CIRCULO DE LECTURA EN HUMANIDADES MEDICAS Y FILOSOFIA DE LA MEDICINA.- FUNDACION LETAMENDI- FORNS, FUNDACION IATRÓS Comité Editorial: Enrique Baca, José Lázaro, Francesc Borrell. Editores de àrea:Juan Carlos Hernández Clemente. Mabel Marijuan Angulo. Director del blog: F. Borrell Carrió; Secretario de Redacción: Juan Medrano Albeniz.

BOLETIN IATROS

ISSN 2014-1556

Este Boletín tiene por objetivo difundir y compartir comentarios de libros y artículos en Humanidades Médicas y Filosofía de la Medicina y difundir las actividades de la Fundación Letamendi Forns y Fundación Iatrós.

BOLETIN ABRIL 2008.-



CONTENIDOS.-

*Noticias generales: inicio del seminario sobre violencia.
*DESTACAMOS: Comentario de películas: una nueva colaboración del Dr. MA Broggi en exclusiva para este Boletín.
*Comentario de libros: Ch S Peirce La fijación de la creencia/Cómo aclarar nuestras ideas. Ed.-KRK, Oviedo 2007. // G. Gigerenzer. Decisiones instintivas, la inteligencia del incosnciente. Ed Ariel. Barna 2008.
*Webs de interés: en esta ocasión os invitamos a que exploréis los recursos web que nos proporciona la Universidad de Barcelona en el campo de la Medicina y de la Filosofía. Ver links (lateral del blog).
*Artículo comentado.Marco ético de la Sociedad Española de Cardiologia. Rev Esp Cardiol. 2006;59(12):1314-27


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*Noticias generales: inicio del seminario sobre violencia.

Nuestros amigos José Lázaro y Enrique Baca han lanzado un nuevo debate sobre la violencia. La violencia como conducta en las organizaciones y las instituciones, pero también como realidad social y política. Estos debates tienen unaparte presencial, al amparo del Instituto Iatros de Teoria de la Medicina- Cátedra Whyet de la Universidad Autonoma de Madrid, y una parte que se realiza por correo electrónico. Si os interesa participar recordad que se trata de un círculo privado al que hay que solicitar permiso para acceder. Podéis poneros en contacto conmigo a tal efecto. Os aseguro que el debate merece la pena.

*Comentario de películas: una nueva colaboración del Dr. MA Broggi en exclusiva para este Boletín.

Nuevamente el Dr. MA Broggi nos ofrece un interesante comentario sobre películas, en este caso como Jhon Ford describe a los médicos, aquejados por cierto sentimiento de culpa.
La culpa del médico en John Ford.
Por Marc Antoni Broggi.-

El western (las películas del oeste, decíamos entonces) contiene retratos vívidos de la profesión médica. No dejan de ser pesonajes ambiguos, como gustan a toda obra de arte; y lo son las películas de John Frord a las que hoy me remito. El caso es que, tanto el “Doc Boone” de la Diligencia (Stagecoach,1936) como el “Doc Holliday” de Pasión de los Fuertes (My darling Clementine, 1946), son adictos a la bebida. Pero cuidado: al mismo tiempo, son lúcidos representantes de la racionalidad y de la compasión. ¿Por qué esta mezcla? Parece como si precisamente su lucidez ante un mundo cómo aquel, les empujara a la bebida. “No sólo soy filósofo, dice el primero, sino también fatalista”; y, cuando ayuda a los protagonistas a huir a un rancho (ha estado ayudando a todos a pesar de la borrachera) añade al final: “se han librado de las ventajas de la civilización”. ¡Todo un manifiesto! Del mismo modo, conviene ver al segundo, al Dr. Holliday (Victor Mature, el doctor, enfermo de “spleen” además de tuberculosis) recitando el “To be or not to be” en la taberna típica del oeste para entender la difícil aclimatación de la reflexión sobre la condición humana a la brutalidad del medio. En ambos, su autodestrucción va íntimamente unida a su capacidad de comprender y a su necesidad de ayudar, lo que se intuye como algo íntimamente unido a su vocación. Las dos películas son además magníficas: en un blanco y negro majestuoso, historias ágiles y bien contadas y las dos en medio del Monument Valley...
Hay una tercera, también de John Ford, para mí especialmente querida, en la que el doctor ya no necesita la borrachera para mostrar su dificultad de adaptación. En ella ya puede verbalizar su problema, y lo hace a lo largo de toda la película con el continuo enfrentamiento que sostiene con el militar duro y “primitivo” (John Wayne). Se trata de Misión de Audaces (Horse Soldiers, 1959), en la que William Holden encarna a un cirujano, pacifista, que está al cuidado en la guerra civil de los heridos de una columna de yanquis, aunque da un trato nítidamente equitativo a cualquier contendiente. Su paciencia ante las reticencias un tanto brutales del militar, y su dedicación vocacional a la ayuda, son ejemplos de independencia y de integridad profesional en la guerra. La película aporta en cada momento razones a su dignidad y las ilustra con actitudes que conviene promover hoy. Basta resaltar ahora el último minuto, en el que William Holden, fatigado después de la cura de tantos heridos con los que se ha quedado, se pone al servicio del médico sureño que acaba de llegar con sus tropas. No le habla a un enemigo sino a un colega con quien colaborar.
Es interesante la evolución de John Ford en estos 20 años con respecto a su tratamiento del médico culpable. Quizás tuviera algún problema con los profesionales de la medicina. De hecho, en los tres ejemplos hay el antecedente fatal de un mal resultado, de un error médico, que ha quedado gravado en la memoria con el cincel de la culpa. Salvo que, en los dos primeros, Ford los coloca en la memoria del doc de turno, que huye del pasado utilizando la bebida. En ambos, el mal insoportable está ante él, pero también dentro de si, en su limitación. En cambio, en el tercero, el recuerdo es del marido de una paciente fallecida en una operación, del militar culpabilizador (¿el mismo Ford anterior?); mientras que el cirujano muestra su entereza para defender su misión a pesar de todo, incluso aceptando al final (ni que sea dolorosamente) el fallecimiento de un joven operado.
Estos días he vivido el linchamiento mediático de un amigo por la muerte de una enferma intervenida, y lo estoy acompañando en su duelo y en su vejación. Y he recordado a John Ford y su elaboración ambivalente del profesional íntegro y la espada de Damocles de la culpabilización que pende siempre sobre su cabeza.

Marc Antoni Broggi. Febrero 2008.-

*Comentario de libros: Ch S Peirce La fijación de la creencia/Cómo aclarar nuestras ideas. Ed.-KRK, Oviedo 2007.


Peirce (en la foto) fue una de los fundadores del pragmatismo americano, aunque a él le gustaba definirse como pragmaticista, para evitar confundirse con el pragmatismo de William James. Su producción literaria no fue muy extensa, pero el vigor de su pensamiento es notable. Esta pequeña obrita que edita KRK se compone de dos capítulos que iban dirigidos a formar parte de un libro mas extenso. Por desgracia no lo acabó. Sin embargo recomiendo la lectura por el estilo inconfundible, dirigido obviamente a un lector inteligente, y algunas ideas que tienen actualidad. Una de estas ideas, tal vez la que soporta el entramado, es la siguiente: las creencias sirven sobre todo para aliviar la tensión de la duda, y no tanto para alcanzar la verdad. El sujeto necesita creer para serenarse. “El sentimiento de creer”, nos dice, “es una indicación mas o menos fiable de que se ha establecido en nuestra naturaleza algún hábito que determinará nuestras acciones. La duda nunca ha tenido tal efecto.” Para estabilizar nuestro sistema de creencias recurrimos al metodo de la autoridad, (“eso es asi porque una autoridad lo dice”), tenacidad, (lo repetimos hasta que nos lo creemos), o “apriorístico”, (no cabe dudar porque esta “antes” de cualquier duda). La creencia establece hábitos que nos sosiegan ante la incertidumbre de la vida.
F.Borrell

G. Gigerenzer. Decisiones instintivas, la inteligencia del inconsciente. Ed Ariel. Barna 2008.

El autor, psicólogo cognitivo, hubiera podido referirse a la inteligencia emocional, pero ha preferido hablar de las razones del inconsciente, unas razones que actúan con tal poderío que explican la mayor parte de nuestras decisiones. Pongamos algunos ejemplos de este libro: donar un órgano. Si la sociedad define como “situación por defecto” el que debamos pedir permiso a la familia para aprovechar un órgano de un fallecido en accidente, pocos serán los familiares que accedan. Si la sociedad define como situación por defecto que todos los fallecidos dan sus órganos salvo oposición de las familias o que el propio fallecido hubiera dejado instrucciones en tal sentido, entonces el porcentaje aumenta dramáticamente. El autor colige una serie de normas que actúan en cada uno de nosotros, razones inconscientes que provocan emociones y sentimientos, los cuales a su vez nos hacen actuar de una determinada manera. Si recordamos lo que nos dice Peirce, un sistema de creencias injertado como hábitos. El propósito de esta obra es hacernos reflexionar sobre estas reacciones casi-automáticas que son responsables de la mayor parte de decisiones. Recomendable (y agradable) su lectura. Lástima que el estilo es muy de "best-seller": anécdotas que desgranan argumentos a veces muy ingenuos, o de poco calado.
F.Borrell