CIRCULO DE LECTURA EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS, FUNDACION IATRÓS Comité Editorial: Enrique Baca, José Lázaro, Francesc Borrell. Editores de àrea:Juan Carlos Hernández Clemente. Mabel Marijuan Angulo. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETIN IATROS

ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.

BOLETIN IATROS, JUNIO 2013

BOLETIN IATROS  JUNIO 2013

CIRCULO DE CIBERLECTURA

INDICE.-
Noticias.-  Actividades de la Fundación Iatrós
Comentario de libros.-  Scruton, Usos del pesimismo. Lázaro. La violencia de los fanáticos
Webs de interés.-  Materia.
Artículo comentado.-  La enfermedad celíaca como objeto filosófico.
PROXIMO BOLETIN: SEPTIEMBRE 2013
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Noticias.- 

*Próxima actividad de la Fundación Iatrós: Seminario de Teoría de la Medicina: Medicina Narrativa. Jueves, 6 de junio de 2013. Prof. D. Carlos Rojas Malpica

*Seminario Internacional sobre Medicina Narrativa, Londres, 19-20 de Junio.  En este seminario la fundación tendrá una presencia a través de 3 comunicaciones aceptadas. Ver programa completo:




Comentario de libros.-

Lázaro, José. La violencia de los fanáticos. Un ensayo de novela. Editorial: Triacastela, 2013.  250 pág.

El tema de este libro es el análisis  de la violencia y el papel que tienen emociones y creencias en su origen y mantenimiento. Sin embargo hay otro  tema subterráneo (y del máximo interés) presente a lo largo de la obra: ¿es posible pensar sin ataduras sobre el tema de la violencia?, ¿es posible sincerarnos hasta la médula y admitir el desprecio que a veces demostramos los humanos por la vida de nuestros congéneres?, ¿podemos llegar a alguna conclusión desde el “libre pensamiento “, o estamos  atados irremisiblemente por las convenciones sociales? 
Para contestar estas preguntas el autor opta por mantener un diálogo con un psicoanalista. La estrategia del diván le permite al autor todo tipo de asociaciones libres, de ideas y pensamientos que fluyen sin parar y que nos invitan a una reflexión seria y sincera  a la par que amena.
En las primeras páginas del libro ya diferencia entre grandes y pequeños asesinos a los cuales los correlaciona con distintos tipos de violencia “por un lado la doméstica, la utilitaria, la psicopática y, en general, la esporádica que es la que me parece propia de asesinos pequeños. Por otro lado la violencia creencial, es decir, la terrorista, la bélica, la religiosa, la ideológica y en general la sistémica”.  Será esta última,  la violencia social y política, una violencia que precisa de lo que llama, (parafraseando a Enrique Baca), “la construcción del enemigo”, la que interesará mas al autor. Esta violencia precisará de un proceso de deshumanización “del otro” (o de otro colectivo humano), su cosificación, la pérdida de comunicación con el mismo, su embrutecimiento a nivel simbólico. “La razón básica está en la lucha por el poder, el enemigo se construye y se deconstruye en función de los intereses del poder”, una afirmación que nos recuerda a Sloterdijk, (recuerde nuestro lector la crítica que hicimos de “Ira y Tiempo”).
Aparece entonces una de las tesis mas interesantes de la obra: los mecanismos que dan cohesión tribal son también los que pueden generar la violencia fanática. El terrorista, el fanático, no es una máquina de odiar, sino ante todo una persona que ama e incluso ama en demasía, y responde a una amenaza “hacia los suyos” atacando a otro  grupo que identifica como la personificación de la maldad.  La segunda tesis es que esta fuerza tribal, esta cohesión lograda por rituales, mitos, miedos y esperanzas, es susceptible de ser usada para fines narcisistas. El líder narcisista lo tiene fácil:  “primero se refuerza el narcisismo colectivo de la comunidad de “los nuestros”; al mismo tiempo se procura obnubilar la racionalidad crítica del grupo fomentando todo tipo de sentimientos gregarios; se censuran las disidencias y las diferencias internas que amenacen la cohesión de la tribu; se toleran sin problemas las conductas inmorales de los compañeros mientras no se hagan públicas ni dañen la causa colectiva, se dificulta al máximo el abandono de grupo y se condena a los que logran abandonarlo a una especie de “muerte social”, se convence profundamente a los nuestros de que el vecino es el enemigo y, por fin, se cultiva el odio al “otro”, al “extranjero”, al “enemigo”[…]. “ Un pequeño grupo de iluminados (o de interesados) fomenta el sentimiento  de que “nosotros” hemos sido maltratados por “ellos”; el objetivo suele tener que ver con el control político y la explotación económica de la propia tribu”.
José Lázaro (JL) ha identificado hasta aquí varios aspectos de dinámica grupal e individual que están en la base de la violencia: mecanismos de cohesión del grupo que se orientan hacia la construcción de un enemigo como medio de cohesionarse mas, y que en ocasiones es utilizado por un grupo o un líder con afán narcisista, o como manera de compensar una derrota o una humillación (individual o colectiva). Sin embargo JL nos invita a echar una mirada a lo que pudiera ser la naturaleza humana, al entramado de creencias y emociones que sostienen la violencia.
En primer lugar distingue creencia de teoría y de conocimiento. La  creencia es:  “esas otras afirmaciones sobre la realidad que se presentan, de forma más o menos arbitraria, con valor de verdad absoluta, están cargadas de emotividad, no admiten ser sometidas a crítica, no pueden ser contrastadas por experiencia alguna y confieren a quien las posee el soberbio poder de la certeza intemporal y definitiva”.  Las creencias nos constituyen y  por ese mecanismo de identificación con ellas son difícilmente cambiables. En el otro extremo el conocimiento sin emotividad, el conocimiento basado en pruebas, en experimentos, o en razonamientos.  Conocimientos que substituimos por otros sin dolor ni excesivos remilgos. Entre creencia  y conocimientos tenemos  a  las teorías, las ideas que nos formamos del mundo  y que nos permiten cierto grado de previsión sobre la conducta de las cosas y personas.
En este hurgar en las bases estructurales de la violencia, JL echa mano de dos importantes autores: Le Bon y Pincker. Las creencias conectan con un tipo de lógica que Le Bon llama lógica afectiva, en contraposición a la  biológica, colectiva, mística (o mágica) y racional.  Podemos declarar una guerra o tener un enfrentamiento porque nos sentimos desdeñados o insultados (lógica afectiva) , pero usaremos probablemente un plan de batalla bastante racional, y enardeceremos a las masas mediante una cierta lógica colectiva, apelando a mitos o resentimientos.  Cada uno de nosotros, por su parte, mantiene vivo su cuerpo gracias a la lógica biológica, y se ve influenciado por el pensamiento mágico (lógica mística en versión religiosa o esotérica).  La sociedad humana se sostiene, según Le Bon, por un sabio equilibrio entre  estas lógicas, lo que le da pie a justificar los mitos colectivos y religiosos que cohesionan los grupos.
Por su parte Pincker aporta la idea de que el Estado y la cultura han hecho disminuir la violencia constitutiva del ser humano. Identifica 5 demonios internos que nos empujan a la violencia: la agresividad predatoria,  el afán de dominio, la venganza, el sadismo y la ideología. También cuatro “ángeles buenos”: son las tendencias cooperativas y altruistas: la empatía, el autocontrol, el sentido moral y la racionalidad”.  La ideología queda definida como un sistema de creencias compartido que plantea un proyecto mas o menos utópico y justifica el uso de la violencia ilimitada porque se trata de alcanzar un bienestar infinito”.  Para Pincker existiría cierta base biológica para distinguir entre uno “nosotros” y “vosotros”, es decir, cierta orientación xenófoba, que daría pie a ideologías excluyentes con relativa facilidad.  Tampoco hay que desdeñar la venganza, porque como JL se encarga de recordarnos, “si hay una ley que rige  la mente humana es la ley del talión, nadie ha logrado descubrir otra más auténtica y más profunda. Y la venganza es, ante todo, venganza por la humillación, ya que la agresión violenta es, entre otras cosas, una forma aguda de humillar a la víctima. Sospecho que el perdón es la venganza de las víctimas porque el sentimiento de humillación es el elemento común entre las víctimas de los más diversos tipos de violencia, desde las más suaves a las más brutales. Quizá por eso es un acto de humillación lo que toda víctima exige a su agresor para poder perdonarle”.
El libro se lee con fluidez, la prosa es simpática y clara, y el cierto desorden de materiales en realidad es una estrategia de estilo para permitir al lector dudar de todo y reflexionar con voz propia, una manera de decirle que también él puede opinar. Decíamos que hay toda una reflexión transversal que pone en duda las teorías de pensadores profesionales y elogia la duda, la perplejidad, el desmentirse uno mismo, en pura tradición “Montaigne”. Subyace aquí, recordémoslo una vez más, esta vocación de libre pensador de JL, a la que nos invita de manera explícita pero también con los recursos de su prosa.
Juan Carlos Hernández-Clemente. Madrid.
Francesc  Borrell. Barcelona.


Scruton R. Usos del pesimismo. El peligro de la falsa esperanza. Ariel filosofía. Barna 2012, 217 pág.

Un libro a favor del pesimismo solo podía editarse en una época o momento histórico marcado por la crisis. ¿A favor del pesimismo? Su autor, Roger Scruton, profesor de filosofía en la Universidad de Oxford, sin duda estaría en desacuerdo. A su leal entender hay que cultivar “la dosis ocasional de pesimismo con la que atemperar las esperanzas que de otra manera podrían arruinarnos”, “la voz de la sabiduría en un mundo de ruido” (pag 24).  El libro nos alerta constantemente contra el optimista “sin escrúpulos”, el fanático del optimismo, al que Scruton   imputa buena parte de los desastres actuales. La persona sensata calcula el coste del error, de la apuesta fallida, y evita la falacia del “mejor caso posible”, por ejemplo pensar que ganaremos un concurso literario por el hecho de que nos hace mucha ilusión presentar nuestra novela… Sustituimos la realidad por un sistema de “ilusiones complacientes” (pág. 30).
Según la falacia del “nacido libre” nuestro sino es el éxito. Basta con dejar al niño que despliegue sus aptitudes para que triunfe. Cuando eso no ocurre, véase el fracaso escolar, es que hay una entidad superior, pongamos el Estado, pongamos otra autoridad maléfica, que procura el descarrilamiento de los infantes, por ejemplo para tener mas mano de obra sin cualificar y barata. Para Scruton este razonamiento es pueril y una muestra de este optimismo ideológico. Una dosis de pesimismo, nos dice, nos devuelve a la dura realidad: solo se obtienen resultados académicos con sacrificio. Otra consecuencia de esta falacia es la que llama “terapia liberacionista de RD Laing” (pág 60), que como saben nuestros lectores lideró el movimiento antipsiquiatría de los años 70.  El esquizofrénico era el individuo que se aferraba a su autenticidad. Los niños educados en libertad serán creativos y felices… ¿Y cuando eso no ocurre? En tal caso se echa la culpa a otros, aunque sea mediante falsos recuerdos de abusos infantiles (transferencia de responsabilidad).
Pero aún es peor la falacia de las utopías. “Hay una tendencia en el interior de cada religión para abrazar el absurdo, como una estrategia para cancelar el mundo y sus imperfecciones”, (pag 64). La utopía, una vez construida, es inmune a la crítica, una prueba de que “la sinrazón es infinitamente renovable” (pág  65). Las utopías se asientan en crear una unidad perfecta, y esta unidad autoriza al uso de la violencia, por ejemplo para confiscar la propiedad privada, eliminar fuentes de contra-poder, etc. Es curioso constatar en este punto una coincidencia con Sloterdijk, cuando afirma que  “en cada experimento totalitario encontramos que el primer acto del poder centralizado consiste en señalar a ciertos grupos de la sociedad que merecen ser castigados” (pág 73). Y aunque el utópico sabe que la realización de la utopía debe retrasarse permanentemente, renueva su compromiso mediante sacrificios y víctimas que purifican la imagen de la utopía.
Mediante la falacia de suma cero si alguien gana es que otro pierde. No se crea el valor, sino que se distribuye el existente.  De lo que se deduce que justicia e igualdad son lo mismo. Los  ricos son ricos porque roban a los pobres. Mediante esta falacia, nos dice Scruton, los pobres se cargan de resentimiento, y se ponen en marcha una serie de mecanismo sociales de enrasar “por abajo” , de evitar que la gente destaque, y en definitiva procurar la mediocridad.  Esta sería a criterio de Scruton los movimientos modernos de pedagogía, que persiguen la excelencia para aniquilarla en favor del gregarismo (pág 92-95).
Cuando el lector llega a la “falacia de la planificación”, según la cual los optimistas creen que se puede avanzar mediante un plan colectivo bajo las órdenes de una autoridad central, el lector, digo, empieza a sospechar que Scruton no nos habla de “cualquier” optimista, sino que nos está hablando del optimista político, mas en concreto del socialista, progresista- indignado, o lo que sea. Los dos siguientes capítulos confirman el aserto: falacia del progreso continuado, (le llama en este libro, quizás para disimular,  “falacia del movimiento de espíritu”), y falacia de la igualdad-libertad (también para disimular la llama falacia de la agregación). Scruton cree que los ideales revolucionarios franceses, (igualdad, libertad, fraternindad), no pueden darse al mismo tiempo y con igual intensidad. Cuando en nombre de la igualdad se cierra un club “solo para hombres”, o el Estado impone la legalidad de las uniones homosexuales, nos dice el autor, se impone una determinada visión de la sociedad en detrimento de la democracia. La multiculturalidad sería para Scruton una peligrosa deriva en esta dirección.  
El lector puede sentirse (con razón) molesto en este punto del libro porque no es de recibo colar una crítica política donde hasta este momento estábamos hablando –(o creíamos hablar)- de “optimismo cultural”. Los tres capítulos finales  intentan justificar este vuelco. Por un lado identifica varias estrategias argumentales mediante la que los optimistas izquierdosos, -(por cierto, ¿no los hay también de derechas?)-  intoxican la opinión pública: crear “expertos” que justifiquen este tipo de opciones, transferir la culpa a un grupo o a un adversario para desacreditarlo, usar un lenguaje hermético que dé la impresión de autoridad, y usar cabezas de turco. Aplica el esquema a cuestiones como el divorcio, el aborto o la igualdad de género al punto que el propio Scruton apela a que no se le confunda con “un viejo carca” (capítulo 9).
Ahora bien si el lector tiene paciencia y avanza al siguiente capítulo ve aparecer la tesis fundamental de Scruton: el pensamiento optimista, (socialista- progresista añadimos nosotros), proviene del pensamiento tribal del Neolítico. En la tribu, argumenta el autor, la persona queda sumida en un yo colectivo en el que precisa de un optimismo ciego, confía en un líder mesiánico y cree en todas las falacias que hemos mencionado mas arriba. El pensamiento optimista “sin escrúpulos” sería un tipo de locura que expresaría “los honestos intentos de nuestros antepasados por hacer las cosas bien” (pág 191). ¿Hay entonces esperanza en el  “intento de insertar el precioso virus de la duda en el sistema acorazado e inmune de la ideología progresista”? (pág 192).
Scruton responde afirmativamente y para ello contrapone la ciudad a la tribu, la sociedad civil a la sociedad religiosa, el Occidente ilustrado al Islam dogmático. La tesis fundamental es la siguiente: la sociedad tribal antepone la cohesión social a las posibilidades de cooperación debido a las condiciones extremas en las que habita, donde no hay resquicio para el ensayo-error. Pero las sociedades avanzadas han dado un giro moral consistente en primar el perdón por encima del castigo y la humillación. El paso del Antiguo al Nuevo Testamento es el paso de una sociedad vengativa a una reparativa, y solo esta última está capacitada para modelos avanzados de cooperación. Significa también entender la felicidad como un camino de sacrificio, el perdón y la renuncia a la venganza como uno de estos sacrificios, y la ironía como una forma de perdón (pág 204-6). Pero una visión mas real de nuestras vidas se acompaña de menos pasión por las utopías, lo que sitúa a la persona moderna en relativa desventaja frente al optimista dogmático.

F. Borrell, Barcelona.

RUBRICA IATROS:

Scruton. Libro valorado: Usos del pesimismo

Concepto
Puntuación sobre 10
Comentarios

Interés
6,5
Interesará a libre pensadores y personas estudiosas de las ideologías y formas de adaptarse a la crisis actual.

¿Volverías a leerlo?
5
Solo párrafos concretos

¿Realiza aportaciones significativas?
4,5
Desmitifica el pensamiento intuitivo, nos alerta de las raíces tribales del pensamiento “optimista”, pone en valor el sacrificio y el esfuerzo.


Webs de interés.- 

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Juan Medrano Albéniz, Bilbao.
Mabel Marijuán Angulo, Bilbao.

Artículo comentado.- 


LA ENFERMEDAD CELÍACA COMO OBJETO FILOSOFICO.-

Aún resuenan las protestas de Giovanni Papini por el hecho de que la Ciencia se queda con los problemas concretos y de fácil respuesta para endosar a la Filosofía los más complicados o irresolubles (1). Sin embargo ocurre con asiduidad que las soluciones que nos propone la Ciencia no acaban de satisfacernos, y nos vemos obligados a recurrir en alguna medida a la filosofía para repensar la realidad. Este es el caso de la enfermedad celíaca (EC), que nos comentan Diaz y cols (2).
Hasta la fecha la enfermedad tenía unos marcadores biológicos incontestables, y por tanto la línea entre lo normal y patológico se dibujaba con precisión de geógrafo. Los autores del artículo que comentamos (2) nos advierten sin embargo que cada vez “hay más evidencias sugerentes de la existencia de una nueva entidad: la sensibilidad al gluten no celiaca (SGNC) Durante muchos años, estos pacientes han sido incorrectamente diagnosticados de síndrome de intestino irritable (SII), depresión o fibromialgia, manteniéndoles en dieta con gluten y, en algunas ocasiones, siendo remitidos a Psiquiatría”.

No reproduciremos aquí los criterio diagnósticos de esta nueva enfermedad, pero sí van a interesarnos varios aspectos:



a-Se trataría de un padecimiento que en parte nos dibuja la EC pero en una escala “minor”: diarreas que asemejan el síndrome del intestino irritable, pero también, por orden de frecuencia, “falta de concentración, cansancio, eccema y erupción cutánea, cefalea, artralgias y mialgias, calambres musculares, depresión y anemia”. La EC sumada a la SGNC podría afectar a un 10% de la población general, con una mediana de edad de inicio de 40 años (intervalo de 17 a 63), es decir, dejaría de ser una enfermedad netamente pediátrica.

b-Si hasta la fecha excluíamos a los pacientes que presentaban anticuerpos negativos ahora ya no resulta posible. La certeza de que el paciente padece SGNC será una biopsia intestinal mientras se está consumiendo dieta con gluten. Como esto no lo vamos a hacer en el 10% de la población nos queda el ensayo-error: poner y quitar la dieta de gluten y ver qué ocurre. El peligro de sobrediagnosticar es evidente, y de ello nos advierten los autores del trabajo: “conviene conocer y estudiar mejor antes de dar mensajes contradictorios y de establecer dietas injustificadas”.

Desde la perspectiva filosófica, ¿hemos alterado la “esencia” de la enfermedad celíaca o hemos añadido una nueva entidad (SGNC) a la taxonomía? En otras palabras, ¿podemos estar describiendo formas leves de EC, o estamos describiendo una nueva entidad? En el primer caso estaríamos ensanchando el espectro de la enfermedad, (las notas  fenomenológicas), sobre una misma base fisiopatológica y molecular, (que actuaría de “suelo” ontológico, donde residiría la “esencia” de la definición). Sin embargo tal parece que la base genética no es imprescindible, y tampoco hay un solo camino fisiopatológicos. Personas de base genética dispar llegan a una expresión sindrómica mas o menos  parecida por caminos fisiopatológicos diversos. Al final el “suelo” ontológico es “retire usted el gluten y verá como desaparecen los síntomas”.

Este suelo ontológico queda mejor asentado si apelamos a un “supramodelo” según el cual nuestra especie estaría expuesta a proteínas de difícil digestión a las que se adapta con gran esfuerzo y penalidades. El gluten sería una de las muchas sustancias que provocan este esfuerzo metabólico. Este supramodelo abogaría entonces por encontrar nuevas sustancias para las que se describirían los efectos clínicos. Es curioso que hemos cambiado el modelo metafísico y el cambio no resulta inocuo, pues nos cambia también la percepción de la enfermedad. La enfermedad celíaca ya no es un defecto genético (paradigma de la EC hasta hoy), sino una agresión del entorno, (proteínas inadecuadas a las que nos vamos adaptando a lo largo de milenios). Este modelo metafísico nos invita además a:

1.- Encontrar nuevas proteínas de comportamiento similar: “en tal sentido, se ha descrito que los fructanos, hidratos de carbono que se encuentran en el trigo y que son pobremente absorbidos, también pueden inducir sintomatología similar a la del SII” (2).

2.- Refinar nuestra alimentación apostando por productos no forzosamente “naturales”, sino por productos debidamente “refinados”. Este choque de paradigmas, (el famoso paradigma de lo “natural” versus lo “artificial”), puede llevar fácilmente a personas de pensamiento ideologizado a atacar o mirar con suspicacia esta reformulación del espectro celíaco. Una parte de esta suspicacia puede estar justificada si se aprovecha la alarma que puede generar en la opinión pública para lanzar productos alimenticios caros y poco o nada justificados. Esta afirmación es meramente hipotética y será interesante ver en un próximo futuro si se confirma (3).

Los modelos metafísicos desde los que pensamos la realidad tienen otras resonancias muy interesantes. En el caso que nos ocupa:

a)Para el clínico: hace menos obvia la línea entre lo normal y lo patológico a efectos del gluten como a efectos de otras intolerancias. El síndrome del intestino irritable deja de ser una entidad oscura (y como tal, “de psiquiatra”, obsérvese la apelación que hacen Díaz y cols. supra), para naturalizarse, (sería una expresión del esfuerzo adaptativo).
Además al constatar que algunos pacientes con síntomas poco definidos mejoran al retirarse el gluten de su dieta, provoca en  el clínico una reflexión biológica donde antes quizás solo habitaba otra de cariz psicosocial.

b)Para el investigador. Puede aplicar conocimientos que ya existen en relación a situaciones parecidas, esfuerzos de adaptación genéticos y metabólicos de nuestra u otras especies animales. El mapa conceptual se enriquece notablemente y se generan nuevas hipótesis: ¿hay otros cereales en los que ocurra algo similar a nivel humano o de otras especies?, ¿hay estrategias moleculares similares?, ¿podemos encontrar anticuerpos de rasgos similares cuya mera presencia nos deba hacer sospechar en otras proteínas que tengan comportamientos agresivos similares?, etc .

Para acabar, el caso de la enfermedad celíaca nos muestra como hemos sido capaces de poner en cuestión un paradigma muy sólido de enfermedad basada en un defecto genético para construir un modelo adaptativo menos preciso pero mas fructífero. Ello abre dificultades para el clínico, que debe reconstruir su guión (“script”) de enfermedad (4), complica la línea que separa lo normal de lo patológico, y dentro de lo patológico, los diferentes padecimientos, y puede dar pie a soluciones terapéuticas en las que predomine la visión de “negocio”.

Francesc Borrell, Barcelona.
Vicente Morales, Sant Pere de Ribes.

NOTAS.-
1) Papini G., Pragmatismo. Ed Cactus, Buenos Aires, 2011. Obra original fechada en 1904. 2) Díaz Marugán V, Magallares García L, Fernández Caamaño B, Alcolea Sánchez A, Alonso Canal L, Polanco Allue I. ¿Puede ser el gluten perjudicial en pacientes no celiacos? Evid Pediatr. 2013;9:1.
http://www.evidenciasenpediatria.es/DetalleArticulo/_LLP3k9qgzIh7aNQBiadwmcEHytVoiLMhc1TXy9MJ0TRUR3wYDDHdaLPTzCm2cl3v2NcjxqC8gLocSzbokkM2Lg#articulo-completo
3) Podemos aseverar que en el mundo estrictamente médico esta polémica es difícil, pues dominan los elementos pragmáticos (curar) por encima de los abstractos (estilo de vida), y que será en el momento en que se propongan soluciones de tipo industrial (si llegan) que se producirá.
4)  Schmidt HG, Rikers RM   How expertise develops in medicine: knowledge encapsulation and illness script formation. Med Educ 2007 Dec;41(12):1133-9. Epub 2007 Nov 13.


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Sergio Minué (Escuela Andaluza de Salud Pública), se pregunta: ¿para qué sirve la Atención Primaria? Y de manera mas concreta.... ¿Hay una lección europea en relación a la APS para ser aprendida por otros continentes, por ejemplo EEUU?