BLOG LÍDER EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS Comité Editorial: Francesc Borrell. Juan Carlos Hernández Clemente. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETÍN IATROS ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.

BOLETÍN IATRÓS OCTUBRE 2013

INDICE.-
Noticias.-  Curso sobre Prevención Cuaternaria en Pediatría
Comentario de libros.-  Diamond J. Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Valcárcel A. Memoria y perdón.   
Webs de interés.-  Seguridad del paciente.
Artículo comentado.- Valdecantos A. Emociones responsables    

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Noticias.- 

Curso sobre Prevención Cuaternaria en Pediatría 29-30 Noviembre,2013. Organiza el Comité de Bioética de la AEP

Programa
Carmen Martínez González.
Coordinadora del comité de Bioética de la AEP




Comentario de libros.-
Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen   
Diamond, Jared M. (1937- )
Barcelona: Editorial Debate, 2006
ISBN 13: 978-84-8306-648-5      ISBN 10: 84-8306-648-3


Jared Diamond, un exitoso autor de temas a caballo entre la Geografía, la Biología Evolucionista y la Antropología , publicó en 2005 “Collapse”, un ensayo que se cuestiona por qué algunas sociedades perduran y otras desaparecen. Existe una traducción al castellano, de 2010.

Según Diamond, existen cinco factores que influyen en la pervivencia de las sociedades humanas:
1-    El daño causado en el medio ambiente, el ecosistema humano, por la sociedad, de forma imperceptible, o al menos no percibida directamente mientras se está produciendo.
2-    Los cambios climáticos, que han venido dándose a lo largo de la historia del planeta de forma natural.
3-    La existencia de vecinos hostiles.
4-    Complementario del factor anterior, la pérdida de apoyo y cooperación de vecinos amistosos
5-    La respuesta de la sociedad humana ante las dificultades que encuentra, ya sean ambientales, sociales, comerciales o militares.

Diamond repasa diversas sociedades desaparecidas o que experimentaron una trágica decadencia, como los pueblos nativos del oeste de los EEUU, los pobladores originales de Pascua y de otras islas del Pacífico, los mayas, y muy especialmente, los vikingos noruegos asentados durante siglos en Groenlandia. Tras ello se detiene en sociedades contemporáneas en crisis o potencialmente expuestas a catástrofes (Ruanda, Haití, China, Australia) y concluye avizorando el futuro y transmitiendo una visión prudentemente optimista de lo que nos depara a la sociedad humana globalizada del siglo XXI, el primer momento en la historia de la Humanidad en el que puede decirse que estamos expuestos a un colapso global, pero, al mismo tiempo, que disponemos del conocimiento y las herramientas para contrarrestarlo.

Merece la pena detenerse en la triste y trágica saga de los noruegos en el Atlántico Norte para analizar la importancia de los cinco factores descritos por Diamond. A partir del siglo IX los vikingos colonizaron Islandia,  una isla que sufrió, y sigue sufriendo, las consecuencias de la errónea importación de las prácticas ganaderas y agrícolas que los noruegos habían conseguido asentar en islas previamente colonizadas, como las Shetland, cuya latitud, comparable a la de Noruega, permitía la subsistencia de la sociedad y la sostenibilidad ecológica del entorno, algo que no era viable en Islandia por sus condiciones climáticas, geográficas y geológicas.
Primeros asentamientos

Más aun, los noruegos cruzaron el Atlántico y visitaron y poblaron su orilla occidental 500 años antes del viaje de Colón. Se establecieron en Groenlandia, llegaron a la isla de Baffin, Terranova e incluso a la costa de Norteamérica (Vinland), expedición de la que da cuenta una saga que describe un encuentro violento con la población local, en la que los vikingos acabaron con la práctica totalidad de sus contrincantes. En algún momento, no mucho después, los nativos, aparentemente, expulsaron a los noruegos, que dejaron sus asentamientos apresuradamente, según demuestra Diamond.

La ubicación más consistente y duradera en la orilla “americana” del Atlántico fue en dos asentamientos en la costa noroccidental  separados por centenares de kilómetros. La referencia histórica a estas dos ubicaciones como “oriental” y “occidental”, cuando ambas se encuentran al oeste, dificultó a arqueólogos e historiadores su localización durante siglos. Los noruegos se las ingeniaron para vivir allí casi cinco siglos, con una organización social rígida, en torno a granjas poderosas y opulentas en relación con el resto de la población. Llegaron a tener una catedral en Garöar, en el asentamiento “oriental”, con obispos enviados desde Europa, con la que comerciaron, exportando marfil procedente de las morsas que cazaban cerca del asentamiento más septentrional, e importando de ella metales y objetos relacionados con la práctica religiosa (vidrieras, vino). 
Ruinas Catedral Gardar
La vida en la Groenlandia noruega debía ser muy dura, centrada en la ganadería y el cultivo de heno para alimentar al ganado. Una parte importante del aporte proteico procedía de la caza de mamíferos marinos (morsas y focas), ya que sorprendentemente no hay rastro arqueológico de consumo de pescado, y carecían de tecnología para cazar ballenas.

Con el avance de la Edad Media la sociedad noruega del otro lado del Atlántico se colapsó hasta desaparecer hacia mediados del siglo XV. Diamond explora las causas posibles de esa tragedia desde su esquema de cinco factores:

1.    La afección del medio ambiente. En particular, la desaparición de los árboles por la sobreexplotación para construcción de casas y barcos, fabricación de turba o simplemente para obtener calor a través de la combustión. El crecimiento vegetal en Groenlandia es lento, por sus condiciones climáticas y lumínicas, por lo que los árboles talados no pudieron ser reemplazados por nuevos ejemplares al ritmo en que desaparecían. También se deterioró el suelo, que perdió sus cualidades nutritivas para la vegetación natural o para los cultivos, a causa de prácticas agrarias y ganaderas (en particular, la por la cabaña ovina), combinadas con la erosión y las condiciones climáticas
2.    En la Baja Edad Media se produjo un cambio climático en el Hemisferio Norte, la llamada pequeña Edad de Hielo, que hizo que las condiciones de vida y de supervivencia fueran más duras en Groenlandia. El hielo y la nieve bloquearon rutas naturales para la navegación, incluso las entradas a los fiordos en cuyos extremos se asentaban las comunidades noruegas.
3.    Los vecinos hostiles fueron los Inuit, actuales pobladores nativos del extremo norte de América. Los inuit llegaron tardíamente a Groenlandia, después que los noruegos, pero estaban mucho mejor equipados para la supervivencia en un medio tan hostil, con utensilios de caza y pesca más oportunos, depurados por siglos de desplazamiento gradual hacia el este en territorios subárticos. Además, los inuit llegaron a Groenlandia en plena decadencia de los vikingos, y su encuentro no pudo ser amistoso.
4.    La pérdida de contacto con vecinos amistosos, utilizando el concepto de vecino más desde un punto de vista cultural que geográfico sería en el caso de Groenlandia la pérdida de vínculos con sus parientes escandinavos. A ello contribuyó que la pequeña Edad de Hielo pobló de icebergs el Atlántico Norte, complicando enormemente la navegación. Asimismo, la apertura de vías comerciales hacia el sur permitió que Europa pudiera acceder a marfil africano procedente de la caza de elefantes, lo que hizo que el valor del marfil de las morsas groenlandesas perdiera valor e interés comercial. En los primeros veinte años del siglo XV solo hay referencia a dos barcos llegados a Groenlandia, lo que da idea del enorme, peligroso y trágico aislamiento de la sociedad noruega establecida en la isla.
J. Diamond
5.    Por último, Diamond argumenta que los noruegos groenlandeses manejaron sus dificultades de una manera muy poco eficaz. Hemos hecho referencia al nulo aporte proteico procedente del pescado, que Diamond conjetura tendría una base cultural o un matiz de tabú; en las durísimas condiciones a las que se vieron expuestos a lo largo de la historia de la colonia despreciar el pescado como fuente de proteínas o calorías no parece la mejor de las elecciones. Por otra parte, los noruegos de Groenlandia se consideraban por encima de todo europeos. Se mantuvieron firmes en sus tradiciones, su religión y sus costumbres, con una firmeza que les impidió innovar y explorar formas de subsistencia alternativas y muy especialmente replicar e incorporar los modos y la tecnología de los inuit en la caza y la navegación. Mención aparte merecen el sistema de impuestos y recaudaciones ejercidos por señores y obispos, que empobrecieron a amplias capas de la población, que llegado el momento de mayor penuria debieron refugiarse en grandes granjas en condiciones de servidumbre extrema que posiblemente generaron una gran conflictividad social.

Ruinas Iglesia noruega de Hvlasey
Muy posiblemente por efecto y combinación de estos cinco factores, la Groenlandia noruega se colapsó hasta el punto de que no hay referencia a ningún superviviente. Al margen de la trágica saga que podría componerse con su historia, desde la perspectiva de la sociedad globalizada y tecnológicamente evolucionada de nuestros días, su triste experiencia debe ser motivo de compasión y fuente de enseñanza para el futuro.

Como colofón, Diamond identifica ocho actuaciones modificables que han contribuido a lo largo de la historia a la ruina de las sociedades. El conocimiento de estos errores puede ayudarnos a los humanos globalizados del XXI a detener el proceso de colapso de nuestra sociedad y nuestra especie:
 
1.   La deforestación y la destrucción del hábitat
2.   Los problemas de suelo (erosión, salinización y reducción por ello de la fertilidad y productividad)
3.   Los problemas y errores en la gestión del agua (escasez, contaminación, tratamiento de aguas residuales)
4.   Sobreexplotación de la caza
5.   Sobreexplotación de la pesca
6.   La introducción de especies animales y vegetales invasoras que generan desequilibrios ecológicos catastróficos, ya sea de forma voluntaria (como los conejos o zorros en Australia) o involuntaria (las ratas y gatos que llegaron a islas del Pacífico a bordo de los barcos europeos).
7.   El crecimiento demográfico extremo
8.   El crecimiento de la huella ecológica o impacto per cápita sobre el entorno de las sociedades humanas.

Rúbrica Iatrós.-

Jared Diamond. Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen   


Concepto
Puntuación sobre 10
Comentarios

Interés
8
La relación del ser humano con su medio es interactiva. Las variaciones en el clima y las repercusiones de la actividad humana sobre el entorno determinan el éxito de las comunidades humanas. Aprender de los éxitos y fracasos del pasado puede ayudarnos a afrontar el futuro desde el conocimiento histórico - ecológico

¿Volverías a leerlo?
5
El libro, como todos los de su autor, es en ocasiones redundante, por lo que a pesar de su interés, si uno desea releerlo tiene que saber de antemano qué partes son reiterativas

¿Realiza aportaciones significativas?
8
Las diferentes culturas e ideologías pueden contribuir al fracaso y extinción de las sociedades








Juan Medrano
Bilbao


Valcárcel A. Memoria y perdón. Herder. Barna 2010.

El tema del perdón  no puede ser mas importante para un filósofo de vocación moral como es Amelia Valcarcel, discípula, como ella misma nos recuerda, de Castilla del Pino, pero amiga también de Sánchez Ferlosio. Este último publicó un artículo, “La señal de Caín”, un artículo seminal en el que defendía un tipo de falta que por su gravedad no podía prescribir, una falta que se situaba mas allá del perdón. Por lo que nos cuenta Amelia fueron varias las ocasiones en la que Sánchez Ferlosio solicitó a Amelia su opinión sobre el artículo, sin obtener respuesta de la autora, que ahora se resarce con este libro.

Amelia Valcárcel
No se refiere Amelia a cualquier tipo de perdón porque, tal como advierte, le interesa el perdón de aquellas faltas que persisten en la memoria de las gentes. El tema es de nuestro interés pues  entra de lleno en uno de los campos de la victimología.

Amelia Valcárcel (AV) apunta un primer período de la Humanidad en la que no hay perdón, sino justicia  conmutativa. El ojo por ojo, diente por diente, escondía aspectos mas sórdidos, como el hijo por hijo, o la esposa por esposa, etc. No cabe perdón, quizás clemencia, una clemencia que imparten los poderosos en contadas ocasiones. De manera parecida los dioses de vez en cuando también perdonan, son perdones que se justifican para salvar a todo un pueblo, o fundar una dinastía, perdones “fundantes”.

Una forma de perdón habitual es el olvido. El perdón supone olvido, pero el mero olvido no supone perdón. El perdón, nos recuerda, es un acto positivo, es la aplicación de una voluntad, y para ello se tiene que tener la posibilidad de vengarse. Quien no puede apelar a la justicia, o no tiene la fuerza o la posibilidad de resarcirse, no puede perdonar. O si lo hace es un gesto retórico, un situarse simbólicamente por encima del que ofende co la esperanza de que alguien se lo crea, (¿él mismo?). En todo caso, nos dice AV, “el perdón no es justo, porque la justicia es “dar a cada uno lo suyo”. Pertenece a un orden y a un mundo distintos del mundo conmutativo de la justicia, eso sí, siempre que sea incondicionado. Olvidar, por el contrario, es humano. Entre perdonar y olvidar existe relación, solo que el perfecto perdón implica el olvido del agravio, mientras que olvidar simplemente no significa que el perdón haya ocurrido sino de un modo defectivo.” (pág 58).

Pero una vida sin perdón sería una vida marcada por los agravios, una mala vida. Por eso el perdón actúa  en beneficio de la víctima y el agresor. Sin embargo para hacerlo posible se requiere de arrepentimiento. Este punto me parece muy interesante ya que en ocasiones quien ofende quisiera el perdón, pero le avergüenza o humilla mostrarse arrepentido. La consecuencia es funesta para ambos, pues el perdón actuaría como un poderoso normalizador de sus vidas. La resistencia a expresar arrepentimiento puede anclar estas vidas en la desdicha del rencor o del remordimiento.

La sociedad por consiguiente se ha visto impulsada a perdonar y  las religiones ayudan a ello. De la primitiva venganza hemos pasado a la justicia conmutativa, y ahora aparece históricamente el perdón condicionado a la justicia divina. AV cita a Pablo de Tarso: “no os venguéis vosotros mismos, mas bien  da lugar al castigo de Dios, porque está escrito: mia es la venganza, Yo pagaré, dice el Señor” (pág. 68).  El perdón, entendido asi, es un paréntesis para un ajuste en el más allá.

Sin embargo en otros pasajes evangélicos aparece el perdón incondicional: en Mateo 21  Jesús advierte que solo podemos esperar el perdón de Dios si nosotros mismos antes no hemos perdonado a quienes nos han ofendido. Se produce aquí una curiosa permuta de protagonistas en relación a la tradición del Iom Kipur. Esta festividad judía no celebra la expiación de los pecados cometidos contra el prójimo salvo que la parte agraviada “haya sido apaciguada y haya aceptado perdonar al autor de la mala acción” (pág. 44 nota a pie de página). Es decir, Dios perdona si antes el ofendido perdona. Para Jesús Dios perdona si antes nosotros hemos perdonado. La diferencia es sutil pero relevante, porque en el segundo caso yo puedo darme por perdonado sin haberme humillado a quien he ofendido, solo ante Dios.

El mundo actual, sin embargo no tiene confianza en esta justicia divina. El perdón aparece mas como una conducta necesaria motivada desde el egoísmo: en nuestro círculo de personas a las que tratamos de manera cotidiana nos sale a cuenta perdonar para mantener los vínculos. Mal iríamos si aplicáramos una ley del 50/50, mejor aplicar una ley por la que doy mas de lo que recibo para asegurarme los vínculos de amistad con esta docena de personas a las que he decidido amar (y no muchas mas, nos recuerda la etología).  ¿Y qué ocurre entonces con aquellas faltas gravísimas contra lesa humanidad?

En este caso el olvido trivializa el horror (pág. 82) Hay un deber de no olvidar. El Iom Kipur, vuelve a recordarnos AV, pone en paz al judío con el judío, pero no al pueblo judío con los protagonistas del Holocausto.  Esta fiesta viene a decirle al judío: “te perdono porque te necesito puro cerca de mi”.  ¿Y entonces, cómo cobrar las deudas que no prescriben, las que decidimos que no vamos a olvidar?

Podríamos exigir arrepentimiento para acto seguido perdonar. Sería un perdón que Derrida calificaba de “impuro”, pues en el fondo cumple la conmutación de una carga de culpa por la humillación de reconocer la falta.  Podemos aplicar también un perdón “puro”, un perdón que me libera de la carga psicológica de recordar y odiar, un perdón sin contrapartida alguna. Podemos en fin empecatar a todo un pueblo, a toda la humanidad, en una línea de pesimismo antropológico y quizás, en su extremo, a un cierto odio al ser humano, misantropía. El perdón se nos hace necesario si deseamos un ideal de pureza, o si la simple idea de pureza está culturalmente presente. Se nos hace necesario para evitar que nuestros hijos hereden la semilla de un odio estructural que llevará a las explosiones de ira tan bien descritas por Sloterdijk (ver en este blog “Ira y tiempo”).

La teología que ha funcionado hasta nuestros días había encontrado una ecuación por la que el mal se cancelaba con penas de infierno eterno. Pero hoy en día los teólogos ya no creen en el infierno, nos advierte AV, por lo que caemos de lleno en las paradojas de un mal que no podemos cancelar: “si castigamos, el mal quedará pagado, limpio; podrá de nuevo presentarse.  Si perdonamos sin condiciones, el mal sonreirá cínico desde su patencia de inatacado, inasequible al desaliento. Si lo olvidamos, renacerá. Si lo recordamos en demasía, se trivializará. ¿En qué clase de mundo nos introduce el perdón?” (la itálica pertenece al texto citado de AV, pág. 107).

Existen dos respuestas polares. El perdón incondicional, que AV llama el perdón del Gólgota, y la clemencia de quien no perdona nunca y ejerce como norma la justicia vengadora, salvo en situaciones excepcionales en las que otorga clemencia, actos que pueden en ocasiones ser “perdones fundantes” que entre otras cosas sean cortafuegos para la malevolencia. También cabe minimizar el mal no como estrategia, pero no para justificarlo, sino para evitar odiar al hombre. Esta sería la posición de antropólogos que ven en nuestra agresividad la marca del primate depredador.

En el mundo actual “histórico” ya no valen los mitos que cancelaban grandes matanzas ajustando cuentas en otros mundos o en futuros mas que hipotéticos. Ahora se impone una contabilidad que no prescribe. Pero cuando la cuenta se hace muy larga aparece un perdón por cansancio, un tipo de perdón que puede conducir a hacer las paces, sí, pero también a perdones que son ventanas para que entre el cinismo a raudales. Hay que desconfiar de los perdones mal administrados, nos advierte AV. En el fondo estamos ventilando otra cuestión de envergadura: nuestras convicciones morales y el hacerlas prevalecer. Y en esta pugna quizás perdone quien no debiera, añado yo: el débil o el perezoso cargado de buenas razones que no sabe o quiere defender.

En un mundo globalizado, concluye AV, se necesita la imagen de un perdón inicial, fundante, que cancele deudas, pero este perdón tiene que administrarlo alguna instancia que esté invicta y ejerza suficiente autoridad.  Si en un futuro podemos confiar en una instancia de este tipo, a los humanos “nos volverán a salir las cuentas”. De lo contrario nos desbordará la misantropía, el odio hacia los humanos, o en el otro extremo la desgana   moral, la falta de sentido moral, (del que el cinismo sería una derivada).

Francesc Borrell
Sant Pere de Ribes, Barcelona.

Postdata.- lea el lector interesado en este tema la reseña que hacemos del artículo de  A. Valdecantos  en la sección de “comentarios de artículos” sobre emociones morales.

Rúbrica Iatrós.

Valcárcel A. Memoria y perdón. Herder. Barna 2010.


Concepto
Puntuación sobre 10
Comentarios

Interés
8
El perdón es uno de los pilares de los llamados sentimientos morales; su estudio cae de lleno en la victimología

¿Volverías a leerlo?
8
Hay libros que por la profundidad del redactado hacen necesaria una segunda lectura para su comprensión. Este sería uno de ellos.

¿Realiza aportaciones significativas?
7
Aunque no hay una tesis estrictamente original y muchos interrogantes quedan sin resolver, la autora consigue un libro vibrante, honesto y sintético.








Webs de interés.- 


Este sitio WEB, al que nos introducen Carlos Aibar Remón y Jesús María Aranaz Andrés, reúne en un solo curso muchos materiales  sobre seguridad del paciente y prevención de efectos adversos   relacionados con la asistencia sanitaria.  Ambos autores señalan que, aprovechando las ventajas que brindan las nuevas  tecnologías  de la comunicación, han elegido una estructura no  dogmática ni  magistral que pueda ser utilizada por profesionales  con  responsabilidades académicas y formativas y por quienes entienden el autoaprendizaje continuo como un quehacer diario de su profesión.

En toda una declaración de principios, indican que han intentado  no despegarse de lo cotidiano, de aquello que cualquier día puede observarse en un hospital o en un centro de salud. Consideran que  el riesgo, el peligro y la incertidumbre son inherentes a la   práctica clínica y a la atención sanitaria y que las claves para  realizar una práctica clínica más segura son la aplicación del   mejor conocimiento disponible, la prudencia y la perseverancia:   "Equivocarse es humano, pero si algo positivo tiene el error es la oportunidad de aprender y de rectificar".

Juan Medrano
Mabel Marijuán
Bilbao

Artículo comentado.- 


Valdecantos A. Emociones responsables. Isegorias, (2001), 25: 63-90. Accesible en:


El propósito de este Boletín  es conducir  la reflexión de los profesionales que estamos en el campo de la Salud a los grandes temas del siglo XXI, pero  también destacar a los pensadores latinoamericanos y dar a conocer sus aportaciones. En este sentido no podía faltar a nuestra selección Antonio Valdecantos, catedrático de Filosofía Moral en la Universidad Carlos III desde 2008. El artículo que nos ocupa fue publicado en Isegorias, una revista que el lector tiene en abierto y que recomendamos encarecidamente.

El hilo argumental del artículo es que la indignación es una emoción de estirpe moral que escapa, sin embargo, a la regla de oro de la moralidad, a saber, la regla de que una vez el daño se ha resarcido se cancela la deuda. En este sentido la responsabilidad moral de odinario “ tiene tres rasgos: la exigencia de responder con razones, la obligación de resarcir por el daño causado y la cancelación de dicha responsabilidad una vez efectuada la reparación”  (pág 63). A esa lógica escapa la indignación.

En la primer parte del artículo Valdecantos apuesta por una génesis de la responsabilidad moral posterior al concepto de justicia:

Sería erróneo pensar que la responsabilidad de Caín es la más prístina y originaria y que de ella se desgajaron las distintas aberraciones que conocemos bajo las distintas especies vigentes de responsabilidad. No: el asunto fue más bien al revés; lo originario fue la responsabilidad penitenciaria, retributiva y contable, y la que merece el adjetivo de «moral» constituyó una desviación suya 56. Para la manera habitual de contar las cosas, la moral vino antes que el derecho y éste constituye un refinamiento y una explicitación de lo que en la moral prejurídica estaba sin desbastar y meramente implícito.

Esta concepción de lo moral tiene importantes consecuencias, porque, cmo nos advierte el autor:  “El progreso moral es, según este esquema, la conversión paulatina de lo implícito en explícito  (dejando, eso sí, ámbitos aparte a modo de parques naturales protegidos: lo familiar, lo privado o lo íntimo, y lo que se llama, no se sabe por qué, «mundos de la vida» pertenecen a esos ámbitos que pueden quedar libres de norma explícita). Pero esta noción de lo moral es una hechura fraudulenta del patrón juridicista, para el cual es moral lo que todavía no es derecho o lo que no necesita serlo. No es que el derecho —o la moralidad juriforme— sea el perfeccionamiento de una previa moral originaria. Lo que ocurre es lo contrario o algo semejante a lo contrario; aquello a lo que más merece la pena llamar «moral» es a las anomalías de los sistemas normativos realmente existentes. La moral que vale la pena es una rareza imprevista en el orden normal de las cosas. Para la responsabilidad moral ortodoxa no queda nada después de la reparación; para la responsabilidad moral anómala, lo que queda es todo o, al menos, queda lo único que moralmente importa. Ese residuo moral no puede reciclarse, porque es inasimilable a las nociones retribucionarias. Seguirá eternamente, como la señal de Caín. En la responsabilidad, lo específicamente moral es eso que no puede asimilarse a otra cosa”.

Antonio Valdecantos
La segunda parte del artículo está dedicada al análisis pormenorizado de la indignación, una emoción que recordará el lector, puso de moda S. Hessel con “¡Indignaos!”, y que el lector interesado puede descargarse en abierto. Dejaremos a la curiosidad de nuestros lectores esta parte del trabajo de Valdecantos, no sin antes reproducir el pie de página relativo a Sánchez Ferlosio, y que comenta Borrell mas arriba en este mismo boletín, (Memoria y perdón de A. Valcárcel). Se refiere Valdecantos así al artículo seminal de Sánchez Ferlosio, quien, recordémoslo, remarcaba en la relectura del mito bíblico la sagacidad de descubrir penas que no son prescriptibles, y a la vez elevar a una instancia superior la acción punitiva, (y por tanto orillar la simple venganza). “Alguien podría tener la tentación de vengar a Abel matando a Caín, y entonces el fratricida, por haber pagado ya su crimen y lavado su culpa, quedaría sin lugar a dudas exento de toda responsabilidad. Pero Yahvé no quiere consentir ni el trueque de la vida de Abel por la de Caín ni el fin de la culpa de éste; Caín llevará encima una señal que lo declarará intocable y quien lo mate recibirá un castigo siete veces mayor que la culpa”.

Y he aquí el pie de página que nos ofrece Valdecantos relativo al artículo de Ferlosio: “ «La señal de Caín», en El alma y la vergüenza, Barcelona, Destino, 2000, pp. 87-124. El artículo apareció originariamente en Claves de razón práctica, 64, 1996. Puede verse un comentario de Victoria Camps («Sobre el derecho y la moral. Apostilla a Rafael Sánchez Ferlosio») en el núm. 66 de la misma revista (pp. 76-77). Quien quiera aclararse un poco sobre la responsabilidad, sacará más provecho del episodio de la señal de Caín tal como lo interpreta Ferlosio que de los millares de páginas de derecho moralizante y ética juriforme proporcionados por la bibliografía al uso”. 

La Redacción.-

VIDEO COMENTADO.-

Son muchos los profesionales de la salud que han abierto un blog o portal para comunicarse con pacientes o comunidades profesionales. En este vídeo encontraréis muchas sugerencias.


BOLETIN IATROS, SEPTIEMBRE 2013

Boletín Iatrós Círculo de Ciberlectura. 
INDICE.- Noticias.-
 Comentario de libros.- Mosterín J., Lo mejor posible. Racionalidad y acción humana. Alianza Editorial. Madrid 2008.- De Waal,Frans. Primates y filÓsofos: la evoluciÓn de la moral del simio al hombre . Bayés, R. (2012) Aprender a investigar, aprender a cuidar. Una guía para estudiantes y profesionales de la salud
Webs de interés.- OpenCourseWare (OCW) de la UNED.
Artículo comentado.- Avances en Neurociencias.
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 Noticias.-
 *Recovery & Social Justice Conference - 9th October 2013 at University of Central Lancashire, UK, healthconferences@uclan.ac.uk
 *Dialogues in Philosophy, Mental and Neuro Sciences has been published, it is freely readable at : www.crossingdialogues.com/current_issue.htm
*Royal College of Psychiatry Special Interest Group in Philosophy & Psychiatry Conference 3rd and 4th October 2013 in Edinburgh http://www.rcpsych.ac.uk/workinpsychiatry/divisions/rcpsychinscotland/meetingsandevents.aspx

 Comentario de libros.- 

 Mosterín J., Lo mejor posible. Racionalidad y acción humana. Alianza Editorial. Madrid 2008.-

 Mosterín empieza el prólogo de este libro declarando: “¿cómo vivir? Lo mejor posible. La estrategia para conseguirlo es la racionalidad” (pág 11). Mas adelante precisa el esfuerzo que se propone: “a lo largo de la historia reciente es posible observar cómo las discusiones en torno a un concepto que parece interesante e importante resultan estériles e inacabables por falta de claridad y precisión de ese concepto”. Por el contrario cuando logran exactitud devienen semilla de una teoria científica. Mosterín quiere con esta obra aportar luces sobre el concepto de racionalidad de la acción humana, y para ello seguirá el siguiente esquema: encontrar para cada uno de los conceptos clave, (a saber, racionalidad, creer, saber, conocer…) los usos que la gente hace de estos términos, precisarlos hasta donde sea posible, y engarzarlos en una teoría material de la racionalidad práctica, o traducido al castellano paladín: cómo hacer que nuestros actos sean mas racionales y nos conduzcan a la felicidad, (o al menos al bienestar).

¿Qué podemos entender por racionalidad? A lo largo de la historia se ha usado –según Mosterín- en 5 acepciones: como capacidad de usar un lenguaje, como capacidad de justificar con razones mis actos, como moralidad (los demás como fines y no medios), como manera de alcanzar la verdad y finalmente como la manera de alcanzar mis metas de manera óptima (capítulo 5). Mosterín apuesta por esta última acepción y establece como condición previa al uso de la racionalidad que existan varias alternativas en el curso de nuestra vidas, varios caminos que conduzcan a diferentes resultados. Suponiendo que nos importe el resultado final de nuestra decisión el ser humano se esforzará para decidir “lo mejor posible”. Para ello tiene que establecer unos fines propios, biográficos, acordes a sus necesidades e intereses. Estos fines en general serán próximos pero también pueden ser a largo plazo, y sobre todo en este último caso deberá trazar una estrategia para hacerlos realidad mediante logros mas o menos inmediatos. Eso constituye un Plan de Vida. 

El Plan de Vida tiene que ser coherente con estos fines y con la manera de lograrlos (viable), tiene que jerarquizar los fines (es decir, mostrar preferencias por unos en detrimento de otros), tiene que ser razonable (es decir, dispuesto a redefinir y revisar el plan), e interesado (en el sentido de respetuoso con las necesidades propias y de quienes nos rodean). Un concepto interesante que pone en juego para este Plan de Vida es que tiene que ser justo con las edades del sujeto. ¿Qué significa esto?, significa que no podemos lanzar cohetes y quemar nuestra salud en los años mozos, a costa del bienestar en nuestra edad adulta o en la vejez. El lector de este blog recordará que algo de eso analizamos en el libro de Gervás “Sano y salvo”. Debemos encontrar un equilibrio entre hedonismo y persecución de fines. Disfrutar de cada edad sin “pasarnos” ni quemar la salud, al contrario, pensando en las siguientes edades, planificando nuestro bienestar para las siguientes fases. De manera coherente la felicidad queda definida por dos componentes: un componente de goce o placer, es decir, un componente hedonista, y otro componente de satisfacción por las metas conseguidas.

 Lo mas complicado del asunto, como imagina el lector, es establecer estos fines. Cada persona tiene que definir en su estrecho margen de libertad individual lo que para él/ ella es “bueno”, por lo que deberá desarrollar cierta racionalidad teórica, (como apuntaba Mc Intyre). En esta tarea Mosterín destaca el papel que juega aceptar o rechazar creencias, lo que el autor llama “aceptaciones”. Las creencias pueden ser explícitas o implícitas. Si digo creer en la bondad de las personas me refiero a una creencia explícita, si procedo a conducir un coche uso para esta actividad muchas creencias implícitas, por ejemplo que podré frenar accionando la palanca del freno. Las creencias explícitas o conscientes puede a su vez ser dubitativas o asertivas, en tanto las implícitas pueden ser subconscientes o preconscientes. A su vez las creencias explícitas pueden ser justificadas o no justificadas. Las creencias justificadas serían este tipo de creencia que Mosterín llama “aceptaciones”, un tipo de creencia que no vendría dictada por las emociones, sino por la voluntad de discernir y quedarnos con la opción mas lógica o acorde a nuestras necesidades e intereses. Las creencias emocionales las llama Mosterin “cartesianas”, pues Descartes defendía que las creencias nos vienen dadas por la afectividad. A las creencias aceptadas por intermediación de la voluntad las llama humeanas, pues Hume afirmaba la existencia de creencias asentadas por un acto de voluntad. Nos preguntamos en este punto donde se ubicarían las actitudes y las disposiciones innatas del ser humano.

Mosterín desde luego no es psicólogo y no tiene vocación de serlo. Por ello las conductas ilógicas son eso, conductas a erradicar…. Y ¡solo eso! (ver pág 224). Uno esperaría que los últimos capítulos de la obra arrojaran algo de luz sobre el drama humano, ese querer hacer el bien pero conducirse mal, ese querer tenerlo todo para perder lo poco que tenemos, esta ambición que en palabras de Gandhi no cabe en la Tierra, y quizás sea nuestra ruina… Por desgracia el marco teórico que nos ofrece se adapta mejor a los robots que en un futuro podamos ser capaces de crear que al ser humano real. Veamos porque….

En el capítulo 9 relativo a la acción humana distingue entre intención (consciente) e inclinación (no forzosamente consciente) y afirma que “toda acción es intencional. Si no hay intención no hay acción, aunque haya movimientos observables. Y si hacemos movimientos observables con varias intenciones, hacemos (con esos movimientos), tantas acciones distintas como intenciones distintas tengamos” (pág 264). De un plumazo ha dejado al psicoanálisis en dique seco, y no solo al psicoanálisis,a buena parte de la filosofía de la acción ocupada en discernir sobre los actos akrásicos (ver entrada del blog “A companion to philosophy of action”)… Eso sí, la tesis que defiende no sería del agrado de los conductistas, porque deja una puerta abierta a lo cognitivo, a lo mental… aunque se complica enormemente el análisis.
Jesús Mosterín
 En el último capítulo aborda la acción humana y la moralidad. Uno diría -por el enfoque dado a lo largo del libro-, que el tema de la intención y la bondad de la acción deberían presidir su análisis, pero no es así. Queda por consiguiente por responder una pregunta tan importante como la siguiente: ¿Qué pensar de una acción movida por la buena intención que acaba en un acto netamente pernicioso? Por desgracia el libro no entra en lo “humano, demasiado humano”. Distingue entre éticas deónticas y teleológicas, las primeras las identifica con normas y dogmas, las segundas con programas de acción y valores (por ejemplo cita el “deber”). Resulta curioso que no mencione el debate entre intuicionismo y utilitarismo, (vendría muy bien al libro en este punto incorporar las aportaciones de Rawls en relación a lo que es justo y racional), o que no profundice en la filosofia del valor (con todas las aportaciones de la Bioética), para en cambio enzarzarse en una discusión con su amigo Muguerza, (si así son las discusiones con los amigos, dios nos libre de los enemigos), una discusión sobre la vigencia del kantismo que me parece fuera de lugar.

 En resumen, no podemos recomendar el libro mas que a filósofos interesados en la temática o en la obra de Mosterín, pero en todo caso el libro tiene dos ideas fuerza que cabe alabar: la racionalidad entendida como método, como camino, pero no como estado o propiedad de nada ni nadie, (sería interesante contrastar esta visión con otras, por ejemplo la de Rawls, que la define como apetencia de bienes primarios), y la idea de ser justo con aquella persona que en un futuro serás, (la justicia entre edades, tratarte bien para hacer posible tu bienestar futuro). Las distinciones entre creencia, ocurrencia, idea y opinión creo que vienen mejor matizadas en el libro que hemos comentado de Lázaro, (ver en este mismo blog la crítica de “la violencia de los fanáticos”). El análisis de la acción humana queda muy incompleta, (para paliarlo sin duda dirigimos al lector al texto de O´Connor T., Sandis C (Editors). A Companion to the Philosophy of Action. Wiley-Blackwell, que hemos comentado en este blog), así como el concepto de felicidad, (dirigimos en este punto al lector al libro de Kahneman “Well being”).

 Francesc Borrell Sant Pere de Ribes, Barcelona.

 RUBRICA IATROS


Mosterín J. Libro valorado:  Lo mejor posible. Racionalidad y acción humana

Concepto
Puntuación sobre 10
Comentarios

Interés
6,5
Interesará a filósofos profesionales y lógicos.

¿Volverías a leerlo?
5
Solo párrafos concretos

¿Realiza aportaciones significativas?
4,5
La racionalidad como método, necesidad de revisar  nuestras creencias, estatuto especial de las creencias “aceptadas”, justicia entre edades.





De Waal,Frans. Primates y filosofos: la evolucion de la moral del simio al hombre. PAIDOS IBERICA, 2007
ISBN 
9788449320385

Este pequeño libro recoge la disertación del afamado primatólogo de origen holandés  Frans de Waal en las Tanner Lectures celebradas en la universidad de Princeton en 2004.
Frans de Waal
Las Tanner Lectures on Human Values son unas sesiones sobre humanidades, creadas en Julio de 1978 por Clark Tanner, que al constituirlas definió su objetivo como una búsqueda de una mejor comprensión de la conducta y los valores humanos.

La estructura del libro es una exposición inicial por parte de De Waal en la que plantea su visión sobre las raíces de la moralidad humana. Le responden cuatro  filósofos (Philip Kitcher, Christine M. Korsgaard, Peter Singer y Richard Wranghan) y un periodista, Robert A. Wright, que ha sondeado la moralidad humana en su libro “The Moral Animal”. Finalmente, De Waal formula una síntesis que viene a ser al mismo tiempo una matización de su exposición inicial y una contrarréplica a sus compañeros.

Todos los participantes asumen la teoría de la Evolución desde el punto de vista de la Biología, y comparten la visión de que la Bondad moral es algo real sobre lo que pueden formularse afirmaciones ciertas, y que entraña una consideración adecuada de los demás. En contraposición, la maldad sería una forma de egoísmo que lleva a tratar a los demás sin tener en cuenta sus intereses y como meros medios o instrumentos.

La pregunta a responder, desde esta doble perspectiva y sin invocar para justificarlo a visiones teológicas o religiosas, es si el propio interés del individuo es claramente un potente elemento de la selección natural, ¿cómo es que los humanos estamos tan apegados al valor de la bondad y seamos capaces de compartir en ocasiones de manera desinteresada e incluso sacrificada?
De Waal parte de la crítica de lo que llama una Teoría del Barniz Moral (Moral Veneer), según la cual la moralidad sería en nuestra especie una capa tan vistosa como tenue que recubre un núcleo inmoral o amoral. Atribuye esta teoría nada menos que Huxley. Según ella, los seres humanos son malvados, bestiales, egoístas, y tienden a actuar mal y tratar impropiamente a los otros, pero existe sobre esa naturaleza el citado barniz moral, de origen indeterminado. De Waal rechaza la idea. Para él, el ser humano es bueno, y esa bondad - no podría ser de otra manera – tiene un contexto biológico y evolutivo y puede rastrearse en nuestros parientes más cercanos y en otros mamíferos sociales.

Los grandes simios compartimos respuestas involuntarias (no escogidas y pre-racionales), fisiológicamente apreciables (observables) ante las circunstancias de otros. Una parte fundamental de esta respuesta es la empatía, que para De Waal es un contagio emocional que permite identificar las necesidades de otros. La empatía puede apreciarse en diversas especies animales, mientras que solo en los grandes simios puede observarse la simpatía, un concepto relacionado que según Eisenberg es la respuesta afectiva consistente en sentimientos de pena o preocupación por otro individuo necesitado o en apuros y que va más allá que sentir la misma emoción que el otro individuo. La empatía en una identificación, un sentir lo que el otro siente, pero la simpatía es una elaboración ulterior, un sentirse afectado por cómo el otro siente.

Las respuestas emocionales, entre ellas la empatía, son la base de la moralidad. A partir de ella existen otras, como el altruismo recíproco (ubicuo en la Biología como mecanismo evolutivo) o un cierto sentido de justicia que De Waal ha intuido experimentalmente en comportamientos de simios. La moralidad de los seres humanos, por lo tanto, está en continuidad con la conducta de otros animales, es constitutiva y biológica y no se limita a un mero barniz.

En la síntesis final en respuesta a sus compañeros, De Waal introduce el concepto del círculo de la moralidad. Afirma que la moralidad surgió evolutivamente para tratar primero con la propia comunidad, después con otros grupos, más tarde, con los humanos en general y finalmente, ha englobado a los animales no humanos. Al decir de De Waal, el círculo de la moralidad se extiende más y más solo si está garantizada la salud y la supervivencia de los niveles y círculos más internos. Cuando los recursos se reducen el círculo se encoge y las conductas morales se pliegan hacia lo más íntimo, algo que está en consonancia con la afirmación de Singer de que un aumento de la riqueza entraña un aumento de las obligaciones para con los necesitados. O, alternativamente, podría ponerse en relación con el hecho de que la crisis actual ha motivado que la población reduzca sus ayudas y su apoyo a organizaciones que gestionan la ayuda a personas necesitadas. En época de necesidad prevalecen en todo caso las obligaciones para con los más cercanos, las obligaciones más básicas, las presididas por la lealtad, que para De Waal es un deber moral básico.

Asimismo, establece una evolución de la moralidad en tres niveles. El primero es el del sentimiento moral, constituido por la empatía y la reciprocidad, pero también por la retribución, la resolución de conflictos y un cierto sentido de la justicia. Para De Waal, este nivel está presente en humanos y primates.

El segundo nivel es el de la presión social, orientada a que todos los miembros de la comunidad se comporten de forma que se favorezca una forma de vida en cooperación. Las herramientas constitutivas son la recompensa, el castigo y la reputación (todas ellas, elementos de control y presión social). De Waal encuentra este nivel en otros primates, pero el bien de la sociedad en su conjunto es una dimensión netamente humana.

El tercer y último nivel es el del Juicio y el Racionamiento, que entraña la internalización de los objetivos y necesidades de los demás, de forma que esta internalización pueda dirigir nuestra propia conducta y se razone lógicamente. Esta dimensión de la moralidad sería netamente humana.


Con posterioridad, De Waal ha profundizado su estudio de la biología y la evolución de la moral en otros libros -The Bonobo and the Atheist o The Age of Empathy: Nature's Lessons for a Kinder Society- que sin duda merecen una lectura y un comentario.

Juan Medrano

Bilbao


Frans de Waal. PRIMATES Y FILOSOFOS: LA EVOLUCION DE LA MORAL DEL SIMIO AL HOMBRE 


Concepto
Puntuación sobre 10
Comentarios

Interés
8
De interés para biólogos, filósofos y en general todos aquellos que se pregunten por la naturaleza humana

¿Volverías a leerlo?
6
El esquema del libro permite volver sobre él o sobre las argumentaciones del autor o las contraargumentaciones de los comentaristas

¿Realiza aportaciones significativas?
8
La moralidad es un rasgo consustancial y biológico de nuestra especie, con asiento emocional y no necesariamente racional







Bayés, R. (2012) Aprender a investigar, aprender a cuidar. Una guía para estudiantes y profesionales de la salud, Barcelona, Plataforma Editorial.

Es bien sabido que la fiabilidad y el rigor del método científico suele ser inversamente proporcional a la amplitud y complejidad del objeto al que se aplica. Por eso el estudio de los fenómenos físicos o químicos resulta metodológicamente menos problemático que el de los fenómenos biológicos (y el de estos segundos a su vez más sencillo que el de las vivencias humanas).
        La psicología del siglo XX ha ido evolucionando desde los métodos puramente introspectivos hacia los estadísticos y experimentales, ganando con ello precisión científica pero también perdiendo capacidad de penetración. Nietzsche decía de sí mismo que era un gran psicólogo (y desde luego lo era, en mi opinión) pero muy pocos profesionales de la psicología actual lo reconocerían como miembro de su gremio: el método de Nietzsche (el pensamiento especulativo, lógico y racional, pero sin contrastación empírica) lo sitúa hoy en la estela de Homero, Shakespeare, Montaigne, Tolstoi o Freud, todos ellos autores de magníficas observaciones y teorías sobre los enigmas de la mente humana, aunque ninguno de sus trabajos les permitiría en la actualidad aprobar el primer curso de una Facultad de Psicología.
        En el capítulo quinto de su reciente libro Aprender a investigar, aprende a cuidar, Ramón Bayés plantea la necesidad (y las dificultades) de una investigación sistemática y académicamente correcta sobre la manera de fomentar en los estudiantes una personalidad equilibrada, sobre el nivel de dignidad con que se gestiona una residencia de ancianos o sobre el concepto de lo que es una “buena muerte” y sus aplicaciones en una Unidad de Cuidados Paliativos. En el capítulo nueve (y no sólo en él) reflexiona sobre la importancia que tienen las narraciones de la experiencia personal en la práctica clínica; son ejemplos, entre otros, de la amplitud mental con que escribe Bayés. Su conciencia sobre la necesidad de reafirmar el método científico no es menor que su convicción de que la práctica clínica exige una atención exquisita a las inabarcables circunstancias personales de cada paciente, a los sentimientos y a los valores personales tanto como a los datos biológicos objetivamente contrastables. No es extraño en su caso (aunque no es, por desgracia, habitual en muchos otros profesionales de la sanidad) pues, como él mismo reconoce al principio de la obra, su trayectoria personal y profesional como profesor de Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona tuvo una primera fase de fuerte predilección hacia los datos científicos, seguida de otra en la que fue dando cada vez más relevancia a los valores de la “ética del cuidado”, para alcanzar por último, ya como respetadísimo Profesor Emérito, la plena convicción de que las aportaciones fundamentales de las ciencias empíricas deben ser cultivadas y aprovechadas por los profesionales de la sanidad siempre subordinándolas a los valores personales, culturales y sociales que determinan las actividades orientadas a la curación y al cuidado de los enfermos.
        Esta trayectoria profesional y estos valores personales se reflejan claramente en las páginas de su nuevo libro, que se suma a la excelente serie de los que Bayés viene publicando en los últimos años. Siempre alternando los trabajos más técnicos y profesionales con los más didácticos, Bayés ha redactado ahora un brillante manual introductorio a la doble faceta de la disciplina que él cultiva: la Psicología de la salud, con sus aspectos más académicos (la investigación) y más clínicos (la asistencia).
En uno y otro campo el autor se mueve con soltura entre las cuestiones más teóricas y las más concretas: desde la teoría del método científico a las técnicas de documentación, desde las reflexiones sobre subjetividad y conducta hasta la forma de planificar el tiempo de trabajo, desde el concepto de “valores intrínsecos” a la utilidad del cine en la pedagogía sanitaria. Y así, a la vez que sintetiza con rigor y amenidad la metodología básica de la psicología clínica, va salpicando sus observaciones con citas bien escogidas de aquellos otros “psicólogos” que no serían reconocidos como tales por la Academia, pero que el lector reconoce con agradecimiento como mucho más valiosos que la mayor parte de los académicos: Camus, Kavafis, Proust, Popper o aquel capitán de Enrique el Navegante (1391-1460) que dejó escrito: “Con el debido respeto al renombrado Ptolomeo, lo encontramos todo exactamente al revés de lo que él había dicho”.
Ramón Bayés

        El libro de Bayés va dirigido específicamente a los estudiantes y profesionales en formación de Ciencia de la Salud. Pero las características mencionadas lo hacen particularmente grato para los que entendemos las Humanidades Médicas como un conjunto de disciplinas académicas que intentan complementar los conocimientos biomédicos de carácter experimental con el estudio riguroso de los valores personales, históricos, epistemológicos, culturales o sociales que nos aportan las disciplinas tradicionalmente llamadas “Humanidades y Ciencias Sociales”. Quien quiera leerlo desde esta perspectiva se dará cuenta de que Ramón Bayés es sin duda uno de esos autores que saben enriquecer su propia disciplina vinculándola (sin oponerla) con otras más o menos próximas a su especialidad.

José Lázaro
Madrid.


Webs de interés.- 

Cursos en abierto de la UNED.-
El sitio WEB que proponemos recoge materiales de asignaturas,  carreras , cursos, masters y expertos que se imparten  oficialmente en la UNED. No es la única universidad española  que  se ha sumado a esta plataforma OCW, pero consideramos que puede  ser una buena manera de acercarse al magnífico proyecto OCW.  Proyecto internacional que ayuda a conocer materiales de calidad  de todo el mundo sobre muy diversas materias y listos para ser  utilizados.
Para saber más sobre OCW, os ofrecemos este párrafo de wikipedia:

Se conoce como OpenCourseWare (OCW) la publicación de materiales docentes como "contenidos abiertos". Es decir, son propiedad intelectual que asegura la cesión de algunos derechos de autor, como la distribución, reproducción, comunicación pública o  generación de obra derivada. Es decir, no solo son contenidos de acceso libre y gratuito en la web, sino que  además se puede reutilizar libremente respetando la cita del autor original.  Estos  materiales suelen corresponder a asignaturas de la  educación  superior universitaria, tanto de grado como de  postgrado.
Los autores ceden los derechos de los contenidos con el modelo de "copyleft". La mayor parte de los OCW de las universidades han elegido la propuesta de Creative Commons de atribución no  comercial. Dichos contenidos no se publican con el fin de que los usuarios obtengan titulación o certificación alguna, sino con el  fin de potenciar la sociedad del conocimiento y fomentar  proyectos ulteriores entre instituciones y docentes relacionados  con los contenidos abiertos.

Fue el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) la  institución creadora de esta iniciativa. En el año 2001 anunció públicamente  que daría acceso libre y gratuito a los materiales  de todos sus  cursos oficiales. En 2009 alcanza la cifra de 1900  cursos  publicados de grado y posgrado. El principal desafío en   implementarlo no ha sido la resistencia docente, sino los   obstáculos logísticos encontrados al determinar la posesión y   obtener permisos para la cantidad masiva de elementos de  propiedad  intelectual que están incluidos en los materiales de  cursos de la  facultad del MIT,  además del tiempo y el esfuerzo  técnico empleado  para convertirlos en formato utilizables en  línea. El Copyright  del material OCW generalmente permanece en la institución,  miembros de su facultad, o sus estudiantes.
Y sobre Innova, decir que es el nombre que identifica al grupo de desarrollo de la Sección de Innovación de la Universidad Nacional  de Educación a Distancia (UNED), que e ocupa del desarrollo de herramientas e-Learning y de proponer soluciones alternativas, basadas en la investigación e innovación.

Si estáis interesados en navegar por alguno de los cursos os recomendamos:

Psicología Diferencial. Psicologia de las diferencias interindividuales:


Filosofia de las ciencias sociales:


Mabel Marijuán.
Bilbao. 


Artículo comentado.- 

Avances en Neurociencias.
Fernando Orozco
Zaragoza
En la presente colaboración voy a referirme a dos trabajos bastante diferentes, pero que me han llamado la atención. El primero se refiere a la influencia de la flora intestinal sobre la función cerebral. El segundo sbre como borramos las trazas que nos deja en la memoria el miedo y el dolor. Ambos artículos nos acercan a la variedad de enfoques que en la actualidad están presentes en el estudio del cerebro.
Jane A. Foster, Karen-Anne McVey Neufeld   Gut–brain axis: how the microbiome influences anxiety and depression[i], plantean como el proceso de ser colonizados cuando nacemos por la flora intestinal comensal (microbiota), va a tener suma importancia en una función cerebral saludable. Sus relaciones con el estrés, de cómo cualquier alteración en la microbiota va a tener una repercusión en la conducta relacionada con el estrés y de cómo las bacterias, incluidas las comensales, las patógenas y los probióticos, en el tracto gastrointestinal pueden activar las vías neuronales y los sistemas de señalización del sistema nervioso central (SNC), al mismo tiempo que pueden proporcionar nuevos enfoques para el tratamiento de enfermedades mentales, incluyendo la ansiedad y depresión.

Jürgen Sandkühler y Jonathan Lee (2013) en How to erase memory traces of pain and fear[ii]. Abordan los conceptos emergentes de dolor desadaptativo y del miedo, y sugieren que comparten circuitos neuronales y mecanismos celulares básicos de formación de la memoria. Estudios recientes han puesto de manifiesto procesos de borrado de huellas en la memoria del dolor y del miedo que pueden ser prometedores objetivos para terapias posteriores. El dolor y el miedo son dos experiencias aversivas que impactan fuertemente en la conducta y el  bienestar. Son considerados protectores cuando  conducen a un comportamiento adaptativo  y útil, tal como la evitación de situaciones que son potencialmente peligrosas para la integridad del tejido (dolor) o el individuo (miedo). El dolor y el miedo pueden, sin embargo, llegar a ser desadaptativos si se expresan en condiciones inadecuadas o con intensidades excesivas durante periodos prolongados. Actualmente conceptos emergentes de mala adaptación al dolor y al miedo sugieren que los mecanismos neuronales básicos de la formación de la memoria son relevantes para el desarrollo de formas patológicas de dolor y del miedo.
Los mecanismos que conducen  y mantienen el dolor crónico son fundamentalmente diferentes de los relevantes para el dolor agudo. La farmacoterapias más empleadas actualmente, están, sin embargo, derivadas directamente de los modelos animales de nociceptores y dolor inflamatorio agudo. Esto incluye la aplicación continua de una dosis de opioides moderada y fármacos anti-inflamatorios no esteroideos. Por lo tanto, no es sorprendente que estas terapias funcionen bien para el dolor agudo, pero son en gran medida ineficaces en la curación de dolor crónico. La verdadera reversión de los cambios patológicos que contribuyen al dolor crónico requiere la comprensión en profundidad de los distintos mecanismos que operan durante las fases de inducción, consolidación y mantenimiento de los diferentes tipos de dolor crónico. Del mismo modo, la reversión potencial  de los  recuerdos del miedo aberrantes se basa en la comprensión de los mecanismos de mantenimiento de la memoria y la reconsolidación. La interferencia con la fase de inducción de la formación de la huella de memoria aversiva es más relevante para el manejo del dolor que del miedo. Sin embargo, dicha terapia preventiva no debe limitarse a los analgésicos, ya que el aumento de la nocicepción aguda no es el único gatillo para el desarrollo de dolor crónico. En la actualidad, parece más prometedora interferir durante la fase de consolidación de dolor crónico para prevenir la plasticidad a largo plazo en el sistema nociceptivo y dolor crónico. Por el contrario, un enfoque sobre la reconsolidación de la memoria del miedo es el enfoque más prometedor para interferir selectivamente con la plasticidad  del miedo a largo plazo.
BIBLIOGRAFÍA



[i] Foster, J. A. and K. A. McVey Neufeld (2013). "Gut-brain axis: how the microbiome influences anxiety and depression." Trends Neurosci 36(5): 305-312.
[ii] Sandkühler, J. and J. Lee Ibid. (2013)."How to erase memory traces of pain and fear."Trends Neurosci 36 (6): 343-352.