplación estética…  Freud pensaba que el ser humano no podía alcanzar la felicidad, que en realidad este concpeto le estaba vetado desde el mismo momento en que la cultura le obligaba a diferir la culminación de sus apetitos. Russell por el contrario cree que cada persona puede labrarse su felicidad si se aplica a ello. Ambos autores parecen enfrentados de manera irremisible, pero también hay coincidencias: ambos creen que la mayor parte de humanos son infelices, cuando las estadísticas arrojan datos objetivos en sentido contrario, y ambos escriben influidos por sus propias trayectorias vitales. Bok rastrea con sagacidad hasta qué punto Russsell tiene que invocar una Naturaleza generosa , que nos ofrece un “gran espectáculo”, y como cada ser humano debe sentirse unido a la cadena de generaciones que pasarán por la Tierra, una perspectiva en el fondo religiosa, como no dejaría de anotar Theilard de Chardin (ver nota a pie de la página 135).

La última gran cuestión que aborda Bok es el tema de la “Illusion” que en inglés es espejismo. La persona que se engaña en relación a su felicidad, ¿es verdaderamente feliz? ¿Son verdaderamente felices las personas que siguen un camino ascético? ¿Hacemos un bien despertando a los locos de sus sueños, como fue el caso de Lycas de Argos, narrado por Horacio? Las respuestas que da Bok son de tipo moralista: la persona se ve envuelta en engaños que acaban por favorecer un auto-engaño acerca de su propia vida. Hay que situar determinadas líneas rojas en nuestra vida y de esta manera alertarnos de que hay mecanismos de engaño operando en nuestro juicio de la realidad (“morals salience calls”, las llama). Admite que una manera de lograr una vida feliz  es sosteniendo una visión mas optimista de lo razonable acerca de nuestras capacidades y de nuestra valía, pero cree que todas las personas preferirían “la verdad” a esta cómoda instalación (sigue en este punto nuevamente a Griffin). Y siguiendo a Kant argumenta que esta persecución de lo verdadero, mas que de la verdad, es una manera de cuidarnos. Al final, pues, parece que Bok se decanta por una visión  virtuosa de la felicidad, en consonancia con su principal maestro, Aristóteles.

F. Borrell
Barcelona.


Webs de interés.- 

Os comentamos en este Boletín dos portales de interés:
1)Euroethics Health Network
Página alemana que permite acceder a documentos y legislaciones europeas referentes a la Bioética.  

EUROETHICS Overview

EUROETHICS is an extension of the Euroethics Health Network (EHN), a standardised, labour-dividing European information and database network on biomedical ethics. From 1996 to 1999 the European Commission supported the "Establishment of a European Database Network" through the BIOMED-2 Programme. With the help of this funding, France, Germany, the Netherlands and Sweden established the Euroethics Health Network, that will now be extended to new European partners.
National databases have been joined together into the unified European Database on Medical Ethics EUROETHICS. The database currently comprises over 11,500 documents (currently searchable via www.dimdi.de).


Databases and Data Collections Dealing with Ethics in Medicine and Biotechnology


Special Topics - Value added information products

The partners of EURETHNET are developing value-added information products on normative aspects of the life sciences. The section 'special topics' contains summaries of the scientific, legal and moral aspects of the most current issues in bioethics. Brief introductions in debates and legal documents will be given for Europe and different European countries. Those who want further information will also find links to relevant legal documents.
·         Dealing with biometrical data (data protection)
·         Genetically modified food
·         Predictive genetic diagnosis
·         Research involving humans

2)Aspectos éticos de la demencia (Dementia: ethical issues).  
Documento del Nuffield Council on Bioethics británico, resultado de un concienzudo estudio con el que se pretende orientar para la resolución de los conflictos éticos que se suscitan en el abordaje a todos los niveles de esta grave enfermedad.  Para su elaboración se consultó a pacientes, familiares y profesionales, con el fin de ilustrar sobre aspectos como cuándo y de qué manera informar sobre el diagnóstico, el conflicto entre la seguridad del paciente y su independencia y libertad o cómo tomar decisiones que maximicen los intereses del paciente. 
Juan Medrano
Bilbao

Artículo comentado.- 

La teoría de la mente: de la inteligencia artificial a la inteligencia híbrida
Autor: José Luis González Quirós, Madrid, 2010.
Edición para el Boletín de la Fundación Iatros, 2011.
Accesible en nuestro blog, Sección “Artículos especiales”., o clicando aquí.

José Luis González Quirós
El artículo que ofrecemos a nuestros lectores en abierto (edición supervisada y dirigida por su autor) sigue la estela de la “caja china” de Searle: ¿puede un ordenador tener conciencia como la tenemos los humanos? Cuándo un ordenador “habla” con nosotros, ¿“entiende” lo mismo que entendemos nosotros? Ray Kurzweil contesta afirmativamente: es posible crear un super-ordenador que disponga de conciencia, e incluso, ¿por qué no?, en un futuro podremos alcanzar la inmortalidad trasladando nuestra conciencia a la base física de un ordenador. Nuestros lectores recordarán el libro “Génesis” de Bernard Beckett: en un futuro los ordenadores ocupan el lugar de los humanos, la mente pasa de la base carbono a la base sílice, mucho mas estable, etc…

Al hilo de estas atrevidas afirmaciones José Luis González Quirós desgrana con minuciosidad el carácter especulativo de una visión de lo mental que la asimila al software de un ordenador, el llamado modelo funcional. Para ello se apoya sobre todo en Putnam (2001:104) : decir que “algún día la ciencia podrá encontrar la manera de reducir la conciencia (o la referencia o lo que sea) a la física”, aquí y ahora, es lo mismo que decir que algún día la ciencia “puede que haga no-sabemos qué de manera que no-sabemos-cómo” (2001:204).

La mente es un producto “vivo” y lo vivo tiene propiedades que en muchos aspectos continúan vedados a nuestro conocimiento: “El fondo del error que se comete al prescindir de los caracteres de la vida que parecen ser irreductibles a la mecánica y a la informática, es la tendencia a confundir lo abstracto con lo concreto”. Una cosa es el concepto de pensamiento y otra muy distinta es el pensamiento humano en si. Que podamos hablar del pensamiento y la conciencia humana no significa que sepamos lo que es. Poseer conceptos no equivale a conocer objetos.

¿Por qué razón tantas personas e incluso filósofos creen que es posible crear una mente- ordenador dotada de consciencia? José Luis cita varias razones, pero la siguiente me parece particularmente aguda: “Me parece que hay también otra razón que explica la confusión, si es que lo es, entre mente y cerebro desde esta perspectiva. Me refiero a que los fantásticos progresos tecnológicos de la era digital han supuesto una síntesis entre tecnologías reduccionistas (o inspiradas en saberes que lo son metodológicamente) y las tecnologías propiamente digitales, que no son reduccionistas o fisicalistas, sino que se apoyan en la capacidad de manejar propiedades semánticas, y que esa síntesis ha favorecido la confusión del significado metafísico de unas y otras”.

Es decir, como somos capaces de manejar signos y metáforas para crear programas para ordenador, nos parece que eso es ya un lenguaje como el humano, cuando tienen poco que ver. El lenguaje humano, añadiría yo, tiene el componente sentiente que destacó Zubiri, y que ancla los contenidos semánticos, por abstractos que sean, en nuestra realidad corporal.

Ahora bien José Luis , siguiendo a Ortega, ve oportunidades en la técnica como complemento, vestido,  o ampliación de lo humano. En este sentido afirma:
Creo, en suma, que el cerebro podrá contar con exoinstrumentos que se conecten con él de una manera bastante simple y efectiva para mejorar su rendimiento, espero que sea posible alguna ortopedia intelectual, alguna forma de inteligencia híbrida y que, por ahí, se abrirán nuevos caminos. Me parece, además, que esa nueva forma de inteligencia híbrida no vendrá únicamente por el lado del hardware, sino también por el lado del software, de la muy posible mejora del sistema de signos que usamos para pensar y calcular, y de las formas de automatizar sus relaciones a través de nuevas redes externas a nosotros o, a su manera, también híbridas”.
Este apretado resumen del trabajo de González Quirós no le hace justicia, pues hay otros ángulos desde los que resulta posible leerlo: como una evolución del pensamiento orteguiano, (no en vano JLGQ es uno de sus grandes conocedores), como una prolongación del eterno debate entre  monismo y dualismo, como una reflexión de cómo la cultura actúa como filtro histórico  a la hora de leer  los hechos de la Naturaleza, o las consecuencias de que “la verdad” deba ser expresada siempre mediante proposiciones, y por consiguiente su carácter líquido, para usar un adjetivo de moda, o semántico, si preferimos otro mas preciso. ¡Que lo disfruten nuestros lectores!.

Francesc Borrell,   Barcelona.